Trebejos: meditaciones sobre el alma de las cosas. Columna de Arquímedes


Él ha encontrado el punto de Arquímedes, pero lo ha utilizado contra sí mismo, es evidente que sólo con esa condición le ha sido permitido encontrarlo. Franz Kafka

Algo sobre el autor:

Su verso favorito es de Fernando Pessoa “¡Ah, no ser toda la gente y estar en todas partes!”. Arquímedes, su seudónimo, hace referencia al famoso matemático griego. Su tarjeta de presentación dice abajo de su verdadero nombre: lector de poemas.

Trebejos: meditación sobre el alma de las cosas

Presentación:

Mi versos favoritos son de Alberto Caeiro, uno de sus 72 heterónimos de Fernando Pessoa:

“Hay bastante metafísica en no pensar en nada

¿Lo que pienso del mundo?

¿Sé yo lo que pienso del mundo?

Si me enfermase, pensaría”

Hoy que el cuerpo social está enfermo de gravedad, es necesario pensar hasta como estrategia de sobrevivencia.

En la mañana, mientras leía el periódico, me encontré con la noticia de que, según el gobierno, en el mes de junio se reanudaran las clases presenciales en las escuelas. Ya llevan un año anunciando lo mismo cada tanto tiempo. Es cierto que la vacuna ha reanudado las esperanzas de amplios sectores de la población. Pero, pensemos un poco y borremos las brumas del dañino optimismo. Aunque se lograra vacunar a todos los maestros del país, lo que va a llevar su tiempo, aún falta por vacunar a los estudiantes. Se puede argumentar que con los maestros vacunados ya se puede regresar a clases. Sin conceder, suponiendo que los padres de familia y los propios estudiantes decidieran regresar a la escuela y arriesgarse al contagio, aún así el regreso será paulatino. En el corto y el mediano plazos si acaso llegaremos a clases mixtas. Uno o dos días clases presenciales y la mayoría con educación a distancia, como desde le inicio de la pandemia. Aceptémoslo, la educación entró en un gran reseteo al igual que la totalidad del sistema capitalista y en los próximos años las relaciones sociales cambiaran drásticamente.

En un breve y puntual artículo titulado La jaula 5.0 del periódico la Jornada, Ilán Semo en enero de este año, nos explicaba que la jaula de hierro que predominó en el siglo XX, se está transformando a pasos acelerados en una jaula digital: “sin afuera ni límites predecibles”. En ese mismo artículo explicaba que un alto funcionario de American Móvil, una de las más grandes corporaciones a nivel mundial, hizo una consulta con 50 expertos después del confinamiento a causa del confinamiento por la pandemia. Si los expertos consultados tienen razón, nos esperan años, incluso décadas difíciles. Rescato los puntos 1,5 y 9 de los nueve en los que Semo sintetiza las tendencias que se avizoran en un futuro próximo:

1. La situación actual, que es vista como un paréntesis de excepción pandémico, ya contiene los elementos esenciales de lo que será la nueva normalidad. En otras palabras, la nueva normalidad se asemeja mucho a lo que estamos viviendo en estos momentos.

5. Las casas se adaptarán al trabajo diario. Se abrirá una nueva época en el diseño, construcción y adecuación de interiores. Éstas serán los engranajes centrales de la jaula 5.0. La vida en sociedad –llámese oficina, fábrica, universidad, ONG, cine, cantina, etcétera– se reducirá gradualmente. Lo que quedará es un mar de vidas moleculares. Las cenas con los amigos, la familia o eventos casuales sucederán de vez en cuando durante el mes.

9. La educación nunca regresará a lo que era. Será sustituida por la enseñanza a distancia o, a veces, los sistemas híbridos. Desaparecerá el estudiantado como fuerza política, social e intelectual.

https://www.jornada.com.mx/2021/01/23/opinion/014a1pol

¿Puede hablar el sujeto subalterno? se pregunta la filósofa Spivak. Cuando el mundo se nos está convirtiendo en un enorme campo de concentración con un panóptico digital, en cierta medida, aunque hoy hablamos y escribimos como nunca en la historia, el espacio virtual es una cámara de ecos, donde hay mucha comunicación e información pero no hay comunidad. Es decir, por más que hablemos, estamos como enmudecidos por nuestro propio ruido.

Ahora bien, si mi casa, en específico mi habitación-biblioteca-taller, en donde ahorita escribo estas líneas, será durante algún tiempo mi lugar de trabajo, más me vale adaptarla lo mejor posible. Informar sobre ese proceso de adaptación es lo que compartiré todos los jueves en esta columna a la que he llamado Trebejos: meditación sobre el alma de las cosas.

Mi abuela tenía facilidad y gracia para decir las palabras. Cuando un cuarto de su casa estaba lleno de cosas abandonadas (ropa, maquinas de cocer, hilos, cazuelas, cuadros y fotos arrumbadas, clavos, monedas, botones, cartas de amor con olor a viejo) decía que había un trebejerío. Trebejos también se le dice a las piezas de ajedrez. Pues bien, en la tesis I sobre la Filosofía de la Historia, Walter Benjamin, explica su interpretación sobre el materialismo histórico con la alegoría del enano jiboso y feo que escondido en una mesa mueve los hilos de un autómata y gana todas las partidas. Ese enano es la teología. ¿A qué teología se refiere Benjamin? Creo que independientemente de las creencias religiosas del filósofo judío, a lo que nos invita es regresar al alma a su materialidad en los entes de este mundo: regresar al anima mundi. Solo así se puede entender su insistencia en unir teología (ciencia del alma y Dios) con el materialismo histórico (ciencias de los seres humanos). Hay algo más que quiero agregar a este respecto. Hay muchos comentaristas que han escrito sesudos análisis sobre las tesis de Benjamin. Estoy seguro que esa abundancia le hubiesen sorprendido sobre un escrito que fue redactado para que lo leyeran sus amigos. Sin embargo, en las interpretaciones que he leído (en realidad son pocas), nadie habla del juego del ajedrez en sí. Lo toman como una simple metáfora, siendo que el filósofo alemán era aficionado al deporte ciencia. Hablar de ajedrez es hablar de estrategia y táctica; es hablar en términos políticos. El ajedrez es la vida decía el gran Bobby Fisher. La vida imita al ajedrez diría más adelante el ogro de Bakú, Kasparov. Hay mucho misterios que rodea a este juego que inventaron los dioses para regalarlo a los hombres. A mí me parece bastante misterioso que el tablero de ajedrez tenga sesenta y cuatro casillas, el mismo número que los hexagramas del I Ching, libro de las mutaciones y el mismo número de codones en el lenguaje del ácido nucleico según explica Crick en su libro la vida misma. En fin, que hay mucho misterio en coincidencias como estas, de las cuales me declaro poco apto para desentrañar. No sólo porque soy mal ajedrecista y entiendo poco de este juego complejísimo y que demanda mucho tiempo y estudio que no le he dedicado, sino porque en asuntos de teología y materialismo entiendo menos.

