En el último acápite de la primera parte sobre la Teoría de la relatividad especial, Einstein apunta:

El no matemático se siente sobrecogido por un escalofrío místico al oír la palabra “cuadridimensional”, una sensación no disímil de la provocada por el fantasma de una comedia.

En efecto, eso es lo que los profanos sentimos con las cada vez más complejas teorías de la física moderna. Aunque es casi seguro que ese escalofrío también y con mayor intensidad, lo experimenten los científicos. y es que , lo quieran o no, los terrenos que pisan se acercan a lo teológico. ¿Qué diría el físico alemán, cuando actualmente se habla de que la realidad tiene diez o más dimensiones?

El canto XXIV me va a ayudar a este respecto. Al inicio Beatriz pide a las luminarias que infundan algo de su luz en el entendimiento del Bardo, que por gracia divina se le ha permitido estar en esas esferas antes de morir. Una luminaria se acerca, empieza a brillar más intensamente que cualquiera de las otras, gira tres veces en torno a Beatriz y entona un canto. entonces, una vez más, Dante nos advierte de que su pluma no posee el intelecto para describirlo “No che il paralare, é tropo color vivo”. Entonces beatriz le pide a la luminaria que examine al poeta, pues la verdadera Fe se manifiesta solo en el Paraíso y él como mortal antes de su viaje no la pudo conocer, si acaso sólo intuir. Mientras el florentino prepara mil argumentaciones en su mente, la luminaria le pregunta ¿Qué cosa es la Fe?, a lo que contesta: “La Fe es la sustancia de las cosas que se esperan, y el argumento de las que no se ven.” El examen se prolonga hasta el final del canto, donde, entre otras cosas, Dante declara:

Creo en un sólo y eterno Dios que, sin ser movido, pone al cielo en movimiento con su amor y su voluntad. En apoyo de esta creencia no solamente poseo pruebas físicas y metafísicas, sino que me la suministra también la verdad que aquí emana de Moisés, de los profetas, de los salmos, del Evangelio y de todos aquellos que, como tú, escribieron sus experiencias después de ser santificados por el Espíritu Santo.

Ahora bien, dicen que una de las claves para comprender las ideas de los libros clásicos no es preguntar qué nos dice a nosotros, si no al contrario, debemos hacer la pregunta inversa. ¿Qué le decimos nosotros y nuestras circunstancias a esas ideas? Por ejemplo, la definición que Dante hace de la Fe, si la relacionamos con nuestra ciencia, nos ilumina sobre nuestra situación actual. La definición se divide en dos partes. La primera dice que la Fe es la sustancia de las cosas que se esperan. ¿Cuál es esa sustancia actual y qué nos hace esperar? Según las leyes de la termodinámica, nuestro universo se encuentra en expansión y un proceso irreversible de entropía. Esta concepción, aunque ese proceso entrópico dilate miles de millones de años, en nuestra cosmovisión cotidiana tiene consecuencias sobre nuestra visión del futuro. En el plano histórico, nuestro horizonte no es distinto. Al abandonar la idea de que la sustancia de la historia nos depararía un mundo más justo y mejor, llámese socialismo, anarquismo, comunismo o una mezcla de esta trinidad, hoy, como insisten algunos, es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. De ahí que ideas tan extravagantes y cuasi religiosas como las del transhumanismo y otras, prometan una espiritualidad y trascendencia sin salir de este sistema, sino al contrario, agudizando sus contradicciones. Por último, el individuo ¿Cuál es nuestra esperanza, la sustancia de lo que esperamos? Byung Chul Han habla de un infierno de lo igual y Giorgio Agamben dice que hoy todos somos homo sacer, aquel hombre o mujer que es vida desnuda, puro deseo de sobrevivencia sin trascendencia. Estos dos planteamientos se reforzaron con la pandemia. El mundo digital llegó para quedarse y feisuk, por ejemplo, ya hasta nos ofrece un perfil para cuando muramos, mientras que el infovirus que nos inocularon, nos hace tener una preocupación enfermiza por nuestra salud, como si lo único que nos importara debiera ser no morirnos.

La segunda parte de la definición sobre lo que es la Fe, nos dice que es el argumento de las cosas que no se ven. Ya en otras entradas he señalado que los argumentos se parecen a la ciencia ficción. Hasta ahora, los científicos no se ponen de acuerdo si existen los mundos paralelos, o si somos producto de una simulación virtual o si el universo tuvo un principio o no. Todos esos argumentos se hacen en nombre de la ciencia y se presentan con complicadas fórmulas matemáticas, pero hasta que no se presenten pruebas contundentes que la misma ciencia exige, se quedan en el terreno de la especulación y sí, también de la Fe. Incluso teorías como las del Big Bang , que sí cuentan con pruebas más solidas, son puestas en duda constantemente. Además, no hay que olvidar que esa teoría que se acepta en la comunidad cientídfica fue formulada por un astrofísico que también era sacerdote. De ahí que se haya encontrado similitudes con esta teoría y el motor inmóvil de Tomás de Aquino o Platón o el propio Dante, como en este canto lo señala al decir que Dios, no se mueve pero con su voluntad y amor mueve las cosas. Sin embargo, a diferencia de la visión de estos antiguos pensadores, en la teoría del Big-Bang, sabemos que hay un universo en expansión, pero nada nos da pistas para tener fe de que antes de la gran explosión, haya algo como un motor móvil que ordene el cielo y las demás estrellas con amor y voluntad.

A muchos de los científicos de las llamadas ciencias duras (Física, Química, Matemáticas, Biología, etc.) seguro les desagrada la idea de que muchas de sus teorías entran en el ámbito de la Fe. Pero ateniéndonos a la definición que plantea Dante, encajan a la perfección. Sobre todo la Física se mueve cada vez más en ese terreno, incluso cuando encuentra pruebas en sus experimentaciones. En sus diálogos sobre la religión natural, David Hume planteaba la hipótesis de que las religiones son indispensables para cualquier sociedad. El problema aumenta cuando los argumentos religiosos vienen dados por la ciencia.

Ahora bien, en el fondo de cualquier argumentación teológico-religiosa, subyace la idea de Dios o lo divino. Al igual que Dante, hasta el menos ducho tiene pruebas físicas y metafísicas que avalen sus creencias, es decir su Fe. El problema, el examen que tenemos que responder como sociedad, es si esa Fe puede estar sustentada en un universo sin el amor y voluntad divinos que nos guíen. Einstein se atrevió a decir que Dios no juega a los dados con el universo. Los físicos posteriores insisten en que sí que lo hace y constantemente. Sea lo que sea lo correcto, la magia de la Naturaleza, o sea Dios, aparece a diario frente a nuestros ojos. Sólo los que han perdido la Fe dejarían de maravillarse y dejarían de buscar y encontrar sentido en lo existente. Ese tipo de personas están muertos en vida. Un caso distinto, aunque también algo de desalmado y mucho de megalomanía hay en esas ideas, es el creer que un universo como el nuestro puede ser la simulación virtual creada por una civilización superior.

2 comentarios sobre “#Dante2021 Paraíso Canto XXIV: Examen de grado en el cielo

  1. Esto da para mucho, Dante y la Física moderna. ejemplar reflexión la tuya. Llevo meses pensando en el tema Fe-Física y no me he atrevido a plasmarlo. Esto me aclara el camino, nada claro en sí mismo. En los clásicos están todas las respuestas al presente y al futuro no muy lejano.

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