Apología del Blog

Necesitamos plantearnos como horizonte el contar con nuestras propias redes sociales digitales. Unas redes que sirvan para organizarnos y nos ayuden a hacer comunidad y no ha fragmentarnos e individualizarnos hasta hacer del yo un soberbio y hueco gigante. Necesitamos que no lucren con la comunicación y el juego como sucede ahora. Como todo lo bueno, el camino será largo y hay que andarlo. En este sentido no coincido con los agoreros de la catástrofe y el desaliento. Sí, el capitalismo digital nos enajena y amenaza cada día más con ser un poder totalitario que no nos deje ninguna opción ni resquicio de libertad. El peligro es real y palpable y el pesimismo justificado. Pero hay que tener esperanza a pesar de la creciente barbarie. Sin ella nos condenamos a vivir eternamente en el infierno de lo igual. Experiencias alternativas existen desde hace mucho. En el Chile de Salvador Allende, por allá de los años setentas, ya se planteaba utilizar la tecnología para fortalecer la planeación económica y la toma de decisiones democráticas. Ese es el ejemplo que ahorita me acuerdo, pero seguramente hay muchos antecedentes y ya no se diga lo que está sucediendo ahora.

Insisto, el camino es largo, difícil, inseguro, pero hay que empezar a hacerlo , como dice el dicho, con calma que llevamos prisa. Y sin tenerle miedo al debate y las discusiones desde diferentes puntos de vista, porque algo que define a ese infierno de lo igual es que quiere el consenso fácil y light, donde todos pensemos lo mismo, cada quien en su isla. ¿Así cómo nos vamos a enriquecer y avanzar? Con eso en mente, invité a amigos y amigas a que escriban sobre los temas que les interesan y apasionan y que puedan contribuir al debate desde su experiencia y preocupaciones personales.

Desde que abrí el blog lo hice con esa intención. Me parece que este es un espacio donde se puede explorar la creatividad y el debate. Hubo un tiempo en que los blog adquirieron un auge muy fuerte. Eso fue en los primeros años de este joven siglo. Ahora ya no tienen esa fuerza, pero precisamente por eso hay que aprovechar que ya no están de moda e ir incentivando el uso de otras redes que no sean las más comunes. En un mediano plazo queremos también tener una radio digital. En fin, que ya empezamos y esperamos contar con su participación.

Así queda la colaboración distribuida por días:

#Dante2021 Purgatorio Canto XXIII: Los golosos y la comida

En la carta en respuesta a Sor Filotea, la poeta Sor Juana hace una observación sutil y con jiribilla: si Aristóteles hubiese sabido cocinar, dice al severo y autoritario arzobispo de Puebla, hubiese comprendido mejor las cosas de la filosofía. En efecto, durante mucho tiempo las artes culinarias pertenecieron a las mujeres. ¡Cuántas historias y reflexiones solitarias o en grupo se perdieron en la cocina!

Hoy, con los cambios en la división social del trabajo y en la familia, algunos hombres, cada vez más, hemos tenido que aprender a hacer nuestra propia comida y nos hemos metido a un mundo dentro del hogar que antes estaba reservado a las mujeres. Un dicho mexicano expresa la violencia que aún se vive a diario en muchos lugares: a las mujeres como la escopeta: cargadas y arrinconadas en la cocina.

En mi caso y por cuestiones que no viene al caso contar, desde niño he tenido que cocinar. En esos tiernos años lo hacía por necesidad, pero un gusto se me fue metiendo sin darme cuenta. Después, más grande, trabajé como ayudante de cocina y ayudante de barman, lo cual acrecentó un poco mi curiosidad, aunque como siempre pasa, como era por obligación y por ganarme unos pesos, no le saqué el jugó que debía. Donde sí cociné a diario casi todos los días tres veces, fue en el lejanísimo (parece que fue hace al menos una década) año 2019. Tuve la oportunidad de andar por tierras australianas, la mayoría del año viví en el hostal All Nations. Nunca voy a olvidar esa experiencia: conocí a gente de todas partes del mundo, hasta de países que no sabía que existían o que no tenía tan presente que existieran. En ese hostal, cocinar es más que un simple acto para alimentarse. En la cocina se dan cita encuentros con hombres y mujeres de todas las edades que platican e interactúan en torno a la comida. Así se forjan amistades, muchas veces fugaces pero intensas. En mi caso por las limitaciones y barreras que tuve al no dominar bien el inglés. La comida fue una forma de comunicación. Y es que cocinar es un acto de amor, independientemente de con quien se comparte. Es un acto de amor por la manera en que nos relacionamos con los alimentos al momento de prepararlos. Lo que las abuelas llaman sazón. Según mi hipótesis, el sazón está determinado por la capacidad que tiene quien cocina para, por medio de aromas y sabores, captar el aroma y sabor del tiempo.

La cocina mexicana es famosa por aquellas tierras aunque llena de estereotipos y clichés gringos como el famoso, y en realidad poco consumido en nuestro país, burritouu. Incluso en algunos de los principales centros comerciales hay un apartado con anaqueles donde se vende supuestos productos de comida mexica, lo que no sucede con otras nacionalidades. Así, cuando me tocaba cocinarle a las personas que conocía, no me costaba conseguir los ingredientes, aunque los sabores y aromas eran distintos, a veces muy alejados de los aromas y sabores de mi tierra.

Algo que siempre salía en la platica de sobremesa es que la comida mexicana es muy rica, pero muy condimentada y muy pesada para estómagos poco acostumbrados. En eso y en lo picante, se parece a la comida de los países orientales como China, India o Vietnam.

