Los Coyotes de la Política: Colosio ¿el apellido? o una buena campaña política

Por Aldo Suah Ruíz

Lo que sucede en Monterrey Nuevo León, es de observar detalladamente, el fenómeno Colosio, candidato a la Presidencia Municipal en el norte del País es digno de analizar, la efervescencia de la población hacia el candidato del partido naranja Movimiento Ciudadano, a marcado la agenda de ya varios Candidatos que quieren replicar sus estrategias, la historia de su padre es sin duda el PLUS que le a favorecido, pero no solo el; es impactante el revés que Samuel García, candidato por el mismo partido con rumbo a la gubernatura del Estado, dio la vuelta en arrancar en algunas encuestas y sondeos populares en último lugar, hoy es el favorito muy parejo contra su contrincante Adrián de la Garza, por la coalición “Va Fuerte Por Nuevo León” quien ha sido señalado por infundir acusaciones contra los candidatos naranjas, operando un “Call Center” de operaciones especiales para difundir por todas las vías digitales, noticias “fake” para provocar dudas hacia los favoritos, quienes se enfilan a ser los ganadores en esta contienda electoral, esa es ya una herramienta de guerra para campañas modernas.

La pandemia pareciera quedó atrás, la emoción es un factor importante a la hora de mandar un mensaje para llegar a la población, la vulnerabilidad ante distintas adversidades es para ellos una opción viable para su Estado y Capital, cortometrajes de la familia, tenis fluorescentes, artistas que muestran su apoyo al Candidato, compromisos firmados ante notario, sondeos donde ellos aventajan, son algunos trucos que favorecen y manipulan la intención del voto, eso si, han marcado tendencia a nivel Nacional de realizar campañas políticas que se convertirán en unos días, exitosas.

El Tlacuache Citadino: Los Sinaloas. Indios Pitahayeros

Guadalupe Espinoza Sauceda

LOS SINALOAS. INDIOS PITAHAYEROS

El pájaro pitahayero ha parado de cantar, ahora los gallos empiezan, hasta que amanezca. Irremediablemente las horas de descanso se acabaron, es tiempo de levantarnos de los catres o tarimas para irnos a juntar pitahayas. El carrizo, un balde y un cuchillo, eso es lo elemental para apear o bajar pitahayas. Hay que madrugar porque si no los pájaros se las acaban antes de que terminen de cantar los gallos.

Para eso salimos todavía oscuro y así llegar amaneciendo para las lomas del Agostadero, pero sentimos temor de pasar por la Piedra del Gallo (una piedra grande, gigante en forma de bola) y luego mi papá dice que ahí canta un gallo en la noche, pero que en realidad es el diablo, por eso se le llama la Piedra del Gallo (está ubicada en el Agostadero, casi lindando con las tierras de Cosme Espinoza). Algunos jalaron para El Palmarito, para las lomas donde tiene sus tierras mi tío Cuco Pacheco. Habrá quienes decidan caminar más lejos por el rumbo de Loreto, otros se desviarán para las lomas de Techobampo y posiblemente llegaran hasta El Tanqui. Los que solo buscan juntar unas dos o tres docenas no se preocupan por ir muy lejos, se van a las matas de las orillas del pueblo, en los callejones, ahí en El Bazate (ahora creo que ya se acabaron esas plantas de pitahayas que había ahí). Así, todos nos dispersamos buscando llenar el balde o lo que llevamos para juntar, en fin, la familia es grande o hay quienes juntan para vender.

El tiempo de pitahayas, contrasta con la temporada más difícil para los moradores de esas tierras, pues, son los días más secos y calurosos, pero es cuando la fruta más preciada de la región se entrega, me refiero a los meses de mayo y junio y escasamente duran hasta principios de julio, pero con las primeras llovidas de las aguas, las pitahayas se revientan o se terminan echando a perder.

Para que la temporada resultara mejor o más bien estábamos desesperados nomas de ver como crecían las pitayahas, grandes y jugosas, como si quisiéramos acelerar el tiempo desde los últimos días de abril y principios de mayo ya andábamos buscando carrizos, para eso mi papá nos llevaba al Rancho, muy cerca de Loretillo con los parientes Navarro (de la familia de Blas Navarro, y sus hijos Pedro, Blasito y el Che), ahí había carrizales y cortábamos unos cuatro o cinco, de los mejores, llegando a Baca los pasábamos por la lumbre para que se cotagüiaran, se les cayera la hoja y poderlos moldear, enseguida les poníamos piedras, para que cuando se secaran quedaran derechos. También había que buscar horquetas de papachis y una güichuta o güica de un árbol llamado algodoncillo, pelarlas, afilarlas y amarrarlas con ixtle o hule, de tal manera que la pitahaya al ensartarla quedara detenida y no se nos cayera.

