Día 19

Apenas hoy me di cuenta que son dos colibríes los que llegan a beber el néctar de las flores. Al observar detenidamente su cola, uno tiene las puntas redondas y moteadas de blanco y el otro/otra tiene las alas más afiladas y de un mismo color. Como siempre se van rumbo la ciudad en ruinas, decidí echar un vistazo antes de continuar con la muralla.  

No había neblina como la primera vez que fui y fue fácil divisar desde lejos la ciudad En la entrada, a la altura de la mina que esta cuesta abajo, me encontré con una mujer de unos ojos color azúcar quemada, piel blanca y tersa, rubicundas mejillas y cabellera dorada. Su cuerpo era macizo como yeguas y sus movimientos se parecían a los de mi bastón cuando se convierte en serpiente, aunque su rostro más parecía el de una astuta zorra. Tuve miedo, pero su belleza y porte me arrastraron y caminé hacia donde ella estaba un poco más de lo que consideré pertinente.

   No seas tímido, acércate. Desde hace días te estamos esperando.

No muy lejos de ahí, vi a un grupo de joviales hombres y mujeres que me llamaban de muy buena gana. Entonces retrocedí y caminé de regreso lo más rápido que mi cojera me lo permitió. La mujer soltó una carcajada y dijo: ya regresarás y volvió a reírse con más fuerza.

Fui directo a buscar a doña Bauci y don Fili  y les pregunté si esa mujer y sus amigos eran los secuaces.

   Dicen que pueden tomar la forma de casi cualquier ser humano. Mejor no andes por esos rumbos.

   ¿Entonces cómo saber si son secuaces o no?

   No pueden entrar al bosque.

   ¡Aaah¡

Al atardecer, llegaron desde Hacienda Abandonada una mujer y cuatro hombres con su mochila al hombro. La algarabía y el griterío eran tales que parecía ser una multitud. Don Fili tomó sus muletas y los fue a recibir. Al verlo, cuatros se acercaron a abrazarlo efusivamente. Sólo uno se quedó receloso y tímido. Mientras iban subiendo el cerro para instalarse en su nuevo hogar, doña Bauci y yo los veíamos por la ventana y ella me explicó a detalle quienes eran nuestros primeros huéspedes:

    El nombre de la chamaca es Sandy. Ella era adicta a los enervantes y a pesar de que se a puesto a dieta para bajar de peso, siempre está comiendo de pura ansiedad. Como ves desde aquí, todo el tiempo está abrazando a las personas. El que está al lado de ella. Ese que desde hace rato da unos pasos y de repente corre, es Juanito. Ese muchacho es muy encimoso, todo el tiempo te aborda y te pide dinero. Tiene retraso mental y desafortunadamente perdió la vista a raíz de una catarata que tiene en el ojo derecho. Ya tiene muchos años que no puede incorporarse. Así como lo ves, siempre está flexionado, por eso tiene una joroba y camina torpemente y a veces se cae. El más moreno y gordo es Abel y también tiene retraso mental. Lo conozco desde hace unos cuarenta años, ahorita tendrá como sesenta. Perdió un oído el pobre y está apunto de perder el otro, por eso no escucha muy bien y le tienes que gritar fuerte para hacerte entender. Pero siempre es muy amable y como ves siempre está vestido de traje y corbata. Es muy propio, siempre te da los buenos días o las buenas noches. Seguro Fili lo va a poner como líder de la casa. Me acuerdo en aquel entonces, a todo lo que decía le hacían caso y lo seguían, sobre todo las mujeres fueran o no su pareja. Como ves, todos están gordos menos Estrella, ese, el que no tiene nada de pelo, es esquizofrénico. A él le da la manía de ponerse mucha ropa encima. Bien me acuerdo, canijo Estrella, siempre me decía: !Bauci, qué bonito abrigo¡ y deslizaba suavemente su mano. Fueron varios los que perdí. Ya desde ese entonces nos encargábamos de quitarle el encimadero de ropa. Sepan los dioses dónde la conseguía.