Así, lo que vaya compartiendo en esta columna, me ayudará a profundizar en temas que he tocado muy por encimita. Sobre todo, me ayudará a contrarrestar el terror a lo inminente en el que estamos inmersos. Ese terror se refiere a que huimos de lo que tenemos delante de nosotros, esos trebejos de los que antes hablaba. Las cosas y personas que nos rodean. Los más próximos y cercanos. ¿Qué significa meditar sobre esos objetos y sujetos? La clave me la dio mi maestro Carlos Cortéz del posgrado en Desarrollo Rural. En una ocasión nos estaba tratando de explicar el Capital de Marx, nos dijo una frase que se me quedó grabada: En este vaso, dijo, está contenida la historia del universo. ¿No es maravilloso, incluso mágico pensar sobre las cosas de esa manera? Recordé a este profesor ahora que leí el libro del biólogo que descubrió la estructura del ADN, el antes citado Francis Crick. Al inicio de su ensayo, La vida misma, su origen y naturaleza, señala:

Para mí es notable que este asombroso descubrimiento, la inmensa vastedad y vacuidad del espacio, no haya atraído la atención de los poetas y de los pensadores religiosos. La gente se siente feliz al considerar la omnipotencia de Dios- cuando más, una proposición dudosa-, pero no esta dispuesta a meditar de forma creativa sobre el tamaño de este extraordinario universo en el cual, y no por su propia virtud, se halla…Es casi como si la total insignificancia de la Tierra y la delgada película de su biósfera hubiesen paralizado por completo su imaginación, como si fuera demasiado temible contemplarlo y, por consiguiente, mejor desdeñarlo.

Virginia Wolf decía que un escritor lo que necesita es una habitación propia. En mi caso, no siempre he corrido con esa suerte y, ahora que la tengo, no sé cuanto dure esta dicha. De los indígenas hñähñu aprendí que un humilde cuarto puede ser un lugar de reflexión y conocimientos que a la larga sí hacen comunidad. Mientras pueda, haré estas meditaciones sobre el alma de las cosas que he ido juntando en en mi habitación. Meditación según la Wikipedia se refiere:

A un amplio espectro de prácticas que incluyen técnicas diseñadas para promover la relajación, construir energía interna o fuerza de vida (, ki, chi, prāṇa, etc.) y desarrollar compasión,3​ amor, paciencia, generosidad y perdón.

Por medio de la escritura y otras técnicas voy a compartir lo que medite sobre las cosas que me rodean y su relación con este infinito, y en su mayoría vacío, universo en el que navegamos como una partícula insignificante a la que llamamos planeta Tierra. Precisamente creo algo cambiará cuando tengamos conciencia planetaria sobre esa radical insignificancia de la que tanto huimos según Francis Crick. Así tal vez podamos experimentar el mundo de lo inmensamente pequeño y lo inmensamente grande como algo familiar. Somos una caña pensante ante el vasto universo, decía Pascal. En esta época de narcisismo y positivismo tóxico, que ese pensar nos haga sentir el brevísimo pestañear del tiempo que dura una vida, que nos haga sentir el vacío, la negatividad, la muerte, la enfermedad y la nada como parte de nosotros.

El Tlacuache Citadino: columna de Guadalupe Espinoza y Norberto Soto

Algo sobre los autores:

Guadalupe Espinoza Sauceda.

Lic. En Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Occidente, Unidad El Fuerte, Sinaloa.

Mtro. & Dr. en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco.

Colaborador en revista Contralínea y en el suplemento Ojarasca de la Jornada. Aficionado de la historia Yoreme-Mayo, de la Revolución Mexicana, y del norte de Sinaloa.

Norberto Soto Sánchez

Lic. En Psicología y M. en C. de la Educación por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Colaborador ocasional en revista Contralínea.

El mito del Tlacuache, el fuego y el conocimiento.

*Guadalupe Espinoza Sauceda & Norberto Soto Sánchez

En Abya Yala (América) algunos pueblos tienen un mito que habla de la conquista del fuego, elemento que en los albores de la humanidad era desconocido y, por ende, todo aquello cuya producción es facilitada por las llamas, inexistente. De igual forma, nada proporcionaba a la humanidad abrigo suficiente en el helado mundo. Durante las frías noches de invierno la gente sufría aún más, anhelando la rápida llegada del sol para que los rayos de éste pudieran brindarles un poquito del calor que les permitiera seguir viviendo.

Un día cayó un fragmento de meteoro a la tierra; desde el cielo, flameante, descendió a gran velocidad hasta dar con el suelo, provocando una gran explosión que generó un incendio que comenzó a alimentarse de todo lo que encontraba a su paso.

El meteoro impactó en una montaña donde habitaban los quinamentin, gigantes enemigos de la humanidad, quienes lograron aislar el fuego, manteniéndolo vivo, apropiándose de él, convirtiéndolo en un privilegio del que solo ellos gozaban. Para asegurarse de que la humanidad no podría llegar al tan deseado elemento, conformaron un ejército que lo cuidase, el cual era comandado por un jaguar.

Sin embargo, la humanidad, impulsada por la necesidad, intentó una y otra vez acceder al fuego; muchas personas perecieron acribilladas por las flechas del ejército que servía a los quinamentin.

Viendo las peripecias de la gente, otros seres mostraron solidaridad para intentar solucionar el problema. Así se conformó un concilio en el cual representantes de las poblaciones humanas se reunieron con animales como el Venado, el Armadillo y el Tlacuache: la idea era elaborar un plan para robar el fuego a los gigantes.

