Hasta ahorita no hay un canto en el Paraíso que no contenga cantos y música. Me parece que este es un elemento a tomar en cuenta para la comprensión de esta parte del poema. En el canto XIV se hace referencia dos veces a la música.

La primera cuando Beatriz les pide a los sabios que expliquen al florentino sobre si la luz que anima su substancia será siempre como ahora:

Al igual que los que danzan en rueda, y en cada evolución se sienten más excitados, profiriendo expresiones de alegría y animando sus movimientos, así, a la amorosa petición que se les hacía, los santos círculos se mostraron muy entusiasmados renovando sus cantos y sus maravillosas evoluciones.

Cabe señalar que, aunque no en todas las partes donde aparecen referencias a la música, es común encontrar entrelazadas referencias al movimiento armonioso de círculos, esferas y luces.

La segunda referencia a la música viene al final del canto, cuando al acceder a la esfera de Marte se encuentra con la visión de la cruz donde resplandece Cristo rodeado de espíritus luminosos que lanzan vívidos destellos:

Y como el laúd y el arpa, cuyas distintas cuerdas, cuando están bien templadas, producen una dulce armonía aun para aquel que es lerdo en distinguir sonidos, así las luces que se me aparecieron formaron con la cruz una melodía que fascinaba mis sentidos. Yo no entendía las palabras del canto, pero sí sentía que se trataba de una dulce alabanza, pues a mis oídos llegaban palabras como resucita o triunfa, pero los sonidos y las palabras se arreglaban en mi mente como aquel que no distingue bien los matices de lo que escucha.

Si como dice Schopenhauer, la música es el arte que mejor capta la esencia de la voluntad, se entiende porque para Dante es un recurso para expresar lo inefable. Sin embargo, a diferencia de la voluntad ciega y sin sentido que conceptualiza el filósofo alemán, el summo poeta nos habla de una experiencia mística con la voluntad divina, es decir, como lo expresa en este mismo canto, una experiencia con aquel que vive siendo uno, dos y tres: “y siendo tres en uno y sin contenerse en nada, pero conteniéndolo todo.”

De esta manera, tenemos en las referencias a la música una clave para comprender la compleja cosmología mística que constituye el Paraíso. Hace algunas entradas, hacía referencia a que el Paraíso se basa en la cosmología aristotélico-tolemaica que eran los conocimientos que dominaban en la poca, pero decía que no se podía reducir a una versificación del sistema astronómico-astrológico del medievo. Más bien creo que sirvió de base pero que incluye una serie de conocimientos y fuentes tan diversas como misteriosas.

A diferencia de los escritos que abundan sobre el Infierno y en menor medida del Purgatorio, en la red hay pocos escritos que aborden la tercer parte de la Comedia. Hoy sin embargo, leí un breve artículo donde se hace referencia a los conocimientos que influyeron en Dante para construir su visión del Paraíso. Ahí se señala que a parte de las fuentes oficiales y canónicas de la época, existen referencias al neoplatonismo. Si esto es verdad, y así parece ser, las dificultades que nos presenta esta parte del poema se van difuminando. Por ejemplo, en lo que respecta a la trinidad a la que se hace constantemente referencia, nos recuerda las hipóstasis de Plotino. Además, esa visión del Uno, incognoscible realidad suprema o gran vacuidad y del que es mejor callarse por que de él nada se puede decir, tiene vasos comunicantes con la divinidad y la jerarquía celestial que nos presenta el poeta italiano. En el sentido práctico también encuentro similitudes, pues tanto Plotino como Dante hacen una peculiar vinculación entre el arte de la contemplación y la comunión con lo divino.

Esas no son seguramente las únicas influencias que existen, pero se necesita un estudio profundo del neoplatonismo para encontrar más conexiones y simpatías. Sin embargo, tengo en mi pequeña biblioteca, el libro III de las Eneadas. Miro el índice me encuentro con el apartado que trata sobre La naturaleza, la contemplación y el Uno. Hojeo un poco y encuentro este párrafo donde Plotino señala:

Por eso el término de reducción en todos los casos es un uno. Es decir, en cada caso, el término de reducibilidad es un uno en particular, y este universo es reductible al uno anterior a él, no al Uno sin más, y así hasta llegar al Uno sin más; éste, en cambio, ya no es reductible a otro. Ahora bien, si se considera el uno de la planta – y éste es su principio permanente-, el uno del animal, el uno del alma y el uno del universo, se considera en cada caso lo más potente y lo más valioso; mas si se considera el Uno de los Seres de verdad, su principio, su fuente y su potencia, ¿vamos, por el contrario, a desconfiar y a sospechar que es la nada? Sí, es la nada en el sentido de ninguna de las cosas de las que es principio, pero es tal que, no pudiendo predicarse nada de él, no el ser, no la esencia, no la vida, es lo que sobrepasa todas estas cosas. Más si lo consideraras tras haber descartado el ser, quedarías maravillado.

Si como tal parece, Dante abreva de las fuentes del neoplatonismo, estamos ante misterios más profundos que resolver en este mística tercera parte. Yo me declaro un tanto incompetente en estos momentos para desentrañar ni siquiera lo más superfluo. Ya hace días conté que incluso tengo que releer los cantos más de una vez para poder comentar algo que aporte, si no a la comprensión del canto, al menos a la invitación a la lectura de un poema que se propuso transformar al individuo y no sólo entretenerlo.

Desde luego, ya que se hace referencia al Uno de Plotino, no puedo dejar de recordar también a Pitágoras y su visión mística de las matemáticas. Para los pitagóricos, el principio de todas las cosas es el número. Esta creencia y sus investigaciones sobre la música, decantaron en una visión del cosmos como una armonía relacionada a los números y las escalas musicales. Cuando Dante hace referencia a la música el mensaje es parecido: la armonía de las esferas celestes y el cosmos se expresa a través de la música. Pero hay más. Para el Bardo, al igual que los cabalistas, al igual que los pitagóricos y los neoplatónicos, el número tiene una connotación mística que nos vincula con la divinidad y la armonía del universo. Muy diferente al puro cálculo que hacen los algoritmos del big data en la era del capitalismo digital, pero tal vez más cerca de lo que pensamos de la religiosidad cósmica de la física moderna.

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