Cuando abrí la puerta don Fili estaba pálido y temblaba.

   Hijo, la niebla nos invade y aún no has terminado la muralla.

   Ya mero la termino don Fili, no se apure.

   Es ahora o nunca.

   A más tardar en un mes estará lista.

   Tú no entiendes.

   La verdad no.

   Te vas a sacrificar por nosotros.

Don Fili me espera en la sala para irnos a los límites del bosque, allá en la parte donde salió hoy el padre sol antes de que todo se lo tragara la niebla y empezara a llover como nunca. Él se va a encargar de aventarme con la esperanza de que, al caer, mi cuerpo se convierta en la parte faltante de la muralla.

Lamento no despedirme de doña Bauci ni de los demás sobrevivientes.

Les dejo este breve diario como testimonio.

Deseo de corazón haber contribuido a la salvación de la humanidad.

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