En esas andanzas también trabajé en un mercado de frutas y verduras cuyos dueños son Italianos. Ahí pude comprender mejor la importancia que le dan culturalmente a la comida de su país. Es una seña de arraigo e identidad al terruño del que algún día sus padres o abuelos tuvieron que huir.

En fin, la cocina es parte crucial de la cultura e identidad de los pueblos. También lo es de su devenir histórico. Los australianos descendientes de anglos, por ejemplo, tienen la comida más insípida que se pueda uno imaginar. De lo poco que tienen, porque la mayoría son incorporaciones de otras cocinas que han hecho en su corta historia colonial. Así, para que el lector se dé una idea, si quisiera abrir un restaurante australiano, le costaría llenar media hoja de la carta y la sección de postres estaría vacía. Tal vez estoy exagerando, pero ahí también se nota la historias tan distintas. Los primero australianos arrasaron con los indígenas casi por completo. Esa falta de mestizaje se nota en su sosa y paliducha comida. Hoy aceptan y conviven con gente de todas partes. Están juntos pero no revueltos y siguen sin poder incorporar nada a su cocina. Muy diferente a la cocina mexicana, que es mezcla principalmente de cocina indígena y española. Y esa fusión se nota en cada guiso. El ethos barroco muy diferente al puritanismo inglés.

Fui afortunado al poder llegar a ese hostal y haber cocinado mis propios alimentos en ese ambiente cordial. A otros no les va parecido. Muchos de los extranjeros y migrantes (que como en todos lados pasa, son los más pobres y sobre explotados) comen comida rápida alta en carbohidratos. Esto, aunado a la tristeza al terruño que se dejó, genera problemas de obesidad y mala alimentación: las penas con pan son menos, dice el refrán popular. Por ello me pregunto si en los problemas alimenticios que se padecen en la sociedad actual y en particular en México (somos el primero o el segundo lugar en obesidad a nivel mundial), no tienen que ver con cuestiones más complejas estructuralmente hablando. Y es que el desarrollo del capitalismo debe su poderío precisamente a la industria alimentaria. Es más, el coronavirus y otras enfermedades y virus se generan por esta industria que devasta bosques y selvas. Por otro lado, la comida barata, chatarra y alta en azúcares, es necesaria para garantizar la supervivencia del trabajador sin necesidad de aumentar los salarios. De ahí que el consumo de la coca cola, por ejemplo, sea tan difícil erradicarlo de la clase trabajadora: da energía, es rica y es barata.

Como siempre ya me excedí en las palabras. Esto que escribo a vuelo de pájaro, fue la reflexión que me generó el canto XXIII del Purgatorio. Dante se encuentra con almas enjutas y famélicas que se purifican por golosos:

Todas las almas que ves aquí cantan y sufren por haber cedido en vida al vicio de la gula, y por ello en este círculo se purifican a fuerza de hambre y de sed. El aroma que exhalan las manzanas del árbol y el licor que cae sobre su verde follaje, producen en nosotros un gran deseo de comer y beber, lo que se renueva mientras recorremos ese espacio. Esto es una gran pena pero al mismo tiempo es un gran consuelo, porque el deseo que nos lleva hacia el árbol es el mismo que inducía a Cristo a exclamar con alegría ¡Eli! cuando con su sangre nos hizo libres.

¿Por qué hay veces que no podemos parar de comer? ¿Por qué encontramos en la comida y en la bebida un consuelo a nuestras penas? En muchos casos, el consumismo vacío y sin sentido, la violencia del sistema, se expresa en la bulimia y otros trastornos alimenticios. En otros casos, los olores y sabores es una forma del arraigo ante este barco a la deriva llamado capitalismo. Quien ha comido lejos de su patria sabe a que se refiere Forese cuando dice que el olor de ese árbol es una gran pena y a la vez un gran consuelo. Me pregunto si mis paisanos sienten eso cuando comen y beben aunque nunca hayan salido de México. Nos han despojado de tanto y han destruido mil veces mil está deshilachada patria, que nos aferramos a nuestra deliciosa comida.

#Dante2021 Purgatorio Canto XXII: Alma y pathos

Hoy terminé de leer Psicopolítica: neoliberalismo y nuevas técnicas de poder de Byung-Chul Han. Apenas me tardé tres días en leerlo. El texto es breve, no alcanza las cien páginas. Sin embargo, encuentro que leo con facilidad y avidez sus libros. Es más, tengo que dosificar la lectura y alargarla unos cuantos días más, porque si por mí fuera tal vez con un día bastaría.

¿Por qué hay unos libros que nos lleva menos tiempo leer que otros? La primera respuesta que se me ocurre es la complejidad del texto. Pero en este caso no hay tal. Los planteamientos del filósofo coreano son densos y difíciles de comprender. Encuentro que el hechizo de sus textos se debe a que nos habla directamente de los problemas de nuestra sociedad y nuestra persona, desde ángulos desde donde no se había visto. Si uno de los papeles principales de la filosofía es crear conceptos, Byung-Chul, en breves páginas, nos dota de herramientas para comprender la situación en la que nos encontramos: el infierno de lo igual, según el mismo define a la sociedad actual.

Así explica la manera en que el panóptico digital actúa sobre la psique:

La microfísica del Big Data haría visibles actomes, es decir, microacciones que escaparán a la conciencia. El Big Data podría poner de manifiesto patrones de comportamiento colectivos de los que el individuo no es consciente. De este modo se podría acceder al inconsciente colectivo. En analogía con el inconsciente óptico, se podría denominar inconsciente digital al entramado microfísico o micropsíquico. La psicopolítica digital sería entonces capaz de apoderarse del comportamiento de las masas a un nivel que escapa a la conciencia.

