Murmullo III

A lo lejos ondulan por la bruma los cerros.

Casas: partículas celestes de piedra,

Árboles y nubes aborregadas: plumajes iridiscentes del día.  

La tierra en Las Milpas hambrienta de lluvia,

Los huizaches secos,

hojas ocres y espinas secas y quebradizas.

Un manojo de cardones y piedras sin agua.

El sol hace un par de horas quemó al Señor del Alba

Y ahora las cenizas flotan en el aire.  

Llegamos,

En la pared cuelga un cuadro: las letras no se distinguen,

En el piso lustroso hay charcos de luz. A la izquierda las escaleras.

A la derecha la puerta de la cabina de la radio Gi ne gä bu h´e th´o

-Bueno, mi nombre es Ángeles Pascual Ciprés Hormiga.

Yo nací aquí,

Aquí enfrente antes vivió el Nzaya Lecio Moctezuma,

Su juzgado era de puro, puro pasto con penca de maguey,

En aquel tiempo no había ni cemento, ni nada.

Aquí antes se llamó Chantepec,

En los últimos tiempos ya se cambió el nombre, ahora le dicen San Ildefonso.

¿Por qué se cambió de nombre?

Porque aquí vinieron los San Franciscanos a construir una iglesia,

Antes de terminarla los abuelos fueron en peregrinación a México. 

No sé si les donaron un Santo Patrón de San Ildefonso o lo compraron,

No sé cómo le hicieron, pero desde esa fecha para acá tenemos santito.

Las casitas se construían de piedra, con lodo.

Eran de adobe,

El que tenía una casita con teja en su casa era el de más billete.

¿Y en tiempo de sequía?

No había pasto, entonces tenía que techarlo de penca de maguey,

La gente en aquellos tiempos cortaba pencas de maguey,

Las doblaba bien, las planchaba,

Las secaba tantito y techaba las casas.

Luego, en tiempo más reciente llegó la Tolteca y la Cruz Azul,  

Ahí es donde empezó a circular más cemento en la comunidad.

Tengo la foto de esta calle: terracería, piedras y tierra había aquí.

¿Ves al perro que va por ahí?

Pura cagada de perros, puercos y burros había aquí.

En aquel tiempo, me dice un amigo: “¿a dónde trabajas”,

“Ningún lado,

orita na más le ayudo a mi papá

a cultivar las milpas,

poco lo que gánemos allí”.

Me dice: “pues vete a solicitar trabajo en Cruz Azul,

ahí con el maestro Alfonso dan trabajo”.

Solicité y me dieron de peón.

Hoy tengo setenta años y ya no nos dan trabajo.

Si usted va a solicitar trabajo a una compañía donde necesitan albañiles,

Me preguntan: “¿cuántos años tiene maestro?”,

“Tengo sesenta años”, le digo nomás.

“De sesenta años ya no te damos porque se va a caer la obra”.

Si mismo mi hija está haciendo su casa,

Le construí un poco de esa ventana que ves,

Nomás le paré los muros,

Dice mi hija “no te subas papá, mejor buscamos un albañil,

Ya nomás vigílalo,

Nada más estate acá abajo y dígale cómo se va a hacer, na más”.

De ahí a la fecha ya no he buscado trabajo.

Aunque vayamos a buscar no nos dan porque se fijan en la edad.

Ahora voy a la milpa dos, tres veces a la semana,

Ahorita no llueve nada. Ahorita ya fui de vuelta, ya regresé.

Sembramos en el mes de marzo o abril o mayo,

Depende del tiempo que venga ¿no?

Hay veces nos llueve muy tarde, nos llueve casi hasta junio.

Aunque usted tiene ganas de trabajar, de sembrar una milpa,

Llueve hasta junio o julio,

No se puede echar la semilla antes,

Hay ardillas y tlacuaches que sacan la semilla,

No podemos sembrarlo hasta que llueva,

El primer aguacerazo o el segundo aguacerazo,

Entonces sí metemos yunta,

Dos o tres personas, les pagamos ciento cincuenta al día

Y llevamos su agua, o su pulque, no sé qué tome la gente ¿no?

Le digo, “¿usté qué toma, pulque o agua?”,

“Llévame agua” dice, “llévame pulquito”

Órale, yo llevo su pulquito,

Entonces le damos de comer también, para que nos cobren barato,

Continuamos la escarda, la arrancada de yerbas, llevamos talachos,

Si no tenemos dinero nos toca solos el arranque de la yerba y la escarda.

Parece que hace sesenta o setenta años llovía mucho,

Yo me acuerdo muy bien cuando sembraba mi papá las parcelas,

Allá en la hacienda vieja no paraba de llover.

Ahora es una tierra negra por las aguas negras,

Si siembran el frijol y maíz, el frijol sí nace bien bonito,

Crece como treinta centímetros y florea,

Al final se seca,

Será que le hace daño mucha agua negra y por eso la tierra está negra.

Aquí sembramos el temporal, nace bien el frijolito

Florea bien bonito y no se seca.

Eso sí, hay que cuidarse del chapulín.

