En el principio fue Don Quijote

Ahora soy viejo y eso pasó hace muchos años, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Tocaron la puerta desesperadamente y abrí de inmediato temiendo lo peor.

-Tenemos cinco minutos para escapar de la tierra. Eres de los elegidos para habitar otro planeta  ¿vas o te quedas?

Sólo me dio tiempo de llevarme a Don Quijote de la Mancha, el libro que tenía en esos momentos en la mano.

Éramos unos cuantos los supervivientes en un planeta igual a la tierra y tuvimos que empezar de cero. Mi primer trabajo fue el de lector en torno a las fogatas en las largas y salvajes noches.

Con el tiempo el Quijote se convirtió en nuestro libro fundacional. Así como en aquel planeta del sistema solar, los libros religiosos fueron los que dictaron secretamente las costumbres de la humanidad hasta cumplir al pie de la letra el apocalipsis, las desventuras del Caballero de la Triste Figura y su fiel escudero, dictaron nuestra nueva moral.

El resto de la historia ustedes la conocen. Llevamos más de setenta años de felicidad, risas y poca fe. Algunos me llaman padre del comunismo aunque los más jóvenes me llaman tirano e impostor.

Acepto con resignación que las nuevas generaciones tengan sus dudas y que sostengan es mejor ponerle más sabor a la vida. Los argumentos de nosotros los viejos no los satisfacen. Según ellos, eso de que Cervantes fue soldado es una artimaña para sujetarlos a nuestras absurdas leyes que se burlan de los héroes y de los que caen víctimas de la esperanza en un futuro mejor. Además, anatemizan nuestro culto a la amistad y el valor secundario que le damos al amor de pareja.

Si tienen paciencia y llegan a viejos como yo, esos jóvenes inquietos se darán cuenta que cayeron en un típico juego cervantino. Si no es así, ojalá y en los últimos cinco minutos de vida humana en este planeta, alguien tenga la suerte, cuando le toquen de emergencia la puerta, de llevar a don Quijote en la mano.

Viaje al corazón del mezquital: Soy tú

Buscas una frase inspiradora, contundente, chingona. Hoy tienes que entregarla para la campaña cuando vayas a registrarte. Lo difícil ya pasó. Esto es sólo una táctica de marketing. Sin embargo, el eslogan, la frasecita pegajosa que se repetirá a todas horas por todos los medios posibles, no te sale, y eso que llevan meses el equipo y tú intentándolo. Miras por la ventana las banderitas que cuelgan en las azoteas. ¿Algún eslogan referente al mes patrio? Al fin y al cabo, las elecciones coinciden con los festejos.

Lo tienes en la punta de la lengua. Te dispones a escribir en el papel y justo en ese instante tocan el timbre. Una, dos, tres largas veces. No haces caso, vives hasta el tercer piso. Como en la mayoría de ocasiones, ya se encargarán de abrir los vecinos de abajo. Regresas a lo tuyo. Empiezas de cero: se te olvidó lo que te habían dicho las musas. Respiras profundo. Aún hay tiempo, aunque seguro los candidatos a las otras presidencias municipales ya se registraron y ahorita están la ruedas de prensa y después vendrán los festejos.

Al tercer intento te das cuenta del truco: cada que apoyas el lápiz en el papel suena el timbre. Miras a todos lados de la sala, buscando la cámara escondida. Te ríes por lo que piensas es una broma de tus camaradas del partido.

Es domingo y además algunos, sino es que todos tus vecinos, están en el comité para apoyarte. Así que bajas a abrir. Abres la puerta y no hay nadie. Volteas a todos lados, una ráfaga leve de viento y una mariposa dando tumbos por el callejón. En el piso hay una hoja con la frase: Soy tú. Haya sido quien haya sido, te acaba de salvar el pellejo. Tomas la hoja y hablas por teléfono con el camarada encargado de medios de comunicación. Tienes la frase perfecta para que cualquier pelagatos se identifique con los principios y la ideología que te llevarán al poder.