Ahora bien, me pregunto por qué la lectura de la Divina Comedia no se puede hacer de manera rápida. Esto, como nos recuerda Mandelstam, ya era un problema en los tiempos de Dante. Desde luego, si algo define a la poesía escrita es que condensa el máximo de significados con el mínimo de palabras. Cuando ese poema tiene al rededor de quince mil versos, las cosas se complican. Por eso con los poemas hay que ir con calma, tomarse el tiempo y saborearlos. Por eso, en nuestra sociedad hiperactiva y consumista, la poesía no goza de buena reputación. Hay, empero, otra razón: la Comedia es un viaje por el inconsciente colectivo e individual de su tiempo. Por eso en cada canto hay una densidad difícil de desentrañar que siempre nos deja con la sensación de que hay algo más que comprender.

En este Canto XXII ahora Dante y Virgilio caminan junto a Stacio que, a pregunta del mantuano, relata porque purga su pecado en el círculo de los ávaros:

Por que has de saber que la acción que se realiza en directa oposición con un pecado se va consumiendo lo mismo que él, generando una culpa de exceso, así es que yo he estado purificándome entre los que sufren por causa de la avaricia, pero por caer en la actitud opuesta de manera viciosa.

Después Stacio relata cómo, por inspiración de su amado Virgilio, se acercó a la fe cristiana y recibió el bautismo y, señala que por la tibieza y temor a ser reprimido por su nueva fe y seguir aparentando ser pagano, recorrió el cuarto círculo por más de cuatrocientos años. De esta manera, Dante nos recuerda que, aunque los personajes a la hora de presentarlos purgan un pecado en específico que los define mejor, en realidad es prolongado el camino en la purificación del alma humana.

Es aquí donde surge un comentario de lector apresurado que aún no asimila lo aprendido de los planteamientos de Byung-Chul Han. Sobre todo cuando el coreano dice que el Big Data hace un registro total de nuestra persona y de nuestra alma: “quizá más precisa y completa que la imagen que nos hacemos de nosotros mismos”. En efecto, desde Freud sabemos que una cosa es la imagen que tenemos de nosotros y otra muy diferente lo que habita en nuestro inconsciente, que es individual y al mismo tiempo colectivo. Sin embargo, por primera vez en la historia de la humanidad, existe un panóptico digital que lo utiliza como dispositivo de control.

William Blake decía que cuando el yo de la persona individual se identifica con el alma como algo equivalente, ahí aparece satanás. Y es cierto que en la actualidad, acaso herencia del cristianismo, cada persona aún creemos tener un alma individual, distinta y única, pero lo que es peor, somos presa de un narcisismo que nos separa del alma colectiva y del alma del mundo. Esa también es otra estratagema del capitalismo digital: hacernos creer únicos para mejor explotarnos y vigilarnos colectivamente. Así, uno de los temas centrales de nuestro tiempo es y será el retorno del alma. El alma, el lugar del pathos y las patologizaciones como muestra la Comedia.

#Dante2021 Purgatorio Canto XXI: Prodigalidad

Mientras leo y comento la Divina Comedia, escribo mi tesis de posgrado. Es como mi desfogue final después de concluir mi cuota diaria de escritura académica. Presentar los resultados de una investigación como la que realicé, la percibo como un trabajo constante de reescritura. Un trabajo sobre un palimpsesto. En eso del trabajo de reescritura, intuyo, la Comedia es un ejemplo notable.

Dicen que hay escritores que se dejan guiar por la intuición sin un plan definido y los hay otros que antes de lanzarse a la redacción trazan un plan de la obra que quieren componer. Dante pertenece al segundo tipo. De ahí se explica la utilización de números en relación al orden y proporción del poema en su totalidad. 33 son los cantos de cada una de sus partes, más uno que sirve como introducción. En total cien cantos, número considerado perfecto. Además el papel del número tres es vertiginosamente constante en la obra dantesca, lo mismo que el nueve (tres veces tres) que son los recintos que conforman Infierno, Purgatorio y Paraíso. Otro de los aspectos más visibles de esta arte numerológica es el número seis. En el canto seis de cada uno de las partes se trata un tema político. Ha esto hay que sumar muchas minucias más que nos llevaría mucho tiempo desmenuzar, pero no es casualidad que la proporción de los cantos y los versos esté tan bien delimitada. Hoy esa precisión nos parece un poco exagerada, pero pensemos en el aspecto práctico también. En esa época no se podían desgastar así porque sí las hojas que se tenían. El establecer claros límites ciñe al autor a tener un plan determinado, por más que las musas cambien el rumbo al andar el camino.

Si esto es así, encuentro que el cinco, número áureo, puede brindar algunas claves para comprender la estructura del poema. Hasta donde yo he leído sobre lo que se ha escrito de este poema, no se hace mención sobre este número, pero es tanto y tan variado de los escritos dantescos que no dudo que ya exista algún comentario o un extenso estudio al respecto. Aún así, me parece interesante hacer una reflexión al respecto.

El canto XXI del Purgatorio es, si tomamos en cuenta el poema en su conjunto, el número 55. ¿Cuál es la importancia del número cinco? Para quien gusta de las flores, se habrá dado cuenta que muchas tienen cinco pétalos. Lo mismo ocurre con otras plantas y animales. En la música las escalas pentatónicas son la base para comprensión de la mayoría de los géneros. ¿Y en la poesía? Según Robert Graves, se relaciona con el alfabeto de los árboles que componían los antiguos juglares. Estos árboles y su lenguaje estaban consagrados a la Diosa Blanca “que gobernaba el año y a la que estaba consagrado el número cinco”. En fin, la poesía para los antiguos bardos, y Dante es uno de sus máximos representantes, los números son formas en las que se manifiesta y vibra la divinidad y los misterios de la naturaleza y el hombre.