Se probaron algunos métodos propuestos, pero todos resultaron infructuosos. Desmoralizados, no sabían ya qué hacer. De pronto, se escuchó la voz del Tlacuache decir, con seguridad: “yo prometo traer el fuego a la humanidad”. Un silencio abrumador se apoderó del espacio tras las palabras del animalito, seguido de sonoras carcajadas que soltaron los ahí presentes.

Todos se burlaban del marsupial, pues ¿cómo sería posible que ese animalito tan pequeño y de apariencia insignificante pudiera llevar a cabo la proeza de robar el fuego al ejército de los gigantes, comandado por el gran Jaguar, y luego entregarlo a la humanidad?

Pero el Tlacuache, aunque consciente de la gran dificultad de la tarea, reviró: “Más vale maña que fuerza. Cumpliré mi promesa, solo que para ello voy a necesitar su ayuda; cuando me vean venir con la lumbre, tendrán que apoyarme rápidamente para mantenerla viva”.

El pequeño marsupial empezó la ejecución de su plan: próximo el ocaso, se acercó sigilosamente al campamento del ejército que resguardaba el fuego y se hizo bolita, manteniendo esa posición en apariencia inerte durante 7 días, observando los hábitos de las milicias hasta que pudo identificar un momento justo de la madrugada en que casi todos caían dormidos. El único que se quedaba haciendo guardia era el Jaguar.

Así, acabando el séptimo día, cuando casi todos estaban en un sueño profundo, el Tlacuache se acercó al fuego, metiendo su colita en la hoguera, y una vez con el fuego en ella, emprendió una muy lenta retirada del lugar. Pero el Jaguar alcanzó a ver lo que al principio creyó que era un leño, hasta que se percató que se movía; en ese instante dio inicio una persecución en la cual el felino no tardó en alcanzar al marsupial, a quien una vez a merced de sus garras, comenzó a rasgarle el lomo y a sacudirlo por doquier, mientras el Tlacuache, rápido y astuto, logró guardar su colita en llamas dentro de su bolsa, tras lo cual se enroscó y quedó inmóvil, protegiendo el fuego.

Después de varias envestidas el Jaguar dio por muerto al Tlacuache y regresó a resguardar el fuego. Luego de eso, aunque muy herido, el pequeño animal pudo regresar al lugar donde estaba el concilio y, una vez en medio de todos, sacó su colita de su marsupio, otorgando un tizón a la gente, quienes conservaron el fuego para siempre. La colita pelona del Tlacuache sería, a partir de ahí, la marca de su hazaña.

Alfredo López Austin identifica el mito del Tlacuache con el de Prometeo, pues no hay que olvidar que esta última figura dentro de la mitología griega fue quien robó el fuego a los dioses para entregarlo a la humanidad. La cuestión del fuego tiene que ver con el conocimiento; desde el punto de vista de la experiencia humana, las llamas son el elemento que permite ver en la oscuridad, develar el conocimiento de nuestro entorno y de los objetos.

Desde el punto de vista del pensamiento Yoreme-Mayo, el Tlacuache es una manifestación de la “Sua”, la cual es la inteligencia del universo, frente a la que debemos tener miedo y respeto. En el plano de la historia universal, la “Sua” es como la Divina Providencia hegeliana, es decir, la manifestación de la razón de Dios en la tierra y en el sentido de los acontecimientos históricos.

El mito del Tlacuache tiene también una connotación que bien podríamos decir es política: este marsupial es un ser pequeño que, carente de una gran fortaleza física, utiliza el recurso de la inteligencia para resistir y lograr vencer al Jaguar y al ejército de los quinamentin, quienes se aferraban a ostentar el uso exclusivo del fuego, es decir, quienes habían convertido el conocimiento en un privilegio. El Tlacuache, en tanto benefactor, otorga a la humanidad en general el conocimiento, convirtiéndolo así en un derecho de la gente. Esta leyenda también es, en el fondo, la lucha entre oprimidos y opresores.

Eric Hobsbawm, historiador marxista, hablaba de que la historia, más que leyes, tiene una estructura y una regularidad presentes en el relato de la evolución de la sociedad humana. ¿Cuál es una de dichas regularidades? Precisamente, la lucha de clases: la confrontación entre oprimidos y opresores que mencionamos anteriormente. De esa forma vemos que los mitos son relatos que condensan verdades que, como en este caso, pueblos y naciones indígenas de Abya Yala habían intuido desde hace muchísimo tiempo, desde los albores de la humanidad. Intuiciones que se transmitieron a través de los mitos.

#Dante2021 Purgatorio Canto XXIII: Los golosos y la comida

En la carta en respuesta a Sor Filotea, la poeta Sor Juana hace una observación sutil y con jiribilla: si Aristóteles hubiese sabido cocinar, dice al severo y autoritario arzobispo de Puebla, hubiese comprendido mejor las cosas de la filosofía. En efecto, durante mucho tiempo las artes culinarias pertenecieron a las mujeres. ¡Cuántas historias y reflexiones solitarias o en grupo se perdieron en la cocina!

Hoy, con los cambios en la división social del trabajo y en la familia, algunos hombres, cada vez más, hemos tenido que aprender a hacer nuestra propia comida y nos hemos metido a un mundo dentro del hogar que antes estaba reservado a las mujeres. Un dicho mexicano expresa la violencia que aún se vive a diario en muchos lugares: a las mujeres como la escopeta: cargadas y arrinconadas en la cocina.

En mi caso y por cuestiones que no viene al caso contar, desde niño he tenido que cocinar. En esos tiernos años lo hacía por necesidad, pero un gusto se me fue metiendo sin darme cuenta. Después, más grande, trabajé como ayudante de cocina y ayudante de barman, lo cual acrecentó un poco mi curiosidad, aunque como siempre pasa, como era por obligación y por ganarme unos pesos, no le saqué el jugó que debía. Donde sí cociné a diario casi todos los días tres veces, fue en el lejanísimo (parece que fue hace al menos una década) año 2019. Tuve la oportunidad de andar por tierras australianas, la mayoría del año viví en el hostal All Nations. Nunca voy a olvidar esa experiencia: conocí a gente de todas partes del mundo, hasta de países que no sabía que existían o que no tenía tan presente que existieran. En ese hostal, cocinar es más que un simple acto para alimentarse. En la cocina se dan cita encuentros con hombres y mujeres de todas las edades que platican e interactúan en torno a la comida. Así se forjan amistades, muchas veces fugaces pero intensas. En mi caso por las limitaciones y barreras que tuve al no dominar bien el inglés. La comida fue una forma de comunicación. Y es que cocinar es un acto de amor, independientemente de con quien se comparte. Es un acto de amor por la manera en que nos relacionamos con los alimentos al momento de prepararlos. Lo que las abuelas llaman sazón. Según mi hipótesis, el sazón está determinado por la capacidad que tiene quien cocina para, por medio de aromas y sabores, captar el aroma y sabor del tiempo.

