En esta mañana de fin del mundo agarré la libreta-diario y al hojearla con el dedo como cuando se barajan las cartas, comprobé que el número de sus hojas es infinito. Arranqué cientos y se desvanecieron en mis manos sin que el grosor de la libreta disminuyera en lo más mínimo.

Afilé el lápiz con la navaja que me regaló David y escribí las primeras líneas con ánimo de llevar la contra: Estamos en el paraíso. Cerré la libreta y me fui a arreglar las goteras que hay en las casas. Regresé al anochecer. Al abrir la libreta encontré escrito: En esta mañana de fin del mundo… y después el lápiz, guiado por mi mano, se deslizó a su antojo narrando lo más relevante de un día largo y sin muchos acontecimientos que merecieran la pena quedar plasmados.

Gracias a los conocimientos que los abuelos hñähñü nos heredaron, la libreta me ayuda a que mi relato no se desvíe ni un ápice de la verdad.

Hoy ni siquiera unos pocos minutos dejó de llover.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s