Llegas a las oficinas. En efecto, los setenta y tres candidatos y la candidata, ya se registraron. Los militantes están con sus banderitas, alguien con megáfono los anima a gritar y después suenan las matracas.  Hay arlequines en zancos bailando y repartiendo globos. Y lo que más llama tu atención: las bellas edecanes que sirven el café, los refrescos y las galletas, en minifalda negra y con su pañuelo rojo en el cuello.

Por fin estás registrado y ahora hay que hacer el primer video para la propaganda. Como Yo soy Tú es la frase, hay cinco camaradas disfrazados de distintos oficios que te ayudarán. La cámara enfoca al primero, con un overol y un martillo en la mano. Dice:

Yo como tú, soy albañil: yo soy Juancho

Salen los otros cuatro diciendo frases parecidas, pero siempre repitiendo tu nombre. Luego una voz en off, se pregunta ¿quién es Juancho? Al último, sales tú diciendo que eres una persona común y corriente que requiere el voto de la ciudadanía.   En el slogan de campaña se condensa la estrategia: tú eres el pueblo. Te das cuenta que todo va de perlas. desde luego te hace falta un enemigo pero algo se te ocurrirá. Por el momento disfrutas de las pleitesías que tus camaradas y los militantes del partido te rinden y de las sonrisas que, esta vez, las edecanes te regresan sin remilgos.

En la noche, antes de dormir, suena el timbre. Los vecinos se quedaron festejando. Bajas a abrir: eres tú, aunque te notas más arrugas al trasluz de la farola que te alumbra el rostro.

     ¿Qué tal? ¿qué se siente?

      ¿Qué haces aquí?

      Vengo a ocupar el lugar que me corresponde.

     ¿Después de veinte años?

     Nunca es tarde cuando el amor es bueno.

     Esta vez sí es tarde: no pienso dejar mi puesto y mucho menos la candidatura.

Azotas la puerta y te subes a dormir. Piensas que esta será una noche de insomnio. A los cinco minutos ya estas dormido. El sol entra por la ventana y te despierta con una bocanada de cielo azul. Te asomas y ahí estás en la esquina, levantando una pancarta que dice: Tú no eres yo. Sonríes: todo sigue yendo de perlas. Te pones tu mejor traje y te vas a tu primer mitin en el kiosco. Llegas y la gente te aplaude con furia. El maestro de ceremonias te da la palabra:

Ciudadanas y ciudadanos de Pueblo Mágico. No todos se identifican con nuestra propuesta. Aquél que está allá, (te encanta observar cómo todos voltean) anda diciendo que es el auténtico Juancho, sólo porque se llama como yo y se parece un poco. ¿Lo vamos a permitir?

Sientes que te elevas cuando todos gritan al unisonó, nooooo, y se van contra el pobre cristiano, lo levantan en hombros y lo llevan a las afueras de lo que será tu territorio. A las pocas semanas se llevan a cabo las elecciones y obtienes el noventa y nueve por ciento de los votos. Te preguntas ¿alguien habrá votado en contra? Tienes cuatro años para investigar.

Pronto emites tu primera iniciativa de ley: aquel que se parezca a ti y se llame como tú, será desterrado de aquí a lo que dura tu gestión para así evitar intentos golpistas o de usurpación.      

Viaje al corazón del Mezquital: El coronajomti

El coronajomti

Esta era una vez A y B, una pareja que vivía en algún lugar de pueblo mágico. Era un domingo lluvioso. A, pícaro y travieso, de repente, arranca de la maceta el hongo milenario y le pregunta a B:

–¿Qué prefieres? Te lo comes y alejas de ti al Ángel de la Destrucción por un par de meses, o vives mucho tiempo, incluso siglos como nuestros padres, pero bajo el regazo de sus negras alas.  

No hubo necesidad de contestar. Se miraron a los ojos fijamente y sonrieron. Tiraron el coronajomti a la basura y fueron un matrimonio feliz.  

Viaje al corazón del Mezquital: El Bradbury 2020.

