Luis Espinoza Sauceda

VIENTOS DE AGUA Y FUEGO

En agosto del año pasado, en el pueblo de Baca, Choix, Sinaloa, una culebra de agua por el cielo los visitó. Un fenómeno de la madre naturaleza en la tarde sepultaba al sol. Unos proferían palabras místicas para explicar lo que pasaba; algunos mejor callaron; hubo quienes dijeron nada o simplemente pensaron nada.

Por encima de las casas la vieron pasar, después de detenerse un momento, como si la corriente de agua del río la hubiera despertado al llegar al pueblo. Lo arropó con su sombra azul y electrificante, llena de agua y más agua, no lanzaba gotas de lluvia sino chorros, como si todo fuera inundar y a la vez curar.

Desde siempre se han escuchado historias, los abuelos dicen que algunos ojos de agua o arroyos alojan culebras azules y coralillos que hacen que siempre haya agua. Éstas no se deben matar, al contrario, cuidar porque llaman el agua, incluso en las temporadas de escasas lluvias.

No me alejo de estas palabras, pues existen dos vivencias al respecto: el ojo de agua de La Calera que todo el año tenía agua, parecía que los bainoros y garambullos sus sombras abrevaban el agua que emanaba de sus raíces. Ahora no hay agua. Dicen que desde que mataron la coralillo se acabó el agua. Era una coralillo muy grande. Muchos años habitó en ese ojo de agua. La veían seguido, sobre todo en junio que salía por las tardes, ya casi oscureciendo, como que llamaba las nubes para que lloviera bien todo el año, pues en ese mes toda la vegetación está seca. Se dejaba acercar, pero la mataron y a partir de entonces ya no ha quedado agua para todo el año por más que llueva.

Lo mismo pasó en el arroyo de La Estancia en la parte de arriba, en los paredones, estaba un ojo de agua grande con tule, ahí se alojaba una culebra azul muy grande, de varios metros, cuando nadaba en la laguna se le veían los cuernitos por encima del agua, como antenitas. También la mataron y desde entonces no hay agua. Nada de agua queda en el lugar, pura arena blanca.

En el pueblo tres meses antes había sucedido algo parecido pero contrario a esto: en mayo que es de los meses más secos y calurosos, uno de esos días, sufrieron la embestida de un viento caliente, llegado del mismo rumbo, del río, tan caliente estaba que se sentía como si les arrojaran con bolas de fuego, la tierra hervía, los quemaba, los árboles quedaban chamuscados y otros de plano se secaron. Otro día así y acaba con todos los árboles.

Tanto fue el calor, que cuando empezaron las lluvias en julio, no había sapos, un anfibio que en las primeras lluvias aparece por millares, salen a alimentarse de los insectos después de pasar toda la temporada enterrados. De vez en cuando se encontraban uno, pero era muy raro.

Por el mismo rumbo aparecieron y desaparecieron los vientos de lluvia y de fuego. Con los ojos de miedo sufrieron el viento caliente de mayo envuelto en bolas de fuego y con ojos de asombro vivieron la lluvia de agosto montada en una nube negra, espesa, transfigurada en una culebra azul.

La noche llegó a los minutos cuando la culebra de agua en un relámpago a la salida a Loretillo, por los palosos se siguió.

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