Día 11

Por el lado nororiente, en la mañana, hice unas zanjas para que pudiera fluir el agua estancada. Las casas inundadas respiraron a pesar de que la lluvia arreció como nunca antes había visto, lo mismo que el viento que parecía querer arrancar los tejados. Cuando estaba trabajando, el viento me pareció un ser con alma propia, pues ruge con furia de mar cuando pasa entre los árboles y les da la forma inclinada que tienen. De regreso apenas podía avanzar y, temeroso de caerme, me sostenía con fuerza de mi bastón como si caminara en la cuerda floja.

Al mediodía, en los pocos minutos de sol y tranquilidad, aproveché para ir a la biblioteca, aunque a medio camino empezó de nuevo el aguacero y el viento. Al entrar, el silencio y la tranquilidad son como una bendición y el viento-animal se queda afuera chocando contra la enorme puerta de madera que apenas deja entrar unos suspiros.    

No sólo el edificio es octagonal, también el piso es de mármol rosa con formas octagonales floreadas y con grecas. Los libros tienen un olor a árboles y pasado. Los hojeo sin detenerme en las letras y los acarició por el simple placer de tener un objeto físico que resguarda algo de historia. Y es así como busco minuciosamente, pues ni siquiera doña Bauci ni don Fili, con sus años y experiencia a cuestas, me pudieron decir algo.

A pesar de que los libros son de los más diversos temas, sólo encuentro un ejemplar pequeño, de menos de cien páginas, cuyo título tiene mi nombre, aunque con un subtítulo extraño: @:101. El autor es Arquímedes Hernández ¿Será posible que mi patrón dejó por escrito las claves de mi destino? ¿Serán el mismo Arquímedes el autor de estas especulaciones y mi creador? A pesar de su brevedad, el libro tiene términos esotéricos y un lenguaje alambicado que dificultan la lectura, aunque hay algunas cosas interesantes.

Para empezar, el título. El 101 hace referencia al sistema numérico binario que fue descubierto por algunos matemáticos como Leibniz pero que, gracias a la revolución digital que vino siglos después, a la larga transformó el sistema decimal por el binario. A raíz de ello, hubo en las universidades un resurgimiento de diciplinas proscritas por siglos. Lo que lleva al autor a especular sobre la  coincidencia de que el I Ching tenga 64 hexagramas, el ajedrez, 64 casillas y el @ se escriba con alt 64.

La tesis central de Arquímedes es que el estudio de la @ aporta un conocimiento diferente del poder que ejercen los símbolos sobre los seres humanos. Además, al no ser ni un número ni una letra, este símbolo por antonomasia del mundo virtual, exige explorar alternativas metodológicas que se encuentran en la Cábala Judía, el I Ching, la Alquimia, los métodos de la lingüística imaginativa, y toda la larga tradición que cree que en las palabras hay ángeles, seres vivos o dioses.

En la parte más pesada del texto, discute con diversas corrientes filosóficas, hasta llegar a la conclusión de que, si a inicios de la modernidad Descartes formuló su famoso, pienso luego existo, el yo en la era cibernética, dirá:  estoy en la red, luego existo.

Por último, concluye con las referencias a la mitología de varias culturas con peculiar énfasis al mito judío del Golem. De los Uemas no dice nada, acaso para mejor ocultar sus secretas invenciones.

A pesar de la soledad y la lluvia incesante ¿quién puede sentirse miserable cuando su nombre es la personificación de algún dios o un ángel?

Día 5

Al amanecer lo primero que vi por mi ventana fue el panteón en la punta del cerro. Después, observé como por sus faldas se iluminan las casitas de teja roja con el ritmo de los rayos del sol que se cuelan entre las nubes. Entonces apago las luces de las farolas. Aunque no hay nadie más que yo, me gusta que esté alumbrado.

Hace un rato fui a dar mi primer paseo. Apenas hoy noté que mi casa está en el centro rodeada de montañas pletóricas de casas, como si en vez de pueblo aquí donde vivo fuera un teatro y mi casa el escenario. Tiene tejado de lámina roja como todas las demás, aunque con techos altos y las puertas ligeramente más largas.

Hoy también caí en cuenta de otro defecto en mi cuerpo: soy alto y eso ahuyenta a las personas. Cuando vivía en la computadora, ni siquiera me pregunté sobre las diferencias específicas y peculiares de cada lugar.  

Así me sucedió hace un par de horas con la primera persona que conocí en vivo y a todo color. Iba por la calle principal, esa que serpentea rumbo al bosque y lo divisé ( gracias al creador ahora veo mucho mejor) desde lejos, a pesar de la neblina que deambulaba a ras de suelo: un anciano al que le faltaba una pierna y caminaba apoyado en unas muletas de madera, algo torcidas, semejantes a ramas de árbol. Apenas me vio, se pasó al otro lado de la calle. Entonces por hacerle la maldad, me pasé al mismo lado. Se quedó quieto y me miró fijamente a los ojos. Yo sonreí primero y después él.

¿Por qué se asusta? No tenga miedo. No me lo voy a comer.