Había pitahayas de pulpa de colores, rojas, amarillas, anaranjadas, algunas tirando a lila y morado y las más preciadas por dulces pero escasas, las pitahayas blancas. También había las pitahayas de espina blanca –digamos la común y corriente y no precisamente por corriente si no en términos de normalidad- y la de espina gruesa, correosa café o guinda, esa era la marismeña, quizá en alusión que era del valle del Fuerte, o donde más abundaba. La pitahaya de espina blanca era más propia de las tierras arenosas o blancas. A mí, me gustaba más la marismeña, debajo de mi casa, como cerco, o vestigios de lo que fue una cerca había matas de pitahayas, de espinas blancas y marismeñas, que por cierto daba unas pitahayotas, bien buenas y sabrosas ¡chulada de pitahayas!

Los lugares donde más pitahayas había era en las partes que fueron cercos, denominados de palo y echo (por el cactus). En los lugares áridos o semiáridos como es nuestra región, cuando los campesinos hacían cercas a falta de alambre de púas lo hacían con echos o etchos y pitahayas, con el árbol de torote y la peonía o chilicote combinados, por lo fácil para prender y resistentes a la falta de agua, y cuando ya prendían al año o dos ya daban pitahayas y algunas se convertían en grandes matas. Esto era en los lugares donde no había piedras porque otros hacían cercas de piedras, como en las mesas, donde abundaban las rocas volcánicas.

Por algo dice la historia oficial que nuestro estado de Sinaloa, es la tierra de las pitahayas, o de las cinas y que de esta región fue tomado el nombre de la entidad, al respecto la historia dice: “La nación de los Sinaloas –expone el padre Andrés Pérez de Rivas- tiene ese propio nombre y de ella lo tomó toda la provincia, por haber tenido en sus principios mucho comercio y por haberse fundado no lejos de la primera villa de Carapoa, que se destruyó”, y “tiene su asiento y poblaciones en el mismo río de Tehueco y Zuaque, en lo más alto de él y más cercanas a las serranías de Topia”, citado del libro Historia Integral de la Región del Río Fuerte de Filiberto L. Quintero. No hay que olvidar que el río Tehueco o Zuaque es uno de los distintos nombres que ha tenido el río Fuerte y que la serranía de Topia, que menciona Ribas, era el nombre que, en aquellos tiempos, los españoles daban al tramo de la Sierra Madre Occidental, abarcado por las provincias de Culiacán y Sinaloa, y en el caso concreto de nuestro terruño esa sierra la conocemos como la sierra del Rosario.

El abogado e historiador mocoritense Eustaquio Buelna, en el mismo sentido refiere que el escudo de Sinaloa está hecho en forma de una pitahaya, ovalado y que incluso tiene en los bordes, el símil de donde nacen sus espinas, tal como se ilustra en el escudo del Estado.

Del Fuerte rumbo a la sierra de Chihuahua abundan las pitahayas, y del Fuerte en dirección a la costa o el valle también hay pero de las marismeñas que es una planta más chaparra, que necesita de tierra más dura y compacta. Y si a esto le agregamos un poco más de historia lógica de El Fuerte para arriba a la altura de las comunidades del Mahone o de San Pedro era donde estaban al inicio de la llegada de los españoles la nación de los sinaloas (con sus cuatro pueblos Cinaloa o Sinaloíta, Toro, Baca y Baymena); era la nación de la pitahaya o de los indios pitahayeros, y en todo caso los pitahayeros de espina blanca, no marismeña, que también hay, pero en menor proporción.

Todavía es común ver en tiempo de pitahayas, por el rumbo de las comunidades de San José, Bajósori y Santa Ana (municipio de Choix) vendedores de este fruto silvestre a la orilla de la carretera Choix-El Fuerte, que compran la gente de nuestra tierra que van de paso o visitan donde está su ombligo enterrado, incluso por docenas y en algunos casos hasta el balde entero para llevárselas a sus familiares en las ciudades de El Fuerte, Los Mochis, Juan José Ríos, Guasave, Navojoa u Obregón, entre otras.

¡Ah pero cuando el año es llovedor no se da mucho la pitahaya! La pitahaya es de poca agua, como la sandía, que cuando llueve mucho pura rama y flores da, crece muy bonita pero no produce sandías. A lo mejor así son también los habitantes de esta región, los sinaloas o los indios de la pitahaya. A las nueve de la mañana, regresaba al pueblo de Baca con el balde lleno y copeteado de pitahayas para el deleite y disfrute de nuestras familias e incluso de los vecinos. Y digo que es un deleite porque la pitahaya es un manjar. Mi mamá (aguazarqueña) decía y dice que ella se puede comer un balde de pitahayas

Los coyotes de la política: No es The Walking Dead, son los zombies políticos

¡No es The Walking Dead, son los zombies políticos!

