Murmullo III

A lo lejos ondulan por la bruma los cerros.

Casas: partículas celestes de piedra,

Árboles y nubes aborregadas: plumajes iridiscentes del día.  

La tierra en Las Milpas hambrienta de lluvia,

Los huizaches secos,

hojas ocres y espinas secas y quebradizas.

Un manojo de cardones y piedras sin agua.

El sol hace un par de horas quemó al Señor del Alba

Y ahora las cenizas flotan en el aire.  

Llegamos,

En la pared cuelga un cuadro: las letras no se distinguen,

En el piso lustroso hay charcos de luz. A la izquierda las escaleras.

A la derecha la puerta de la cabina de la radio Gi ne gä bu h´e th´o

-Bueno, mi nombre es Ángeles Pascual Ciprés Hormiga.

Yo nací aquí,

Aquí enfrente antes vivió el Nzaya Lecio Moctezuma,

Su juzgado era de puro, puro pasto con penca de maguey,

En aquel tiempo no había ni cemento, ni nada.

Aquí antes se llamó Chantepec,

En los últimos tiempos ya se cambió el nombre, ahora le dicen San Ildefonso.

¿Por qué se cambió de nombre?

Porque aquí vinieron los San Franciscanos a construir una iglesia,

Antes de terminarla los abuelos fueron en peregrinación a México. 

No sé si les donaron un Santo Patrón de San Ildefonso o lo compraron,

No sé cómo le hicieron, pero desde esa fecha para acá tenemos santito.

Las casitas se construían de piedra, con lodo.

Eran de adobe,

El que tenía una casita con teja en su casa era el de más billete.

¿Y en tiempo de sequía?

No había pasto, entonces tenía que techarlo de penca de maguey,

La gente en aquellos tiempos cortaba pencas de maguey,

Las doblaba bien, las planchaba,

Las secaba tantito y techaba las casas.

Luego, en tiempo más reciente llegó la Tolteca y la Cruz Azul,  

Ahí es donde empezó a circular más cemento en la comunidad.

Tengo la foto de esta calle: terracería, piedras y tierra había aquí.

¿Ves al perro que va por ahí?

Pura cagada de perros, puercos y burros había aquí.

En aquel tiempo, me dice un amigo: “¿a dónde trabajas”,

“Ningún lado,

orita na más le ayudo a mi papá

a cultivar las milpas,

poco lo que gánemos allí”.

Me dice: “pues vete a solicitar trabajo en Cruz Azul,

ahí con el maestro Alfonso dan trabajo”.

Solicité y me dieron de peón.

Hoy tengo setenta años y ya no nos dan trabajo.

Si usted va a solicitar trabajo a una compañía donde necesitan albañiles,

Me preguntan: “¿cuántos años tiene maestro?”,

“Tengo sesenta años”, le digo nomás.

“De sesenta años ya no te damos porque se va a caer la obra”.

Si mismo mi hija está haciendo su casa,

Le construí un poco de esa ventana que ves,

Nomás le paré los muros,

Dice mi hija “no te subas papá, mejor buscamos un albañil,

Ya nomás vigílalo,

Nada más estate acá abajo y dígale cómo se va a hacer, na más”.

De ahí a la fecha ya no he buscado trabajo.

Aunque vayamos a buscar no nos dan porque se fijan en la edad.

Ahora voy a la milpa dos, tres veces a la semana,

Ahorita no llueve nada. Ahorita ya fui de vuelta, ya regresé.

Sembramos en el mes de marzo o abril o mayo,

Depende del tiempo que venga ¿no?

Hay veces nos llueve muy tarde, nos llueve casi hasta junio.

Aunque usted tiene ganas de trabajar, de sembrar una milpa,

Llueve hasta junio o julio,

No se puede echar la semilla antes,

Hay ardillas y tlacuaches que sacan la semilla,

No podemos sembrarlo hasta que llueva,

El primer aguacerazo o el segundo aguacerazo,

Entonces sí metemos yunta,

Dos o tres personas, les pagamos ciento cincuenta al día

Y llevamos su agua, o su pulque, no sé qué tome la gente ¿no?

Le digo, “¿usté qué toma, pulque o agua?”,

“Llévame agua” dice, “llévame pulquito”

Órale, yo llevo su pulquito,

Entonces le damos de comer también, para que nos cobren barato,

Continuamos la escarda, la arrancada de yerbas, llevamos talachos,

Si no tenemos dinero nos toca solos el arranque de la yerba y la escarda.

Parece que hace sesenta o setenta años llovía mucho,

Yo me acuerdo muy bien cuando sembraba mi papá las parcelas,

Allá en la hacienda vieja no paraba de llover.

Ahora es una tierra negra por las aguas negras,

Si siembran el frijol y maíz, el frijol sí nace bien bonito,

Crece como treinta centímetros y florea,

Al final se seca,

Será que le hace daño mucha agua negra y por eso la tierra está negra.

