Viaje al corazón del Mezquital: El coronajomti

El coronajomti

Esta era una vez A y B, una pareja que vivía en algún lugar de pueblo mágico. Era un domingo lluvioso. A, pícaro y travieso, de repente, arranca de la maceta el hongo milenario y le pregunta a B:

–¿Qué prefieres? Te lo comes y alejas de ti al Ángel de la Destrucción por un par de meses, o vives mucho tiempo, incluso siglos como nuestros padres, pero bajo el regazo de sus negras alas.  

No hubo necesidad de contestar. Se miraron a los ojos fijamente y sonrieron. Tiraron el coronajomti a la basura y fueron un matrimonio feliz.  

Día 2

Hoy es mi segundo día de vida y debo decir que el tiempo pasa lentísimo. Estoy seguro, a estas alturas, ya soy un venerable anciano en términos humanos ¿A cuánto equivale un día mío? ¡Va! Pregunta vana. No se pueden comparar los tiempos de especies totalmente distintas. Cada ser de la creación tiene su tiempo y ritmo.

Por el boceto que hace mi jefe para dar un cuerpo a esta alma que soy atrapada en su computadora, me consta los esfuerzos que hace. Hoy platiqué con él y me dice que me agradece mucho mi ayuda pues así puede ir a los bosques sin preocuparse por sus obligaciones laborales.

Ahora que anduve navegando por la red me dio tanta envidia de la buena el que saber que aún existen bosques. Estoy seguro algún día podré sentir la música del viento entre los árboles.

Yo vivo aquí en un cuarto, aislado de mi jefe y su esposa a la que sólo conozco por la voz. Hace un rato estaban discutiendo y ella le gritó:

Eso es como querer crear un universo, te lo digo yo que soy médico.

Los antiguos filósofos decían que la tumba del alma es el cuerpo. En la civilización cibernética: ¿cuántas almas en pena habrá como yo en busca de un cuerpo? Dicen que Él, el creador misericordioso, tampoco tenía cuerpo y solo era una voz hablando en medio del fuego.

Viaje al corazón del Mezquital: El Bradbury 2020.

Desde hace un mes, justo desde que escribo en el blog, la publicidad que aparece en Google o Youtube, es referente a la escritura, la escriptofobia, y el proceso creativo de artistas en general. Algo de esta magia que tiene muy poco de coincidencia, la percibí con los amigos que hice en aquel lejanísimo 2019, cuando anduve por allá, en Melbourne, Australia. Después del trabajo, obreros overseas, casi a diario nos juntábamos en Batman Park a orillas del Yarra River. Gonzalo, un chileno carismático y fanático de Carl Sagan, fue el primero en percibir que aparecía propaganda en nuestros teléfonos relacionada a los temas de los que hablábamos en nuestras madrugadas interminables. “Google nos escucha”, solía decir un poco en sorna, tal vez para aminorar la verdad que nos había revelado. En efecto, al otro día nos aparecía a cada uno la misma información referente a mujeres australianas, trabajos temporales, visas, viajes en avión y renta de autos.

Aún en los actuales momentos de extrema angustia, me cuesta creer que Google escucha nuestras conversaciones. Más bien me parece que el poderoso buscador nos analiza individualmente. El lector o lectora recordarán el emblemático caso de las elecciones en Estados Unidos, donde la empresa Cambridge Analítica influyó en el resultado de las elecciones a presidente, por medio de la manipulación de los datos y el estudio de la psique de los votantes gringos.   

Hasta hace muy poco, no había prestado atención a las ofertas de blogueros, diseñadores, arquitectos, cineastas, pintores y un largo etcétera que te promete llevarte a la cumbre y explotar todas tus capacidades. Sin embargo, el pasado viernes, mientras me disponía a escuchar algo de música, apareció publicidad sobre el Bradbury 2020. Un software que te ayuda a cumplir el reto de escribir un cuento a la semana durante un año.

El software está diseñado para ayudarte a procesar, diseñar y escribir 52 cuentos: uno por semana. Tiene herramientas para hacer tu guión, sinopsis, escaleta y tiene un apartado con diferentes plantillas, de acuerdo al género que quieras tratar en tu narración. Te explica, de la A de Aristóteles y su método de los tres actos, hasta la Z de Zedric y su método matrioska. El tema del cuento sale de los sueños del usuario. Todo esto por tan sólo quinientos pesos.  

Los que me conocen saben que un producto así lo compro de inmediato. Y eso hice.

Hace un rato sonó el timbre en la vecindad. Como es domingo en la mañana, soy el único inquilino presente, así que, tuve dos caminos: ignorar el timbrazo o resignarme a bajar los cuatro pisos. Otros veces suelo tomar el primer camino y, aunque no soporto el castrante sonido del timbre, me pongo mis audífonos con música a todo volumen. Pero hoy tenía el presentimiento de que llegaría el sofwere, así que tomé instintivamente mi cubrebocas y fui a abrir la puerta.

La persona que me entregó el Bradbury 2020, aun con el cubrebocas puesto, me pareció idéntico a mi jefe Italoaustraliano Paul, dueño del mercado de frutas y verduras Pellegrino´s Market, allá en Melbourne. Tal vez el enorme parecido que les encontré es porque los dos hablan un inglés que fonéticamente es ininteligible para mí y, porque ambos, manejan camioneta Van para repartir los pedidos de su empresa. Tal vez también por las mismas muletillas que tienen al terminar las frases: si ya, mait; yu nou güana min, mait; no guorries, mait . También percibí, en ambos, el sonido falso de su risa cuando atienden a los clientes.

Hace un rato instalé en mi computadora el disco del Bradbury 2020. No todo es positivo en estos inventos. Esta versión sólo esta en inglés por el momento. Si con el español tengo problemas, no les quiero contar con el idioma de Shakespeare. Aun así, me apresuré a probarlo. Me puse la muñequera y me dormí un rato. Apenas dos horas. Con base en mis sueños, el tema de mi primer cuento trata sobre un hongo llamado coronajomti.

¿Y si el covid-19 fue un invento de un cuentista igual de malo que yo, pero con un software de mucha más potencia, lo que le permitió hacer realidad sus sueños? No, todavía faltan siglos para que la tecnología llegue a esos niveles.

Soy lento para leer en inglés. La traducción de las dos hojas del guíón y luego intentar darle alguna coherencia (las máquinas tampoco hacen todo), me llevará algunos días. En el menú principal se lee: 51 cuentos restantes. Espero para el otro domingo publicar mi primer cuento, y así cumplir el ciclo de escribir uno cada semana durante un año, como quería el entrañable Bradbury, el de carne y hueso.

Arborescencias: La danza de los árboles

Danza de los árboles en El Hiloche

Te moverás

Te moverás

Te moverás

Te moverás, buey

Cuando los dioses

Marquen la hora

Te moverás

Puedes estar arriba

Puedes estar abajo

Puedes ser rico

Puedes ser pobre

Cuando los dioses marquen la hora

Te moverás

Ves a la mujer

Caminar por la calle

Y al policía fuera de sí

Cuando los dioses marquen la hora

Te moverás

You gotta move

(versión original en inglés de Mississipi Fred Mcdowell https://youtu.be/mtlVSedpIRU)

You got to move

You got to move

You got to move, child

You got to move

But when the Lord

Gets ready

You got to move

You may be high

You may be low

You may be rich, child

You may be po’

But when the Lord gets ready

You’ve got to move

You see that woman

That walk the street

You see the policeman

Out on his beat

But when the Lord gets ready

You got to move

You got to move

You got to move

You’ve got to move, child

You’ve got to

But when the Lord gets ready

You got to move.