No es The Walking Dead la serie famosa de la plataforma “Netflix” son los zombies políticos, aquellos que han despertado y recorriendo las colonias y los Barrios populares de Pachuca y Mineral de la Reforma, con el fin de convencer votantes con su precariedad de ideas y proyectos para nuestra Ciudad; tienen más desarrollado un brazo que se encarga de agitar un banderín con el logotipo de su partido, y del otro folletos que solo presentan su imagen con la misma pose que la mayoría.

Al igual que los muertos caminantes, buscan ideas que puedan retroalimentar su campaña, porque si, la pobreza política de tener un líder fuerte en Pachuca y Mineral es evidente, al parecer la mayoría fue impuesto, por dedazo, porque ni en su casa los conocen.

La falta de trabajo en la Ciudad de parte de los Candidatos demuestra que no falta hacer mucha labor para merecer una Candidatura, la estrategia marcada es simplemente simular e invertir en las poderosas redes sociales, aquellas que manipulan la percepción del ciudadano para convencer con likes, videos y material innovador, esos son los instrumentos modernos que desvían o atención del verdadero contenido que debe de importar, un proyecto sustentable, sólido, estudiado y justificado para Hidalgo.

A ciudadanas y ciudadanos, amigas y amigos, hay les encargo que les pregunten a los Candidatos, que propuestas sustentables y tangibles tienen para beneficio de nosotros, discutan ideas y háganles saber las problemáticas que vivimos día con día.

Aldo Suah Islas Ruiz.
Asesor político.
Integrante de la Unión de Barrios Altos de Pachuca.

Ciudamental: columna de Xoel González

Algo sobre el autor:

Xoel González Hernández es politólogo con posgrado en Mercadotecnia. Es especialista en innovación con énfasis en la innovación social. Ha colaborado en distintas organizaciones civiles y ha emprendido distintos proyectos de pequeña empresa. La luz que lo guía son sus dos hijos. Es un hombre creativo y un buen ser humano, cualidades difíciles de encontrar en estos días.

Nuestra ciudad, pandemia y grupos vulnerables.

Xoel González

Las ciudades son las zonas más afectadas por la pandemia originada por el virus SAR-CoV 2, según datos de la ONU cerca del 90% de los casos infectados se encuentran dentro de ellas, esto en parte por la gran densidad de población de las mismas, lo que trae también una alta movilidad y con ello una sobre saturación en los medios de transporte públicos que aunado a los otros factores nos da mayor contacto entre las personas por lo que el riesgo de contagio aumenta considerablemente. En Hidalgo la ciudad capital Pachuca es la que mayor contagio registra con 8455 casos positivos acumulados hasta la primera quincena de abril.

Ante este panorama los más afectados como en otros casos son los grupos vulnerables, es decir personas en situación de calle, adultos mayores, niñas, niños y adolescentes, migrantes, mujeres, personas con discapacidad, pueblos y comunidades indígenas, entre otros. Dice Eduardo San Miguel que “en realidad, la vulnerabilidad depende de la capacidad de respuesta individual o colectiva frente a una situación determinada”, por lo que los gobiernos en turno deberían tener en cuenta las recomendaciones emitidas por la ONU para atender a los grupos vulnerables ante esta pandemia, una de ellas es el abasto de agua para todos y todas, y aunque resulte de lo más lógico debido que al ser una enfermedad que se combate con medias de higiene el agua resulta indispensable, sin embargo vemos también que el recurso hídrico es cada vez más escaso en nuestra entidad, así lo muestra los datos de la Conagua del último monitoreo de sequía publicado el 4 de abril del presente año, donde el 81% del territorio hidalguense presenta condiciones de sequía moderada a severa.

Otra recomendación que hace la ONU a los gobiernos locales es brindarles a estos grupos vulnerables un techo seguro, en el caso de nuestra Ciudad Pachuca lo vivimos con el anterior Consejo Municipal que habilitó un espacio temporal invernal para personas en situación de calle, sin embargo, no ha habido otra iniciativa similar enfocada a combatir la actual crisis sanitaria por parte de la nueva administración municipal. Es prioritario que se trabaje tanto en los gobiernos locales como la misma sociedad para que estos grupos no queden rezagados en esta guerra sin cuartel que todos los días vivimos, António Guterres lo sintetiza en la siguiente frase el virus es un enemigo común al que no le importa la etnia o la nacionalidad, la facción o la fe. “Ataca a todos, sin tregua”.

Por lo anterior hoy cobra mayor relevancia el papel de los gobiernos locales debido a que las acciones que estos emprendan para mitigar la pandemia se verán reflejadas de forma más rápida y directa entre sus gobernados, por lo cual la coordinación que tengan con las autoridades federales será de vital importancia como por ejemplo en la gestión de recursos para hacerle frente a esta contingencia.