En este tercer canto estamos en el antepurgatorio y las almas, al igual que Dante y Virgilio, buscan el camino que habrán de seguir para subir el monte. Son variados los pasajes que al lector pueden llamar la atención. A mí me interesó el final del canto donde Manfredo le pide a Dante que visite a su hija para que haga oraciones por él:

Así que ahora podrás considerar cuanto bien hacerme al relatar a mi buena Constanza la pena que sufro, porque aquí se gana mucho con las oraciones de los de allá

En días pasados, en la página del feis, hacía la observación de que el Mictlán, el inframundo de los mexicas, tiene similitudes y diferencias con el inframundo dantesco. esas similitudes y diferencias son muchas y cada una requiere que nos detengamos a considerarla. Por ejemplo, la diferencia más evidente, es que aquí Dante, es un mortal que aún vive, como cualquier hijo de vecina, el que desciende a los infiernos, mientras que en las mitologías grecolatinas y prehispánicas, son héroes como Quetzalcóatl o Ulises los que pueden hacerlo. La Comedia es acaso el primer relato de autoficción de la literatura occidental, donde aparece el yo de la persona común y corriente, de carne y hueso. De ahí al Quijote como antihéroe sólo hay un paso. Y eso es un enorme aporte de Dante a la literatura. Y ese aporte es por su cosmovisión cristiano católica, pues es el cristianismo quien descubre que el individuo porta una singularidad y alma interior propia, única e irrepetible, diferente al alma del mundo o anima mundi. Parece ser que tanto griegos como aztecas y mayas no conocieron esta noción del alma singular, única e irrepetible, o al menos no tenía el peso que en occidente aún tiene. Y eso tiene enormes consecuencias para la concepción que tenemos de nosotros mismos, del mundo y las cosas. Desde Descartes a la fecha el alma individual se nos convirtió en un monstruo narcisista mientras el mundo es visto, en palabras decartianas, como res extensa, simple espacio vacío, muerto y sin alma.

Y aquí entonces hay que aclarar algo. Dante instaura el yo de carne y hueso en la literatura, pero no niega como después se hizo, el encantamiento del mundo. Sólo así podremos comprender que esas oraciones que pide Manfredo tengan efectos en el más allá. Hay veces que nos escapamos de ese yo pienso titánico, como cuando el dos de noviembre rogamos por nuestros difuntos. En ese día intuimos que hay algo del más allá que vive y convive con nosotros. Pero ¿y si los muertos ni siquiera se han ido y viven con nosotros en el mundo? En eso la cosmovisión de los pueblos originarios y la Comedia se parecen: el acto sincrónico único como antimoderna visión del tiempo histórico, incluye a nuestros muertos.

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