La cocina mexicana es famosa por aquellas tierras aunque llena de estereotipos y clichés gringos como el famoso, y en realidad poco consumido en nuestro país, burritouu. Incluso en algunos de los principales centros comerciales hay un apartado con anaqueles donde se vende supuestos productos de comida mexica, lo que no sucede con otras nacionalidades. Así, cuando me tocaba cocinarle a las personas que conocía, no me costaba conseguir los ingredientes, aunque los sabores y aromas eran distintos, a veces muy alejados de los aromas y sabores de mi tierra.

Algo que siempre salía en la platica de sobremesa es que la comida mexicana es muy rica, pero muy condimentada y muy pesada para estómagos poco acostumbrados. En eso y en lo picante, se parece a la comida de los países orientales como China, India o Vietnam.

En esas andanzas también trabajé en un mercado de frutas y verduras cuyos dueños son Italianos. Ahí pude comprender mejor la importancia que le dan culturalmente a la comida de su país. Es una seña de arraigo e identidad al terruño del que algún día sus padres o abuelos tuvieron que huir.

En fin, la cocina es parte crucial de la cultura e identidad de los pueblos. También lo es de su devenir histórico. Los australianos descendientes de anglos, por ejemplo, tienen la comida más insípida que se pueda uno imaginar. De lo poco que tienen, porque la mayoría son incorporaciones de otras cocinas que han hecho en su corta historia colonial. Así, para que el lector se dé una idea, si quisiera abrir un restaurante australiano, le costaría llenar media hoja de la carta y la sección de postres estaría vacía. Tal vez estoy exagerando, pero ahí también se nota la historias tan distintas. Los primero australianos arrasaron con los indígenas casi por completo. Esa falta de mestizaje se nota en su sosa y paliducha comida. Hoy aceptan y conviven con gente de todas partes. Están juntos pero no revueltos y siguen sin poder incorporar nada a su cocina. Muy diferente a la cocina mexicana, que es mezcla principalmente de cocina indígena y española. Y esa fusión se nota en cada guiso. El ethos barroco muy diferente al puritanismo inglés.

Fui afortunado al poder llegar a ese hostal y haber cocinado mis propios alimentos en ese ambiente cordial. A otros no les va parecido. Muchos de los extranjeros y migrantes (que como en todos lados pasa, son los más pobres y sobre explotados) comen comida rápida alta en carbohidratos. Esto, aunado a la tristeza al terruño que se dejó, genera problemas de obesidad y mala alimentación: las penas con pan son menos, dice el refrán popular. Por ello me pregunto si en los problemas alimenticios que se padecen en la sociedad actual y en particular en México (somos el primero o el segundo lugar en obesidad a nivel mundial), no tienen que ver con cuestiones más complejas estructuralmente hablando. Y es que el desarrollo del capitalismo debe su poderío precisamente a la industria alimentaria. Es más, el coronavirus y otras enfermedades y virus se generan por esta industria que devasta bosques y selvas. Por otro lado, la comida barata, chatarra y alta en azúcares, es necesaria para garantizar la supervivencia del trabajador sin necesidad de aumentar los salarios. De ahí que el consumo de la coca cola, por ejemplo, sea tan difícil erradicarlo de la clase trabajadora: da energía, es rica y es barata.

Como siempre ya me excedí en las palabras. Esto que escribo a vuelo de pájaro, fue la reflexión que me generó el canto XXIII del Purgatorio. Dante se encuentra con almas enjutas y famélicas que se purifican por golosos:

Todas las almas que ves aquí cantan y sufren por haber cedido en vida al vicio de la gula, y por ello en este círculo se purifican a fuerza de hambre y de sed. El aroma que exhalan las manzanas del árbol y el licor que cae sobre su verde follaje, producen en nosotros un gran deseo de comer y beber, lo que se renueva mientras recorremos ese espacio. Esto es una gran pena pero al mismo tiempo es un gran consuelo, porque el deseo que nos lleva hacia el árbol es el mismo que inducía a Cristo a exclamar con alegría ¡Eli! cuando con su sangre nos hizo libres.

¿Por qué hay veces que no podemos parar de comer? ¿Por qué encontramos en la comida y en la bebida un consuelo a nuestras penas? En muchos casos, el consumismo vacío y sin sentido, la violencia del sistema, se expresa en la bulimia y otros trastornos alimenticios. En otros casos, los olores y sabores es una forma del arraigo ante este barco a la deriva llamado capitalismo. Quien ha comido lejos de su patria sabe a que se refiere Forese cuando dice que el olor de ese árbol es una gran pena y a la vez un gran consuelo. Me pregunto si mis paisanos sienten eso cuando comen y beben aunque nunca hayan salido de México. Nos han despojado de tanto y han destruido mil veces mil está deshilachada patria, que nos aferramos a nuestra deliciosa comida.

#Dante2021 Purgatorio Canto XIV: El nombre y lo nombrado

Me lo contó mi hermana. ella a su vez se enteró por un documental que vio en la televisión. Su nombre es Isis como la antigua diosa egipcia. Desde niño/niña enfrentó la violencia de hombres y mujeres. Él/ella, argumenta que existe un tercer sexo. Hoy Isis tiene una maestría en artes visuales y expresa a través de la pintura su drama personal. Según su hipótesis fueron su mamá y el médico quienes le asignaron su sexo. Su mamá por el nombre que le dio, el médico por asegurar que género era el masculino.

