*Norberto Soto Sánchez

La Constitución Política de 1917 es producto de la lucha popular revolucionaria emprendida contra la dictadura de Porfirio Díaz desde 1910, es decir, es la síntesis de muchos anhelos populares que se encontraban latentes y que obedecen a necesidades apremiantes de los pueblos que conforman la nación mexicana. La Carta Magna traza límites entre los poderes de la Federación y define la relación entre éstos y los tres órdenes de gobierno. Es la base sobre la cual queda establecida la organización de las instituciones, el gobierno y el ejercicio del poder. A nivel del Constitucionalismo Universal, es un documento sumamente importante, pues en ella quedaron plasmadas fuertes reivindicaciones sociales y políticas como las garantías individuales (art. 1º), la garantía a la educación laica y gratuita (art. 3º), la libertad de prensa, asociación, de opinión y de ocuparse en la actividad que el ciudadano elija, siempre y cuando ésta no altere el orden público (art. 6º), la libertad religiosa y la relación Estado-Iglesia (art. 24), la reforma y el reparto agrario (art. 27), la forma de gobierno federalista (arts. 39 & 41), así como los derechos laborales (art. 123). Por ello, podemos decir que fue una Constitución de vanguardia para la época.

En este proceso hubo un revolucionario del norte de Sinaloa que tuvo la oportunidad de participar en el Congreso Constituyente de 1916-1917 representando al Distrito 5º Federal, correspondiente a El Fuerte: Emiliano Celso García Estrella. Emiliano nace un 6 de abril de 1876 en el hoy pueblo mágico de El Fuerte, Sinaloa, localidad en la cual realizó los estudios de primaria y secundaria, para, posteriormente, continuar adquiriendo saberes en la preparatoria del Colegio Civil Rosales (antecedente histórico/institucional de la actual Universidad Autónoma de Sinaloa). Tuvo formación como médico en los colegios León XXIII y el Liceo de los Varones de la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Sin embargo, por razones que se observan poco claras en algunas reseñas biográficas escritas en torno a él, deja trunca su formación profesional en 1896, a los 20 años, regresando a su tierra natal para incursionar en actividades agrícolas, en la poesía y, sobre todo, en el periodismo liberal militante.

Es así que, según relatan Gilberto López Alanís & Saúl Alarcón en su obra titulada “Sinaloa en el Congreso Constituyente 1916-1917”, para 1906 Emiliano García ya contaba con una trayectoria de cerca de 10 años como enemigo declarado del régimen porfirista y como un férreo defensor de quienes habían caído presos a razón de la crítica que realizaban contra la dictadura. Por ello, aún con los riesgos que implica el haber operado en la semi clandestinidad que requería la causa, llega a ser un difusor del periódico “Regeneración” (cuyo primer número se publicó en México el 7 de agosto de 1900) en el distrito de El Fuerte. No hay que olvidar que esta publicación era el órgano de propaganda donde se transmitían las enérgicas e incendiarias ideas de liberación que en sus páginas eran escritas por la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano (PLM), dirigida por los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, y publicada en 1906 desde las oficinas que en ese tiempo ocupaba el PLM en el domicilio 107 North Channing, de la ciudad de Saint Louis en el Estado de Missouri, en “el otro lado”, al norte de la frontera de nuestro país.

Sin embargo, su activismo no se limitó solo a repartir estos importantes documentos entre los simpatizantes de la causa ya que, coordinando esfuerzos con José García de León y Mariano Bermúdez (director y colaborador, respectivamente, de los semanarios maderistas El Paladín, publicado en Mochicahui y El nuevo Paladín, publicado en El Fuerte), redactó y distribuyó diversos artículos de oposición al porfiriato; la represión del régimen de Díaz en el Estado no se hace esperar y pronto son objeto de una persecución feroz y múltiples atentados. En este tiempo inicia la formación de Emiliano García como un militante del PLM que se está fogueando en la confrontación y la violencia política de la época, su brío es puesto a prueba, pero su convicción y sus anhelos de justicia social y democracia resultan avantes: la voluntad revolucionaria prevalece y, no solo eso; se fortalece.

Tras el fallecimiento de Francisco Cañedo (5 de junio de 1909), general porfirista y gobernador de Sinaloa durante casi 33 años hasta ese momento, se abre un nuevo proceso electoral para la gobernatura del Estado. En este contexto, Emiliano García se suma, a lado del coronel y periodista liberal José María Rentería -quien además era veterano de la guerra contra la intervención francesa-, a la campaña para gobernador del licenciado José Ferrel, quien se enfrentaba al candidato oficial de la dictadura, Diego Redo. De esta etapa surgen el Club Político Ferrelista y el Club Democrático Sinaloense, participando Emiliano en ambos y, además, colaborando con una nueva experiencia de periodismo crítico en el Estado: el periódico El Reporter.

Hay un episodio curioso que menciona el Dr. Saúl Alarcón en su trabajo de investigación titulado “Juan M. Banderas en la Revolución”, en el que se retrata la actitud paternalista y déspota del general Díaz, así como el clima represivo que impuso en el país y el temor que infundía en algunos actores de la vida política incluso de las provincias. En este pasaje con tintes anecdóticos, se relata que José Ferrel, antes de iniciar la campaña, tiene la ingenuidad de solicitar una audiencia al general Porfirio Díaz, el cual le da respuesta favorable, citándolo en la Ciudad de México para tener una conversación en la que el dictador le aseguraría con “sinceridad” que “tendría toda la libertad electoral y que él, como Presidente, vería con alegría la madurez del pueblo en la lucha electoral” … Al regreso del licenciado José Ferrel a Sinaloa, Díaz ordena inmediatamente al aparato gubernamental que le pusieran todos los obstáculos posibles y que se desplegaran dispositivos de vigilancia alrededor de los cuadros más notables de la causa antirreeleccionista en el Estado, entre ellos García… La dictadura no estaba dispuesta a ceder en el ejercicio del poder.