No es miedo, es precaución. Las cosas se han puesto densas últimamente. Aunque estás tan alto que pareces un inofensivo Uema

No parezco señor, soy uno

¿ Eres tan buen constructor como dicen?

Eso dicen, acabo de nacer hace pocos días.

Órale, para serte sincero es la primera vez que veo uno. Mi esposa sí conoció a otros y seguido me cuenta anécdotas. Vivimos por allá por donde se ven aquellas peñas, Tezoantla es su nombre. Los únicos habitantes que quedamos somos ella y yo. Cuando quieras date una vuelta, a veces no hace daño algo de compañía.

¿Con quién tengo el gusto?

Me llamo Filemón, pero me dicen don Fili. ¿Y tú, como te llamas?

Soy @, para servirle.

Nos despedimos y se perdió entre la niebla. Al poco rato solo escuchaba el golpeteo de sus muletas en el empedrado. A pesar del frío limpié a conciencia todas las calles y callejones del pueblo. Mañana iré a visitar a don Fili.

Día 2

Hoy es mi segundo día de vida y debo decir que el tiempo pasa lentísimo. Estoy seguro, a estas alturas, ya soy un venerable anciano en términos humanos ¿A cuánto equivale un día mío? ¡Va! Pregunta vana. No se pueden comparar los tiempos de especies totalmente distintas. Cada ser de la creación tiene su tiempo y ritmo.

Por el boceto que hace mi jefe para dar un cuerpo a esta alma que soy atrapada en su computadora, me consta los esfuerzos que hace. Hoy platiqué con él y me dice que me agradece mucho mi ayuda pues así puede ir a los bosques sin preocuparse por sus obligaciones laborales.

Ahora que anduve navegando por la red me dio tanta envidia de la buena el que saber que aún existen bosques. Estoy seguro algún día podré sentir la música del viento entre los árboles.

Yo vivo aquí en un cuarto, aislado de mi jefe y su esposa a la que sólo conozco por la voz. Hace un rato estaban discutiendo y ella le gritó:

Eso es como querer crear un universo, te lo digo yo que soy médico.

Los antiguos filósofos decían que la tumba del alma es el cuerpo. En la civilización cibernética: ¿cuántas almas en pena habrá como yo en busca de un cuerpo? Dicen que Él, el creador misericordioso, tampoco tenía cuerpo y solo era una voz hablando en medio del fuego.

Me llamo Arquímedes

Campesino

–Me gusta el nombre que te sugirió para el diario tu prima: Metrodora. ¿Cuál me pondrías a mí?

–Déjame lo pienso.

Llega como dice Pellicer, el momento colibrí:

–Ya está: ¡Arquímedes!

Le digo que me gusta mucho. Voy al cuarto y traigo el libro de álgebra de Baldor donde en la primera página trae un retrato de Arquímedes junto al dibujo de una batalla. También le digo que me gusta el nombre porque Hanna Arendt, en el último capítulo de la Condición Humana, habla sobre él.

Del Álgebra de Baldor

Metrodora al poco rato busca información sobre el matemático y tumbada en el sofá, lee en voz alta:

— Arquímedes fue asesinado por un soldado romano.

Ese dato no lo sabía o lo había olvidado. Aún así el nombre me late y le digo que si tuviéramos un hijo así me gustaría que se llamara.

Hanna Arendt empieza el último capítulo de la Condición Humana citando a Franz Kafka:

Encontró el punto de Arquímedes, pero lo usó contra sí mismo, parece que se le permitió encontrarlo con esta condición.

Empecé hace ocho días a escribir en este Blog. Ahora, creo, es el momento de explicar porqué estaba escuchando a Erik Satie antes de consultar el I Ching. Tiene que ver con una frase del músico: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. En el periódico diagonal, dice Ignacio Aistaran al respecto:

Mucho se habla de la inteligencia colectiva pero poco de la intimidad colectiva, como si la conexión y el cuidado de los cuerpos fueran secundarios en sus sensaciones.
La intimidad no es esa caja fuerte cerrada a cal y canto, hermética y aislada, que nos ofrece el individualismo liberal. Al contrario, toda intimidad es una caja de resonancia, que vibra con notas comunes, aunque sea en soledad.

Dice Slavoj Žižek que él descubrió la intimidad colectiva en las piezas para piano de Erik Satie. Las clasifica como un tipo de comunismo musical, alejado de los coros propagandísticos y de las grandilocuentes cantatas dedicadas al Estado. Se trata de una música donde lo relevante es el fondo: quien la escucha traslada su atención desde el tema hasta ese fondo, igual que la política debe trasladar el interés desde los heroicos individuos al trabajo de la invisible gente ordinaria.