Esta historia de Isis desde que la conocí, me ha parecido fascinante. ¿Es posible su madre al nombrarl@ haya marcado su destino? ¿O fue una coincidencia entre el nombre y el sujeto nombrado? Eso nos remite a un enigma que la lingüística, desde el Crátilo de Platón hasta nuestros días, no ha logrado resolver del todo. Hoy que leí el canto XIV ese enigma volvió a interrogarme. Al inicio del canto, el florentino se encuentra con dos almas purificándose del pecado de la envidia, por lo que no lo pueden ver. Al escucharlo, lo interrogan y le preguntan su nombre. Él no se los da, pero les pide que ellos digan quiénes son. El alma de Guido del Duca contesta: “Tú quieres que haga por ti lo que tú no has querido hacer por mí, más ya que es voluntad de Dios el volcar sobre ti su gracia, no te negaré esa satisfacción.”

¿Por qué el bardo no les da su nombre? El gesto lo interpreto desde la antigua mitología griega. No hay que olvidar que para los griegos la envidia era uno de los multitudinarios dioses. Tampoco hay que olvidar que en la Commedia, cuando se hace referencia a un sujeto en apariencia de carne y hueso, también se está haciendo referencia a una personificación. algo así como si ese dios hablara. Ahora bien, según los griegos, para evitar el castigo de los dioses se tenía que evitar que éstos te nombraran. Las palabras son dioses, dice el psiquiatra Hillman. De ahí que Ulises se nombró Nadie cuando descendió al Hades.

No quiero ser spoiler, pero más adelante en el mismo Purgatorio, nuestro poeta aparece por primera y única vez nombrado con su nombre propio. En este canto hay un debate subyacente entre la postura lingüística según la cual los nombres y lo que nombran son parte del consenso y la arbitraria conveniencia, y otra postura que sostiene el nombre reproduce la cosa misma o al sujeto mismo que se nombra. Hay, creo, una postura intermedia, los nombres impuestos y los dados por los dioses. Si los dioses, como los experimentaban los griegos, convocados o no, están presentes y, si como nos enseña el florentino y siglos después Jung, esos dioses están en nuestro interior, más nos vale no ser nombrados por ellos. O si es inevitable ser nombrado por ellos, que sea por un dios benigno o una diosa benigna y bella.

#Dante2021 Purgatorio Canto XIII: Los envidiosos

La envidia creo que es el más inútil y dañino de los pecados capitales. ¿Por qué Dante pone más abajo a la soberbia? La envidia es la tristeza por el bien del otro, según la definió Tomás de Aquino. ¿Hay algo más dañino? Cuando en una relación existe la envidia, las cosas no van bien. ¡Ay de ti lector o lectora si llegas a caer en las garras de una persona que te envidie! Ante personas con esta tendencia lo mejor es alejarse o ponerlas en su lugar. Entonces ¿porqué Dante no puso a los envidiosos en el Infierno que es el lugar donde deberían de estar? Así le informa Virgilio a su alumno, después de escuchar unas voces: “En este círculo se castiga el pecado de la envidia, y los instrumentos de castigo son palabras que expresan amor”.

Más adelante, un alma en pena explica:

Yo nunca llegué a ser un hombre sabio, aunque muchos me tuvieran por tal; yo me complacía más en el mal ajeno que en mi propia dicha.

La clave para entender por qué los envidiosos se purifican en el purgatorio, la encuentro en la manera en cómo nos los presenta el florentino. Los envidiosos, por la manera en que los encuentra, provocan que en los ojos de Dante se concentre el dolor y afloren las lágrimas: van ciegos, cosidos los párpados con un hilo de hierro.

En una ocasión, mientras hablaba con campesinos hñähñu del Valle del Mezquital sobre la migración a Estados Unidos, alguien dijo:

— Así como hay una envidia buena, hay una envidia buena. La envidia buena es cuando alguien de la comunidad se supera, se va al gabacho y regresa y hace su casa y trae su camioneta, entonces a la gente le entran las ganas de superarse y tener lo mismo que el vecino.

Es así como desde hace décadas se ha formado una cultura de la migración que se expresa en las camionetas chocolatas y las casas estilo california.

La envidia mala también es conocida como “hacer mal de ojo” y se relaciona con la manera en que aparece en la Comedia, pero ¿La envidia mala y la buena están separadas? Me temo que no tanto. Muchas veces en los pueblos del Mezquital las cosas terminan en pleitos entre familias que escalan a niveles altos de violencia, lo cuál no los hace distintos a lo que sucede en otras partes todos los días. ¿Cómo logran atemperar esos demonios? Eso es parte de su peculiar e histórico modo de vida y a su religiosidad ligada a la fiesta. Y es que en la fiesta es cuando la comunidad es lo que importa y el que tiene más ofrenda al pueblo algo de lo que tiene. Cuando no se hace así, el santo patrón suele castigar severamente la avaricia o la soberbia. De esas historias hay por cientos. Todo mundo conoce a aquel pobre infeliz que tenía todo y por no cooperar se le enfermó un familiar o el mismo se enfermó y perdió todo y se quedó solo. O la historia de aquella muchachita que estaba muy bonita y le hicieron mal de ojo y enloqueció porque prometió colaborar con el santito y no lo cumplió.

El que siente envidia cae víctima de una furibunda ceguera: sufre y hace sufrir a los demás cuando alguien cae víctima de su meliflua mirada. Y es que el envidioso agarra a sus víctimas de uno en uno. En una sociedad como la actual, donde por todos lados y en todo momento se fomenta la competencia y el máximo rendimiento de los individuos, la envidia carcome las entrañas de muchas personas. No tenemos más que desear que si caemos enceguecidos por ese pecado, la envidia sea de la buena, y como Dante decir:

Es posible que mis ojos lleguen a estar tan ciegos como los tuyos, más eso será por poco tiempo, pues no ha sido grande la culpa mía de ver con envidia a nadie, y ahora es mayor el miedo que perturba mi alma, cuando veo los tormentos que allá abajo se padecen, pues imagino lo que sería un peso tal sobre mis hombros.

#Dante2021 #Dantedi Purgatorio Canto X: La soberbia y Facebook

Hace algunos años circuló por las redes un meme que hacía la comparación entre los siete pecados capitales y las redes sociales. Años antes el creador de Linkedin Reid Hoffman, había señalado algo parecido al decir que las redes como Facebook apelan a los instintos humanos que la escolástica cristiana clasifica como pecados, por lo que las que no forman parte de esta lista “fracasaron en fomentar la violación de la voluntad divina” en palabras de Hoffman.