A pesar de esto la campaña electoral ferrelista, en la cual participa Emiliano García, adquiere las cualidades de una verdadera movilización popular donde empezaban a configurarse los pilares de lo que pronto sería la revolución maderista en Sinaloa. Las elecciones se llevaron a cabo el 8 y el 25 de agosto de 1909. La población tiene la certeza de la victoria de Ferrel, pero poco importa la percepción y el descontento de los sinaloenses; el Congreso del Estado declara al porfirista Diego Redo gobernador electo con 35,985 votos a su favor contra 15,790 de José Ferrel (según datos proporcionados por Alarcón en la investigación referida). Para el pueblo de Sinaloa esto significó la imposición descarada de Redo, a pesar del triunfo abrumador de Ferrel. Al llegar a la gobernatura lo que hace Redo es dar continuidad a las políticas y al clima antidemocrático y represivo que caracterizó a la administración del general Cañedo, pero ello, aunado al fraude electoral, lo que terminará ocasionando es generar una ola de simpatizantes de la causa antirreeleccionista en la entidad.

En este clima político ya hiperpolarizado es que Emiliano García continúa su labor como propagador de ideas mediante la prensa a través del periódico El Alfiler; en esas andanzas lo toma el llamado a las armas de Madero en noviembre de 1910. Conforme se desarrollan los acontecimientos de esta primera etapa de la Revolución García, junto a otros compañeros del hoy pueblo mágico, se radicaliza y, para los primeros meses de 1911, deciden dar un paso más allá de la labor periodística para integrarse a la lucha armada, organizando el grupo guerrillero Leales del Fuerte, del cual él fue comandante. Ellos recibirán su bautizo de fuego en la toma de Navojoa el 17 de mayo de 1911, bajo las órdenes del coronel Benjamín Hill. Logrado el derrocamiento del dictador Porfirio Díaz tras los acuerdos del 21 de mayo de 1911 en Ciudad Juárez, Emiliano García vive un periodo de cierta calma. A finales de ese año funge como Agente del Ministerio Público en Mazatlán y, para 1912, ocupa brevemente el cargo de Presidente de El Fuerte, pues para inicios de 1913 se registra que él ya se está desempeñando como recaudador de rentas en ese Distrito. En ese cargo estaba cuando ocurre la decena (o quincena) trágica que culmina con los asesinatos de Gustavo A. Madero y Adolfo Bassó Bertoliat (el 19 de febrero) por órdenes del general Manuel Mondragón, así como del Presidente Francisco I. Madero y del Vicepresidente Pino Suárez (22 de febrero) por órdenes del general Victoriano Huerta. Es así que, posterior al golpe de estado, Emiliano García vuelve a las armas y se adhiere a la causa del Plan de Guadalupe redactado por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza. Después de algunos breves hechos bélicos en el Distrito, el comandante García es aprehendido por las tropas huertistas, ordenándose terminantemente su fusilamiento.

No obstante, sus compañeros de la guerrilla Leales del Fuerte se movilizan rápidamente logrando el secuestro político de algunos familiares del Prefecto de Distrito Dionisio Torres, los cuales fueron intercambiados para lograr su liberación. Una vez fuera de prisión no duda en continuar la lucha armada contra los golpistas, y se une a las fuerzas revolucionarias que estaban operando más al norte del país, participando en importantes combates acaecidos en los poblados de Agua Prieta y Naco, Sonora. Luego de estas experiencias de armas García regresa al norte de Sinaloa, teniendo la oportunidad de participar en el recibimiento de Venustiano Carranza en Chinobampo, El Fuerte, Sinaloa el 12 de septiembre de 1913, quien había cruzado la Sierra Madre Occidental partiendo de Parral, Chihuahua con una escolta de alrededor de 150 hombres y su Estado Mayor, dirigido por el coronel Jacinto B. Treviño.

Para 1916 llega a ser presidente municipal de El Rosario (Sinaloa), pero a finales de ese mismo año resulta electo al Congreso Constituyente de 1917 como diputado propietario representando al Distrito 5º, al cual pertenecía El Fuerte. Le toca presenciar los debates que darán forma a la Carta Magna de nuestro país, en los cuales, por ejemplo, se llevaron a cabo intensas discusiones en torno al artículo 3º de la Constitución de 1917, mismos que iniciaron en diciembre de 1916, y en donde, según nos indica Armando Soto en su texto titulado “El artículo 3o. constitucional: un debate por el control de las conciencias”, se vislumbraron dos corrientes: la primera, siguiendo la tradición juarista-liberal (llamados “liberales moderados”), y de la cual era partidario Venustiano Carranza, curiosamente no tenía problema en retomar la esencia del artículo 3º de la Constitución de 1857, en el que no se especificaba el carácter laico que debería tener la educación pública. La segunda corriente, llamada positivista (también progresista y/o jacobina/radical en algunas otras investigaciones), estaba encabezada por los generales Álvaro Obregón y Francisco J. Múgica, y planteaba que la educación debía ser laica y gratuita. Emiliano C. García, el congresista constituyente fuertense, se adhiere a esta última tendencia, y el 16 de diciembre de 1916 vota a favor de la aprobación del artículo 3º constitucional incluido en la Constitución promulgada y firmada el 5 de febrero de 1917.

*Psicólogo y Maestro en educación.

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