Aquí sembramos el temporal, nace bien el frijolito

Florea bien bonito y no se seca.

Eso sí, hay que cuidarse del chapulín.

A veces entra una plaga de chapulines,

Y hay que curar la milpa,

Y hay que comprar una medicina especial para chapulín.

Las hojas del maíz se las acaban los chapulines.

Ya ahorita fui en la mañana, no hay ni chapulines ni nada.

¿Onde se metieron?¿En la tierra? ¿En la cerca?

En el tiempo de lluvia, empiezan a nacer los chapulines

Chiquititos como hormiguita.

Cuando hay pasto verde van creciendo los chapulines,

Hay dos o tres tipos:

Uno es el de alas negritas y se vende aquí en Tula.

El otro tipo de chapulín vuela,

Cuando los quieres agarrar vuelan como unos tres metros.

Esos no se comen.

Y hay otro que le decimos el soldado,

Son unos grandotes de colores negro y verde.

Esos también se comen el maíz.

Ya llevo como mil pesos gastados de pura medicina.

Ya mejor no le eché. Nunca vas a combatir al chapulín,

La medicina acaba los que hay dentro la milpa,

Y a los dos o tres o cuatro días ya está de vuelta, llega más chapulín.

Es una plaga. Hay muchos de esos animales en el monte.

Chapulines por todos lados, ¡son una plaga!

Hay grande, hay chiquito, brincan por todos lados.

Me dicen los compañeros de aquí:

“Si tienes gallina, llévala para que se los coman.

Los huilos y las gallinas los comen,

Luego ya no comen, ya no les gustan

Puro chapulín diario, diario, se empachan.

Yo tengo frijol.

Ni he revisado si ya tiene gorgojo,

Le digo a la señora “¿no te fijaste en el frijol?,

A lo mejor ya se engusanó”, le digo.

Sí, sí nos ganó un costal de frijol: le entró el gorgojo,

Y ese gorgojo se acaba el frijol,

Y nadie te lo puede comprar.

La gente conoce, aunque no siembra,

Se da cuenta qué clase de frijol come.

No sé si el agua negra ayude a combatir los gusanos.

El agua negra tiene mucha química.

En el río de aguas negras viene gasolina, aceite, thiner, pintura

Y otros líquidos que echan para acá los hospitales allá en México,

Por eso no crían animales donde hay aguas negras.

Yo he visto, las milpas como de cincuenta centímetros,

Chapulín no veo nada ahí. No veo nada.

Platicamos en la asamblea

¿De qué sirve den mucho maíz las milpas de riego de aguas negras?

El maíz está seco, seco, siempre contaminado de algún líquido,

Porque como acabo de explicar, viene mucho líquido tóxico en esa agua negra.

Al final sí lograste dos, tres toneladas de maíz,

Al guardar la cosecha le metes pastilla para volverlo a intoxicar:

Así han muerto personas por esa medicina.  

¿De qué sirve cosechar mucho si vuelves a contaminar el maíz?

Llegan de Tlahuelilpan vendedores de maíz aquí en San Ildefonso,

Todos los ejidatarios de Tlahuelilpan riegan con aguas negras,

Hasta se pelean por el agua, hasta se matan.

Sí da mucho maíz, mucha calabaza, frijol y chile,

Pero son semilla contaminada:

¿Cómo la ves?

El Hidalgo Bárbaro del siglo XXI: ejes de investigación.

Hace unos días leí en el periódico la crítica que un pintor hace a la literatura actual. Según él, la literatura aún espera su Marcel Duchamp. ¿Para qué componer cualquier cosa si ya todo está dicho? Si navegamos por un mar de información y conocimientos que nos agobian ¿es posible un mínimo de originalidad? Lo mejor sería, propone el pintor, realizar una obra a base de puro copy and paste tomando prestadas las infinitas obras y expresiones artísticas que circulan por la internet. “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros” dice Borges en un famoso prólogo.

Al lector, quisiera ahorrarle el viaje de las siguientes entregas, resumiendo en tres líneas la hipótesis básica de mi investigación:   

El pensamiento y la práctica de los intelectuales campesinos hñähñü es un modo de vida históricamente confrontado al capital como esencia de la sociedad capitalista.

En efecto, nada nuevo bajo el sol. Tú como yo, lector o lectora, te confrontas al capital de una u otra manera. La mayoría de las veces, la confrontación es de manera inconsciente y se expresa con altas dosis de violencia y enajenación. En eso, el modo de vida campesino hñähñü no se diferencia de lo que pasa en otros territorios. Al contrario, en el Valle del Mezquital son más intensas las violencias que nos agobian. Pero es precisamente por eso que su modo de vida, arraigado en una resistencia de larga duración, algo nos puede aportar a la comprensión de nuestra situación actual y escudriñar cómo sobrellevar la crisis civilizatoria en distintos ámbitos que van de lo económico a lo psicológico. De lo comunitario a lo individual.  

