Buscas una frase inspiradora, contundente, chingona. Hoy tienes que entregarla para la campaña cuando vayas a registrarte. Lo difícil ya pasó. Esto es sólo una táctica de marketing. Sin embargo, el eslogan, la frasecita pegajosa que se repetirá a todas horas por todos los medios posibles, no te sale, y eso que llevan meses el equipo y tú intentándolo. Miras por la ventana las banderitas que cuelgan en las azoteas. ¿Algún eslogan referente al mes patrio? Al fin y al cabo, las elecciones coinciden con los festejos.

Lo tienes en la punta de la lengua. Te dispones a escribir en el papel y justo en ese instante tocan el timbre. Una, dos, tres largas veces. No haces caso, vives hasta el tercer piso. Como en la mayoría de ocasiones, ya se encargarán de abrir los vecinos de abajo. Regresas a lo tuyo. Empiezas de cero: se te olvidó lo que te habían dicho las musas. Respiras profundo. Aún hay tiempo, aunque seguro los candidatos a las otras presidencias municipales ya se registraron y ahorita están la ruedas de prensa y después vendrán los festejos.

Al tercer intento te das cuenta del truco: cada que apoyas el lápiz en el papel suena el timbre. Miras a todos lados de la sala, buscando la cámara escondida. Te ríes por lo que piensas es una broma de tus camaradas del partido.

Es domingo y además algunos, sino es que todos tus vecinos, están en el comité para apoyarte. Así que bajas a abrir. Abres la puerta y no hay nadie. Volteas a todos lados, una ráfaga leve de viento y una mariposa dando tumbos por el callejón. En el piso hay una hoja con la frase: Soy tú. Haya sido quien haya sido, te acaba de salvar el pellejo. Tomas la hoja y hablas por teléfono con el camarada encargado de medios de comunicación. Tienes la frase perfecta para que cualquier pelagatos se identifique con los principios y la ideología que te llevarán al poder.

Llegas a las oficinas. En efecto, los setenta y tres candidatos y la candidata, ya se registraron. Los militantes están con sus banderitas, alguien con megáfono los anima a gritar y después suenan las matracas.  Hay arlequines en zancos bailando y repartiendo globos. Y lo que más llama tu atención: las bellas edecanes que sirven el café, los refrescos y las galletas, en minifalda negra y con su pañuelo rojo en el cuello.

Por fin estás registrado y ahora hay que hacer el primer video para la propaganda. Como Yo soy Tú es la frase, hay cinco camaradas disfrazados de distintos oficios que te ayudarán. La cámara enfoca al primero, con un overol y un martillo en la mano. Dice:

Yo como tú, soy albañil: yo soy Juancho

Salen los otros cuatro diciendo frases parecidas, pero siempre repitiendo tu nombre. Luego una voz en off, se pregunta ¿quién es Juancho? Al último, sales tú diciendo que eres una persona común y corriente que requiere el voto de la ciudadanía.   En el slogan de campaña se condensa la estrategia: tú eres el pueblo. Te das cuenta que todo va de perlas. desde luego te hace falta un enemigo pero algo se te ocurrirá. Por el momento disfrutas de las pleitesías que tus camaradas y los militantes del partido te rinden y de las sonrisas que, esta vez, las edecanes te regresan sin remilgos.

En la noche, antes de dormir, suena el timbre. Los vecinos se quedaron festejando. Bajas a abrir: eres tú, aunque te notas más arrugas al trasluz de la farola que te alumbra el rostro.

     ¿Qué tal? ¿qué se siente?

      ¿Qué haces aquí?

      Vengo a ocupar el lugar que me corresponde.

     ¿Después de veinte años?

     Nunca es tarde cuando el amor es bueno.

     Esta vez sí es tarde: no pienso dejar mi puesto y mucho menos la candidatura.

Azotas la puerta y te subes a dormir. Piensas que esta será una noche de insomnio. A los cinco minutos ya estas dormido. El sol entra por la ventana y te despierta con una bocanada de cielo azul. Te asomas y ahí estás en la esquina, levantando una pancarta que dice: Tú no eres yo. Sonríes: todo sigue yendo de perlas. Te pones tu mejor traje y te vas a tu primer mitin en el kiosco. Llegas y la gente te aplaude con furia. El maestro de ceremonias te da la palabra:

Ciudadanas y ciudadanos de Pueblo Mágico. No todos se identifican con nuestra propuesta. Aquél que está allá, (te encanta observar cómo todos voltean) anda diciendo que es el auténtico Juancho, sólo porque se llama como yo y se parece un poco. ¿Lo vamos a permitir?

Sientes que te elevas cuando todos gritan al unisonó, nooooo, y se van contra el pobre cristiano, lo levantan en hombros y lo llevan a las afueras de lo que será tu territorio. A las pocas semanas se llevan a cabo las elecciones y obtienes el noventa y nueve por ciento de los votos. Te preguntas ¿alguien habrá votado en contra? Tienes cuatro años para investigar.

Pronto emites tu primera iniciativa de ley: aquel que se parezca a ti y se llame como tú, será desterrado de aquí a lo que dura tu gestión para así evitar intentos golpistas o de usurpación.      

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