Hace días que le doy vueltas. De hecho, desde que inicié la lectura del Paraíso, me parece -y así he tratado de expresarlo- que nos encontramos ante un reto interpretativo y de imaginación poética sin parangón. Ahora lo puedo decir con mayor claridad, de las tres partes del poema, la más extrañamente moderna es esta última.

A lo largo de estos meses hice interpretaciones y juicios exagerados o erróneos. No recuerdo qué crítico literario hablaba de lo fructífera y necesaria que puede ser una mala lectura, lo mismo que una lectura ingenua. Con esto en mente, no he tenido miedo en aventurarme en lanzar hipótesis que en su mayoría son erróneas o de plano muy jaladas de los pelos. Pero en algunas ocasiones he dado en el clavo. Y he sentido un extraño e íntimo regocijo al saber que algunos escritores renombrados de nuestro tiempo coinciden con mi locas afirmaciones. Tal es el caso de una apreciación de Umberto Eco que encontré en el siguiente artículo(https://www.nuevarevista.net/un-extrano-ascetismo/):

Umberto Eco sostiene que ninguna época como la nuestra es capaz de gozar plenamente del Paraíso de Dante. Para Eco, el Paraíso de Dante es «la apoteosis de lo virtual, de lo inmaterial, del puro software, sin el peso del hardware terrestre e infernal, cuyos desechos se quedan en el Purgatorio. El Paraíso es más que moderno, puede convertirse, para el lector que haya olvidado la historia, en algo posible y tremendamente futuro. Es el triunfo de la energía pura, lo que la telaraña de la Web nos promete y no sabrá darnos nunca, es la exaltación de flujos, de cuerpos sin órganos, un poema hecho de estrellas novas y de enanas, un Big Bang ininterrumpido, un relato cuyas peripecias siguen las longitudes de los años luz»; en síntesis, una «triunfal odisea del espacio». Según Eco, quien recomienda la lectura del Paraíso a los jóvenes, leer el Paraíso de Dante es mejor «que una discoteca psicodélica y que el éxtasis. Porque, en cuanto a éxtasis, la tercera cántica mantiene sus promesas».

(https://www.nuevarevista.net/un-extrano-ascetismo/)

Hace unos días también me enteré que Elon Musk, físico de profesión y el hombre más rico del mundo en estos momentos, también es adepto a la teoría según la cual es posible que seamos una simulación virtual hecha por una civilización muy avanzada. La misma que sostienen los transhumanistas. Por ello, se me ocurrió desde mi inició con el Paraíso, una idea que me da vueltas ¿Y si nos tomamos en serio esta hipótesis de que somos producto de una simulación virtual, pero en vez de postular que fue hecha por una civilización adelantada, postulamos que es hecha por Dios, un extraño Dios con dotes cibernéticas y la llevamos a sus últimas consecuencias? Eso actualizaría el debate filosófico e imaginativo-poético de acuerdo con las preocupaciones actuales. Y es que no otra cosa ha postulado el idealismo desde hace mucho tiempo. ¿No era Berkeley quien decía que Dios nos está pensando? ¿Y no hay físicos modernos que dicen que nuestro universo tiene la consistencia de un holograma?

La diferencia entre postular a un Dios cibernético como creador o a una civilización avanzada es palpable. De ahí la actualidad que le adjudico a esta parte del poema dantesco, el cual es clave en este debate, pues está en el centro la palabra transhumanizar. ¿No será que el transhumanismo es más bien un hiperhumanismo que sueña con que el ser humano lo pueda todo reavivando el viejo sueño de convertirnos en dioses? Vivimos tiempos interesantes y peligrosos. Y es que se sabe que cuando los hombres tratan de ocupar el lugar de Dios o los dioses, lo que los griegos llamaban hybris, todo acaba mal. Tal vez hoy como nunca en la historia de la humanidad, muchos creen que ese sueño es posible. Yo creo que eso es imposible y la clave me la da Dante.

En el canto XXIII en cada terceto se siente la imposibilidad de expresar lo inefable:

*En sus ojos brillaba el destello de un inefable gozo que me sería imposible describir.

*Yo vi como entre millares de antorchas salía un Sol que trasmitía su luz, así como el nuestro comunica la suya a las estrellas; y aquella sustancia luminosa penetraba por toda la materia, y era tan intensa que mis ojos no podían soportarla.

*Así se expandió mi espíritu entre todas aquellas luminarias, rebasando la conciencia de mí mismo hasta el punto de que nada puedo entender de lo que sucedió a mi espíritu.

*Al describir el Paraíso debe el sagrado poema rescatar en lo posible aquello que es por naturaleza indescriptible.

*La más dulce melodía que pudiera salir de labios humanos , hubiera parecido el trueno de una nube a comparación del son que salía de aquella lira.

*Fue por eso que mis ojos deslumbrados no pudieron seguir a ese astro coronado.

He transcrito algunas de las imágenes y metáforas que expresan esta imposibilidad de expresión. No son las únicas y más bien hay que adentrarse en el canto en su conjunto, aquí las plasmo para llamar la atención de su tema central, que es, nada más y nada menos, la virgen María. Esta visión la tiene Dante después de haber dialogado con los contemplativos en los dos cantos anteriores. Hoy la manera de hackear al sistema será por medio de la contemplación. El mundo virtual nos promete el Paraíso, pero como dice Eco, nunca podrá dárnoslo. El summo poeta nos recuerda que tenemos un software y un hardware más complejo y perfecto al que llamamos universo, que nunca ninguna civilización, por muy avanzada que sea, jamás podrá igualar. Y lo mejor de todo, es gratis y, a veces, con los pies sobre la tierra, logramos vislumbrar un poco de su magnificencia.

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