¿Quién es ese que viene atrás, un tanto alejado del grupo?  

También es esquizofrénico. El es un poco más joven y no me acuerdo ahorita cómo se llama. Siempre quiere irse de donde está y le da por escaparse, aunque no sepa a dónde. Una vez se fue por año y medio y pensamos no volvería, pero volvió, demacrado y con ese susto en el rostro que tienen los locos. A ese pobre hombre no le gusta el encierro, pues se pone muy agresivo y le da por golpear a la gente. Como te digo, todo el tiempo busca la oportunidad de irse, aunque luego regresa, triste y humillado, y con más rabia en la mirada. ¿A poco no ves desde aquí el fuego en sus ojos?

En efecto, se percibía su mirada amenazante a pesar de la distancia.

Esos son, estimado lector, los peregrinos que llegaron este día a Real del Monte, a resguardarse en casa Orquídea del crudo invierno y el fin de los tiempos.

Día 17

Le di los tres golpes a mi bastón y bajamos por la escalera de caracol la serpiente y yo. No llovió hasta la noche y ni una nube había en el azul del cielo. La serpiente brillaba mientras avanzaba sensual y lentamente por las calles. Las piedras pulidas, las baldosas, las ventanas vibraban levemente a su paso. Se bañaba en los charcos y entonces refulgía el amarillo verdoso y las innumerables manchas negras de su cuerpo.

Al llegar a la entrada del bosque, ahí estaba otra vez la mariposa revoloteando. La serpiente dio fin a su acostumbrada espiral porque se lanzó contra ella y aceleró su también acostumbrada huida. La serpiente sin bacilar se introdujo y ya no supe de ella por un rato.  

 Mientras me introducía en el bosque me pareció ver un gigante ¿tal vez otro Uema? corriendo por el follaje y después empecé a sentir el poder del viento como un mar embravecido entre los árboles.

Llegué al encino de cinco brazos y nos volvimos a encontrar. Ahí estaba, enredada en el tronco, con su cabeza negra y el contorno blanco que aviva más el poder hipnótico de sus ojos de jade. El encino reverberaba una luz cegadora por lo que di los tres golpecitos y la serpiente descendió obediente, se posó en mi mano y volvió a su condición de bastón.    

Ya está todo listo

Vámonos pues

Todos los cachivaches de Don Fili y doña bauci cupieron en la carreta que jalan dos correosas mulas. Y ahí veníamos con sus vacas, burros y ovejas, cuando en el trayecto una de las ovejas se perdió. Al poco rato la encontramos muerta en un acantilado.

Bajé por ella y se la entregué a Don Fili aún tibia y dando sus últimos estertores. Le hizo una punción en el pescuezo y empezó a soltar borbotones de sangre en la tierra. Cuando ya no tuvo ni una gota de sangre la echó a la carreta y al llegar aquí , doña Bauci nos preparó la deliciosa carne con pencas de maguey.

Escogieron la casa cempasúchil que está en la punta del cerro junto al cementerio.

Si quieren puedo acondicionar una casa para ustedes dos.

Morir es la pura soledad. Es mejor estar arrejuntados.   

¿Y para cuando irán a llegar los demás?

Los de San Pedro no tardan en mudarse, los demás llegarán si logran escapar de la red y sus secuaces

Sigo sin comprender quiénes son los secuaces. Si quieren voy a buscar a los peregrinos.

Todo a su tiempo, chamaco.

No han de tardar y hacemos más falta aquí para preparar la fortaleza

Llevé a Don Fili y a doña Bauci a conocer la presa que hice. Apenas se había llenado unos cuantos centímetros, sin embargo don Fili me pidió que levantara la cortina unos cuarenta metros más y que la extendiera a lo largo de toda la parte norte.