Entre las múltiples anotaciones perdidas que dejó Satie, hay un texto que suena enigmático, aunque en realidad no lo es: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. Así es lo común. Cualquier músico en un bar puede llamarse Erik, al igual que la vecina del edificio de enfrente puede llamarse Antígona. En el fondo, todo el mundo puede vibrar íntimamente.

https://www.diagonalperiodico.net/culturas/23868-la-intimidad-colectiva.html

Ahora bien, los pensadores del mayo francés, Foucault, Barthes, Derrida, solían hablar y escribir sobre la muerte del autor. Me parece un notable intento por salir del yo cartesiano. Por mi parte, no menos desesperado, yo quisiera  contraponer al famoso pienso luego existo de Descartes, el bailo luego existo de aves e insectos. ¿Es de una luciérnaga o de un tren la luz que se vislumbra al final del túnel? Como cualquiera, deseo que sea una luciérnaga. Me llamo Arquímedes, como todo el mundo.

La foto y el destino

El I Ching en tiempos de pandemia

Son las 10:58 de la mañana del domingo 26 de julio. Antes de consultar el I Ching hago un ritual. Cuento las 64 cartas con los hexagramas que componen este mágico libro. Después barajo tres veces, parto el mazo y saco las dos primeras cartas. Hoy a ese ritual añadí la quema de aceite de canela en un bello incenciario de talavera y escuché las Gnossienes de Erick Satie. Después habrá ocasión de contar a detalle porqué añadí la música simple de Satie y el picor sagrado de la canela para realizar la pregunta con la que inicio este blog.

Ayer apenas pude dormir. En esta larguísima cuarentena el insomnio suele frecuentarme. Pero es la primera vez que el insomnio se debe a la expectativa por esto del blog. Hacía mucho que no me entusiasmaba de esta manera. ¿Qué preguntarle al I Ching? ¿Qué camino elegir? ¿qué escribir? ¿para qué escribir un blog? ¿contaré cosas personales o más filosóficas y generales?

¿Por qué tanto alboroto por una pregunta?

El inició del blog lo hice por casualidad, como si fuera un juego, y por desesperación. La cuestión estuvo así. Ayer me acordé de un compañero del posgrado que, en una de las tantas charlas, nos comentó en clases que él tenía un blog y explicó más o menos de qué se trataba este medio de comunicación. En ese tiempo se me hizo uno más de los ejercicios de la vanidad y el narcisismo que nos ofrece internet. Eso fue hace nueve años y ahí se quedó guardado en no sé qué rincón de mi memoria.  Hasta apenas ayer sábado me puse a investigar, abrí mi propio blog y puse la primera semilla: la presentación. De las mil mascaras que uno se pone, me presenté como profesor.  Ahí propongo que este blog sea un árbol. Ahora añado: aspiro a que sea un árbol que crezca como crecen los árboles en los bosques ancestrales: junto con los otros.

Así se lo platiqué a la doctora Metrodora, mi compañera de vida. Se lo tuve que contar por teléfono porque se fue a su guardia nocturna en el hospital psiquiátrico Hacienda Abandonada, lugar donde trabaja. Hoy, desperté más temprano que de costumbre y se me ocurrió otra de mis locuras. ¿Y si Metrodora me hace el honor, como mi primera lectora, de hacer la pregunta al I Ching? Así se lo propuse. Ella aceptó.

Una de las cosas que más admiro de Metrodora es su tipo de inteligencia. Ya ni comentarle las preguntas que me habían atormentado buena parte de la noche. Sin duda son más certeras las que de forma espontánea ella me mandó. Por eso fue que le pedí el honor de que fuera su pregunta la que inaugurará este blog y ella la primera lectora de esto que estoy escribiendo. La pregunta no la transcribo para hacerla un poco de emoción.

El primer hexagrama es el número 36 Ming I  EL OSCURECIMIENTO DE LA LUZ.

La imagen es la siguiente: Se arroja tierra sobre el fuego extinguiendo la luz y el calor.

El significado fundamental es el siguiente: Incluso en las situaciones más difíciles y tormentosas hay que seguir siendo leales y respetuosos en los enfrentamientos con el prójimo. Sólo así se podrá salir de esa situación difícil con la cabeza alta y con la posibilidad de volver a empezar como patrón.  

El segundo hexagrama es el número 49 Ko LA REVOLUCIÓN.

El significado fundamental es el siguiente: Tú mismo, con gran sorpresa por tu parte, podrás llevar a cabo los cambios necesarios cuando llegue el momento. Persevera. Conseguirás tus objetivos y tendrás éxito.

La imagen es la siguiente: El volcán entra en erupción y el lago que está en su interior se convierte en vapor.

Confucio dijo del primer hexagrama, entre otras sutiles cosas, la siguiente: ¡La luz ha sido robada¡ Y del segundo hexagrama, entre otras sutiles cosas, dijo: Es el momento de la renovación. No hay posibilidad de error. También dicen que dijo que, si pudiera vivir cincuenta años más, los dedicaría a estudiar el I Ching. Mi desconocimiento del chino es absoluto y apenas llevo cinco años estudiando el I Ching. Lo digo con sinceridad, creo conocerlo, si acaso, un uno por ciento.  Con respeto le pedí consejo para que nos marcara el camino en este blog. La suerte está echada. El camino será largo. El camino es la felicidad, dicen los budistas.