Pues bien, me parece que poner atención en ese número nos puede ayudar a comprender el punto de inflexión que significa este canto XXI. Dante lo muestra al explicar el por qué el temblor del monte y los cantos que escuchó y le hicieron sentir escalofríos:

Aquí arriba jamás llega tal sacudimiento, y tiembla solamente cuando alguna alma se siente tan purificada que se levanta y se mueve para ascender al cielo, lo que es acompañado con expresiones de júbilo. La prueba de la purificación se da en la voluntad que de pronto se descubre libre y dispuesta para cambiar de morada, y entonces, el alma se ve excitada en sí misma e inundada de deseo de transitar. Desde un principio lo desea, pero es su propensión lo que no lo consciente, pues así como pecó contra su voluntad, contra su voluntad sufre el tormento que la justicia divina le ha impuesto; así yo que llevo gimiendo quinientos años, no he sentido en mi voluntad la libertad para cambiar de estado.

Quien habla es la sombra del poeta latino Stacio, quien un poco más adelante se expresa más que entusiasmado al hablar del maestro. Dante sonríe y Virgilio no quiere que se delate su identidad. Stacio pregunta y al final del canto se quiere arrodillar ante él. El mantuano contesta como se debe contestar ante el idólatra: “No hagas tal cosa, hermano, tú eres sombra, y sombra es lo que tienes delante”.

A diferencia de la avaricia, Stacio es la personificación de la prodigalidad. Ese derroche también se manifiesta en los halagos que parecen incomodar un poco a Virgilio. Con las bellas escenas de este canto, Dante enfatiza esa transición que marca un antes y un después en el poema. El estilo y el ritmo son más ligeros conforme se asciende. A partir de ahora estamos más cerca del paraíso y más alejados de los tormentos del Infierno.

Ya me excedí de tiempo y espacio en este comentario. Dejo la reflexión sobre las siguientes preguntas para los días de lectura que restan ¿de qué manera se entrelazan la conciencia histórica individual y la conciencia histórica colectiva para llevar a cabo una emancipación, o si se quiere en términos dantescos, una purificación del cuerpo y el alma sociales?

#Dante2021 Purgatorio Canto XX: Avaricia y ethos capitalista

Imagine el lector o lectora una escena de una obra de teatro donde se muestra el momento clave de la trama: el instante en que es posible la salvación o la perdición total. Hay dos actores: Mefistófeles y el dueño de una corporación (ponga usted el nombre que quiera). Después de una intensa discusión, Satanás orilla al magnate a tomar una decisión: o la vida de su hijo o la destrucción definitiva de la empresa. ¿Qué creen que elige el magnate?

Para no dejarnos llevar por nuestros muy humanos sentimientos, hay que comprender el ethos que está detrás de cada una de las decisiones que un empresario toma. Si el grupo de magnates pertenece a la élite de nuestra sociedad actual, esta claro que su comportamiento y modo de vida va acorde con el ethos capitalista. ¿Cuál es ese ethos? En términos muy generales, podemos decir que es aquel que tiene como imperativo la acumulación de capital con la única finalidad de reinvertir el capital para reinvertirlo en una espiral creciente y ascendente. En ese proceso, actualmente, las corporaciones tienen un protagonismo central. En este sentido, los magnates son más que los encargados de llevar a cabo este proceso: para ellos, de forma individual, es una manera de trascender. Encuentran en el dinero y su circulación constante una conexión con la divinidad. A mí no me cuesta trabajo imaginar lo que contestaría el magante de la obra de teatro: o bien elegiría suicidarse, pidiendo resguardar a su primogénito o bien lo sacrificaría con lágrimas en los ojos, pero nunca entregaría la corporación. y no la entregaría porque no puede. Como lo comprendieron Paul Baran y Paul Sweezy hace algunas décadas, el verdadero capitalista no es el magnate individual de carne y hueso, es la corporación gigante:

Hay muchas formas de describir el contraste entre magnate industrial y empresario moderno. El primero fue el padre de la corporación gigante, el segundo, el hijo. El magnate se mantuvo fuera y por encima, dominando la empresa. El administrador está dentro, dominado por ésta. La lealtad del otro es para la organización a la que pertenece y a través de la cual se expresa. Para uno la corporación fue únicamente un medio de enriquecimiento, para el otro el bien de la empresa se ha convertido en ambos fines, económico y ético.

El capital monopolista

Hoy el mundo está enfrentando el poder de los nietos de aquellos magnates. ¿Cuál es la diferencia respecto a las generaciones pasadas? No me atrevo a dar una respuesta, pero me temo que los magnates de hoy se sienten más como empleados de la empresa, los mejores y más sobresalientes acaso, pero como parte de un proyecto que los hace trascender: nosotros moriremos pero quedará la corporación, por los siglos de los siglos ¿es posible que se crean ese cuento y no tengan en cuenta que todo en esta vida es pasajero y que no quedará ni huella de nada? Soy pesimista a este respecto, me temo que ni siquiera se plantean esas cuestiones, cuando lo que quieren y creen lograrlo es controlar el cambio climático y cualquier cosa que se les ponga enfrente. No hay que olvidarlo, lo importante es acumular y que el capital no pare de circular.