Nota 3

Tengo conmigo la versión del I Ching de Richard Wilhelm, con el prólogo de Jung y el poema que Borges le dedica. Es, creo, una de las ediciones más bellas traducidas al español. Sin embargo, para realizar mis consultas al I Ching, consultó el libro que me regalaron mis suegros. Es un libro más sencillo y manejable y no tiene la fisonomía de los libros sagrados.

Para mí el I Ching es un libro con el que tengo una amistad distinta a lo que me remite un libro como la Biblia. Hasta en mi trato cotidiano noto que el libro de las mutaciones no me suscita el horror sagrado que sí me provoca la Biblia. Anda por aquí y por allá, y entre sus páginas se percibe la mugre y las cenizas por la lectura constante. Tal vez porque es un libro de una cultura tan diferente a la mía, es que no me genera esa veneración.

¿De qué manera captar el instante? He reflexionando sobre la pregunta que le hice al I Ching. A la conclusión que llego es que hay veces se hacen buenas preguntas y hay veces que no. Me parece que esta no es una de las mejores que le he hecho. Como quiera, tengo que respetar lo que salió. Algo que me gusta del I Ching es que no excluye lo lúdico con tal de que se respeten las reglas del juego. La regla principal de este escrito es que interpretaría la respuesta minuciosamente.  Si como creo que este libro enseña, cada instante es la manifestación de la trascendencia en la inmanencia, podemos con suerte, encontrar a Dios que en las grietas acecha.

Ahora bien, la sincronización del tiempo que permite el I Ching, plantea el problema de la conjunción de dos o más sucesos aparentemente desconectados. La casualidad más que la causalidad que ha regido nuestra mentalidad occidental los últimos siglos. Es cierto que el I Ching contesta porque hay un ser humano que realiza una pregunta y por lo tanto ya hay una intencionalidad nada casual. Y, sin embargo, hay un sentido en el mundo que está más allá del sentido que le da quien pregunta. Sí, la respuesta del oráculo no puede excluir la individualidad, pero cuando uno abandona la esfera del ego se alcanzan mayores niveles de comprensión de algo parecido a lo que Jung llamó inconsciente colectivo.

Si en el instante se conjugan cada uno de los sucesos del tiempo y cada uno de los puntos en el espacio, es tarea imposible captarlo. Al consultar el I Ching, ante esa vorágine en la imaginación de quien consulta, acota el instante a dos hexagramas que se complementan. En este caso ¿Cómo acercarnos a una interpretación? Tal vez sea conveniente empezar por la interpretación de las imágenes. La imagen de El Pozo, el hexagrama dominante, es: “un cubo en un pozo con la cuerda rota impide beber”, mientras que la del hexagrama complementario, La Evolución, es: “El viento mueve las hojas de un árbol que crece en la montaña”.

¿Qué simboliza la cuerda rota? En primera instancia, nos plantea el carácter de lo inefable del instante, de ahí su relación con el fenómeno poético. ¿Quién en realidad puede explicarlo? Oh, instante, eras tan bello, dice un verso que no me acuerdo ahorita dónde leí.  También el pozo nos remite al alma interior.

Por su parte, la imagen del segundo hexagrama, un leve movimiento y fluir en la quietud. Desde luego que esa no es la imagen que el pensamiento occidental ofrece cuando se habla de evolución. Seguro estas diferencias implican un problema de traducción. Aún así, el árbol, es el símbolo de la maduración lenta, más allá de los tiempos humanos. Sobre todo, cuando crece en la montaña, símbolo de lo sagrado en distintas religiones.

Finalmente, algo que he descubierto cuando me pongo a escribir, es que las palabras toman un rumbo que muchas veces uno no les quiere dar. Es como entrar a un túnel del cuál no sé hacia dónde voy a salir. La mayoría de las veces me topo con pared y el intento se malogra. Otras veces salgo a un claro donde hay un pozo con un cubo sin cuerda. Me asomo y están las constelaciones y la luna que tiembla en el agua que no puedo beber. También el pozo refleja mi sombra.

No logró explicarme del todo porque hace unos días escribí sobre mi lectura de la Divina Comedia para presentar mi interpretación de un instante con la ayuda del I Ching. Hoy encuentro una coincidencia. El viaje de Dante empieza en medio de la selva oscura. Él sí desciende al pozo y encuentra la naturaleza divina que hay en cada uno. También encuentra la bestialidad que nos habita. Al final, el amor lo redime.

Fue un trece de enero que empecé estas notas. Un día después de que terminaran las cabañuelas. La intención es compartir reflexiones en torno a los tiempos que vivimos. La forma del pozo en la antigua China, dice la explicación del rey Wen, era siempre la misma y no cambiaba. Así son las verdades profundas. Amor, Amistad, Muerte, Guerra, Vida, Alma, Espíritu, Dios, son algunas de las palabras que utilizamos para nombrar esas verdades inmutables. Lo difícil es trasmitirlas desde la experiencia personal y concreta y hacerlas una experiencia compartida. Espero lentamente, como él árbol que crece en la montaña, lograrlo. Por hoy, espero haber trasmitido la importancia de acotar en un par de imágenes, el vértigo infinito del instante.        

