El Tlacuache Citadino: La magia del Pascola Toribio

*Luis Espinoza Sauceda

La magia del Pascola Toribio

A mediados del siglo XX, Toribio Valenzuela se encontraba en alguna fiesta de Baca cumpliendo lo que posiblemente algún día había soñado. Las tumultuosas concurrencias lo presenciaron. Consiguió proyectar el pasado de los pascolas y la grandeza de sus fiestas sin lugar para la negación. Mucho menos pensaba en bailar para el final.


No podríamos dimensionar el ramadón porque en esos años estaba situado sobre la calle principal, a un costado de la casa de doña Flora Flores, a unos pasos del actual. Se infiere que en la fiesta que bailó Toribio, esa fue la última para él y ese ramadón, porque lo cambiaron de lugar.
Niños, ancianos y toda la familia estaba en la concurrencia. En pleno mediodía Toribio se plantó a bailar sin esperar siquiera que llegara la noche como comúnmente lo hacía. A una mujer que estaba organizando la manutención de comida de la fiesta le pidió una olla de barro con agua. Todos se quedaron a la expectativa, esperando qué hacer con la olla. Empezó a hacer un cañagual con un trapo rojo y se lo puso en el hombro para después descansar la olla llenita de agua y los músicos empezaron a cantar y Toribio a danzar con la olla al hombro, sin necesidad de apoyarse con las manos, sin tirar una gota de agua se pasea bailando por el ramadón, como quien lanza un reto para ver si alguien le iguala la gracia.


Al mucho rato, cuando todos dieron por asimilado el hecho, entró de nuevo a bailar pero esta vez no pidió una olla, simplemente con una máscara, posiblemente de coyote. Era una elegancia la elocuencia de los tenábaris sonando, símil al encanto seductor de una víbora moviendo el cascabel. Con su atuendo blanco, sin movimiento del cuerpo solamente de sus piernas, hasta el momento en que se quedaron todos, incluso los músicos, como quien está viendo bailar porque suenan los tenábaris pero físicamente no hay pascola como tal; cuando todos se percatan, lo buscan para ver dónde está porque los tenábaris siguen sonando con la misma cadencia; advierten que está en el mero fondo de la botella de aguardiente de uno de los músicos, éste intenta verlo pero en ese instante-trance Toribio aparece como si nada hubiera sucedido.


“Así lo vimos como monito bailando en el fondo de la botella”, aseguran.
Ser pascola fue el sueño de Toribio. Todos se preguntarán por qué era tan buen pascola o, simplemente, inigualable. Lo que hacía un pascola con esfuerzo y mérito de sobra conocidos, nunca lograban hacer esas gracias que hacía Toribio, por eso aseguraban a manera de explicación racional que había aprendido a bailar en un camanteopo.


También fue músico. En alguna ocasión estaba cantando y entró a bailar un aficionado que nunca aprendió a bailar bien, enseguida detuvo la música de su violín. Los que lo trataban, aseguran que decía que él no tocaba para que bailaran pendejos.


Vivió alejado de todo como un anacoreta, únicamente se le veía en las fiestas. Tenía una casa, en aquellos años se les conocía como chinames o casas de terrado —porque estaban compuestas de barro y vara— en la entrada de la comunidad que ahora se le conoce como Los Chinitos. En aquellos años era la única que existía, estaba situada en la copa de una lomita a unos pasos del río Fuerte por su margen izquierda.


Pero si era un sueño de Toribio, la realidad lo sitúa como un sueño de todos, porque lo vivieron. La forma en que se dieron las cosas, incluso, en un principio, lo fue la misma fiesta. Él fue pascola mayor (algo así como el equivalente a Cobanaro o Gobernador Tradicional del pueblo de Baca, que en ese tiempo no existían), él entregaba la fiesta el día de San Miguel Arcángel.

Los coyotes de la política: No es The Walking Dead, son los zombies políticos

¡No es The Walking Dead, son los zombies políticos!

