Según la cábala, hay que leer la Torá desde cuatro perspectivas. Una de ellas consiste en hacer conexiones con palabras de otros pasajes del texto sagrado. Ese mismo procedimiento se puede aplicar a cualquier obra literaria, como lo intuyó Borges. Cuanto y más cuando se trata de un poema alegórico que admite múltiples lecturas e inagotables interpretaciones como es la Commedia. Y es que cada terceto es de una riqueza inaudita que a veces abruma por su alucinante exuberancia. Para explicar esta extrañeza, Mandelstam dice que cada parte del poema dantesco es como si un avión cumpliera a la vez la función de volar y en pleno vuelo fabricara otro avión que a su vez vuela y puede fabricar un avión que a su vez…

Algo que he notado en estos día de lectura, es que Dante utiliza en cada canto un momento muy específico donde un personaje retrata y concentra el tema que se aborda en dicho canto. En esta ocasión ese momento es cuando se encuentra con Oderisi, diestro en el arte que en Paris llaman illuminar. Es decir se trata de un artista. En un momento del encuentro, el dibujante le dice que lleva esa enorme carga en sus espaldas porque su corazón se rendía ante un gran deseo de sobresalir. Después de hablar sobre la fama de los pintores, dice:

¿Acaso crees que será mayor tu fama cuando de vieja se desprenda de ti la carne, o si la muerte llegara en ti en la niñez, o dentro de mil años, periodo que en comparación con la eternidad es como un guiño de los ojos?…La fama es como el color de la hierba, que se ve y se va, despojando de su frescura a la planta que ella misma hizo crecer en la tierra.

Son tres conexiones hipertextuales que se me ocurre hacer a partir de la lectura de este canto. La primera conexión es con La Condición Humana de Arendt. En su cuarto capítulo de esta obra, señala que una de las maneras que podemos trascender la miserable vida de trabajo y labor, es por medio del arte. En este sentido, el deseo de sobresalir es parte inseparable del proceso creativo. Y es que, ¿Quién se resigna a crear un poema o una pintura sin ese impulso por querer trascender en la obra? Y lo queremos hacer de manera única y singular, porque ¿Qué chiste tendría repetir lo que otros ya hicieron? Dante no escapa a este deseo. Ya en los primeros cantos del Infierno departe con los más grandes poetas clásicos. En este canto, Oderesi dice que hay un Guido (se refiere al poeta Guido Cavalcanti) que despojó de la autoridad de la lengua a otro, ” y acaso a nacido ya quien los supere a los dos”. Ese que superará a los dos es Dante. Sin embargo, el florentino le contesta:

-La sabiduría de tus palabras llena de humildad mi corazón, y abate toda soberbia que pudiera haber en mí.

¿En realidad abatió esa soberbia? Me late que Dante cayó en este pecado más de una vez. Para crear una obra como la Comedia, en las circunstancias en las que la creo, se necesita. Y aquí entra mi segunda conexión. El libro sobre la Genealogía de la soberbia intelectual, de Enrique Serna. En este largo ensayo, Serna indaga sobre como el conocimiento científico y literario, siempre ha estado resguardado en unas cuantas manos. Los llamados intelectuales, a lo largo de la historia, han ejercido el poder por medio de asumirse como los custodios de un saber hermético, difícil de desentrañar, muchas veces escrito en un difícil lenguaje sólo para iniciados. Contra todo eso luchó Dante. Al escribir en la lengua vulgar del hombre callejero, luchó contra el saber de los iniciados de aquel entonces. Los académicos que escribían en el refinado latín.

La tercera conexión es con una frase del pintor Andy Warhol. De él es aquella frase visionaria según la cual llegaría el momento en que cualquier persona tendría derecho a sus quince minutos de fama. Hoy, con el internet y las redes sociales eso se ha cumplido. Cualquier persona, se nos dice, está en la libertad de crear su propio contenido. Hoy como nunca en la historia, cualquier persona puede expresar lo que quiera por medio de fotos, memes, videos, pintura, cine, danza, música. El capitalismo todo lo vuelve mercancía, incluso la expresión artística. ¿No era eso lo que prometía el comunismo? ¿No se trataba de que cualquier individuo, sin ser dominado ni explotado, pudiera expresarse y ser artista de su propia vida de acuerdo a sus intereses y necesidades?

Me parece que esa expresión y esa creatividad que están a nuestro alcance, son sólo un espejismo y no sólo por la censura. Como dice el filósofo Byung-Chul Han en uno de sus demoledores ensayos, La sociedad del cansancio, hoy nosotros mismos nos explotamos. Somos al mismo tiempo el amo y el esclavo. Y lo hacemos por medio de las redes sociales, que paradójicamente lo que menos promueven son la creación de comunidad. Al contrario, lo que promueven son el individualismo y el aislamiento; las relaciones y vínculos efímeros y rápidos como un clic, sin compromisos y poco duraderos. Aquí termino con la cuarta conexión. Lo que dice El Manifiesto Comunista, pero no el de Marx y Engels, sino la canción de José de Molina:

“No sé necesita ser

filósofo o intelectual,

ni artista ni economista,

para encontrar la verdad:

basta que los proletarios,

dejarán de trabajar

a ver si nos alimenta

y nos viste el capital.”

La soberbia intelectual se transformó con la llegada de Internet. Hoy cualquiera se puede expresar y puede obtener información que antes estaba reservada a unos cuantos privilegiados. La información y el conocimiento se han masificado como nunca en la historia de la humanidad. También la enajenación, pero ese es otro cantar. El internet es una herramienta poderosa que está monopolizada en unas cuantas corporaciones, las cuales la utilizan para la acumulación de capital. Hoy desde la red digital no se puede hacer comunidad. Esa es una de las maneras, muy imperceptible pero real, que el capital tiene para aplicar su violencia estructural. Pero ¿esto es necesariamente así o es por la manera en cómo están diseñadas actualmente estas redes? ¿Será mucha soberbia imaginar un tipo de redes sociales virtuales que nos ayuden a hacer comunidad en nuestros lugares y a la vez promover la práctica de una democracia desde abajo?

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