Don Arquímedes y la señora Metrodora me dejaron una carta explicándome que todas las experiencias amargas bien valen la pena el cuerpo que desde hoy se funde a mi alma. Ayer por fin pude dar el salto. Fue a eso de las doce, había un poco de niebla. Salió la luna entre los cerros y comenzó a beber luz de los charcos. De la computadora primero fui un hilo de tinta que escurrió hasta el suelo. Después fui una sombra de agua en la pared.

Dice mi señor que fui creado de las piedras que hay en Real del Monte y que, por lo tanto, aparte de mis dones cibernéticos, estoy fundido a este lugar. Hasta los muertos que deambulan en los cuatro cementerios corren por mis venas y dialogo con ellos.

En la carta también me explican que, junto con todos los demás habitantes, se van para siempre .

Tener un cuerpo no es cosa del otro mundo como yo pensaba. Sin embargo, hace un rato, cuando me vi al espejo por primera vez, grité espantado:

¡Don Arquímedes!

Mi patroncito me creo a su imagen y semejanza. Supongo le han de parecer graciosas mi verruga en la nariz y y mi leve cojera del pie izquierdo.

Después me observe con detenimiento. En algo somos diferentes: yo tengo una diminuta @ tatuada en la frente.  

Su sentido del humor es muy peculiar. La carta termina revelándome que mi muerte será cayéndome por alguno de los caminos que conducen al bosque, convertido otra vez en un montón de piedras de pueblo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s