Apenas hoy me di cuenta que son dos colibríes los que llegan a beber el néctar de las flores. Al observar detenidamente su cola, uno tiene las puntas redondas y moteadas de blanco y el otro/otra tiene las alas más afiladas y de un mismo color. Como siempre se van rumbo la ciudad en ruinas, decidí echar un vistazo antes de continuar con la muralla.  

No había neblina como la primera vez que fui y fue fácil divisar desde lejos la ciudad En la entrada, a la altura de la mina que esta cuesta abajo, me encontré con una mujer de unos ojos color azúcar quemada, piel blanca y tersa, rubicundas mejillas y cabellera dorada. Su cuerpo era macizo como yeguas y sus movimientos se parecían a los de mi bastón cuando se convierte en serpiente, aunque su rostro más parecía el de una astuta zorra. Tuve miedo, pero su belleza y porte me arrastraron y caminé hacia donde ella estaba un poco más de lo que consideré pertinente.

   No seas tímido, acércate. Desde hace días te estamos esperando.

No muy lejos de ahí, vi a un grupo de joviales hombres y mujeres que me llamaban de muy buena gana. Entonces retrocedí y caminé de regreso lo más rápido que mi cojera me lo permitió. La mujer soltó una carcajada y dijo: ya regresarás y volvió a reírse con más fuerza.

Fui directo a buscar a doña Bauci y don Fili  y les pregunté si esa mujer y sus amigos eran los secuaces.

   Dicen que pueden tomar la forma de casi cualquier ser humano. Mejor no andes por esos rumbos.

   ¿Entonces cómo saber si son secuaces o no?

   Con la red @ no pueden entrar al bosque.

   ¡Aaah¡

Al atardecer, llegaron desde Hacienda Abandonada una mujer y cuatro hombres con su mochila al hombro. La algarabía y el griterío eran tales que parecía ser una multitud. Don Fili tomó sus muletas y los fue a recibir. Al verlo, cuatros se acercaron a abrazarlo efusivamente. Sólo uno se quedó receloso y tímido. Mientras iban subiendo el cerro para instalarse en su nuevo hogar, doña Bauci y yo los veíamos por la ventana y ella me explicó a detalle quienes eran nuestros primeros huéspedes:

    El nombre de la chamaca es Sandy. Ella era adicta a los enervantes y a pesar de que se a puesto a dieta para bajar de peso, siempre está comiendo de pura ansiedad. Como ves desde aquí, todo el tiempo está abrazando a las personas. El que está al lado de ella. Ese que desde hace rato da unos pasos y de repente corre, es Juanito. Ese muchacho es muy encimoso, todo el tiempo te aborda y te pide dinero. Tiene retraso mental y desafortunadamente perdió la vista a raíz de una catarata que tiene en el ojo derecho. Ya tiene muchos años que no puede incorporarse. Así como lo ves, siempre está flexionado, por eso tiene una joroba y camina torpemente y a veces se cae. El más moreno y gordo es Abel y también tiene retraso mental. Lo conozco desde hace unos cuarenta años, ahorita tendrá como sesenta. Perdió un oído el pobre y está apunto de perder el otro, por eso no escucha muy bien y le tienes que gritar fuerte para hacerte entender. Pero siempre es muy amable y como ves siempre está vestido de traje y corbata. Es muy propio, siempre te da los buenos días o las buenas noches. Seguro Fili lo va a poner como líder de la casa. Me acuerdo en aquel entonces, a todo lo que decía le hacían caso y lo seguían, sobre todo las mujeres fueran o no su pareja. Como ves, todos están gordos menos Estrella, ese, el que no tiene nada de pelo, es esquizofrénico. A él le da la manía de ponerse mucha ropa encima. Bien me acuerdo, canijo Estrella, siempre me decía: !Bauci, qué bonito abrigo¡ y deslizaba suavemente su mano. Fueron varios los que perdí. Ya desde ese entonces nos encargábamos de quitarle el encimadero de ropa. Sepan los dioses dónde la conseguía.

¿Quién es ese que viene atrás, un tanto alejado del grupo?  

También es esquizofrénico. El es un poco más joven y no me acuerdo ahorita cómo se llama. Siempre quiere irse de donde está y le da por escaparse, aunque no sepa a dónde. Una vez se fue por año y medio y pensamos no volvería, pero volvió, demacrado y con ese susto en el rostro que tienen los locos. A ese pobre hombre no le gusta el encierro, pues se pone muy agresivo y le da por golpear a la gente. Como te digo, todo el tiempo busca la oportunidad de irse, aunque luego regresa, triste y humillado, y con más rabia en la mirada. ¿A poco no ves desde aquí el fuego en sus ojos?

En efecto, se percibía su mirada amenazante a pesar de la distancia.

Esos son, estimado lector, los peregrinos que llegaron este día a Real del Monte a resguardarse en casa Orquídea del crudo invierno y el fin de los tiempos.

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