Desde hace un mes, justo desde que escribo en el blog, la publicidad que aparece en Google o Youtube, es referente a la escritura, la escriptofobia, y el proceso creativo de artistas en general. Algo de esta magia que tiene muy poco de coincidencia, la percibí con los amigos que hice en aquel lejanísimo 2019, cuando anduve por allá, en Melbourne, Australia. Después del trabajo, obreros overseas, casi a diario nos juntábamos en Batman Park a orillas del Yarra River. Gonzalo, un chileno carismático y fanático de Carl Sagan, fue el primero en percibir que aparecía propaganda en nuestros teléfonos relacionada a los temas de los que hablábamos en nuestras madrugadas interminables. “Google nos escucha”, solía decir un poco en sorna, tal vez para aminorar la verdad que nos había revelado. En efecto, al otro día nos aparecía a cada uno la misma información referente a mujeres australianas, trabajos temporales, visas, viajes en avión y renta de autos.

Aún en los actuales momentos de extrema angustia, me cuesta creer que Google escucha nuestras conversaciones. Más bien me parece que el poderoso buscador nos analiza individualmente. El lector o lectora recordarán el emblemático caso de las elecciones en Estados Unidos, donde la empresa Cambridge Analítica influyó en el resultado de las elecciones a presidente, por medio de la manipulación de los datos y el estudio de la psique de los votantes gringos.   

Hasta hace muy poco, no había prestado atención a las ofertas de blogueros, diseñadores, arquitectos, cineastas, pintores y un largo etcétera que te promete llevarte a la cumbre y explotar todas tus capacidades. Sin embargo, el pasado viernes, mientras me disponía a escuchar algo de música, apareció publicidad sobre el Bradbury 2020. Un software que te ayuda a cumplir el reto de escribir un cuento a la semana durante un año.

El software está diseñado para ayudarte a procesar, diseñar y escribir 52 cuentos: uno por semana. Tiene herramientas para hacer tu guión, sinopsis, escaleta y tiene un apartado con diferentes plantillas, de acuerdo al género que quieras tratar en tu narración. Te explica, de la A de Aristóteles y su método de los tres actos, hasta la Z de Zedric y su método matrioska. El tema del cuento sale de los sueños del usuario. Todo esto por tan sólo quinientos pesos.  

Los que me conocen saben que un producto así lo compro de inmediato. Y eso hice.

Hace un rato sonó el timbre en la vecindad. Como es domingo en la mañana, soy el único inquilino presente, así que, tuve dos caminos: ignorar el timbrazo o resignarme a bajar los cuatro pisos. Otros veces suelo tomar el primer camino y, aunque no soporto el castrante sonido del timbre, me pongo mis audífonos con música a todo volumen. Pero hoy tenía el presentimiento de que llegaría el sofwere, así que tomé instintivamente mi cubrebocas y fui a abrir la puerta.

La persona que me entregó el Bradbury 2020, aun con el cubrebocas puesto, me pareció idéntico a mi jefe Italoaustraliano Paul, dueño del mercado de frutas y verduras Pellegrino´s Market, allá en Melbourne. Tal vez el enorme parecido que les encontré es porque los dos hablan un inglés que fonéticamente es ininteligible para mí y, porque ambos, manejan camioneta Van para repartir los pedidos de su empresa. Tal vez también por las mismas muletillas que tienen al terminar las frases: si ya, mait; yu nou güana min, mait; no guorries, mait . También percibí, en ambos, el sonido falso de su risa cuando atienden a los clientes.

Hace un rato instalé en mi computadora el disco del Bradbury 2020. No todo es positivo en estos inventos. Esta versión sólo esta en inglés por el momento. Si con el español tengo problemas, no les quiero contar con el idioma de Shakespeare. Aun así, me apresuré a probarlo. Me puse la muñequera y me dormí un rato. Apenas dos horas. Con base en mis sueños, el tema de mi primer cuento trata sobre un hongo llamado coronajomti.

¿Y si el covid-19 fue un invento de un cuentista igual de malo que yo, pero con un software de mucha más potencia, lo que le permitió hacer realidad sus sueños? No, todavía faltan siglos para que la tecnología llegue a esos niveles.

Soy lento para leer en inglés. La traducción de las dos hojas del guíón y luego intentar darle alguna coherencia (las máquinas tampoco hacen todo), me llevará algunos días. En el menú principal se lee: 51 cuentos restantes. Espero para el otro domingo publicar mi primer cuento, y así cumplir el ciclo de escribir uno cada semana durante un año, como quería el entrañable Bradbury, el de carne y hueso.