Ahora sí Dante me puso en qué pensar. En este canto se condenan los que cometieron fraude por jugarle al adivino. ¿Me iré a condenar por mi veneración que tengo del I Ching? Esa fue la pregunta que me hice nomás acabar el canto a las primeras horas de la mañana. Hace un rato me puse a investigar un poquito y creo que no me voy a condenar. Es más, al contrario, creo que Dante, que tenía gusto por la astrología y la astronomía, valoraría el libro de las mutaciones como una parte de las artes liberales. Y otra cosa, ya lo había escrito pero lo voy a decir de nuevo: la sincronicidad del I Ching se parece en mucho al acto sincrónico único que es la visión del tiempo que tiene el florentino. En este sentido, el I Ching no es un libro adivinatorio, al contario: trata de sacarle todo el jugo posible al presente. Y es que jugarle al adivino va en contra de la cosmovisión del I Ching y de la Divina Comedia donde el libre albedrío y, en el caso del I Ching, lo casual y azaroso, juegan un papel preponderante.

En fin, tengo una adivinanza, principalmente para los lectores en México, aunque seguro hay personajes así en otras partes: ¿Quién quiso adivinar el futuro prometiendo una gran transformación, pero llegó lo imprevisto y ahora sólo puede mirar hacia atrás?

Aquí dejo un video sobre los adivinos en la Comedia, narrado con mucha pasión que es lo que importa.

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