Me lo contó mi hermana. ella a su vez se enteró por un documental que vio en la televisión. Su nombre es Isis como la antigua diosa egipcia. Desde niño/niña enfrentó la violencia de hombres y mujeres. Él/ella, argumenta que existe un tercer sexo. Hoy Isis tiene una maestría en artes visuales y expresa a través de la pintura su drama personal. Según su hipótesis fueron su mamá y el médico quienes le asignaron su sexo. Su mamá por el nombre que le dio, el médico por asegurar que género era el masculino.

Esta historia de Isis desde que la conocí, me ha parecido fascinante. ¿Es posible su madre al nombrarl@ haya marcado su destino? ¿O fue una coincidencia entre el nombre y el sujeto nombrado? Eso nos remite a un enigma que la lingüística, desde el Crátilo de Platón hasta nuestros días, no ha logrado resolver del todo. Hoy que leí el canto XIV ese enigma volvió a interrogarme. Al inicio del canto, el florentino se encuentra con dos almas purificándose del pecado de la envidia, por lo que no lo pueden ver. Al escucharlo, lo interrogan y le preguntan su nombre. Él no se los da, pero les pide que ellos digan quiénes son. El alma de Guido del Duca contesta: “Tú quieres que haga por ti lo que tú no has querido hacer por mí, más ya que es voluntad de Dios el volcar sobre ti su gracia, no te negaré esa satisfacción.”

¿Por qué el bardo no les da su nombre? El gesto lo interpreto desde la antigua mitología griega. No hay que olvidar que para los griegos la envidia era uno de los multitudinarios dioses. Tampoco hay que olvidar que en la Commedia, cuando se hace referencia a un sujeto en apariencia de carne y hueso, también se está haciendo referencia a una personificación. algo así como si ese dios hablara. Ahora bien, según los griegos, para evitar el castigo de los dioses se tenía que evitar que éstos te nombraran. Las palabras son dioses, dice el psiquiatra Hillman. De ahí que Ulises se nombró Nadie cuando descendió al Hades.

No quiero ser spoiler, pero más adelante en el mismo Purgatorio, nuestro poeta aparece por primera y única vez nombrado con su nombre propio. En este canto hay un debate subyacente entre la postura lingüística según la cual los nombres y lo que nombran son parte del consenso y la arbitraria conveniencia, y otra postura que sostiene el nombre reproduce la cosa misma o al sujeto mismo que se nombra. Hay, creo, una postura intermedia, los nombres impuestos y los dados por los dioses. Si los dioses, como los experimentaban los griegos, convocados o no, están presentes y, si como nos enseña el florentino y siglos después Jung, esos dioses están en nuestro interior, más nos vale no ser nombrados por ellos. O si es inevitable ser nombrado por ellos, que sea por un dios benigno o una diosa benigna y bella.

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