Ahora bien, en el canto XX Dante habla con Hugo Capeto, el cual en un momento dice: “¡oh Avaricia ¿Qué habrás de hacer, cuando de tal modo te apoderas de mi sangre, que ya ni siquiera se cuida de su propia carne?” Después hace la reseña de los crímenes que se hicieron por el pecado de la avaricia, como Pigmalión, quien su ávida sed de oro convirtió en parricida y traidor. Menciona a Midas quien todo lo que toca lo transforma en oro por lo que su tragedia mueve a risa. En fin, al final del canto y al dejar de hablar con aquella alma, el florentino siente un estremecimiento en el monte como si fuera un presagio de ruina. Entonces siente un temblor y una especie de frío como dicen que pasa a los que van a morir. Cierra el bardo hablando sobre los tormentos que le causa su ignorancia y el deseo de saber y sobre la insatisfacción que le deja la premura de tiempo y el no poder indagar más.

Algo parecido me pasa a mí cada que trato de sacarle el mayor jugo a cada canto. La premura del tiempo, un canto por día, nos impide profundizar a cabalidad en cada uno de los temas. Aun así, no quiero cerrar sin antes preguntar ¿Cuál es la diferencia entre los ávaros que retrata Dante y los capitalistas de hoy? Y es que para quien se acerque un poco al mundo y tiempo que le tocó vivir, es claro que los cambios que después darían inicio al sistema capitalista ya estaban en ciernes por esas fechas. Sin embargo, encuentro una diferencia sustancial en el ethos de los ávaros en la edad media y los actuales: el capitalista de hoy no busca atesorar riquezas y no compartirlas con los demás. Al contrario, trata de que la riqueza circule de la manera más rápida posible para así acrecentar la ganancia: el capital debe estar en movimiento constante como la sangre que corre por las venas y arterias del cuerpo social. De ahí que Byung-Chul Han ( ahora he citado mucho a este filósofo, pero recientemente lo he empezado a leer a profundidad y varios de sus planteamientos son muy interesantes) diga que el capital promueva la libertad, o más bien que el sujeto se sienta libre. Así pasamos, según él, de una sociedad disciplinaria basada en el deber, a una sociedad del rendimiento y la transparencia basada en el poder hacer: nosotros nos autoexplotamos al creernos libres. Desde luego esto es una ilusión: no existe libertad individual sin comunidad o con una comunidad enajenada como es el caso. Sin embargo, aquí tengo un reparo con el filosofo coreano. Para mí no es que la sociedad actual no se rija por el deber. Es decir, si somos libres siempre y cuando nuestra libertad sea utilizada para la acumulación acelerada y vertiginosa de capital ¿Hay peor esclavitud? La sociedad de la transparencia más que basada en el poder hacer, se rige por el imperativo categórico del ethos capitalista. Desde esta perspectiva, desde luego, el menos libre es el magnate.

#Dante2021 Purgatorio Canto XIX: Avaricia

Hay pecados capitales que me cuesta menos trabajo comprender. Hay otros que más. Ese es el caso del pecado de la Avaricia. Según el sucesor de Pedro que habla a Dante, los avariciosos están de espaldas al cielo, pues el amor no lo pusieron en los bienes verdaderos y ahora yacen inmóviles y con la vista fija en la tierra, justo castigo por no alzar la vista a lo eterno.

¿Qué significa poner la vista en lo eterno? ¿Está lo eterno separado de las cosas terrenales? Según el diccionario la avaricia es: El afán de poseer muchas riquezas con el sólo fin de atesorarlas sin compartirlas con nadie. Apenas reflexionó un poco sobre esta definición y lo que muestra el florentino en el canto XIX y me doy cuenta que tal vez no estoy tan alejado de este pecado. Ni yo, ni muchos de los que lean esta entrada. Veamos.

Hace días, al comentar los siete pecados capitales y su vínculo con las redes, me encontré con un meme que hacía el símil entre una red y un pecado. Hace rato al buscar a qué red corresponde la avaricia, me encontré un artículo que lo relaciona a Amazon. Según esto, la facilidad con la que se pueden comprar bienes que se necesitan y que no se necesitan está al alcance de un clic si se tienen los medios. Además los datos no mienten, mientras a causa de la pandemia millones de personas perdieron sus empleos y millones de pequeños y medianos negocios quebraron, Amazon y otras corporaciones aumentaron considerablemente sus ganancias. Muchas personas ya no pudieron ir a los centros comerciales pero siguieron consumiendo como habitualmente lo hacían. El cuento de que la humanidad será otra y aprenderá la lección por la peste, parece que se quedará sólo en buenos deseos. La verdad es que muchos ven en el consumo la única posibilidad de trascender. Y eso involucra a ricos y pobres, chicos y grandes.

Es así como algunos de los planteamientos centrales de Marx son hoy más vigentes que nunca. Ya en los primeros párrafos del Capital, el filósofo alemán señala que una mercancía satisface deseos del cuerpo o de la fantasía. Hoy, la mayoría de nuestras necesidades son producto de la fantasía o involucran un alto grado de ilusión. ¿Cómo contrarrestar estas ilusiones terrenales con las que el capital nos seduce? Si hay conceptos de Marx vigentes esos son el de alienación y el de fetichismo de la mercancía. Ahondar en nuestra enajenación es la primera posibilidad de emanciparnos de nuestra esclavitud colectiva. Se me ocurre un método crítico que cualquiera puede de vez en cuando practicar ¿Y si tratamos a las cosas como si fueran personas? Al fin y al cabo el fetichismo es aquella inversión según la cual las cosas se relacionan como si fueran personas, mientras que las personas nos relacionamos como si fuéramos cosas. Si personificamos cada mercancía tenemos la posibilidad de cuestionar esa relación que tenemos con el sistema de objetos que nos rodea.

