En el canto sexto del Infierno se aborda el tema político desde la situación de Florencia. En el canto sexto del Purgatorio se aborda el tema político desde las problemáticas de Italia. En el canto sexto del Paraíso se aborda el tema político desde un contexto global. Ciudad, Estado e Imperio son las distintas escalas espaciales que Dante aborda de manera interconectada como interconectados están los tres reinos.

En este canto el florentino se encuentra con un alma deseosa de hablar: “Yo fui Cesar, y mi nombre fue Justiniano; por inspiración del primer Amor, que sigue ardiendo en mí, suprimí todo lo malo que había en las leyes” A lo largo del canto, este personaje histórico celebre por buscar la restauración del imperio romano, hace un largo discurso histórico en el cual se expresan diversos temas políticos de su tiempo que preocupaban al Bardo. De su tiempo y del nuestro, porque como trataré de mostrar, sus reflexiones políticas nos ayudan a pensar nuestro caótico mundo.

Siempre pasa: un libro siempre lleva a otros. Por suerte encontré en la red el libro Monarquía y hoy lo empecé a leer. Este tratado es de suma importancia para comprender el Paraíso en su vertiente política, porque fue escrito precisamente antes de la composición del último canto de la Comedia. Según los presentadores de la obra:

No perdamos de vista que, cuando Dante habla de «autoridad imperial», del Emperador del mundo, está pensando en una unidad mundial, especie de Estados Unidos del mundo gobernados por un Emperador. La cuestión, así planteada, es la clave del tratado; cuestión que permitirá ver en Dante a un precursor de la modernidad. Frente a güelfos y teócratas, defensores a ultranza de la superioridad de la
autoridad papal sobre la civil o regia, Dante va a colocarla en una situación de igualdad. Una y otra
corren paralelas y son recibidas directamente de Dios, sin pasar por intermediarios.

Lo que le preocupa a Dante, y no hay que olvidar que, aparte de un notable teórico político fue un hombre de acción, es encontrar elementos que permitan restablecer la paz en el caótico mundo de su época. Para ello escribe la Monarquía, sólo que este tratado se dirige a personajes influyentes de su época, por lo que me temo no tiene la fluidez plebeya de la Comedia. Aún así, son vasos comunicantes, sobre todo con este último canto, según José María Micó, el más político de los tres.

Ahora bien ¿de qué manera las preocupaciones políticas de Dante se asemejan a las nuestras? Según Wallerstein, después de la crisis sistémica del capitalismo y, por lo tanto, de su fin que más o menos se prolongará hasta el año 2050, existen diversas opciones de lo que podría venir después. Una de ellas es un imperio mundial, el cual dicho sea de paso, como señala el autor, iría en contra de la lógica de acumulación de capital que ha predominado en nuestro agonizante sistema histórico. Y es que un imperio global pondría fin a uno de los componentes centrales para el desarrollo capitalista: los Estados Nación. Como bien sabemos, la retórica del liberalismo, en eso como en otras cosas, bastante hipócrita, nos dice que el mercado funciona mejor sin la intervención del Estado. En realidad, analizado a la luz de los hechos, el Estado ha servido para asegurar el dominio y la explotación de unos países sobre otros, al tiempo que permite la protección y la transferencia de recursos públicos a entes privados, hoy en día, las corporaciones gigantes como mayores beneficiadas y asegura el control de la población por medio de la violencia y el control.

De esta manera, si se estableciera un imperio global, los grandes capitales para asegurar su supervivencia, tendrían que cambiar completamente su lógica de acumulación. Por lo que nos encontramos con dos opciones. Por un lado, la posibilidad de que se instaure un imperio con un gobierno universal donde las corporaciones implementen globalmente una organización totalitaria de la sociedad. No hay que olvidar que las grandes corporaciones no compiten entre sí, si no que en muchos casos, son una clase que llega a tomar a cuerdos en su propio beneficio, por lo que no sería raro que se pusieran de acuerdo para implementar sus objetivos. Tendencia que vemos cada día más posible. La otra tendencia es que los diversos movimientos antisitémicos, logren instaurar un imperio universal, basado en la igualdad y la libertad que, precisamente como los cantos sextos de la Comedia, enlacen lo local con lo global. Aunque remota, también es una posibilidad.

Incluso hay autores que creen que desde hace décadas hemos pasado del imperialismo de conquista a un imperio globalizado. Los más destacados son Negri y Hardt en su clásico libro señalan:

Nuestra hipótesis básica es que la soberanía a tomado una nueva forma, compuesta por una serie de organismos nacionales y supranacionales unidos bajo una única lógica de mando. esta nueva forma global de soberanía es lo que llamamos Imperio.

La soberanía declinante de las naciones estado y su progresiva incapacidad para regular los intercambios económicos y culturales es, de hecho, uno de los síntomas principales de la llegada de Imperio.

El libro de Hardt y Negri fue muy popular a finales del siglo pasado porque daba una respuesta a el acelerado proceso de globalización posterior a la caída del muro de Berlín. En ese hipotético Imperio, no habría ya un país que centralizara el control económico y político global basado en una política imperialista basada en la expansión y conquista de nuevos territorios. La postura es distinta a la de Wallerstein, para el sociólogo estadounidense, los Estados son necesario para que se haga un control político nacional, con miras a una mejor distribución y fluidez de la economía a nivel global. Esa tendencia no puede finalizar sin cambiar por completo la lógica de todo el sistema. Para los autores de Imperio, esa lógica ya habría cambiado.

Y sin embargo, qué distinto se nos aparece el siglo XXI en estos momentos. Hoy la mayoría de los países del mundo desarrollado, están cerrando sus fronteras y presentan fuertes tendencias nacionalistas reaccionarias y de extrema derecha. Negri y Hardt, señalaban que en ese hipotético Imperio no hay ya una nación que domina sobre las demás. Anunciaban así el mundo multipolar en el que nos encontramos. Hoy, es cierto que Estados Unidos ha perdido mucho de su poder imperialista y ahora comparte su declinante hegemonía con China, Rusia y la India principalmente. En ese escenario caótico y de múltiples problemas, los Estados Nación han decidido encerrarse sobre sí mismos y los organismos supranacionales están más debilitados que nunca. Veamos si no, como el concierto de las naciones ha demostrado su profunda incapacidad para tomar acuerdos globales en el tema de la pandemia. Y tenemos el cambio climático que es un problema urgente y que exige soluciones eficaces y globales si queremos sobrevivir como especie. La crisis económica y las gigantescas desigualdades que padecemos no se solucionará con políticas neokeynesianas. Estamos, pues, vivenciando grandes transformaciones que se agudizarán en las próximas décadas. ¿Se lograrán poner de acuerdo las élites a nivel global e instaurar un imperio tecno-totalitario? ¿Lograrán los diversos movimientos sociopolíticos instaurar un imperio universal, democrático y libertario? De esa lucha emergerá el mundo de mañana. Dante está presente con nosotros. Dante estaría a favor del Imperio democrático y libertario.

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