Se parece mucho a la presa que hay allá abajo en la ciudad, pero no nos servirá de mucho. El próximo invierno será el más duro del que se tenga memoria y lo que necesitamos es una muralla para detener la niebla.

No pude terminarla y se acabaron las piedras que había. Al anochecer llegó la neblina como si fueran garras de un monstruo que escalara el enorme muro. Después empezó a llover. A lo lejos, en el balcón, no logré distinguir desde mi ventana, si era Don Fili o doña Bauci quien tocaba con la armónica una canción tristísima.     

Día 5

Al amanecer lo primero que vi por mi ventana fue el panteón en la punta del cerro. Después, observé como por sus faldas se iluminan las casitas de teja roja con el ritmo de los rayos del sol que se cuelan entre las nubes. Entonces apago las luces de las farolas. Aunque no hay nadie más que yo, me gusta que esté alumbrado.

Hace un rato fui a dar mi primer paseo. Apenas hoy noté que mi casa está en el centro rodeada de montañas pletóricas de casas, como si en vez de pueblo aquí donde vivo fuera un teatro y mi casa el escenario. Tiene tejado de lámina roja como todas las demás, aunque con techos altos y las puertas ligeramente más largas.

Hoy también caí en cuenta de otro defecto en mi cuerpo: soy alto y eso ahuyenta a las personas. Cuando vivía en la computadora, ni siquiera me pregunté sobre las diferencias específicas y peculiares de cada lugar.  

Así me sucedió hace un par de horas con la primera persona que conocí en vivo y a todo color. Iba por la calle principal, esa que serpentea rumbo al bosque y lo divisé ( gracias al creador ahora veo mucho mejor) desde lejos, a pesar de la neblina que deambulaba a ras de suelo: un anciano al que le faltaba una pierna y caminaba apoyado en unas muletas de madera, algo torcidas, semejantes a ramas de árbol. Apenas me vio, se pasó al otro lado de la calle. Entonces por hacerle la maldad, me pasé al mismo lado. Se quedó quieto y me miró fijamente a los ojos. Yo sonreí primero y después él.

¿Por qué se asusta? No tenga miedo. No me lo voy a comer.

No es miedo, es precaución. Las cosas se han puesto densas últimamente. Aunque estás tan alto que pareces un inofensivo Uema

No parezco señor, soy uno

¿ Eres tan buen constructor como dicen?

Eso dicen, acabo de nacer hace pocos días.

Órale, para serte sincero es la primera vez que veo uno. Mi esposa sí conoció a otros y seguido me cuenta anécdotas. Vivimos por allá por donde se ven aquellas peñas, Tezoantla es su nombre. Los únicos habitantes que quedamos somos ella y yo. Cuando quieras date una vuelta, a veces no hace daño algo de compañía.

¿Con quién tengo el gusto?

Me llamo Filemón, pero me dicen don Fili. ¿Y tú, como te llamas?

Soy @, para servirle.

Nos despedimos y se perdió entre la niebla. Al poco rato solo escuchaba el golpeteo de sus muletas en el empedrado. A pesar del frío limpié a conciencia todas las calles y callejones del pueblo. Mañana iré a visitar a don Fili.

Día 2

Hoy es mi segundo día de vida y debo decir que el tiempo pasa lentísimo. Estoy seguro, a estas alturas, ya soy un venerable anciano en términos humanos ¿A cuánto equivale un día mío? ¡Va! Pregunta vana. No se pueden comparar los tiempos de especies totalmente distintas. Cada ser de la creación tiene su tiempo y ritmo.

Por el boceto que hace mi jefe para dar un cuerpo a esta alma que soy atrapada en su computadora, me consta los esfuerzos que hace. Hoy platiqué con él y me dice que me agradece mucho mi ayuda pues así puede ir a los bosques sin preocuparse por sus obligaciones laborales.