Murmullo II

Anoche soñó que bombardeaban la ciudad,

La ciudad ardía en llamas

Y tal vez porque estuvo leyendo al paranoico Pynchon

Algo se anunciaba en el sueño de la novela que es su vida.

¿Los libros que serán, serán escritos por demonios

O serán ensamblajes resplandecientes del copy and paste?

A los pocos días, la ciudad ardía en llamas como en su sueño

Y una turba se levantó por el aumento en el precio de la gasolina.

¿El sueño sólo profetizó las barricadas y el cierre de los supermercados?

¿El sueño logró escuchar la galería de ecos en la que estamos?

¿El sueño logró descifrar el lenguaje de pánico en el que hablan las cosas?

Su niñez hasta los cinco años fue muy bonita

Hasta que entró a la escuela y entendió que era

Un inadaptado o una inadaptada como quien dice.

Ni en escuela de hombres ni en escuela de mujeres:

En la escuela de hombres eran toscos,

En la escuela de mujeres lo veían raro y cuchicheaban,

En la escuela mixta también lo golpearon.

Después vino el amor:

Primero anduvo con hombres toscos y fornidos

Luego anduvo con mujeres ojos de lince,

Pero no, no, no, no, no,

Nunca logró encajar ni con hombres ni con mujeres,

Ni siquiera yo sé si decirle él o decirle ella.

Aunque estoy convencido que existe un tercer sexo

A él/ella le asignó el sexo su mamá y el doctor:

El doctor porque dijo que había nacido un hermoso niño

Su madre porque le puso por nombre Isis

La madre de los dioses, diosa de los mil nombres.

Eso y más se refleja en sus pinturas y fotos

Y sus viajes al corazón del Valle de la Muerte

Cuando desciende a la peña del aire donde florecen las piedras

En la intersección entre la sierra madre oriental y la occidental

Y encuentra ecos de miles de almas anunciando muerte por todos los siglos.

Como Micaías sólo profetiza lo malo por venir,  

En los nueve miradores hacia el desfiladero

Y el precipicio de un pedazo de mar petrificado

En la peña del aire hace millones de años.

En sueños Isis conoce cosas que están siglos lejos,

Trae conocimiento que crece con un gusto amargo

Pero es incapaz de experimentar el presente

Y hoy las puertas del futuro se cerraron

Y hoy por azares del destino conocerá a don Alfonso, quiero decir a don Ponciano.

 

El Hidalgo Bárbaro: El IDELE como actor

Llegué al Valle del Mezquital en diciembre de 2011. En ese tiempo ya había ingresado al posgrado, pero no sabía bien a bien en qué lugar específico realizar mi trabajo de investigación. Por ello le pedí ayuda a un profesor de la universidad que colabora hasta la fecha en una red de organizaciones civiles de Hidalgo. Además de que me invitó a conocer las experiencias organizativas, me invitó a conformar el Instituto de Desarrollo Local y Educación (IDELE) con el objetivo de realizar acciones desde la experiencia con grupos subalternos tanto rurales como urbanos. De inmediato acepté. En ese tiempo, la red realizaba un proyecto de sistematización con estudiantes y profesores de la carrera en psicología social de la UAM Xochimilco. Así fue, después de visitar otros lugares, que llegué por primera vez como investigador al suroeste del Valle del Mezquital, una de las regiones más contaminadas del mundo.

Aún hoy, cuando le rasco a la memoria, trato de explicarme porque me quedé en una región que contrastaba tanto con las idealizaciones que tenía sobre el mundo rural. Y es que, si bien desde mi infancia había visitado constantemente esta parte del Valle, nunca me imaginé que, la región más industrializada del estado, guardara aún secretos profundos y testimonios vivos del pasado milenario de la gran Tula. Para llegar al corazón del Mezquital faltaban aún algunos meses. Sin embargo, me quedé porque ya había aceptado integrarme al IDELE y de los primeros trabajos que realizamos fueron con organizaciones civiles de esta región con el fin de incidir en la toma de decisiones por la instalación de una nueva refinería y otros megaproyectos que se anunciaban. Así, se abría la posibilidad, por primera vez, de poner en práctica nuestro objetivo central que es hasta la fecha, impulsar proyectos de desarrollo local comunitario desde una perspectiva educativa emancipadora.