No es The Walking Dead la serie famosa de la plataforma “Netflix” son los zombies políticos, aquellos que han despertado y recorriendo las colonias y los Barrios populares de Pachuca y Mineral de la Reforma, con el fin de convencer votantes con su precariedad de ideas y proyectos para nuestra Ciudad; tienen más desarrollado un brazo que se encarga de agitar un banderín con el logotipo de su partido, y del otro folletos que solo presentan su imagen con la misma pose que la mayoría.

Al igual que los muertos caminantes, buscan ideas que puedan retroalimentar su campaña, porque si, la pobreza política de tener un líder fuerte en Pachuca y Mineral es evidente, al parecer la mayoría fue impuesto, por dedazo, porque ni en su casa los conocen.

La falta de trabajo en la Ciudad de parte de los Candidatos demuestra que no falta hacer mucha labor para merecer una Candidatura, la estrategia marcada es simplemente simular e invertir en las poderosas redes sociales, aquellas que manipulan la percepción del ciudadano para convencer con likes, videos y material innovador, esos son los instrumentos modernos que desvían o atención del verdadero contenido que debe de importar, un proyecto sustentable, sólido, estudiado y justificado para Hidalgo.

A ciudadanas y ciudadanos, amigas y amigos, hay les encargo que les pregunten a los Candidatos, que propuestas sustentables y tangibles tienen para beneficio de nosotros, discutan ideas y háganles saber las problemáticas que vivimos día con día.

Aldo Suah Islas Ruiz.
Asesor político.
Integrante de la Unión de Barrios Altos de Pachuca.

El Tlacuache Citadino: Los Camanteopos en la cosmovisión Yoreme

LOS CAMANTEOPOS EN LA COSMOVISIÓN YOREME

Por Luis Espinoza Sauceda

Por pláticas, imagino que los camanteopos son lugares cavernosos o cuevas profundas insertadas en los acantilados, donde los pascolas se consagraban. Una especie de ombligo de la tierra. Pero no solo así como lugar desprovisto de espíritu, muerto, sino que se entiende habitado por una especie de creador para la aquiescencia al pascola con todos los retos que implicaba. También tiene la denominación de lugar del encantamiento, en una versión más castellana.

Indagar en la etimología de camanteopo es no tener suerte, no encontrar nada que aporte luz al esclarecimiento de esta palabra o al origen de la misma. Se pueden tener muchas vicisitudes, incluso pensar que no existe, o en el peor de los casos negarla, como les ha pasado a los indios de este país, una cultura negada a pesar de que sus expresiones sean tan persistentes y trascendentes en la identidad de los pueblos.

Mario Gill en el libro “La Conquista del Valle del Fuerte”, cita a Fray Andrés Pérez de Ribas, quien escribe “…Era Sinaloa una selva de fieras y una cueva de los demonios, donde habitaban millares de hechiceros. Era un monte espeso de breñas, un eriazo donde no nacía planta que diese fruto, sino espinas y abrojos. Era peor que un Egipto, cubierto de tinieblas palpables…”. Evidentemente el pasmo del jesuita a su paso es incontrolable; más que un choque por las condiciones agrestes del territorio, se percibe un desafío espiritual que circunda lo que escribe. Además, ¿por qué compararlo con Egipto y no algo más asequible? ¿Acaso se refería con esto a la magia de los yoremes y prácticas distintas a los rituales católicos por demás conocidos? ¿O simplemente era una simple alusión a los pueblos asentados a las orillas de los ríos?

Esa aseveración evidencia el choque de dos culturas o civilizaciones, donde la europea golpea en el corazón de la cosmovisión de los nativos, quienes no tenían dios ni señores que influyeran de manera decisiva en su comportamiento. Sus prácticas religiosas de orden totémica están ejemplificadas en la danza del venado o, en su caso, en la alegoría a los animales de la región en el baile de los pascolas.