Ahora que anduve navegando por la red me dio tanta envidia de la buena el que saber que aún existen bosques. Estoy seguro algún día podré sentir la música del viento entre los árboles.

Yo vivo aquí en un cuarto, aislado de mi jefe y su esposa a la que sólo conozco por la voz. Hace un rato estaban discutiendo y ella le gritó:

Eso es como querer crear un universo, te lo digo yo que soy médico.

Los antiguos filósofos decían que la tumba del alma es el cuerpo. En la civilización cibernética: ¿cuántas almas en pena habrá como yo en busca de un cuerpo? Dicen que Él, el creador misericordioso, tampoco tenía cuerpo y solo era una voz hablando en medio del fuego.

Me llamo Arquímedes

Campesino

–Me gusta el nombre que te sugirió para el diario tu prima: Metrodora. ¿Cuál me pondrías a mí?

–Déjame lo pienso.

Llega como dice Pellicer, el momento colibrí:

–Ya está: ¡Arquímedes!

Le digo que me gusta mucho. Voy al cuarto y traigo el libro de álgebra de Baldor donde en la primera página trae un retrato de Arquímedes junto al dibujo de una batalla. También le digo que me gusta el nombre porque Hanna Arendt, en el último capítulo de la Condición Humana, habla sobre él.

Del Álgebra de Baldor

Metrodora al poco rato busca información sobre el matemático y tumbada en el sofá, lee en voz alta:

— Arquímedes fue asesinado por un soldado romano.

Ese dato no lo sabía o lo había olvidado. Aún así el nombre me late y le digo que si tuviéramos un hijo así me gustaría que se llamara.

Hanna Arendt empieza el último capítulo de la Condición Humana citando a Franz Kafka:

Encontró el punto de Arquímedes, pero lo usó contra sí mismo, parece que se le permitió encontrarlo con esta condición.

Empecé hace ocho días a escribir en este Blog. Ahora, creo, es el momento de explicar porqué estaba escuchando a Erik Satie antes de consultar el I Ching. Tiene que ver con una frase del músico: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. En el periódico diagonal, dice Ignacio Aistaran al respecto:

Mucho se habla de la inteligencia colectiva pero poco de la intimidad colectiva, como si la conexión y el cuidado de los cuerpos fueran secundarios en sus sensaciones.
La intimidad no es esa caja fuerte cerrada a cal y canto, hermética y aislada, que nos ofrece el individualismo liberal. Al contrario, toda intimidad es una caja de resonancia, que vibra con notas comunes, aunque sea en soledad.

Dice Slavoj Žižek que él descubrió la intimidad colectiva en las piezas para piano de Erik Satie. Las clasifica como un tipo de comunismo musical, alejado de los coros propagandísticos y de las grandilocuentes cantatas dedicadas al Estado. Se trata de una música donde lo relevante es el fondo: quien la escucha traslada su atención desde el tema hasta ese fondo, igual que la política debe trasladar el interés desde los heroicos individuos al trabajo de la invisible gente ordinaria.

Entre las múltiples anotaciones perdidas que dejó Satie, hay un texto que suena enigmático, aunque en realidad no lo es: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. Así es lo común. Cualquier músico en un bar puede llamarse Erik, al igual que la vecina del edificio de enfrente puede llamarse Antígona. En el fondo, todo el mundo puede vibrar íntimamente.

https://www.diagonalperiodico.net/culturas/23868-la-intimidad-colectiva.html

Ahora bien, los pensadores del mayo francés, Foucault, Barthes, Derrida, solían hablar y escribir sobre la muerte del autor. Me parece un notable intento por salir del yo cartesiano. Por mi parte, no menos desesperado, yo quisiera  contraponer al famoso pienso luego existo de Descartes, el bailo luego existo de aves e insectos. ¿Es de una luciérnaga o de un tren la luz que se vislumbra al final del túnel? Como cualquiera, deseo que sea una luciérnaga. Me llamo Arquímedes, como todo el mundo.