Ahora bien, no todos en el IDELE son fervorosos del mundo rural. Además, en los últimos dos o tres años, la organización a sufrido un severo desgaste que la ha llevado apunto de desaparecer y, de hecho, lo poco que se sigue haciendo se enfoca al trabajo con grupos en las ciudades, principalmente la capital Pachuca. Por lo tanto, en la presente sistematización me voy a enfocar al par de investigaciones que realicé del año 2011 hasta fines del año 2017 en lo que llamo el corazón verde en la comunidad de San Ildefonso Chantepec en la parte sur, y el corazón seco en el municipio Santiago de Anaya en la parte norte del Mezquital. Esto me permitirá generar un debate sobre la importancia que tiene la polifonía de voces y prácticas campesinas e indígenas que a lo largo de ese tiempo pude recabar y que, me parece, contribuyen a comprender las propuestas de organización que ofrecen para otros grupos sociales o individuos interesados en contar con estrategias de resistencia ante los cambios acelerados e inciertos que estamos experimentando.

En Hidalgo, en el mundo urbano, lo mismo que en otras partes del país, cuando a una persona se le habla sobre campesinos e indígenas, se suele tener una actitud de orgullo si se habla de tiempos lejanos y de despreció y racismo si se habla del campesino contemporáneo. Líneas arriba hice mención sobre la idealización bucólica, lo cual también es una forma de racismo, acaso más oculto. Lejos de esos arquetipos con los que se ha forjado y se forja el imaginario nacional, el campesino, los campesinos y campesinas de carne y hueso, cuando deciden organizarse y resistir, no sólo plantean una crítica profunda a la sociedad actual, sino que en sus acciones y pensamiento se columbra otro tipo de sociedad, más justa y respetuosa con la naturaleza y el ser humano.

En el caso del Valle del Mezquital, estos campesinos y campesinas están conformados en pequeños grupos que muy poco han podido hacer para detener la destrucción y el despojo de recursos y saberes que afectan e incluyen a la sociedad en su conjunto. Es más, muchas veces ni siquiera en los lugares donde viven han encontrado eco sus propuestas. Son apenas unos cuántos hombres y mujeres que luchan, como ellos dicen, por la herencia y fuerza que les dejaron los abuelos. Sin embargo, tal vez hoy, cuando ante el colapso civilizatorio es más difícil cerrar los ojos, aprender de ellos será una cuestión de simple sobrevivencia.   

Nota 2 Domingo 17 de enero de 2021

A partir de los primeros días de enero empecé con la lectura de la Divina Comedia de Dante. Estoy leyendo la edición bilingüe de la editorial Tomo: esos libritos blancos con bellas y diminutas portadas que se consiguen por veinticinco pesos en el metro o en puestos de revistas. Aun así, es la mejor de las tres o cuatro destartaladas versiones que tengo. Aun así, las veces que intenté pasar más allá del infierno no lo logré. Aun así, esta vez estoy decidido a llegar al purgatorio y ¿por qué no? rozar el paraíso junto a la divina Beatriz.

¿Qué me ha impedido avanzar en la lectura?

En estos días, a diferencia de los intentos anteriores, leí los ensayos de Eliot, Borges y Berger sobre el bardo de bardos. De su mano, alivié mis temores y empecé la lectura. Sin duda, uno de los poetas del que más se ha escrito es Dante Alighieri. Como bien señala Eliot, es el poeta más universal de occidente. Sin embargo, los tres ensayos de estos autores son breves y contundentes, más una invitación sincera a la lectura que un estudio académico que espanta a los neófitos como yo. Creo que un clásico, si en realidad lo es, no necesita, en una primera lectura, explicaciones e instructivos para leerse. Ya después, si el amor es sincero, vendrán las disquisiciones y la profundización en la relectura.

Dicen que el confinamiento por la pandemia es el paraíso de los misántropos. Creo que el periodista que lo dijo exagera, pero a los auténticos solitarios nos trajo, en medio del infierno, momentos intensos donde hemos a diario, rozado el paraíso. Uno de esos momentos es el de la lectura. Hace unos días también empecé a leer Los Cantos, en la hermosa edición de la editorial Sexto Piso. Como dice el traductor Jan de Jager, “Ezra Pound quiso que fueran la Divina Comedia de nuestro tiempo. En su vastedad, en su sabiduría y en su belleza, lo logró.” Sentir a diario la vitalidad de las palabras de Los Cantos y la Divina Comedia, le dan sentido a un mundo que se desquició absolutamente desde el año pasado. Son, junto con la Biblia y el I Ching, mi forma de matar al tiempo hasta que el cuerpo aguante.        

Y es que, como dice Berger, el cuestionamiento central que nos plantea Dante es el del tiempo y, la solución fundamental que nos ofrece, es la visión del amor como acto sincrónico único. ¿Acaso no lo hace cualquier poeta? Bien mirado, lo que cualquier poema intenta es captar el instante, fijar el vértigo, como dice Rimbaud. Aunque lo sospecho, aún es temprano para decir cuál es la diferencia entre la visión del tiempo de Dante y otros poetas. Para dar al menos una opinión sincera, tengo que primero acabar de leer el libro. Sin embargo, no puedo dejar de relacionarlo con las teorías sobre la sincronicidad de Jung y, sobre todo, con mi libro de cabecera, el I Ching, del cual conozco casi nada, pero al menos lo he leído varias veces.

