Quedaron listas las casas para los huéspedes. A las que serán habitadas por los viejos les puse nombre de flor. En total son ocho: Crisantemo, Jazmín, Anturio, Rosa, Geranio, Buganvilia, Cempasúchil y Orquídea. Cada una tiene cuatro habitaciones con tres camas y baño propio, un amplio balcón con mecedoras de madera de cedro, fogón de piedra y una habitación común donde coloqué un refractario con doce sillas que también hice de cedro.  Las ventanas tienen el cuarzo delgado y son las suficientes para que se aproveche al máximo la luz del sol.  

La casa para Yasmín, David y Emiliano no tiene nombre aún y sólo tiene dos habitaciones con una cama cada una, baño compartido, un pequeño balcón, fogón de piedra y una mesa con tres sillas. Para don Pedro, doña Leonila y sus once hijos, acondicioné una de las pocas casas con cinco recamaras.

En cada jardincillo puse tiestos con lavanda, romero, epazote, menta y yerbabuena para los males que se curan con brebajes. También puse con mi bastón, en el dintel de cada casa, el sello con mi nombre, para que estemos conectados a la red alternativa.

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