Necesitamos poner las cosas en su lugar. Para ello se necesita lo que algunos teóricos marxistas en el siglo XX llamaron conciencia de clase. ¿Cómo se adquiere esta conciencia? La cuestión parece no ser sencilla. No basta con ser explotado para adquirirla. Otra vez: se necesita contemplación. Según la famosa tesis de Marx que los amantes de la acción cada tanto citan, los filósofos se han contentado con interpretar el mundo, ahora de lo que se trata es de transformarlo. Y sí, se necesitan acciones transformadoras de la realidad en la que nos encontramos. Pero jamás se hizo nada diferente y emancipador a la marea de la historia que no pase por la interrupción, el corto circuito que significa contemplar. Esto suena a una especie de marxismo zen, y tal vez lo sea. No soy el primero en intuir esta rara conjunción. A su modo Walter Benjamin, basado en el judaísmo, planteó sacar de su aura fetichista a la mercancía al sacarla de la circulación y mirarla de otro modo, alegóricamente. Y es que en cada cosa finita y perecedera hay una nostalgia y una promesa de infinito. En lo terrenal está la conexión con lo eterno más allá de las ilusiones de trascendencia que nos ofrece la ideología hegemónica.

Cierro esta entrada preguntándome si yo también soy víctima de la avaricia y atesoro riquezas por el simple afán de atesorarlas sin compartirlas con otros. Y me contesto que durante años he estado atesorando libros y más libros. Aunque son pocos, muchos están esperando a ser leídos. Aún así es difícil sino imposible que los preste y en realidad me enojo si alguien los agarra sin mi autorización, ósea, son intocables. Son mis fetiches y son riquezas terrenales, pero ¿hay mejor manera de mirar al cielo?

#Dante2021 Purgatorio Canto XVIII: Sin miedo al fracaso papi

Una noche antes de proponer la lectura de la Divina Comedia apenas pude dormir. Según yo, era una de las mejores ideas que se me hubieran ocurrido para incursionar en el mundo de las redes y apenas quería que despuntara el día para proponerla. Es más, se me hacía imposible que no la hubiese propuesto alguien más. Y en efecto, como ya comenté en días pasados, en 2018 se hizo la misma propuesta y pegó. Ahora el caso es distinto, ni siquiera en Italia por lo que he investigado, ha podido salir del todo de círculos académicos y universitarios, si bien es cierto que Dante es más que un poeta: para los italianos es un símbolo de unidad nacional e identidad territorial. En mi caso particular ¿por qué no ha tenido las repercusiones que esperaba? Las razones son múltiples y heterogéneas. Hoy encuentro dos. La primera es que para muchos la poesía es algo nebuloso y lejano, acaso inaccesible. Además existe la cuestión de la temporalidad. Un poeta muerto hace 700 años, nos exige una perspectiva de larga duración. Y nos exige tiempo de ocio productivo para la comprensión de esa densidad temporal. La segunda razón, es la inmediatez con la que están hechas las redes sociales. El lenguaje y las imágenes que circulan son, no tengo mejores palabras para nombrarlo, ráfagas fugaces de transparencia sin huecos, lisas y sin fisuras.

La cultura virtual del clic se trata de consumir el mayor número de información posible, que muchas veces nos deja atolondrados a medida que pasamos el dedo por la pantalla, sin convertirla en conocimiento y mucho menos en experiencia. Bien decía Hanna Arendt que había que fijarse en los detalles superfluos para comprender cómo opera el poder. En este caso, cuando pasamos horas frente a la pantalla ¿somos conscientes del poder material que tiene el lenguaje binario en nuestras vidas? Sí, el lenguaje traducido a imágenes, videos o textos, tiene un poder material indisociable del poder simbólico. Por ello, cuando alguien dice que una cosa son los hechos y otra las palabras que lo explican, realiza una separación que en la realidad es imposible encontrar. Digamos que los hechos son un lenguaje ritualizado en acciones. De ahí la antigua noción aquella de que el universo es un libro. De ahí la fascinación que tiene la cábala según la cual el lenguaje escrito es un atributo (y no el menos importante) de Dios.

El tema es amplio y apasionante. Muchas veces se olvida que grandes corporaciones digitales como Amazon, Facebook o Instagram, deben su poder en gran medida al control social que ejercen por medio del lenguaje. El totalitarismo digital del que muchos hablan, se debe a la capacidad que tienen y tendrán cada vez más este tipo de empresas sobre el inconsciente colectivo. Lo que incluso les permite ya predecir los comportamientos futuros del individuo atomizado. De ahí la necesidad de hacer comunidad por medio de la poesía, según mi hasta ahora fracasada propuesta. Fracasada a medias, y es que lo difícil es no tener interlocutores con los cuales dialogar. Así casi todos los días me pregunto y bueno ¿para qué y para quién fregados estoy escribiendo todo esto? Luego recuerdo que Octavio Paz dice que el primer lector es el propio escritor y se me pasa. Al menos estoy dialogando conmigo mismo.