Hace un rato le pregunté al oráculo ¿de qué manera podría fijar el vértigo del instante? La respuesta del libro fue el hexagrama Ching EL POZO  y Chien LA EVOLUCIÓN. De las infinitas formas en que se puede intentar la sincronicidad del tiempo, el libro de las mutaciones me contesta que la tarea es arriesgada, pero con cautela y reflexión, poco a poco, lograré avanzar.

Por hoy detengámonos. En cierta forma, la consulta al I Ching es un acto de imaginación activa. Como la psicología de los arquetipos de Jung, de la mano del I Ching ahondamos en las imágenes y mitos que nos permiten hacer alma. Desde esta perspectiva, creo que el ejercicio (iba a escribir el derecho sagrado) de escribir y leer poesía, trata más bien de una terapéutica y no de una estética. Los poemas son curativos cuando se escriben y en casos como los de la Divina Comedia, cuando se leen. Más allá de las academias, abogo porque cualquier ciudadano tenga el derecho a lanzarse al infierno, y chance pasar al purgatorio y ¿por qué no? rozar de vez en cuando el paraíso.

Los murmullos

Sí, Dorotea. Me mataron los murmullos. Aunque ya traía retrasado el miedo. Se me había juntado, hasta que ya no pude soportarlo. Y cuando me encontré con los murmullos se me reventaron las cuerdas.

Juan Rulfo

I

-Te acuerdas cuando íbamos a juntar trigo,

Algunos nos tocó ir a otros ya no.

-Bueno, si quieren empezamos por aquí

Para que nos compartan, digamos,

Porque uno podría estar tomando pulque y hablar de muchas cosas,

Pero hablemos del pueblo, de lo que nos dejaron los abuelos.

-Antes de eso ¿me permites tantito?

Primero que nada, me voy a presentar ante ustedes,

Unos me dicen Alfonso, otros me dicen Ponciano,

Entonces, muchos de aquí del pueblo se preguntan ¿cuál es su nombre?

Yo crecí con el nombre de Alfonso,

Mis hermanos, mis padres, me llamaban así,

Pero me registraron como Ponciano,

Entonces crecí con ese nombre y algunos me conocen así

¿Qué le vamos hacer? Me pueden decir como quieran.

Yo, los personajes con que me identifico,

Es primero Miguel Hidalgo, Guerrero, Zapata, Pancho Villa,

Los que pasaron a la historia.

Sí, es triste la historia. Aquí empezó con la quemazón de las casas del Donjä,

Y de ahí se vino una peleadera por las tierras.

Se peleaba por reposición de nuestras tierras, no por dotación.

Se peleaba contra la hacienda de Ocozdá y ahí nace el ejido,

Cuando se peleaba porque se nos reconocieran nuestras tierras no por ejido.

Eso fue en el tiempo de la revuelta de la revolución,

Aquí, miren el mapa del ejido, la fecha de la dotación fue en 1925.

De Yolotepec es esto pequeñito, eso fue lo que nos repusieron de tierras,

Ahí pasaban las vías del tren, para arriba, todo para arriba,

Hasta allá se nos repuso de tierra,

Y aquí esta el barrio del Capulín perteneciente a Yolotepec,

Xuchitlán y Villagrán no existían, miren,

En la parte alta del cerro están Las Milpas.   

Los de Xuchitlán tomaron todito lo de esta parte

Porque eran más aguerridos que nosotros, yo creo,

O que nuestros abuelos, porque agarraron hasta la parte de acá,

Y nosotros nomás nos quedamos viendo,

Y la parte baja se quedó volando, se quedó pendiente

Y es entonces cuando llegan los demás pueblitos de por aquí,

Y fíjense, a los de Boshiasní es un pueblo que no los desconocemos,

Ellos trabajaban como peones en la hacienda,

Y se asentaron en la parte alta donde no se cultivaba,

Y cuando se viene la revuelta de la revolución, dicen ¿Qué hacemos?

¿Para dónde jalamos? Y ahí se establecieron.

Aquí a los del pueblo ya no les interesó pelear por esas tierras que quedaban volando,

Se conformaron con lo del riego y lo demás ya lo dejaron,

Así llegaron los demás pueblitos.

Pero regresando a la historia de Yolotepec,

Fueron como cuatro invasiones,

La última invasión fue ahí ¿Cómo se llama dónde hay dólares?

La Florida, ahí fue la última invasión en 1750,

La segunda fue en la estancia donde estaba la hacienda de Canguigüindo

En mil seiscientos y tantos.

A Yolotepec hasta se le llamaba una república

Porque su nombre ya se lo habían puesto antes de que llegara el español,

Es una palabra en náhuatl que significa corazón de cerros, no corazón de piedra,

Corazón de piedra lo sacamos de la palabra castellana en el diccionario,

Pero su nombre real es corazón de cerros.  

