Este es el último canto del Infierno y así, hoy, terminamos la primera parte de las tres partes que componen la Comedia. Hasta ahora no ha surtido el efecto esperado la propuesta de la lectura, pues no logré generar la interacción que esperaba. Sin embargo, lo que importa es el diálogo que establezcamos con uno de los más bellos poemas jamás escritos. Lo han dicho todos los amantes de los libros: a la hora de recorrer los versos, las estrofas, las páginas, el milagro se repite: quien les insufla nueva vida es el lector. También quien lo enriquece con sus dudas, vivencias, experiencias e interpretaciones buenas o malas.

En este canto Dante nos presenta a Belzebú, mejor conocido como el Diablo o Satanás. Monstruo de tres cabezas, en una de ellas devora a Judas Iscariote. No puedo no recordar las Tres versiones sobre Judas de Borges donde a modo de cuento, se establece la sugerente hipótesis de que en realidad Judas y no Jesús es el redentor, humillándose hasta la infamia para salvar a la humanidad. De igual forma, me viene a la mente una celebración de los hhähñu del Valle del Mezquital.

En la comunidad de Yolotepec en el Municipio de Santiago de Anaya, existe una fiesta que se relaciona con las piedras. En la fiesta del barrio La Flor, en el mes de febrero, se festeja al patrono Jesús de Nazaret, uno de los ritos consiste en que los Baré van a las casas pidiendo animales para desollarlos en “cuevas sagradas, donde habita el diablo”.  Así lo explica Don Ponciano:

Son creencias reales, en cualquier parte te las puedes encontrar, son una piedritas que van formadas como soldadito, y si te llegas a cruzar hay unos rituales para curarse, hay que darle de comer, se le va a dejar a donde ellos creen, esos es lo que desde nuestro antepasado creían, como el dios del aire, el dios del viento, el dios del agua, eso es lo que se creía, la luna para saber cuándo sembrar. El español lo vino a quitar con capilla e iglesias pero son cosas reales de esta tierra. Eso existe, a mí me ha tocado darle de comer a esas piedras y mi tía fue la que me tuvo que curar. Como las cuadrillas de niños que se tienen que juntar para ir a darle de comer a las piedras. Los Baré, es un ritual, es una creencia para que con un cuerno de chivo, caminar para hacer nuestra historia, y eso lo transformamos como fiesta, la gente tiene fe en su tierra, nuestras creencias son muy valiosas para mantenernos unidos, para compartir. Los Baré son los soldados, traen su música, unas banderas, luego en esta fiesta es ir casa por casa, te arrodillas, te dan chicotazos, se recolectan animales, para hacer sacrificios, para llevarlo a los mayordomos, y la sangre que se recolecta se deja en una cueva, una ofrenda que se hace al mal, para dar de comer, para tener armonía.

Le digo adiós al Infierno con las siguientes preguntas: ¿Los dioses habitan en nuestras fantasías o son independientes a nuestra psique individual y colectiva, es decir, son parte del ser del mundo? ¿El mundo tiene alma o el alma es una proyección de nuestros deseos que aplicamos al mundo objetivo y muerto?

Vale la pena reflexionar sobre estas añejas preguntas. Vale la pena formularlas de mejor manera. Como quiera, mañana empieza el viaje por el Purgatorio.

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