“¡Oh ustedes, que en minúscula barca siguen a mi navío, deseosos de escuchar lo que voy cantando! No pierdan la vista de sus propios litorales y no se arriesguen a navegar por los piélagos desconocidos, pues si me perdieran de vista podrían extraviarse. Las aguas que navego no fueron surcadas jamás por un ser vivo; así que yo suplico la intervención de Apolo y de las nueve Musas que me pueden mostrar las Osas, y de esa manera orientar mis intenciones”

El canto segundo inicia con dos partes complementarias. Por un lado, el poeta le señala al lector que su pequeña barca sigue un poderoso navío. Aquí como en ninguna parte, Dante nos dice, sin falsa modestia, los terrenos que está pisando. Y sin embargo, primero hace referencia al lector y luego a las musas. En la Comedia ese guiño o interpelación al lector es contante (casi igual que sus repetidos sueños y ensoñaciones) y me hace recordar al Quijote y sus frecuentes juegos donde involucra al “Desocupado lector”, como inicia el prólogo de la entrañable novela. En este caso, Dante, al hablar de canto, se refiere al que escuchamos con el alma. En ese sentido, la Divina Comedia es el poema que vindica y prefigura a la escritura y al lector modernos.

En la segunda parte del inicio del canto, el bardo nos dice que ningún ser humano ha estado en esas esferas. A diferencia del Infierno, donde otros personajes les fue otorgado el don de descender en vida, es la primera vez que alguien antes de morir puede vivir la experiencia y regresar para contarla. Es por eso que invoca a las nueve musas y a Apolo para que lo ayuden. Aquí también hay una diferencia con los poemas anteriores de la tradición occidental. Estoy pensando principalmente en la Ilíada de Homero: “Canta oh, diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, así inicia el primer canto, de un poema que antes de ser plasmado por escrito se trasmitió de boca en boca por rapsodas. Dante no pide ayuda a las musas hasta el Paraíso, y no les pide que sean ellas las que canten, es él el que se vindica como autor, y lo hace con hojas bien medidas por medio de la escritura, que estampa experiencias como los sellos en cera. Vindicación de autor y lector se complementan. Nace el poema como libro y como diálogo. Sin lector, la barca por muy grande que sea, naufraga.

La Comedia en su conjunto es el poema filosófico más extenso y complejo que hasta el momento se ha creado. ¿Cómo podemos definir a un poema filosófico? A riesgo de forzar un poco los términos, retomaré las partes en las que esquemáticamente se divide a la filosofía. Es decir, considero que un poema es filosófico cuando incluye reflexiones ontológicas, estéticas, éticas y epistemológicas, todo esto expresado en el lenguaje de la poesía, a saber, metáforas, imágenes, símbolos, alegorías, ritmo, musicalidad, etc. Lo en realidad maravilloso de este tipo de poesía (y en mayor o menor medida, cada poema que en verdad lo es, concentra de forma abigarrada estos elementos filosóficos) es que no se puede separar una parte de otra y su forma es radicalmente distinta a los conceptos y las abstracciones. Para ello podemos tomar como ejemplo cualquier canto de la Comedia, pero como hoy tocó leer el canto dos, lo ejemplificaré retomando algunos pasajes y el tema central que es la primera esfera, la Luna.

Después de que Dante habla al lector, a cada uno de los lectores, como si estuviera en el ágora, señala que se encuentra en un arrebato innato al alma en su perpetua aspiración hacia la imagen de Dios. Entonces explica que esa esencia se experimenta cuando nos unimos a la divinidad por medio de la fe. Esta unión, no necesita demostración alguna porque se da a conocer por su propia evidencia. En lenguaje moderno, al menos así la interpreto, se refiere a una experiencia intransferible y difícilmente comunicable. Hasta aquí, el summo poeta nos ha presentado argumentos filosóficos puros y duros. Mucho se ha escrito sobre el tomismo que sostiene la Comedia. Hay hasta un meme que señala que es una traducción en verso de la Suma Teológica. Eso es no querer entender ni una cosa ni la otra. La filosofía y la poesía, son lenguajes que se complementan y dialogan, muchas veces se frecuentan y rozan, pero que son muy distintos.

Entonces Dante pregunta a Beatriz de dónde proceden las manchas de la Luna. El bardo da su opinión de simple mortal y la musa lo corrige. Entonces da una larga explicación que es necesario leer con detenimiento y completa para acercarnos a su profundidad. El canto termina así: “Ésta es la causa de las diferencias que se advierten entre luz y luz, no su densidad y su enrarecimiento; este es el principio que, conforme a su virtud, produce la sombra y la claridad”.

No es raro que Dante incluya en la primera esfera a la luna. Más allá de la cosmología de la edad media, estamos hablando de la musa de musas. La Diosa Blanca que tan bien aborda Robert Graves. Si en la última esfera nos encontraremos con una luz cegadora, aquí se hace referencia a sombras y claridades, según disposición del amor divino. Como el alma de los hombres, el alma divina se esparce por el cuerpo del universo y “sin salir del círculo de la unidad, difunde su propia virtud, multiplicándola por todas las estrellas”. De esta manera, la Comedia aunque parece que abreva de una filosofía rígida y de su tiempo, en realidad abreva de una tradición milenaria, antiquísima, incluso prehistórica y por lo tanto intemporal. Por ello, es una mujer la que representa la Fe y explica al florentino los más altos conocimientos filosóficos que ningún mortal puede. Dios se manifiesta en mujer en igualdad de condiciones que el hombre. Es un principio de dualidad que rige el cosmos dantesco y que se expresa con toda su intensidad en el Paraíso. Pero hay algo más, los guardianes y devotos de la Diosa Blanca, no sólo buscan cantarle y escudriñar en el horror sagrado por el simple hecho de hacerlo. Como ya había dicho en entradas anteriores, ese horror sagrado que la Diosa inspira y que el poeta muestra en sus cantos (ya vimos que pueden ser orales o escritos), ha formado parte de las experiencias individuales y colectivas desde los tiempos más remotos.

Así, Dante pone en cuestionamiento, anticipándose unos cuantos años, la pretenciosa y muchas veces perniciosa, por mal interpretada, tesis de Marx, según la cual los filósofos no han hecho mas que interpretar el mundo y de lo que se trata ahora es de transformarlo. El florentino, al apostar por la escritura y el lector, inaugura una manera radicalmente diferente de entender y experimentar la poesía. No aspira a transformar el mundo ni ha tomar el poder. El poeta exiliado aspiró a algo más íntimo y radical: aspiró a dialogar con el lector del futuro y con suerte y si no era un actor pasivo en el drama psico cósmico que se le presentaría, ayudar a transformarlo por medio del lenguaje poético. Por lo tanto, aunque se leyera al mismo tiempo por multitudes, el poema es un enorme navío que se dirige a pequeñas barcas en redor; que se dirige a un sujeto de carne y hueso, frágil, miserable y de vida breve; el lector de libros; el que es todos y ninguno; el único e irrepetible.

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