Después de la revolución ellos peleaban su territorio,

José Bárcenas peleaba toda su nación,

Miles y miles de tierras, hasta la peña de Actopan,

Él sí lo peleaba, pero perdió su juicio porque se fueron a juicio.

Ese documento existe, es real,

Viene certificado y sellado,

Está en el Archivo General del Mictlán,

Se los vamos a dar para que lo lean,

Para que estas pláticas no digan que son mentira,  

Para que no digan: esos son puros chismes,

Por eso yo saqué este documento,

Así estamos posicionados, aquí está el mapa,

Nuestro territorio, nuestro pueblo, estaba reconocido por virreinatos españoles,

Apenas ayer en la televisión
En el canal siete escuché que de las minas que están allá por Real del Monte se hizo rica España,

Porque de aquí sacaron los minerales
Incendiaron todo
Y secaron todo
Y olvidaron todo
Y todo lo perdimos.

El Hidalgo bárbaro del siglo XXI: el papel del intelectual campesino en tiempos posapocalípticos

Presentación

Estoy escribiendo en Real del Monte. La ventana de mi habitación mira hacia el cerro en cuya punta se encuentra el panteón inglés. Todos los días, detrás de ese cerro, se asoma el sol para bañar de luz al pueblo. También, algunas noches, se asoma la luna para desparramar sus deslumbramientos por las calles empedradas. Es, sin duda, la habitación con la mejor vista que he tenido en mi vida.

En otro escrito, llamé a mi habitación, el tabernáculo profano del caminante. Y es que el destino quiso que anduviera de un lugar a otro, muchas veces sin rumbo fijo, pero aprendiendo a viajar cada vez más ligero. En esos viajes, pocas cosas son las que me han acompañado. Aparte de algunos trebejos, sin unos cuantos libros, fotos y grabaciones de audio y video, los días hubiesen sido más difíciles. Algunas de esas partes de mi alma y mi taller ambulante son del corazón del Valle del Mezquital, una de las principales regiones indígenas del estado de Hidalgo.

Del 2011 al 2018, trabajé en una organización civil y estudié el posgrado en Desarrollo Rural, lo que me permitió adentrarme a ese corazón y conocer a intelectuales campesinos hñähñü. En la comunidad de San Ildefonso Chantepec, me vinculé principalmente con la Radio Comunitaria “Queremos seguir viviendo” y, en el municipio de Santiago de Anaya, me vinculé con el Movimiento Indígena Santiago de Anaya se vive y se defiende. Durante esos años, pude observar cómo los integrantes de estas organizaciones crean sus estrategias de desarrollo local.

Llevo algo de tiempo intentando ponerle orden a esa experiencia vivida. A lo más que he llegado es a completar un mamotreto de doscientas páginas sin pies ni cabeza. Creo es momento de irlo puliendo y publicarlo o me pasará lo que a don Alfonso Reyes le pasaba con los borradores: se me irá la vida entera dándole vueltas al asunto.

Los primeros días de enero, los campesinos e indígenas suelen hacer una lectura de los tiempos que vienen para el resto del año. Por lo visto, para este 2021 no se auguran buenas cosas. Desde hace décadas, a estos tiempos se les ha llamado de diversas maneras: tiempos interesantes, tiempos del despojo, tiempos de muerte y destrucción, tiempos de grandes transformaciones, tiempos locos, tiempos de pesadilla, tiempos turbulentos, tiempos obscuros. Ante la necesidad de organizar el pesimismo, sin por ello dejar de abrir una rendija por donde entre la luz, prefiero llamarlos tiempos posapocalípticos. Lo más seguro es que vayamos al abismo, pero siempre late la esperanza de que el paraíso esté a la vuelta de la esquina, debajo de los escombros. En este drama cósmico, individual y colectivo, una pregunta se nos impone: ¿Qué hay que hacer ante tal situación? Pregunta al mismo teórica y práctica, las siguientes entregas intentarán aproximar una respuesta desde la sistematización de la experiencia vivida en el Valle del Mezquital.    

La fogata en la montaña: notas sobre un instante

Nota 1: Presentación

Hoy, a eso de las tres de la tarde, Berenice se vacunó contra el coronavirus. Las reacciones que presentó en este primer día fueron una leve y breve hinchazón de las papilas gustativas, cansancio en todo el cuerpo y toda el alma y dolor en el brazo donde la inyectaron. Aunque estamos todavía a la expectativa, ya vemos una luciérnaga al final del túnel.

