Cualquier árbol es un hogar

donde habitan los ancianos

Filemón y Baucis.

A veces presagio algo de ese mito,

breves latigazos de luz,

hasta que llagan las preguntas

de hombre desesperado del siglo veintiuno.

A veces estoy frente la puerta de ese hogar.

A la intemperie espero:

ecos de lunas

de sueños arborescentes

de raíces hacia el inframundo.

Nadie contesta:

sigo siendo el chivo expiatorio,

el sujeto que paga la cena

de los lobos de Wall Street.

Tan sólo una vez le pido a los dioses,

ser admitido por esa familia,

ser unión de cielo y tierra sin disonancias .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s