Como que voy comprendiendo mejor la rara despedida. Coincide con la primera y única vez que, de labios de Beatriz, el Bardo escucha su nombre: “Dante, no llores por la partida de Virgilio; no llores así, son otros los recuerdos por los que podrías llorar”.

Con estas palabras el florentino recibe una especie de segundo bautizo. Y lo recibe con profunda humildad. Nos dic, volví a escuchar el eco de mi nombre -que por necesidad se dice aquí-“. ¿Por qué es necesario que a estas alturas de la Comedia se diga su nombre y no antes o después? Para aproximarme a una explicación, me parece que hay que retomar la concepción de la historia que sustenta la obra, el amor como acto sincrónico único. Sí ese acto es el eje en el que se sustenta el poema, tiene que servir también para interpretar cada uno de los cantos. Desde luego, también tiene que servir para interpretar el poema en su conjunto, pero esa reflexión me la reservo para cuando inicie el paraíso.

Prácticamente cada canto tiene una parte donde se muestra con intensidad ese acto sincrónico. Es como un punto nodal donde gravitan los demás versos. Pero incluso si no logramos distinguir del todo ese punto, en cada uno de sus tercetos, que dijimos eran el sujeto en este literario arte de la fuga, hay una serie de elemento que se relacionan e interactúan con el argumento total del canto. Por ello es constante que Dante nos diga que hay cosas interesantes que quisiera contar, pero que es mejor que relate otras ante el medido espacio-tiempo que tiene en cada canto.

Creo que la respuesta de por qué es nombrado en ese preciso instante, se explica en cada una de las partes del Canto XXX. No me detendré más en unos cuantos versos:

De la misma manera que en el Juicio Final se levantarán todos los bienaventurados saliendo de sus sepulcros y celebrando la recuperación de su voz, así a la voz del anciano se levantaron sobre el carro divino cien ministros de la vida eterna

Cuando Dante sabe que la hermosa mujer que lo deslumbra es Beatriz, agacha el rostro por la vergüenza. Beatriz guarda silencio y los ángeles empiezan a cantar: “Por sus dulces acordes comprendí que se compadecían de mí más que si hubiesen dicho: ¿por qué te mortificas? Entonces el hielo que tenía adherido al corazón se trocó en suspiros y en llanto?” Si recordamos que es en el último círculo del infierno, en el lago de hielo, donde las almas no pueden llorar, se entenderá mejor la intensidad de la escena. Dante es como los bienaventurados que en el Juicio Final salen de su sepulcro. Al ser nombrado ha recuperado la voz.

Walter Benjamin señalaba en las Tesis sobre la Filosofía de la Historia que el momento mesiánico es aquel donde los agravios cometidos a las generaciones pasadas se hacen presentes. Los muertos que no tienen voz, toman los cuerpos y la palabra y el alma de los vivos. Precisamente como nos muestra Dante su visión del Juicio Final. Desconozco si el filósofo judío-alemán era lector de la Comedia, pero esa afinidad electiva con el summo poeta, creo que no le hubiera desagradado.

A mi torpe modo, encuentro también una afinidad electiva con lo que he venido reflexionando desde hace algunos meses. Este blog se llama Apocalíptik porque considero que este es el momento de lo que Benjamin, desde su tradición judía, llamó momento mesiánico, y que yo prefiero llamar momento apocalíptico por mi tradición católica. Es ahora cuando los muertos se levantarán y tendrán voz y cuerpo. Es mi apuesta política y tal vez, como ha sucedido muchas veces me equivoque y el momento del Juicio no llegue aún. Desde luego, rechazo la visión apocalíptica de un Dios justiciero y que en medio de llamas, destrucción y muerte, juzga a vivos y muertos. Ese Dios que aparece en el libro de San Juan y que tan bien critica D.H. Lawrence. Además como ya escribí anteriormente, soy ateo. Más bien me imagino que el acontecimiento apocalíptico es y será como le ocurrió a Dante con Beatriz: él bajó la mirada por la vergüenza. Era culpable de sus pecados. Un canto de ángeles que llegó a su corazón hicieron que llorara. Había sido nombrado por la mujer que en el paraíso trasmuto aún más hermosa. Con el tributo de sus lágrimas alcanzó cuando menos el paraíso terrenal.

Es difícil rebatir la hipótesis de que el 2020-21 es un punto de quiebre severo para el sistema. El siglo XXI es joven pero ya es mayor de edad. ¿Qué sigue? Para Dante el paraíso celestial. ¿Y para nosotros? Soy apocalíptico. Seguramente algo peor. El tan cacareado capitalismo digital totalitario, sólo de inicio. Soy pesimista, pero con esperanza. Tal vez hay una luz al final del túnel: los muertos en voz de las mujeres, los campesinos, los trabajadores, los desempleados, los niños, los ancianos, los animales, los bosques…están pidiendo la palabra. T. S. Eliot, decía en los últimos versos de su poema Los Hombres Huecos, que el mundo acabaría en un lloriqueo. Como en otras cosas, tenía un don poético-profético como Dante. Tal vez el momento llegó. Al menos las lágrimas que se han derramado en todo el mundo por millones de personas desde hace más de un año, han pagado el tributo ¿Qué sigue? ¿Quién puede saber cuántas de esas lágrimas se quedaron selladas en lo más profundo del corazón?

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