En los desquiciados tiempos de incertidumbre en los que estamos, tomar la decisión de vacunarse no fue fácil para ella. Hace unos días, leí en el periódico que más de la mitad de los franceses son escépticos ante la vacunación contra el bicho; el enemigo número uno como lo llamó el presidente Macron a inicios de la pandemia. Sospecho en México el índice de escepticismo de la población es parecido. Y no es para menos. Durante meses hemos sido bombardeados con información que lejos de orientarnos, acrecienta aún más el desasosiego y la penumbra. Además, en la comunidad científica no todo es consenso. Hay académicos de pensamiento crítico a los que suelo hacerles caso, los cuales plantean serias dudas ante el acelerado proceso de certificación de las primeras vacunas transgénicas que se aplicarán a miles de millones de seres humanos[1]. Por último y no menos importante, Berenice soñó en los primeros días de este año que la vacunaban. Después, en el mismo sueño ya vuelto pesadilla, preguntaba a sus conocidos si ellos se habían vacunado y le decían que no, pues era peligroso. Con todo eso en contra, hicimos juntos un balance muy pragmático ante los riesgos que tiene de infectarse en el hospital donde trabaja. También, como siempre que tomamos una decisión difícil, consultamos el I Ching o libro de las mutaciones. Al final se decidió que lo más conveniente era se vacunara y así lo hizo.

Momentos después de que Berenice entró al hospital a recibir la vacuna, recordé, por no se sabe qué fulgores del caprichoso pozo de la memoria, la famosa rima XXI de Gustavo Adolfo Bécquer:

Aunque Berenice no tiene la pupila azul y Bécquer es un poeta cursi, hoy estos versos me parecieron aún más verdaderos que antes. ¿Qué es la poesía? Es una pregunta eterna y sin embargo tan cercana e inmediata, como cuando dos personas se aman y se miran. Sinceramente se miran.  

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

En estos momentos, mientras divago por estas líneas, también vienen a mi memoria aquellos versos de don Leopoldo Lugones: fue una vaga congoja de dejarte/ lo que me hizo saber que te quería. En fin, todo esto para decir que la poesía no sirve si no es una entrega y una preocupación por el otro o la otra y también por lo Otro.     

Ahora bien, la pregunta sobre qué es la poesía fascina a cualquiera haya sentido por unos instantes el horror sagrado que produce el fenómeno poético. Pero con la poesía sucede lo mismo que decía San Agustín del tiempo. Si nadie pregunta lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Por ello me gustaría darle la vuelta a este cuestionamiento tan abstracto y enfocarme en uno más carnal y próximo: ¿Quién se interesa por la poesía?

Con esta pregunta acotó el problema tan amplio de lo poético a algo más concreto, pues la pregunta me incluye e incluye mis muy personales preocupaciones y mis muchas limitaciones. También incluye, al menos en parte, el momento histórico en el que vivo y por lo tanto espero algo de esas preocupaciones se comparta por algunos lectores actuales, los de la generación pandemia. los pandemials como dice un meme qu Por ello, he nombrado a estas breves notas, la fogata en la montaña: momentos de diálogo, cantos, cuentos y mito en torno a la poesía . Cuando algunos, la inmensa minoría como dijo Juan Ramón Jiménez, o la minoría silenciosa como dijo Fernando Arrabal en una borrachera happening que se trasmitió por televisión[2], cada vez más juntos, en torno a las brasas, se arrebujan obligados por el frío y la oscuridad.  


[1] Para un breve acercamiento a esta postura se puede consultar el siguiente artículo de Silvia Ribeiro en el diario la Jornada: https://www.jornada.com.mx/2020/09/12/opinion/019a1eco

[2] Un resumen de esa borrachera se puede ver en el siguiente video: https://youtu.be/5Vw09zDNv54

Poemario Arborescencias

Nota a quien leyere  

Desocupado lector o desocupada lectora, supongo cuando tocó el terror nocturno a tu puerta no quisiste dejarlo entrar. Aun así, el bicho o ángel se instaló en cada uno de los rincones de tu casa y la dejó en ruinas y a ti te dejó desnudo o desnuda; vestida o vestido de angustia.

Sin duda, será difícil comunicar a las generaciones venideras la experiencia planetaria que vivimos este dos mil veinte. Como estamos dentro del torbellino, ni siquiera nosotros sabemos todavía en dónde estamos parados, y mucho menos sabemos hacia dónde nos dirigimos.

Ante esta experiencia ontológica a un tiempo individual y colectiva, busqué serenar mis demonios de la mejor manera posible. Dos actividades informan sobre la hechura de estas arborescencias: la incursión sistemática en los bosques de mi tierra y la apertura de un blog que me permitió ensayar con la escritura.

Arborescencia, según el diccionario, es aquella propiedad según la cual una cosa se desarrolla en forma de árbol. Así quisiera, si el destino y el azar lo permiten, se desarrolle mi poesía. Este poemario es la primera rama de ese árbol. Seguramente no la mejor, pero me consta tiene hambre de luz.

Del primero de octubre al día de hoy, traté de llevar a cabo “la invocación religiosa de la Musa”. Es cierto, una pequeña golondrina no hace verano. Sin embargo, gibosa y fea, este libro de poemas es golondrina al fin.

 José León

Real del Monte a 31 de diciembre de 2020