El camanteopo ofrece un acercamiento a través de las vivencias que lo sitúan en el pensamiento colectivo como un ente concreto que ofrece una versión y, posiblemente, habrá más. Cuentan, en una ocasión un vaquero se perdió en el rumbo de Papariqui, en las proximidades del río Fuerte; los cerros le escondieron el sol cuando sin percatarse buscaba la vereda que lo llevó hasta ahí. Daba vueltas y vueltas entre breñas y piedras blancas, más blancas de lo común, como si poseyeran luz propia. Ensimismado reaccionó cuando el viento le trajo el cantar de invisibles millares de pájaros, los sentía arremolinarse sobre su silueta, hasta creía verlos de todos los tamaños y variopintos. El instante de la desesperación y el deseo mismo lo alentaba a quedarse en la lóbrega tarde a contemplar los pajarillos de un cantar exuberante y piadoso, una utopía que se sentía en el lugar. Un ambiente de misericordia y guerra se complacía con su presencia y un telúrico regurgitar de música de instrumentos variados seducían e invitaban al enigma; eso lo volvió un hombre cobarde. Desde luego, experimentó sentimiento de miedo inconfesable que no se resiste en los pies, y sin importar llegar con la camisa desagarrada y que le preguntaran por el sombrero, prefirió irse y contarlo.

Las naciones indígenas tenían sus centros ceremoniales, que eran como las conocemos ahora enramadas de varas, pero el lugar en que se realizaba el rito de iniciación era en los camanteopos, lo que factiblemente podría representar el inframundo, donde se supone que se encontraban con el otro o quien les daba la confirmación en la práctica terrenal. Ahora se cree que son cuevas donde habita el diablo, como una forma de infundir el miedo o el desprecio. Lo refieren como algo malo, pero en el fondo lo que se ataca es la cosmovisión india.

Se dice que no hubo pascola reconocido en el pueblo de Baca sin antes haber entrado al camanteopo. Vienen al caso Toribio Valenzuela y Juan Botas, últimas generaciones recordadas. Seguramente hubo muchos más. Sin embargo, se discurre en ellas porque ineludiblemente es el pasado de las fiestas religiosas, con el que se acercaron al ramadón para vivir momentos que desafortunadamente no sabemos si volverán. Pero todavía peor, es la gloria negada de esa posibilidad de expresión a tal magnitud.

Es paradójico narrar una práctica irrenunciable en el pasado de una nación para volver sus fiestas religiosas más floridas y provistas de magia, cuando en el presente se ha abandonado esa expresión, aunque a lo mejor se siga practicando lejos de las miradas ajenas. No todo muere o sucumbe al miedo ¿o sí?

Comunicación comunitaria: columna de Martha Delia González

Algo sobre la autora:

Martha Delia González es miembro fundadora de la radio comunitaria Gi ne gä bu h’e th’ o   (queremos seguir viviendo) cuyas instalaciones se encuentran en la comunidad hñähñu de San Ildefonso, Chantepec. Tiene una larga trayectoria de participación en distintas organizaciones civiles y ciudadanas. Ese andar lo ha hecho sin prisa pero sin pausa y, sobre todo, con humildad. Por eso, la mejor definición de ese quehacer, es como ella misma se denomina: una comunicadora descalza.

Comunicación comunitaria o como en un futuro se pueda llamar:

Este espacio de escritura, dentro del blog Apocalíptik, con sus vínculos a Facebook, haciendo enlace con redes sociales, buzones de correo y otras “preciosidades” que ofrecen los medios electrónicos, intentaré compartir con ustedes, experiencias, creencias, saberes, documentos, estudios, pensamientos, sentimientos y todo lo que se pueda, sobre comunicación comunitaria.

