El colibrí es el mensajero de los dioses…

El colibrí es el mensajero de los dioses

de eso no hay duda

Fija el vértigo en el corazón del mundo

aletea y aletea y aletea

fulgurantemente

El secreto del mensaje es sencillo

el mundo es el río por donde fluye el alma

cántaro de sangre derramándose a borbotones

Sin embargo camaradas enamorados

de los aleteos del ángel de la Historia

siempre hay un pero y una tristeza

el colibrí que visitaba a los mayas

hoy llegó a mi balcón

a beber el néctar de las flores

pura presencia

desterrado del pasado y del futuro

Es privilegio humano

la enfermedad y la muerte

el deseo de la vida más allá de la vida

Barbecho

Se abren los surcos

en la tierra sedienta

del sacrificio

de gusanos y lombrices.

El campesino lanza

por si las moscas

su silbido

y de repente

(los mosquitos se ausentan

de cuando en cuando

breves segundos)

en la limpidez absoluta del viento

se arremolinan añejas cáscaras doradas

de cebada, trigo y maíz.

Los bueyes van en lo suyo

con eficacia de lentos burócratas.

Dice el bardo

la espada

es porción de eternidad

incomprensible

para el ojo

del prójimo de pacotilla

que somos todos nosotros.

¿Acaso no pasa lo mismo

con los discos del arado

que refulgen al mediodía?

Vislumbre

El viento obstinado

                                con murmullos de mar

embadurna

                    de sol

las hojas de los árboles

                                   sacude

el agua hedionda de la fuente oxidada 

Así serán

              las cancioncillas de los juglares

cuando el reloj del juicio final marque las doce

Hay miradas…

Hay miradas parecidas a la rabia del mineral

al primer grito de Eros

a la batalla de los mares milenarios

a la fantasía de los tímidos

a las plegarias de la nada tejiendo su telaraña monoteísta

al tambor de guerra en los sueños de los torturados y los mártires  

Hay miradas columbrando desde lejos la tierra prometida a los ingratos

las de angustia y perdón

las de mal de ojo que hacen daño y enferman

la sin brillo del hombre que se inyectó silicón en los pectorales

Hay miradas pulpos con tentáculos de los auténticos lujuriosos

tan desesperadas como desiertos en medio de la ciudad

Hay miradas susurro de serpiente

abren la puerta del paraíso

y segundos después

alguien no se sabe quién

la cierra con fuerza antes de convertirse en beso

Sábado

Siguen la cuarentena y el desierto.

En la mañana, mientras almorzabas café y huevos rancheros,

Leíste en la primera plana del periódico:

Esta medianoche la nave de los locos estuvo a punto de naufragar.

Nosotros salimos a caminar por los callejones del pánico.

Al doblar la esquina el vecino viudo nos comentó:

Acariciar un cuerpo es acariciar el cielo, pero no hay cielo.

De regreso estuviste a punto de lanzar las clásicas preguntas:

¿Quién eres?

                     ¿En qué piensas?

Entonces

cayó

el

instante

como

trueno

en

medio

del

valle

de

la

muerte.

Me besaste como si fuera la última vez

E hicimos el amor: ese vino y pan compartidos.

2 de Octubre

Del dos de octubre de mil novecientos sesenta y ocho

A nuestros días

Ya corrió mucha sangre y mucha tinta

Los muertos pedían silencio

Y el político entonó su balada metafísica

Al PRI por los siglos de los siglos

Los huesos de los jóvenes

Abrieron caminos y surcos

Y a los cantantes les escupieron

En los prostíbulos

Ahora el dilema es otro

Escuchad poetas de la ciudad y el campo

Los muertos sin rostro que se llevó la peste

Los desaparecidos sin derecho a ser sepultados y llorados por sus madres

Las asesinadas en manos del hombre a caballo

Llegaron hace unos meses a reclamar lo suyo

Tomaron nuestros cuerpos y nuestros nombres

Se miraron al espejo  

Y rescataron la sonrisa de la mañana

Anterior a la primera selfie

Ahora reclaman el pacto hecho con piedras y sangre

En la Plaza de los Sacrificios

Hace ciento veinte mil años

Ciclos

Sembré algunas palabras deshilachadas

con la fe del niño cuando siembra un árbol.

Primero fueron un presentimiento en la tierra

después un pequeño brote de vida en búsqueda de luz.

Crecieron sus ramas

y sus hojas pudieron respirar.

Fue en invierno

cuando lo del apagón en las ciudades.

Las arborescencias del universo

cabían en la vela encendida

que desparramaba sus ramajes por la habitación.

Bajo la noche estrellada

comí de sus frutos

en el presente sin fechas.