Hoy la preocupación sobre los efectos que tienen las redes virtuales en nuestras vidas es un hecho que ya no tomamos tan a la ligera. No hay que olvidar que las grandes corporaciones utilizan las redes sociales para analizar la psique individual y colectiva. El Big Data y el uso de algoritmos se centran básicamente en el análisis de nuestro comportamiento. Como dice un exgerente de Google en el documental El dilema de las redes sociales ( altamente recomendable y que por cierto se puede ver por Netflix), ahora los seres humanos somos la mercancía. Así, no es broma cuando algunos científicos dicen que hoy las corporaciones saben más de nosotros que nosotros mismos.

¿Qué hacer ante tal situación? La respuesta a esta pregunta no es para nada sencilla, pero al menos hemos identificado uno de los problemas centrales de nuestro tiempo. Tal vez a penas estamos en los prolegómenos de lo que el italiano “Bifo” llama un totalitarismo digital. En ese sentido parece no haber escapatoria al dominio de la Red sobre lo humano. Sin embargo, tal vez deberíamos empezar por el principio. Es decir, podemos empezar por interrogarnos sobre esos instintos humanos que tan bien utilizan para su beneficio las empresas. ¿No es un oxímoron hablar de instintos humanos? Y es que el comportamiento humano es instinto sublimado por la cultura. Es historia encarnada. ¿Será que una vez más el sueño de dominio absoluto se tope alguno de estos días con lo inesperado, la chispa divina de la libertad y lo contingente? O por el contrario ¿la dominación del humano esta vez será total y transitaremos a una etapa que algunos ya llaman como poshumana?

Tal vez a ese poshumanismo tan cacareado habría que contraponer una palabra inventada por Dante: transhumano. Pero aún no llegamos al Paraíso. Hoy llegamos al canto X donde se encuentran los soberbios. Así los presenta el florentino:

¡Oh cristianos llenos de soberbia, débiles y miserables; ciegos de los ojos del entendimiento , que ponen su cuidado en aquellos pasos que finalmente los harán retroceder. ¿Acaso no saben que todos somos como gusanos, cuyo destino es ser parte de la celestial mariposa, que alza su vuelo hacia la justicia eterna? ¿Por qué tanta soberbia? Son como insectos defectuosos, como gusanos que no han llegado a desarrollarse

Ahora bien, según ese célebre meme, Facebook es la red social de la vanidad, otra forma de llamar a la soberbia. Lo que dice Dante de los soberbios es bastante sugerente: son como gusanos faltos de desarrollo o insectos defectuosos. Y ¿apoco no así nos mostramos muchos en el feis? Yo he conocido personas ya mayores, respetables ancianos y ancianas que, gracias a esta red, les sale a relucir su lado más infantiloide. No es nuestra culpa. El feis está diseñado para eso. Apela a nuestro instinto humano, demasiado humano, de reconocimiento y aceptación. Todos queremos ser queridos por los demás. Ya en el siglo XIX Durkheim en su estudio sobre el suicidio se dio cuenta de una tendencia que parece permanente, al menos en el hombre moderno. El ser humano decía, lucha por sobresalir de la comunidad y a la vez lucha por ser aceptado por la comunidad. Cuando no encuentra un equilibrio entre estas contrapuestas aspiraciones, vienen los malestares y las dolencias del alma que muchas veces llevan al suicidio.

También, cuando Wallerstein plantea los posibles escenarios que asechan en el presente fin del sistema capitalista, habla de un posible paso al socialismo. Ese nuevo sistema, para que pudiera sobrevivir, no tendría que soslayar, según él, ese deseo de reconocimiento individual. Así lo dijo Oscar Wilde en su hermoso ensayo El alma del hombre bajo el socialismo:

Con la abolición de la propiedad privada tendremos, entonces, un verdadero, hermoso, sano Individualismo. Nadie perderá su vida en acumular cosas y los símbolos para las cosas. Se vivirá. Vivir es la cosa menos frecuente en el mundo. La mayoría de la gente existe, eso es
todo…

Será maravilloso ver la verdadera personalidad del hombre. Se desarrollará natural y simplemente, como crece una flor o un árbol. No estará en discordia. Nunca argumentará ni disputará. No tendrá que demostrar cosas. Lo sabrá todo, y sin embargo, no se preocupará por el conocimiento. Tendrá sabiduría. Su valor no se medirá con cosas materiales. No tendrá nada. Y sin embargo, tendrá todo y aunque se le saque, siempre le quedará, tan rico será. No estará siempre entrometiéndose con los demás, o pidiéndoles que sean como él. Los amará por ser diferentes. Y si bien no se entrometerá en la vida de los demás, los ayudará a todos, de la misma forma que una cosa hermosa nos ayuda, por ser lo que es. La personalidad del hombre será verdaderamente maravillosa. Será tan maravillosa como la personalidad de un niño.

Cada que leo estas esperanzadoras palabras, pienso que tal vez lo mejor está por venir.

#Dante2021 #Dante700 Canto XXVI: El viaje de Ulises

Este, nos dice la wikipedia, es uno de los cantos más famosos del Infierno. además señala que aquí Dante, hace la crítica al uso perverso de la inteligencia, como hizo Ulises el astuto en más de una ocasión. Creo intuir porque es tan conocido este canto. Y lo intuyo por el siguiente comentario de Ósip Mandelstam que a continuación transcribo:

Más que cualquier otra composición de Dante, el Canto XXVI del Inferno es el que más se acerca a la navegación de vela, es el que más bordadas hace y mejor maniobra. Por su ductilidad, por su saber evadirse, por su diplomacia florentina y una cierta astucia griega, este canto es único.

En él se distinguen claramente dos partes principales: un preludio impresionista, lleno de resplandores, y el relato armonioso y dramático que hace Ulises de su último viaje por mar, de su descubrimiento de las profundidades atlánticas, y de la terrible muerte bajo las estrellas de un hemisferio ajeno.

Coloquio sobre Dante

El comentario del poeta ruso se alarga hermosamente unos cuantos párrafos más. Ante tal capacidad de explicación y ante tal belleza de este canto. Lo mejor es guardar silencio y disfrutar.

