Soy politólogo en tierra de políticos. Mis mejores amigos son politólogos también. En una de las primeras conferencias que escuchamos en la universidad, apenas un par de semanas recién habíamos entrado a la carrera, el conferenciante nos dijo una frase de Pascal que ahora me hace exclamar ¡qué razón tenía aquel filósofo que nos habló tan apasionadamente de Sócrates y Platón y el hambre de conocimiento que nunca debe apagarse! La frase dice así: quien elige su profesión, elige su destino. Por fortuna, mis andanzas han sido con los sujetos de abajo, por eso estudié el posgrado en Desarrollo Rural. Así, mi camino ya está trazado, aunque esté chueco y retorcido. Y es que la manera de hacer política de los campesinos es muy distinta a la de los políticos profesionales que abundan por estas tierras hidalguenses y que hemos exportado para infortunio de la nación. Es distinto, también, porque forja un sexto sentido para conocer y comprender a esos políticos: un verdadero arte de la resistencia.

En esas andanzas he podido participar en movimientos y organizaciones. A diferencia de muchas otros ámbitos en mi vida, he procurado no prometer lo que no puedo cumplir. Lo hago por simple estrategia política y creo que no ando tan errado. A Molteferdo en el canto XXVIII, es castigado por dar un consejo político desafortunado:

Déjame decirte que el hacer muchas promesas y cumplir pocas, es suficiente para que logres tus propósitos

¿Les suena conocido? Sí, en ese mundillo en el que ando, he conocido a varios asesores políticos y la fórmula parece que nunca falla. A veces me pregunto ¿si ya sabemos que no van a cumplir, por qué seguimos creyendo en los políticos? Y es que nadie está libre de caer en el garlito. Es cierto, lo bueno de que el actual gobierno esté incumpliendo tantas promesas, y muchas de plano sean contrarias a lo prometido, es que ya nos dejaron sin opciones o ¿apoco después de esta tomada de pelo le vamos a seguir creyendo a los políticos? Bueno, en este octavo círculo están los asesores políticos. Los políticos sospecho, están en el último círculo, en el lago helado y lúgubre, junto a Judas Iscariote, el gran traidor.

Hoy quedó hecho nuestro cartel sobre el concurso de fotografía. La imagen queda así, porque un pequeño infierno, del que siempre se aprovechan los políticos para prometer y prometer, es la falta de agua en los pueblos y en las ciudades. Como comenté en la entrada anterior, está abierto a quien quiera participar. Incluso en este blog, hay lectores de España: igual ustedes pueden participar, estoy seguro que cosas parecidas pasan allá por su tierra.

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