Apenas despuntó el día me fui rumbo a Tezoantla. El camino hacia ese lado del bosque está bastante empinado: es acaso la más alta montaña y donde más compañías mineras abandonadas existen. Dicen que la curiosidad mató al gato y me acerqué a una de ellas, pero el eco era tan fuerte con el más mínimo ruido y estaba tan oscura la cueva principal que preferí quedarme afuera, sólo alcance a ver unas cuantas piedras de obsidiana tiradas en el piso.

Una vez fuera del pueblo, el terreno desconocido del bosque. Apareció una mariposa amarilla con puntos negros haciendo suaves espirales y se fue por la carretera de asfalto mientras yo tomé el caminito de tierra. Me adentré en las enmarañadas ramas de los árboles. El prado estaba lleno de flores, diminutas, blancas, rojas, amarillas, azules, casi todas con cinco pétalos. No más grandes que una uña de mi dedo: forman pequeños jardincillos donde revolotean algunos colibríes.

Por el camino, en un claro, vi a unas cuantas vacas, dos caballos, tres burros y un rebaño de ovejas. Todos los animales atados de las patas delanteras y con un cencerro atado al pescuezo. Se me hizo tan cruel que quise desatarlos, pero me contuve.

Más adelante se me presentó otra vez la oportunidad de elegir la carretera o el camino estrecho del bosque. Apareció otra vez la mariposa bordeando la carretera. Entonces me introduje en la maleza para sentir su olor y su movimiento. La espesura de sus ramajes que parecen mil brazos. Ahí descansé en lo más alto y me puse a silbar de puro contento. Al poco rato, no sé si era mi emoción, pero los pajarillos empezaron a contestarme. A lo lejos logré divisar la peña: desde el pueblo parece más cerca de lo que en verdad está.

A la orilla de la carretera, en la entrada principal, hay un pequeño letrero de lámina algo oxidada donde están grabadas letras indescifrables. En la esquina me esperaba una anciana que como el lector supondrá, es la esposa de don Fili, de piel blanquísima, con la cara más arrugada que haya visto en mi existencia y con toda la ternura de las que llaman abuelitas.

Buenos días doñita, ando buscando a don Filemón.

Ahorita no está, se fue a la milpa y regresa hasta tarde, me dijo que si venías te diera este bastón. Yo soy doña Baucilisa, pero me puedes llamar doña Bauci. Vente, vamos a la casa. Está hasta allá arriba, mira, es esa, la casita que se divisa junto a la peña.

Tomé el bastón en mis manos. Me quedé observando la hermosa curvatura de la rama de madroño y la fineza de los cortes de navaja con que la limpiaron. Después le dije a doña Bauci que le agradecía y le pedí disculpas por no saludarla primero.  

No agradezcas, es nuestra obligación cuidar a los pocos Uemas que quedan. Vamos a la casa, sirve que lo estrenas.

Y nos fuimos cuesta arriba. Primero caminamos por una calle donde todas las casas tienen cercas de piedra y árboles frutales; después por estrechos callejones; luego otra vez, salimos por una calle amplia bordeada de encinos. Al último hay un camino de piedra bordeado de magueyes gigantes, doblando sus brazos como haciéndonos reverencia.

Una de las paredes de la casa de Doña Fili y don Bauci es la enorme peña de Tezoantla. Las sillas de mimbre son algo incomodas. Preferí sentarme en una piedra junto al fogón. Después de tomar el té le pregunté sobre la importancia de los Uemas. Transcribo literalmente sus palabras y lo que le contesté:

Estamos en el fin del mundo, necesitamos tu ayuda.

¿Espérese tantito doña Bauci, apenas hace unos días nací y usted ya me quiere poner a salvar el mundo?

Sólo te pedimos tu ayuda las comunidades de la región, somos poco más de cien personas, la mayoría gente vieja como Fili y yo.

Sospecho los Uemas tenemos mucha fuerza física y escasa inteligencia. Sin embargo, no me costó comprender a lo que se refería.

Para eso fui creado doña Bauci, cuente conmigo.

Después de platicar muchas otras cosas, le pregunté sobre los burros, mulas y vacas que traen las patas delanteras atadas. Ahí me enteré que son de ella y los amarra para que no se le escapen. Mañana quedé de regresar a medio día para platicar con don Fili sobre cómo nos vamos a organizar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s