Se abren los surcos

en la tierra sedienta

del sacrificio

de gusanos y lombrices.

El campesino lanza

por si las moscas

su silbido

y de repente

(los mosquitos se ausentan

de cuando en cuando

breves segundos)

en la limpidez absoluta del viento

se arremolinan añejas cáscaras doradas

de cebada, trigo y maíz.

Los bueyes van en lo suyo

con eficacia de lentos burócratas.

Dice el bardo

la espada

es porción de eternidad

incomprensible

para el ojo

del prójimo de pacotilla

que somos todos nosotros.

¿Acaso no pasa lo mismo

con los discos del arado

que refulgen al mediodía?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s