Me sucedieron tantas cosas tan dignas de memoria que no sé por dónde empezar.

Veamos. A eso de las cuatro de la mañana el ruido furioso de la lluvia cayendo en los tejados, me despertó. Creo que hasta tuve pesadillas. De inmediato me fui para Tezoantla. En la entrada me esperaba Emiliano, el nieto de doña Bauci y don Fili. No exagero si digo que tiene la cara tan bella como un angelito.

En el camino me comenta que los abuelos me esperan en casa con un té caliente.

Oye Emiliano, ¿más o menos por qué fechas deja de llover?

No le sabría decir, señor. Sólo tengo doce años de edad.

Al llegar entaban sentados frente a frente, en su pequeña mesita de madera, tomando té y comiendo pan. La luz del fogón alargaba nuestras sombras y las voces retumbaban en las paredes con mayor fuerza que la primera vez que vine. Después de saludarnos, Emiliano me trae una manta. Me desvisto y dejo mi ropa extendida en el piso a un lado del fogón para que se seque. Me envolví en la enorme manta blanca y rápido entré en calor.

Acércate acá a la ventana, vamos a platicar, mijito.

Entonces me acerqué y por la pequeña ventana vi que había escampado. Amanecía.

Doña Bauci nos sirvió un té de cedrón en un cántaro de barro que le daba un saborcillo terroso.

Entre sorbo y sorbo, les ofrecí una disculpa por la tardanza y les dije que estaba decidido a quedarme y apoyarlos. Ellos aceptaron las disculpas, doña Bauci me dijo que no me preocupara y Don Fili me explicó que teníamos que formar una Red alternativa para poder sobrevivir.

El bastón que te di, ha pertenecido nuestros abuelos más antiguos y ha pasado de generación en generación. Como ya te disté cuenta, tiene su magia y sus trucos, aunque te sé decir que sus poderes variarán de acuerdo a quien lo porta…Bauci y yo confiamos en ti. Ya lo discutimos en la asamblea y estamos de acuerdo en que te deleguemos ese poder, si tú lo aceptas y si nos permites que nos vayamos a vivir a Real del Monte donde haríamos la Red.   

Nos quedamos callados por unos minutos. Don Fili prosiguió:

Esa maldita Red y sus secuaces quieren exterminar completamente a los seres humanos. Algunos dicen que en otras partes del mundo ya crearon redes alternativas y han podido sobrevivir. Tal vez nosotros podamos crear nuestra fortaleza.

¿Por qué en Real del Monte y no en otro lado? ¿Quiénes son los secuaces de la Red?, pregunté.

Porque los Uemas solo pueden hacer una Red en su lugar de origen y tú eres originario de ahí. Los secuaces son tan repugnantes que cuando los conozcas te darán ganas de no haberlos conocido, así que ahorita mejor ni hablar de ellos y continuemos.

Medité lo mejor que pude mi respuesta y les dije:    

Como les decía, he decidido quedarme hasta el final. Las casas del pueblo los esperan, aunque hay que hacerles muchos arreglos. Sólo les pido paciencia pues no creo que sea tan fácil que me adapte a la presencia de tantas personas.

Doña Bauci dijo:

No te preocupes, yo te ayudaré a perder el miedo, la mayoría de nuestra gente es gente buena, ya lo verás.

Estuve hasta el mediodía con ellos.  Les dije que yo les vendría a avisar cuando esté todo listo para recibirlos. Entonces don Fili me reveló dos secretos más que guarda mi bastón:

Dale tres golpecitos en el suelo y el bastón se convierte en una serpiente cabeza de gato.

En efecto, tomé el bastón que había dejado en la entrada y a los tres golpecitos, la vara de madroño se empezó a retorcer, se chispó de mi mano y reptó por las baldosas, con su cuerpo verdoso de serpiente y su cara de gato misterioso con sus ojos verdes como de jade.

Ahora pega tres veces en el piso con tu pie y regresará.  

Como dijo don Fili, así fue. La serpiente se vino de regreso hacía mí, subió por mi pierna y al llegar a mi mano se convirtió de nuevo en un simple bastón. Añadió:

Camino al Real hay un encino de cinco brazos. Si marcas tu nombre en él, pertenecerás a nuestra comunidad para siempre. Pero tendremos un poder sobre ti. Si alguien borra la letra que tienes en la frente, al instante te desplomas convertido en un montón de piedras sin alma.

Si lo conozco, ahí me he detenido a descansar. Pero, ¿entonces si me caigo ya no desaparezco?

Eres un Uema, aunque seas cibernético, no puedes cambiar tu destino. El que pongas tu sello en el árbol es como si firmaras un pacto con nosotros. No es desconfianza, es precaución. Como dice el dicho, la burra no era arisca, la hicieron a palos.  

Usted salió más chistosito de lo que me imaginaba don Fili ¿Y yo qué gano en el trato?

Nos ayudarás a vencer a la Red y evitarás el fin del mundo ¿Más quieres?

Le contesté que valía la pena arriesgar todo por el simple placer de la aventura y porque tenía razón. Antes de despedirme, les pregunté sobre la ciudad y los edificios iluminados. Doña Bauci contestó, mirando por la ventana el bosque sin niebla:

Que yo recuerde, nunca ha parado de llover más de un día y en esa ciudad jamás habitada, nunca se han apagado las luces de esos extraños edificios.

¿Sabe qué función tienen esos edificios?

No mijo, no sé. Nadie lo sabe. Quienes se acercaron a averiguarlo, murieron en el intento. Aunque siempre hemos sospechado que algo tienen que ver con la Red y sus secuaces, a ciencia cierta yo creo que ni ellos lo saben.

A mi regreso dibujé con mi bastón una @ de unos veinte centímetros que se grabó en el encino como cuando antes marcaban con hierro candente a los animales de pastoreo.

Al atardecer me dio por jugar con la serpiente cara de gato, pero cuando el colibrí llegó a beber néctar, percibí sus ojos hambrientos y cómo se relamía los bigotes de apetito, así que di los golpecitos y lo puse en su lugar.

Antes de que anocheciera me puse a arreglar las ventanas rotas de las casas. A falta de vidrio, las hice de cuarzo blanco, procurando dejarlas lo más traslucidas que fuera posible.

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