Si algo define las investigaciones de algunos físicos es la búsqueda de la belleza. De ahí los vasos comunicantes entre ciencia y poesía. De hecho, algunos de los descubrimientos más importantes se han realizado en la búsqueda de la belleza. Paul Dirac, el físico matemático que descubrió la ecuación que lleva su nombre y que tantas aportaciones hizo al conocimiento del átomo, decía que las leyes de la física tenían que ser bellas, por lo que más que por experimentación se guiaba por su sentido estético de las matemáticas. Si esto es así, la mayor contribución de los pensadores del medievo fue lo que se llamó la estética de la luz. Y lejos de lo que se piensa, esta estética tuvo implicaciones prácticas, como lo muestran las catedrales que perduran hasta nuestros días.

En el canto XXX Beatriz y Dante llegan al empíreo y la Musa se muestra más bella conforme ascienden como se nos ha ido advirtiendo a lo largo de los cantos, en lo que Bartolini llama una dialéctica de la mirada. Como este es el último lugar/no lugar la belleza de Beatriz es absoluta por lo cual el Bardo se resigna a no poder describirla:

La hermosura que en esos momentos vi en ella, excede todo lo que los hombres podemos imaginar, por lo que yo tengo por cierto que solamente su Hacedor podría comprenderla. Yo me declaro incompetente para describirla, como jamás se sintió autor alguno, cómico o trágico, abrumado por su oficio y su trabajo…Yo siento que no se ha interrumpido mi canto de alabanza hacia ela, más ahora me veo forzado a sus pender los versos que hablan de su belleza…

¿Acaso esta claudicación, este no poder decir, no la hace aún más bella? Después de que Dante se da por vencido, acceden al empíreo, saliendo de los cielos corpóreos y entrando al recinto que es pura luz “luz del intelecto nutrida por el amor”. Entonces hay una luz cegadora que no le permite ver cosa alguna. Ese resplandor el la bienvenida que el amor da a los que acceden a esas altura “para curarle la vista con la medicina de la luz.” Después de estas palabras es cuando ve un resplandor en forma de río cuyas orillas están cubiertas de flores primaverales que tienen el el aspecto de rubíes engastados. Beatriz lo incita a que beba de ese río y le explica que es sólo un símbolo de su verdadera realidad. Apenas toca el agua sus párpados:

Percibí cosas distintas, pues me pareció que de largo, el río se convertía en redondo, y después sentí como si todas las cosas se despojaran de un antifaz, presentándose muy diferentes de lo que antes parecían. Así fue que las risueñas luces y las flores se convirtieron en las dos cortes celestiales, tales como en realidad eran.

En este pasaje es interesante tomar en cuenta que Beatriz le pide que beba del río y la manera en que el poeta lo expresa es con el roce del agua en sus párpados: es un beber con los ojos. Entonces la mirada se le aclara, el río que parecía fluir en línea recta ahora es redondo, en juego geométrico de alucinaciones celestiales. Con las abundantes metáforas a la vista, la mirada, los ojos en relación a la belleza y la luz divina, Dante nos invita aquí, sentados en nuestro sillón, a tratar de quitarles el antifaz a las cosas, para que se muestren tal como son. Es la misma búsqueda que guía a muchos científicos, aunque sus hallazgos se hagan por otras vías.

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