Conforme se avanza en la Commedia, las cuestiones filosóficas que plantea el poema se complican. Confieso que, sobre todo en el Purgatorio, me cuesta comprender la profundidad de los planteamientos que en algunos cantos van apareciendo. Tal es el caso del canto XVII, donde se da la transición entre el círculo de la ira y el de la pereza.

En lo que respecta a la ira, hoy estuve leyendo La Sociedad del Cansancio de Byung-Chul-Han. Un ensayo breve y que se lee con rapidez. En el capítulo titulado La pedagogía del mirar, el coreano suelta esta aguda reflexión:

En el marco de la aceleración e hiperactividad generales, olvidamos, asimismo, lo que es
la rabia. Esta tiene una temporalidad particular que no es compatible con la aceleración e hiperactividad generales, las cuales no toleran ninguna extensión dilatada del tiempo. El futuro se acorta convirtiéndose en un presente prolongado. Le falta cualquier negatividad que permita la existencia de una mirada hacia lo
otro. La rabia, en cambio, cuestiona el presente en cuanto tal. Requiere un detenerse en el presente que implica una interrupción. Por esa condición se diferencia del enfado. La dispersión general que caracteriza la sociedad actual no permite que se desplieguen el énfasis y tampoco la energía de la rabia. La rabia es una facultad capaz de interrumpir un estado y posibilitar que comience uno nuevo.

¿De qué manera se vincula la rabia con la ira? Según el diccionario, la ira es: 1. Pasión del alma que causa indignación y enojo 2. Apetito y deseo de venganza. Mientras que rabia es definido como ira, enfado o enojo grande, aparte de la enfermedad algunos animales y de la roya que pueden contraer los garbanzos. Los apetitos de venganza se castigan en el Infierno: La ira a la que se refiere Dante en el Purgatorio, se refiere más a la pasión del alma que causa indignación.

¡Oh Reina! ¿Por qué permitiste que te matara la ira? Por no perder a Lavinia, fuiste tú la que murió.

Ahora bien, la rabia a la que se refiere Byung-Chul Han, es parecida a este tipo de ira que retrata Dante en los cantos XVI y XVII. La digna rabia de la que ha teorizado el movimiento zapatista pero que se encuentra en cientos e incluso miles de comunidades campesinas e indígenas. No es raro que este tipo de rabia sea incomprensible en el mundo urbano. Esa rabia sólo puede surgir cuando se tiene tiempo para la contemplación.

Respecto al controvertido, apasionante, trillado y siempre nuevo tema del amor, la lectura de este canto también da para pensarle un rato. a mi me plantea una cuestión que nunca antes había pensado. Explica Virgilio a Dante que el amor es la causa de la virtud y al mismo tiempo de toda acción digna de castigo. Pero (y aquí viene lo que no comprendo) ese amor no puede oponerse al bienestar de aquel en quien e genera. Por lo tanto, concluye Virgilio: “solamente se puede hacer mal al otro, al prójimo, lo que es una forma de amor al mal que en nuestra naturaleza se manifiesta de tres modos”.

Esos modos son:

  1. El bien propio que se espera a partir de la ruina del prójimo
  2. El sentimiento de perder el poder o los honores si el prójimo prospera
  3. El que se siente injuriado por el otro y no desea más que la venganza

Esos tres modos de amor, sigue explicando Virgilio, se expían abajo, en el Infierno. Hay otro tipo de amor

Que es el de aquellos que corren tras el objeto amado de forma desordenada. Todos los hombres tienen por instinto el ansia de un bien en el que cifran la quietud de su ánimo, y por ello todo el mundo se desvive por conseguirlo. Si al conocerlo o gozarlo, la intención y la acción es algo mesurado, después de un justo arrepentimiento será este el círculo del martirio purificador

Es decir, el círculo de la pereza. Como buen procrastinador que he sido, comprendo cuando Dante se refiere a ese amor que se persigue de forma desordenada. En mi defensa, quiero decir que no es un problema meramente personal. Paradójicamente, La sociedad del cansancio en la que vivimos, nos exige, como plantea Byung-Chul Han, el multitasking, hacer muchas cosas a la vez, la hiperactividad con el máximo de rendimiento posible. Esa hiperactividad, muchas veces acaba en un agobiante paroxismo cuando encaminamos nuestros esfuerzos en aquello “que cifra la quietud del ánimo”. Si por ahí alguno de mis compañeros que están intentando escribir su tesis de posgrado al igual que yo lee esto, sabrá a qué me refiero. Ira y pereza se enlazan. Se necesita más que el sutil enfado en el que permanente nos encontramos. Se necesita más aprender de los campesinos y su digna rabia. Se necesita poner un freno al tren de la historia. En la vida personal a este acto se le llama contemplación.

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