Los primeros días de la pandemia, hace ya un año, me mandaron un meme del gato silvestre con los ojos en espiral y desorbitados con una frase que decía: ya no sé si es hoy, ayer o mañana. Así se nos iban a muchos los primeros días de la pandemia: un sacudimiento del ritmo al que estábamos acostumbrados que nos mandó a la lona. Será difícil recuperarnos de ese K.O. El filósofo Zizek llegó a decir que el coronavirus era un golpe al corazón del sistema al estilo de Uma Turman en Kill Bill. Visto en perspectiva, parece que el capital más que estar en peligro, se está reconfigurando. En peligro estamos nosotros, los seres humanos. Y así como este golpe ha mostrado la incapacidad de las élites políticas y económicas, mostró también lo poco preparados y tan habituados que aún estamos a esa hegemonía. Hoy todos seguimos en la incertidumbre. Y lo peor de todo es que ya lo estamos normalizando. Pero no todo está perdido. Tengo la esperanza de que millones vivimos de manera más intensa esa experiencia que Dante llama el tiempo del alma.

En el canto IV del Purgatorio, dice:

Es por eso que cuando se ve o se escucha algo que es muy importante para el alma, el hombre ni siquiera es consciente del tiempo que transcurre, pues una cosa es la que está atendiendo con los sentidos y otra la que atañe a la integridad del alma, permaneciendo esta en completa libertad, mientras que la consciencia se encuentra atada.

Para comprender a qué tiempo se refiere el florentino, tal vez hay que recordar los conceptos griego de kairós y cronos. El tiempo de cronos, como su nombre lo indica, es el tiempo cronológico, el tiempo del día a día. El kairós es el tiempo donde se suspende el tiempo que miden las manecillas del reloj y se instaura un tiempo divino. Todos hemos vivido ese tiempo. Y lo vivimos todos los días.Si las puertas de la percepción se abrieran, las cosas se mostrarían como son: infinitas. Solo que con la pandemia, sospecho que esos momentos se intensificaron. De repente, uno va caminando y se encuentra una calle empapada de charcos de luz de luna. Cuando dos personas que se aman se miran y la eternidad se asoma. De repente vemos al suelo y ahí están los cactus y un vaso con agua, como siempre pero ahora vemos. O cuando la luz del sol baña de inmensidad al pueblo y mientras la ropa cuelga en los techos, unas diminutas gotas de agua tiemblan en los tejados y las balaustradas. O cuando caminas lentamente por el bosque. En fin, cada quien tiene sus instantes. Ese tiempo que ningún reloj puede medir.

Ahora, estimado lecto o lectora, piensa en esto que te voy a preguntar: ¿Has experimentado el kairós, el tiempo del alma de Dante, cuando gastas tu tiempo en las redes sociales? No dudo que haya personas que contesten que sí. Lo que estoy seguro es que les costará recordar ese instante.

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