Dicen que Dante se adelantó en muchas cosas a Freud y Jung, los principales psicoanalistas del siglo XX. Sobre todo a este segundo más imaginativo y simbolista que el maestro. En el canto XV, el florentino mientras sube la montaña del Purgatorio para acceder al círculo donde están purificándose los iracundos, tiene una extraña ensoñación:

Cuando mi alma volvió a su normalidad saliendo de aquellas visiones que, aunque extrañas, no dejaban de ser verdaderas, reconocí que todo había sucedido en mi imaginación, más no había en ello error o falsedad, y mi guía que me veía como a un hombre que sale del sueño, me dijo: ¿Qué es lo que te pasa? , ¿Por qué no puedes mantener tu conciencia? Has andado media legua con los párpados caídos y vacilando con los pies, como aquellos que han tomado mucho vino

Después Dante le contesta a Virgilio que si supiera lo que le vio estando en la inconciencia, lo entendería. El maestro le contesta que aunque tuviera cien máscaras sobre su rostro no podría ocultar sus pensamientos delante de él. Si le pregunta qué le pasa, es para traerlo a la conciencia “y devolver el vigor a tus pies, pues conviene apresurar a los que acaban de despertar”.

Ese despertar se dio después de que Virgilio le explicó el porqué de la envidia: al desear algo que disminuye cuando se comparte con los demás, se anida la melancolía en el corazón. Las visiones de Dante habla de una madre con dulce acento que reclama y busca a su hijo. Después, de un joven al que quieren masacrar mientras el ruega al Supremo Señor por sus perseguidores. El jueves y el viernes santo estuvo lloviendo y con neblina. Hoy amaneció sin una nube en el cielo y entonces el plumaje del día, como el pavo real, que es el orgullo de Dios, bañó de luz al pueblo. Ungaretti, otro poeta Italiano, lo dijo como ninguno, en Mañana, un poema de dos líneas:

Me ilumino

De inmensidad

Y entonces ¿Qué significa despertar? Para eso hay que viajar al inframundo y regresar para contarlo, cosa que pocos hacen. Y seamos sinceros lector o lectora, tú y yo no lo hemos hecho del todo. Tal vez algunas claves para ese despertar están en la Divina Comedia y en otras obras igualmente entrañables. Tal vez están en la figura de Jesucristo, quien multiplicó y después repartió panes y peces para todos y todas. Tal vez están en la vida cotidiana con los seres que amamos, aquí y ahora.

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