Hace unos días empecé a leer la versión al español del I Ching basado en la traducción de Richard Wilhem. Me decidí empezar su lectura y guardar un poco la que he utilizado los últimos cinco años, pues esta versión analiza a mayor detalle los hexagramas y los comentarios son explicados con mayor detalle. ¿Por qué hasta ahora le hago caso a esta bella edición? Yo creo que me pasa lo que a todo aquel que ha amado un libro: siempre se quiere releer en la misma edición que se leyó por vez primera. Sin embargo, ayer lo empecé a hojear y me convencí de la necesidad de sumergirme en esta edición más erudita.

Ayer leí el prólogo que hace Jung. Me sorprendió que en la consulta que realiza al Libro de las Mutaciones también se refiere al hexagrama El Pozo. No sólo eso. Hace unos días llegué al círculo octavo de la mano de Dante y Virgilio. No recuerdo si en mis anteriores intentos de abordar la Comedia llegué hasta esté círculo, pero esta vez la coincidencia me sobresaltó. En el canto XVIII nos presenta el Malebolge , un lugar en el Infierno en cuyo centro hay un pozo ancho y profundo y otros diez circulares y concéntricos donde se castiga a toda suerte de fraudulentos. Desde luego, el laberinto que muestra Dante en este círculo utiliza toda la fuerza del pozo como imagen. Tal vez, el pozo es uno de los arquetipos para representar las profundidades del abismo.

Esa es una de las cosas que más enigmáticas me parecen del I Ching: las coincidencias respecto a lo que se pregunta se empiezan a desplegar conforme se profundiza en los eventos sincrónicos que coincidieron en el momento de la consulta. Sin embargo, El Pozo en el I Ching tiene connotaciones más equilibradas y favorables que en el infierno dantesco. Dicen que el milenario I Ching es el libro más antiguo que se conoce. A la vez teoría y práctica. De una u otra forma, el Libro de las Mutaciones es ciencia, es arte y es una ética cosmogónica en lenguaje simbólico.

Como la edición que estoy consultando ahora se inaugura con el poema de Borges, por vaya uno a saber qué conexiones ayer releí una vez más La Biblioteca de Babel. Esta vez el cuento me pareció más claro, como muchas cosas que ahora nos parecen más claras que antes de la pandemia: como esa diminuta flor o la luz asomándose entre las nubes. Donde se habla de la Biblioteca, léase Red Digital y en unas cuantas páginas se capta de manera inigualable la situación en la que nos encontramos con respecto al mundo virtual. En un lugar de la narración el protagonista dice: la certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. La solución ante esta angustia, creo, es la poesía, el pozo, el manantial, la fuente inagotable.

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