#Dante2021 #Dante700 Canto XXIV: Ladrones

Hace un rato terminamos, mis alumnos y yo, la clase de Finanzas Corporativas. Hay una broma de Bernard Shaw que me gusta porque es cierta: el que sabe obra, el que no sabe enseña. A veces me pregunto porque me dan este tipo de materias, cuando mi manera de pensar es completamente distinta a lo que exigen los planes y programas de estudio. Pero precisamente por eso, me encanta este tipo de materias donde no sé mucho. Se los he dicho a mis alumnos: aprendo más que ellos. Además me gusta hacer de abogado del diablo, les exijo una y otra vez que fomenten su pensamiento crítico, que no se traguen lo que se les vende, que pregunten y cuestionen. Casi nunca lo logro, o más bien no sé si lo logro del todo. Pero yo aprendo: enseñando aprendo. Es una bendición ser profesor y, aunque sea poco, ganarse el pan con ello en estos días. Hay muchos profesores que cuando era estudiante decían que lo harían gratis, entonces, un día a un profesor le dije que si lo haría gratis me regalara su dinero. No lo hizo. Creo que yo si tuviera otro ingreso sí lo haría gratis. Y lo digo porque cuando salí de la universidad y andaba en búsqueda de trabajo, en una de esas de plano pedí que me dejaran ingresar y que gratis lo haría. Lo que quería era trabajar de lo que había estudiado. Ya quería dejar atrás la época de vacas flacas, de empleos mal pagados, sin garantías y con mucha explotación. Ni así me dieron el trabajo.

Nací en 1983. Ni mi cuerpo ni mi alma conocen otra cosa que no sea neoliberalismo, es decir, despojo y falta de oportunidades. Como dice Chomsky: somos una generación a la que le robaron el futuro. Y ahora estamos peor que antes. Por eso algunos de mis amigos se enojan cuando los cuestiono sobre su cuento de la cuarta transformación. Pero si veo que las cosas empeoran y a estas nuevas generaciones les están robando el futuro todavía de peor manera, mi deber como maestro es cuestionar y fomentar el pensamiento crítico. Ese deber luego lo traslado fuera de mi ámbito laboral y es ahí donde empiezan los problemas. He preferido callarme y conservar mis amistades. Ante el fanatismo hay que ser compasivo y darle la vuelta al asunto.

Después de la clase, ni tardo ni perezoso me lancé a la lectura del canto XXIV, donde sufren los ladrones. Como todos, es un canto complejo y riquísimo en interpretaciones. Como las pinturas que existen sobre la Comedia, así son el número de interpretaciones infinitas que se pueden hacer. Si nos puede parecer difícil la comprensión de los pasajes, se debe a que esa manera de pensar nos es completamente ajena. Como dice Maldelstam, Dante es un poeta antimoderno. Pero precisamente por eso para mí es tan apasionante. Si logramos descifrar esos que para nosotros son enigmas, contamos con un aparato crítico muy potente. Una máquina de pensar con la imaginación. Tal vez una de las mejores que ha sido creada. (La otra es el Quijote, libro para el juicio final).

No puedo dejar de relacionar los tormentos de los ladrones con lo que vimos hoy en la clase: la hipocresía de las corporaciones. Vimos el video de Chomsky que ayer compartí en este blog y discutimos sobre el tema. No logré convencer mucho a mis alumnos que aún tienen fe en el mundo empresarial, pero al menos logré que se cuestionaran el papel del Estado como regulador y la supuesta libre empresa y el libre mercado (sí, a estas alturas de monopolios, corporaciones gigantescas y colapso civilizatorio, aún se sigue enseñando bajo esos parámetros). En la realidad no hay tal cosa. Más bien el Estado ayuda, con violencia de todo tipo, en el proceso de robo, despojo, acumulación y destrucción del capital. El capitalismo viene chorreando sangre y lodo. Ese es su pecado original y lo seguirá siendo hasta el final de sus días. También, como lo vio Marx, el capitalismo es su propio sepulturero. Al menos en crear las condiciones y herramientas para nuestra emancipación. Una de esas herramientas creo que es Internet. Las condiciones están dadas. Vivimos tiempos interesantes.

Traté de conectar esa máquina de pensamiento crítico e imaginativo que es la Divina Comedia a las redes sociales y generar una red, con personas de carne y hueso, de reflexión crítica. Somos unos cuantos (me da risa pensar que soy en realidad el único que la está leyendo y mis amigos sólo me dan el avión) los que a estas alturas continuamos en esa aventura. Pero, imaginen ahora que sea 25 de marzo y empiece la lectura colectiva en varias partes del mundo. Imaginen los mujeres y hombres que de manera silenciosa en este momento lo leen y se apasionan. Ahora imaginen las millones de personas que ya se dieron cuenta del truco y, también silenciosamente, quieren y hacen otro mundo distinto, a su modo y como dios les da a entender. Nosotros hay que continuar en nuestro camino camaradas. Si no es para ustedes la Divina Comedia, ya llegará el tiempo. Pero hay que seguir organizándonos. Creo que no vamos por mal camino.

Por último dejo un excelente artículo de Víctor Toledo sobre pensamiento crítico y fanatismo. https://www.jornada.com.mx/2021/03/09/opinion/016a1pol

De qué hablamos cuando hablamos de Apocalipsis

Hoy en el periódico La Jornada, Alfredo Jalife titula a su columna “Apocalipsis ahora: Bill Gates destapa las guerras biológicas por venir”, en la cual explica lo que según él es la visión apocalíptica del magnate:

Casi tres años antes de la pandemia del Covid-19, Gates vaticinó que la próxima epidemia tiene una buena oportunidad de originarse en una pantalla de computadora (sic): sea por el trabajo de la naturaleza (sic) o las manos de un terrorista (sic), por lo que instó a los gobiernos a prepararse para estas epidemias igual que nos preparamos para la guerra (¡megasic!). Agregó que el mundo necesita un nuevo arsenal de armas, fármacos antivirales, anticuerpos, vacunas y nuevos diagnósticos. ¡Negocio redondo!

https://www.jornada.com.mx/2021/02/17/opinion/014o1pol

Como muchas personas saben por un video que circula en las redes, Bill Gates vaticinó la pandemia que ahora padecemos. Por eso y por ser uno de los hombres más poderosos del planeta, sus alarmantes pronósticos para los próximos años inquietan, pero ¿en realidad estamos en el final de los tiempos? y si es así ¿Qué nuevos tiempos se revelan después del colapso? Como ha ocurrido otras veces en la historia, en momentos de profundas crisis, aparecen los agoreros de la catástrofe. Ahora, sobre todo desde hace un año, nuestro imaginario, gracias al bombardeo de los medios de comunicación, se ha poblado de fantasías apocalípticas, pero ¿es una cuestión que habita exclusivamente en nuestra mente? Me parece que el fin de los tiempos es más que una idea delirante y fantasiosa. O mejor dicho, es una idea con una fuerza material tan brutal como tangible. Así lo explica el psiquiatra James Hillman:

