El Zohar desde el principio del primer tomo plantea que Dios creo el universo con las 22 letras del alfabeto hebreo. De las distintas expresiones filosóficas, esotéricas, poéticas o místicas que conozco, las de la cábala judía me parecen las más radicales. Si llevamos sus planteamiento hasta las últimas consecuencias, resulta que el universo es un lenguaje codificado por el creador. Un lenguaje hecho de palabras. Palabras que los seres humanos pueden usar para su comunicación cotidiana y para descifrar los misterios de la creación.

Si a esto añadimos la centralidad que los cabalistas le dan a la Torá, incluso como encarnación de Dios, el fervor místico en relación al lenguaje se torna en parte central de su pathos histórico. Nietzsche, en una de sus frases nihilistas, dice que no perderemos la fe en Dios hasta que no perdamos la fe en las palabras. Por eso para el pueblo judío es tan central el lenguaje y el Libro al que se han aferrado a lo largo de su atribulado devenir: si se pierde el habla y la escritura se pierde completamente el sentido.

En el canto XVIII, Dante plantea una idea parecida a las danzas que las letras hebreas hacen el Zohar:

Y vi en la reverberante luz de Júpiter, que los signos de nuestro lenguaje se presentaban ante mis ojos, como avecillas que vuelan en las márgenes de los ríos y se regocijan el ver los pastos que le son apetecidos, y forman figuras en el aire; así volaban y cantaban aquellas criaturas, componiendo la figura de la D, de una I y de una L, moviéndose primero al compás de su canto, e imitando después uno de aquellos signos, se detenían y callaban.

El canto continúa haciendo referencia a la manera que se ordenan estas palabras y evocando con ruegos a la mente, in che’ s inizia/tuo moto y tua virtute. Casi al final, el poeta nos hace un guiño: “Y tú, que solo escribes para tu propio provecho…”

Ayer traté de abordar brevemente el tema de poesía y profecía ¿Qué utilidad tiene esta relación en la actualidad? Tal vez una batalla no tomada muy en cuenta, pero que es central en el siglo XXI, es la del lenguaje. Sobre todo por la centralidad cada día mayor del big data y los algoritmos informáticos. Si las palabras son dioses, ángeles, o manifestaciones de Dios, podemos analizar de manera radicalmente otra los datos y el lenguaje de la informática. Si el capitalismo de la vigilancia predice nuestro comportamiento y los eventos y tendencias futuras, la poesía y el pensamiento que elevan a esa dimensión el problema del lenguaje, puede ser el antídoto que nos dignifique como humanos.

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