Por otro lado, este fracaso para mí es un alivio. Y aunque estoy consciente como todos, de que al entrar al mundo virtual estoy otorgando mis datos de manera voluntaria a estas corporaciones, me gusta lo que estoy aprendiendo y creo que el riesgo vale la pena. Lo mejor sería sin duda seguir en mi mundo autista (¿has intentado lector vivir sin celular? ¿verdad que se vive como fuera de la sociedad?) antes de que abriera el Blog, Twitter, Facebook y el WhatsApp que son las redes sociales que utilizo (iba a escribir me utilizan). Pero con la pandemia me di cuenta que tenía que entrar a este mundo pues son el presente y el futuro de la humanidad en el corto y mediano plazo al menos. Además, desde hace un año, son herramientas ineludibles para mi trabajo como docente. Como lo plantea Macluhan, los medios de comunicación influyen en la sociedad en su conjunto, independientemente de si no todos los individuos hacen uso de ellos. En fin, creo que ya me explayé demasiado y otra cosa que me he dado cuenta es que si el texto que se escribe tiene más de diez líneas es difícil que alguien lo lea. Vayamos al canto XVIII.

En este canto Dante continúa con sus preguntas sobre el amor. Entonces el maestro Virgilio contesta que las facultades perceptivas de los seres exteriores introducen en la mente una imagen en la mente donde se puede contemplar. Este abandono contemplativo es el amor. Entonces el florentino pregunta, si el amor implica implica una responsabilidad de comportarse de forma recta o torcida. Virgilio contesta que es la libertad es innata en el hombre: el amor nace en todos, pero todos lo podemos reprimir. Al último del diálogo le dice que recuerde la palabra albedrío, porque es posible que Beatriz se la mencione. ¿A poco no es hermoso esto que dice el mantuano? Muchas veces, cuando hablamos de libre albedrío, en el lenguaje popular, hacemos referencia a la capacidad de elegir el propio destino. Y es cierto que en Dante algo hay de eso. Pero este pasaje se refiere a la libertad para amar. Y por lo tanto es pensamiento del corazón más que del intelecto. Libertad para aceptar o rechazar las buenas o las malas pasiones. La libertad como algo innato ¿Qué no era eso lo que decían los anarquistas? Eso es, por ejemplo, lo que enseña el lingüista Chomsky en su gramática generativa y en su filosofía política.

Por último, los poetas se encuentran con los indolentes, aquellos que fueron negligentes y se tardaron en hacer el bien. Los perezosos, en el Purgatorio, van a toda prisa y apenas se pueden detener a charlar un rato. Así en nuestra sociedad del cansancio, sólo que sin posibilidad de purificar los pecados ni hacer el bien. Ante esa hiperactividad que nos inmoviliza ¿apoco no es posible cansarnos colectivamente en torno a un libro o mejor aún, ante una actividad colectiva que tenga repercusiones en nuestra comunidad? Sería un cansancio distinto, agradable. Como cuando se siembra una milpa y después, bajo un árbol, se conversa y toma pulque. Lo que no hay que olvidar de este canto es que el amor sólo se interioriza con la contemplación.

#Dante2021 Purgatorio Canto XVII: La ira, la rabia y el amor al prójimo

Conforme se avanza en la Commedia, las cuestiones filosóficas que plantea el poema se complican. Confieso que, sobre todo en el Purgatorio, me cuesta comprender la profundidad de los planteamientos que en algunos cantos van apareciendo. Tal es el caso del canto XVII, donde se da la transición entre el círculo de la ira y el de la pereza.

En lo que respecta a la ira, hoy estuve leyendo La Sociedad del Cansancio de Byung-Chul-Han. Un ensayo breve y que se lee con rapidez. En el capítulo titulado La pedagogía del mirar, el coreano suelta esta aguda reflexión:

En el marco de la aceleración e hiperactividad generales, olvidamos, asimismo, lo que es
la rabia. Esta tiene una temporalidad particular que no es compatible con la aceleración e hiperactividad generales, las cuales no toleran ninguna extensión dilatada del tiempo. El futuro se acorta convirtiéndose en un presente prolongado. Le falta cualquier negatividad que permita la existencia de una mirada hacia lo
otro. La rabia, en cambio, cuestiona el presente en cuanto tal. Requiere un detenerse en el presente que implica una interrupción. Por esa condición se diferencia del enfado. La dispersión general que caracteriza la sociedad actual no permite que se desplieguen el énfasis y tampoco la energía de la rabia. La rabia es una facultad capaz de interrumpir un estado y posibilitar que comience uno nuevo.

¿De qué manera se vincula la rabia con la ira? Según el diccionario, la ira es: 1. Pasión del alma que causa indignación y enojo 2. Apetito y deseo de venganza. Mientras que rabia es definido como ira, enfado o enojo grande, aparte de la enfermedad algunos animales y de la roya que pueden contraer los garbanzos. Los apetitos de venganza se castigan en el Infierno: La ira a la que se refiere Dante en el Purgatorio, se refiere más a la pasión del alma que causa indignación.

¡Oh Reina! ¿Por qué permitiste que te matara la ira? Por no perder a Lavinia, fuiste tú la que murió.

Ahora bien, la rabia a la que se refiere Byung-Chul Han, es parecida a este tipo de ira que retrata Dante en los cantos XVI y XVII. La digna rabia de la que ha teorizado el movimiento zapatista pero que se encuentra en cientos e incluso miles de comunidades campesinas e indígenas. No es raro que este tipo de rabia sea incomprensible en el mundo urbano. Esa rabia sólo puede surgir cuando se tiene tiempo para la contemplación.

Respecto al controvertido, apasionante, trillado y siempre nuevo tema del amor, la lectura de este canto también da para pensarle un rato. a mi me plantea una cuestión que nunca antes había pensado. Explica Virgilio a Dante que el amor es la causa de la virtud y al mismo tiempo de toda acción digna de castigo. Pero (y aquí viene lo que no comprendo) ese amor no puede oponerse al bienestar de aquel en quien e genera. Por lo tanto, concluye Virgilio: “solamente se puede hacer mal al otro, al prójimo, lo que es una forma de amor al mal que en nuestra naturaleza se manifiesta de tres modos”.

