Si mal no recuerdo, en ningún lugar de la comedia antes de este canto se nos dice explícitamente que el viaje por el más allá es un sueño. Recuerdo, esos sí, que desde principio el poeta peregrino sufre de constantes desmayos, ensoñaciones y cae en profundos sueño. Desde luego, como nos damos cuenta a medida que se avanza en la lectura, las escenas, incluso las del paraíso, tienen un no se qué de pesadilla y alucinación. Desde el principio, Dante se encuentra en una selva oscura, inexplicablemente, como ocurre en los sueños. Es hasta el final de este canto que San Bernardo le dice:

Ma perché il tempo fugge che t´assonna,

Qui farem punto, come buon sartore,

Che, com´egli ha del panno, fa la gonna

(Más porque el tiempo de tu sueño ya está terminando, es menester que demos fin a nuestra plática, como el sastre que hace la túnica según le alcanza el paño.)

Dante no nos da pormenores de esta paradoja que tendremos que resolver en el silencio que quede reverberando después de el final de la lectura. Si todo se trató de un sueño ¿de qué tipo de verdad se nos estuvo hablando? ¿Por qué el tiempo del sueño fue de esta extensión? ¿El tiempo que duró el sueño que tanto se corresponde con la extensión del poema? ¿Dios expresa mejor sus designios a través de los sueños? ¿Qué pasó después de que Dante despertó?

En los siglos XIX y XX el psicoanálisis el romanticismo y el surrealismo, elevaron el sueño a categoría suprema. El sueño es una segunda vida, dirá Nerval en Aurelia, otra obra sobre la pérdida de una mujer. Sin embargo, parece que el tema del sueño siempre ha estado presente a lo largo de la literatura y el descubrimiento de los poderes del sueño fue más bien un reencuentro con esa parte perdida a raíz del racionalismo.

Se sabe que Dante creía que Dios en efecto había creado el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Aunque también es cierto no creía que lo que había expresado en su Commedia correspondía fielmente a esa realidad sobrenatural. Una realidad, dicho sea de paso, que está en el más allá, pero que siempre es un más acá. Que es un sueño, pero que es más intenso que la vigilia. Novalis, otro romántico, dijo que cuando soñamos que soñamos está próximo el despertar. En el canto penúltimo, por boca de San Bernardo, el lector se entera de que ha estado leyendo una larga visión, un largo sueño. Dante, el sastre, ha confeccionado su abigarrada túnica con medidas muy precisas. Así fue tejiendo un sueño hecho de palabras bien medidas y sopesadas. O así nos parecen, pero pensemos un momento en el hombre que las escribió. Tiene las hojas justas y más o menos el esquema general de lo que quiere contarnos, pero ante lo sagrado de la página en blanco, se lanza y se pierde en una aventura sin retorno. Al final de su obra, seguramente dichoso en la desdicha, el summo poeta nos dice que la literatura es otra forma de recrear los sueños, de despertar y abrir los ojos ese otro sueño que es la vida.

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