La primera vez que Dante vio a Beatriz, fue cuando ella tenía 9 años y no volvía a verla hasta nueve años después. Un número místico para el florentino. La vida de Beatriz fue breve, a los 23 años murió. No se sabe a ciencia cierta cuántas veces ni de qué manera el poeta y la musa convivieron. Tal vez, ironías de la vida, la vio tan sólo tres veces.

Este canto es una continuación del primer encuentro en el más allá entre los amantes. Dante admite el que se dejó seducir por falsos placeres cuando su rostro dejó de estar presente. Beatriz, entre otras cosas contesta:

Ni la naturaleza ni el arte te causaron jamás el encanto que te producían los hermosos miembros en los que se contenía mi ser mientras vivía, y que ahora no son más que despojos de la tierra.

Dante aún no la puede ver en el Purgatorio porque tiene un velo. Aún hay culpas que no le permiten ver. Se le presenta una ensoñación y hay una mujer que le dice que sujete su mano, pues está sumergido en el río hasta la garganta. Después lo sumerge con ambas manos todo el cuerpo, sale del río y le presenta a otras tres ninfas que se disponen a llevarlo ante su presencia, no sin antes las tres hermanas se ocuparán de preparar sus ojos:

Procura tener la vista fija, pues hemos puesto en tus ojos las esmeraldas desde las que Amor,en un tiempo, lanzó sus flechas sobre ti.

Mil deseos, más ardientes que una llama, hicieron que yo fijara los ojos en aquellos que contemplaban al grifo con tal fijeza, que este se reflejaba en ellos; pero aparecía su imagen a veces con una naturaleza a veces con la otra, como juega la luz sobre la superficie de los espejos. Imagina, lector, cuál sería mi maravilla al ver que él se encontraba inmóvil, pero su imagen se transformaba de esa manera.

La manera en que lo abigarradamente visual se despliega a lo largo del poema es palpable para cualquier lector de la Commedia. Creo intuir que eso es lo que le da la atmósfera de sueño y alucinación que tiene cada canto. En esta ocasión, presenta la manera en que el ser humano y la fe se miran por primera vez. Antes de que Beatriz miré a Dante, él ve en sus ojos al grifo, aquel ser mitológico, mitad león, mitad águila: al mirarla ve la magnificencia de Dios que es mirada por ella. Las ninfas le piden que voltee a ver al que en vida fue su amante. El canto termina antes de que los dos mutuamente se miren. Los misterios que unen al hombre con la fe son casi imposibles de ser pintados o escritos. Estamos ante lo inefable.

Ayer comparé a T.S Eliot con Dante. No soy el primero ni el último que lo ha hecho. Tampoco soy el primero en encontrar grandes diferencias. Eliot al igual que Ezra Pound, ni siquiera nos presentan una imagen del purgatorio. Todo es infierno y desgarramiento. Balbuceo e imágenes rotas. Por ejemplo, una de las partes que componen Tierra Baldía, se llama Muerte por Agua. Una muerte que no purifica ni trae esperanza. A diferencia de la ninfa cuando sumerge a Dante. Para Eliot, los hombres y las mujeres están huecos, llenos de paja como espantapájaros. Dante, más aún que en la naturaleza y el arte, encuentra la unión con la divinidad en la sensualidad del cuerpo femenino. Por él se extravía y por él conoce la fe en Dios.

Un comentario sobre “#Dante2021 Purgatorio Canto XXXI: Dante, Beatriz y la mirada

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