Esos modos son:

  1. El bien propio que se espera a partir de la ruina del prójimo
  2. El sentimiento de perder el poder o los honores si el prójimo prospera
  3. El que se siente injuriado por el otro y no desea más que la venganza

Esos tres modos de amor, sigue explicando Virgilio, se expían abajo, en el Infierno. Hay otro tipo de amor

Que es el de aquellos que corren tras el objeto amado de forma desordenada. Todos los hombres tienen por instinto el ansia de un bien en el que cifran la quietud de su ánimo, y por ello todo el mundo se desvive por conseguirlo. Si al conocerlo o gozarlo, la intención y la acción es algo mesurado, después de un justo arrepentimiento será este el círculo del martirio purificador

Es decir, el círculo de la pereza. Como buen procrastinador que he sido, comprendo cuando Dante se refiere a ese amor que se persigue de forma desordenada. En mi defensa, quiero decir que no es un problema meramente personal. Paradójicamente, La sociedad del cansancio en la que vivimos, nos exige, como plantea Byung-Chul Han, el multitasking, hacer muchas cosas a la vez, la hiperactividad con el máximo de rendimiento posible. Esa hiperactividad, muchas veces acaba en un agobiante paroxismo cuando encaminamos nuestros esfuerzos en aquello “que cifra la quietud del ánimo”. Si por ahí alguno de mis compañeros que están intentando escribir su tesis de posgrado al igual que yo lee esto, sabrá a qué me refiero. Ira y pereza se enlazan. Se necesita más que el sutil enfado en el que permanente nos encontramos. Se necesita más aprender de los campesinos y su digna rabia. Se necesita poner un freno al tren de la historia. En la vida personal a este acto se le llama contemplación.

#Dante2021 Purgatorio Canto XVI: Ira y virtud

Hemos llegado a la mitad del camino. Este es el canto cincuenta de cien. Este es uno de los pecados que menos me cuesta comprender. Con el tiempo, me he ido curando. Y es que uno acaba enamorándose de sus demonios. No me desagrada la ira en dosis moderadas o bien disimuladas y sublimadas. En este miserable mundo, a veces es necesaria. El arte consiste en saber domar a ese terrible demonio. O más bien, encontrar la manera de que te domine menos. No siempre es fácil. Si has conocido a alguien iracundo, sabrás que la persona padece una terrible posesión que se adueña de todo su cuerpo. Por eso Dante al inició del canto presenta esta imagen:

Ni la profunda oscuridad del infierno, o de la noche privada de estrellas y con un cielo tan negro como el que se produce cuando se agolpan las nubes colocó ante mis ojos un velo tan denso, ni que produjera una sensación tan desagradable, como aquel humo en el que nos vimos envueltos.

Tal vez por que sé que nunca me voy a poder curar del todo de este pecado capital, cito uno de los proverbios de William Blake: los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción. Si vamos a caer víctimas de la ira, al menos que sea como a Marco Lombardo le sucede en este canto: iracundos pero entendidos en los negocios y amantes de la virtud: “lo que allá es cada vez más raro”

#Dante2021 Purgatorio Canto XV: ¿Qué significa despertar?

Dicen que Dante se adelantó en muchas cosas a Freud y Jung, los principales psicoanalistas del siglo XX. Sobre todo a este segundo más imaginativo y simbolista que el maestro. En el canto XV, el florentino mientras sube la montaña del Purgatorio para acceder al círculo donde están purificándose los iracundos, tiene una extraña ensoñación:

Cuando mi alma volvió a su normalidad saliendo de aquellas visiones que, aunque extrañas, no dejaban de ser verdaderas, reconocí que todo había sucedido en mi imaginación, más no había en ello error o falsedad, y mi guía que me veía como a un hombre que sale del sueño, me dijo: ¿Qué es lo que te pasa? , ¿Por qué no puedes mantener tu conciencia? Has andado media legua con los párpados caídos y vacilando con los pies, como aquellos que han tomado mucho vino

Después Dante le contesta a Virgilio que si supiera lo que le vio estando en la inconciencia, lo entendería. El maestro le contesta que aunque tuviera cien máscaras sobre su rostro no podría ocultar sus pensamientos delante de él. Si le pregunta qué le pasa, es para traerlo a la conciencia “y devolver el vigor a tus pies, pues conviene apresurar a los que acaban de despertar”.

Ese despertar se dio después de que Virgilio le explicó el porqué de la envidia: al desear algo que disminuye cuando se comparte con los demás, se anida la melancolía en el corazón. Las visiones de Dante habla de una madre con dulce acento que reclama y busca a su hijo. Después, de un joven al que quieren masacrar mientras el ruega al Supremo Señor por sus perseguidores. El jueves y el viernes santo estuvo lloviendo y con neblina. Hoy amaneció sin una nube en el cielo y entonces el plumaje del día, como el pavo real, que es el orgullo de Dios, bañó de luz al pueblo. Ungaretti, otro poeta Italiano, lo dijo como ninguno, en Mañana, un poema de dos líneas:

Me ilumino

De inmensidad

Y entonces ¿Qué significa despertar? Para eso hay que viajar al inframundo y regresar para contarlo, cosa que pocos hacen. Y seamos sinceros lector o lectora, tú y yo no lo hemos hecho del todo. Tal vez algunas claves para ese despertar están en la Divina Comedia y en otras obras igualmente entrañables. Tal vez están en la figura de Jesucristo, quien multiplicó y después repartió panes y peces para todos y todas. Tal vez están en la vida cotidiana con los seres que amamos, aquí y ahora.