El titulo puede generar muchas expectativas, porque se trata de dos palabras de amplio y rico contenido para la vida e interacción de los seres humanos, les pedimos intenten prescindir de las mismas, para que no resulten decepcionados, y más bien, invitamos a construir el espacio de manera colectiva, procurare que mi aportación sea más de facilitadora, para ir construyendo; ladrillo a ladrillo, piedra a piedra, pegando con adobe, cemento y cal, una casa,  una experiencia, de la que podamos decir y sentir, es comunicación comunitaria.

Cuando veo que Arturo lo propone como espacio de opinión, me preocupo un poco, ya que no soy especialista, ni académica del tema, apenas, como decimos en algunas organizaciones civiles, una comunicadora comunitaria descalza, y también creo que es mucho decir, apenas una aprendiz en la materia, desde mi participación en una Radio Comunitaria. Así que la invitación es a la construcción de este espacio, desde una perspectiva más global, en fin, arriesguemos y a ver que sale.

Agradezco la invitación y la confianza

Abajo dejo la dirección electrónica, para que hagan llegar sus propuestas, aportaciones y sugerencias.

Correo: marthag00@hotmail.com

El Desfanatizador: columna de Edgar Roldán

Algo sobre el autor:

Edgar Iván Roldán Cruz es Doctor en Economía por la UNAM. Es actualmente profesor investigador en el Colegio de Hidalgo, donde ha recibido distintos reconocimientos por su labor científica. Un ejemplo de ello es la cátedra CONACYT. Ha escrito diferentes artículos académicos para revistas y libros. Colabora e impulsa proyectos organizativos para el rescate y comercialización del nopal y el maguey.

El Desfanatizador

La basura, basurero y las basuras

Edgar Iván Roldán Cruz

Email: rcruze@gmail.com

A pocos meses de la llegada de los nuevos tomadores de decisiones en la ciudad capital, las basuras han sido uno de los temas de mayor suspicacias entre los actores, máxime entre otros: a) establecido por la viabilidad presupuestal 358001 denominada “Servicio de Limpieza y Manejo de Desechos” el Gobierno del Estado plantea la necesidad para que la administración municipal (SEDECO municipal será el garante) recolecte los Desechos Sólidos Urbanos de la Central de Abasto de Pachuca (de lunes a domingo, retirando dos contenedores de 16 metros cúbicos), pagando de manera mensual cerca de 43 mil pesos (medio millón de pesos anuales más IVA) sin límite de tiempo ni con claridad en la disponibilidad de la infraestructura; b) con fundamento en el presupuesto de egresos del ejercicio fiscal en turno, se traza la posible contratación de servicios para el tratamiento y disponibilidad final de los Residuos Sólidos Urbanos, entre la administración municipal y un entre privado (proveniente del Estado de México), para un periodo de 20 años con un volumen solicitado de 1,152 toneladas por mes (con variación de incremento al inicio de cada año) a depositarse en el Ejido de Azoyatla (Mineral de la Reforma, previa autorización de la administración municipal en turno); tal  predio cuenta con una superficie aproximada de 200 mil metros cuadrados, profundidad de 24 metros. El pago para el posible servicio contratado será de $250 pesos por tonelada, es decir en promedio 3.5 millones de pesos anuales; c) la posible autorización de una celda emergente sobre el Relleno Sanitario Huixmi (desde 2018 ya validada y/o condicionada por SEMARNATH) con una superficie de cerca de 12 mil metros cuadrados, 22 metros de profundidad, perímetro de 415 metros lineales y disposición de 400 ton/día, con vida útil proyectada de 8.1 meses (contratada a un ente privado del Estado de México). En suma, las suspicacias no solo radican en los alcances del planteamiento fiscal, coberturas temporales y/o en la incipiente propuesta circular del manejo de la basura (energía quizás), sino más bien en la justificación técnica básica (el criterio a incidir difiere con la realidad de los Residuos Sólidos Urbanos generados en la ciudad capital: 380 toneladas al día) y en el respeto de normas (por ejemplo, la NOM-083-SEMARNAT 2003) y ordenamientos ecológicos-territoriales.