No sólo nos drogan los fabricantes de bebidas alcohólicas, los traficantes de drogas, las empresas farmacéuticas y los médicos que nos atiborran de pastillas; estamos anestesiados también por el subjetivismo de la psicoterapia, como si el «fin del mundo» fuera un «problema interior». Esas fantasías hacen realidad la visión apocalíptica  cristiana y cumplen al pie de la letra la doctrina de un mundo que ya ha sido declarado muerto por la tradición occidental, un mundo cuya autopsia ha estado presidida por la mente septentrional de Newton y Descartes. Ojalá seamos ahora capaces de ver lo que Blake siempre supo: el apocalipsis que mata el alma del mundo no se encuentra al final del tiempo, no va a venir, sino que se está produciendo ahora, y sus jinetes son Newton y Locke, Kant y Descartes. Las fantasías del fin literal del mundo anuncian, sin embargo, el fin de este mundo literalista, del mundo muerto y objetivo.

https://tradiciongnostica.blogspot.com/2013/01/anima-mundi-el-retorno-del-alma-al-mundo.html

Entonces, Bill Gates, no es muy original en su visión apocalíptica. Más bien, es el último representante de una larga tradición que se ha encargado, en los últimos cinco siglos, de llevar a la práctica la ideología que mata el alma, o como lo formuló en clave sociológica Max Weber, que propicia el desencantamiento del mundo. Pero llegó el coronavirus, y a la mala, a diario nos recuerda que el anima mundi está ahí con todo su terror y horror: lo ominoso en cada ente y en cada mirada. Eso lo vamos comprendiendo de a poco cada día. Sí, este mundo está llegando a su fin. Y no sólo los dueños de grandes corporaciones se están dando cuenta de esta acelerada gran transformación. Desde hace décadas la comunidad científica nos advirtió del colapso civilizatorio generado por el cambio climático y las constantes crisis financieras, políticas, culturales y un largo etcétera. Hoy parece que no hay marcha atrás: estamos ante el gran reseteo de la maquinaria de destrucción y muerte en la que se convirtió el capitalismo. Tal vez en unos años vamos a extrañar el sistema que teníamos hasta aquel ya lejanísimo 2019. Hemos entrado a un túnel donde, como bien lo han intuido algunos pensadores, todo es posible. No será de extrañar que las grandes corporaciones estén cambiando su discurso hacia la ecología y la imperiosa necesidad de detener el cambio climático y combatir las pandemias por venir. Lo que Carlos Taibo, en su revelador libro Colapso, llama ecofascismo: los que causan la enfermedad nos van a querer vender la medicina.

Entonces no, los magnates como Gates no son apocalípticos. En los años sesenta, Umberto Eco publicó su famoso libro Apocalípticos e Integrados. Para el autor, apocalíptico era aquel que rechazaba las innovaciones en el arte y la cultura, e integrado quien aceptaba de buena gana las nuevas creaciones cimentadas en la cultura de masas. Démosle la vuelta a la tortilla: los apocalípticos somos nosotros que queremos hacer surgir con toda su fuerza las alternativas a este sistema de destrucción masiva. Los integrados son los que quieren continuar este proceso hasta que la tierra se estrelle contra el sol. Como los antiguos alquimistas, queremos encontrar en la enfermedad el remedio a nuestro padecimiento. Por ejemplo, iniciar un proceso de desalienación y organización utilizando las propias redes sociales que se encargan de alienarnos y atomizarnos. ¿Se podrá? El deber es hacer el intento.

En la puerta del Infierno en la Divina Comedia dice, si mal no recuerdo, que ese es el lugar donde hay que abandonar para siempre la esperanza. Nuestra tarea es en la medida de lo posible reencantar el mundo: nuestra esperanza individual y colectiva que vamos construyendo, como los alcohólicos, sólo por hoy. Así, el fin de los tiempos es una buena noticia. Si es verdad que en estos momentos excepcionales todo es posible, aunque el camino sea largo, tal vez el paraíso esté a la vuelta de la esquina.

Nota 7

Escribo Pozo de Agua en Google y en .72 segundos me muestra al rededor de 53,100,000 de resultados. Posteriormente escribo Pozo de Agua I Ching y en .60 segundos descarga  574,000 entradas. Aunque es una cantidad considerablemente menor a lo que arroja Google sobre los pozos de agua en general, no deja de ser una cifra abrumadora. ¿Qué se puede decir distinto? ¿Vale la pena intentar decir algo nuevo o es mejor navegar por ese mar de información y hacer una selección hasta donde me den mis fuerzas?

Google no se tarda ni un segundo en arrojar toda esa información sobre el hexagrama. El monstruo digital es un experto en captar el instante de manera mucho más eficaz de la que lo podrían hacer los humanos. Sin embargo, el lenguaje binario que utiliza el buscador y en general la red digital, es el mismo que, desde hace miles de años, utiliza el I Ching. ¿Es posible conformar una estrategia poética para vislumbrar una posible vía de desalienación? En otras palabras ¿es posible poner a nuestro servicio la tecnología o nos encaminamos a una servidumbre mundial sin precedentes, el tecnototalitarismo del que algunos pensadores advierten? Tal vez ese sea el gran meollo de la cuestión en la que estará inmiscuida la humanidad a lo largo de este joven siglo XXI.

Y es que solemos imaginarnos el dominio de la inteligencia artificial en forma de robots a imagen y semejanza del ser humano. Así, pasamos por alto que tal vez ese dominio está ya sucediendo frente a nuestras narices. La máquina tiene forma de red que se alimenta de Psique, tal cual algunas películas icónicas como Matrix nos lo advirtieron hace ya algunas décadas. ¿Qué tipo de estrategia establecer? En divagaciones como estas gasto mi tiempo entre clase y clase. Por hoy es suficiente: estoy a punto de iniciar mi sesión de zoom con mis alumnos de la materia en Finanzas Corporativas.