A veces entra una plaga de chapulines,

Y hay que curar la milpa,

Y hay que comprar una medicina especial para chapulín.

Las hojas del maíz se las acaban los chapulines.

Ya ahorita fui en la mañana, no hay ni chapulines ni nada.

¿Onde se metieron?¿En la tierra? ¿En la cerca?

En el tiempo de lluvia, empiezan a nacer los chapulines

Chiquititos como hormiguita.

Cuando hay pasto verde van creciendo los chapulines,

Hay dos o tres tipos:

Uno es el de alas negritas y se vende aquí en Tula.

El otro tipo de chapulín vuela,

Cuando los quieres agarrar vuelan como unos tres metros.

Esos no se comen.

Y hay otro que le decimos el soldado,

Son unos grandotes de colores negro y verde.

Esos también se comen el maíz.

Ya llevo como mil pesos gastados de pura medicina.

Ya mejor no le eché. Nunca vas a combatir al chapulín,

La medicina acaba los que hay dentro la milpa,

Y a los dos o tres o cuatro días ya está de vuelta, llega más chapulín.

Es una plaga. Hay muchos de esos animales en el monte.

Chapulines por todos lados, ¡son una plaga!

Hay grande, hay chiquito, brincan por todos lados.

Me dicen los compañeros de aquí:

“Si tienes gallina, llévala para que se los coman.

Los huilos y las gallinas los comen,

Luego ya no comen, ya no les gustan

Puro chapulín diario, diario, se empachan.

Yo tengo frijol.

Ni he revisado si ya tiene gorgojo,

Le digo a la señora “¿no te fijaste en el frijol?,

A lo mejor ya se engusanó”, le digo.

Sí, sí nos ganó un costal de frijol: le entró el gorgojo,

Y ese gorgojo se acaba el frijol,

Y nadie te lo puede comprar.

La gente conoce, aunque no siembra,

Se da cuenta qué clase de frijol come.

No sé si el agua negra ayude a combatir los gusanos.

El agua negra tiene mucha química.

En el río de aguas negras viene gasolina, aceite, thiner, pintura

Y otros líquidos que echan para acá los hospitales allá en México,

Por eso no crían animales donde hay aguas negras.

Yo he visto, las milpas como de cincuenta centímetros,

Chapulín no veo nada ahí. No veo nada.

Platicamos en la asamblea

¿De qué sirve den mucho maíz las milpas de riego de aguas negras?

El maíz está seco, seco, siempre contaminado de algún líquido,

Porque como acabo de explicar, viene mucho líquido tóxico en esa agua negra.

Al final sí lograste dos, tres toneladas de maíz,

Al guardar la cosecha le metes pastilla para volverlo a intoxicar:

Así han muerto personas por esa medicina.  

¿De qué sirve cosechar mucho si vuelves a contaminar el maíz?

Llegan de Tlahuelilpan vendedores de maíz aquí en San Ildefonso,

Todos los ejidatarios de Tlahuelilpan riegan con aguas negras,

Hasta se pelean por el agua, hasta se matan.

Sí da mucho maíz, mucha calabaza, frijol y chile,

Pero son semilla contaminada:

¿Cómo la ves?

Poemario Arborescencias

Nota a quien leyere  

Desocupado lector o desocupada lectora, supongo cuando tocó el terror nocturno a tu puerta no quisiste dejarlo entrar. Aun así, el bicho o ángel se instaló en cada uno de los rincones de tu casa y la dejó en ruinas y a ti te dejó desnudo o desnuda; vestida o vestido de angustia.

Sin duda, será difícil comunicar a las generaciones venideras la experiencia planetaria que vivimos este dos mil veinte. Como estamos dentro del torbellino, ni siquiera nosotros sabemos todavía en dónde estamos parados, y mucho menos sabemos hacia dónde nos dirigimos.

Ante esta experiencia ontológica a un tiempo individual y colectiva, busqué serenar mis demonios de la mejor manera posible. Dos actividades informan sobre la hechura de estas arborescencias: la incursión sistemática en los bosques de mi tierra y la apertura de un blog que me permitió ensayar con la escritura.

Arborescencia, según el diccionario, es aquella propiedad según la cual una cosa se desarrolla en forma de árbol. Así quisiera, si el destino y el azar lo permiten, se desarrolle mi poesía. Este poemario es la primera rama de ese árbol. Seguramente no la mejor, pero me consta tiene hambre de luz.

Del primero de octubre al día de hoy, traté de llevar a cabo “la invocación religiosa de la Musa”. Es cierto, una pequeña golondrina no hace verano. Sin embargo, gibosa y fea, este libro de poemas es golondrina al fin.

 José León

Real del Monte a 31 de diciembre de 2020    

Viaje al corazón del Mezquital: El Bradbury 2020.

Desde hace un mes, justo desde que escribo en el blog, la publicidad que aparece en Google o Youtube, es referente a la escritura, la escriptofobia, y el proceso creativo de artistas en general. Algo de esta magia que tiene muy poco de coincidencia, la percibí con los amigos que hice en aquel lejanísimo 2019, cuando anduve por allá, en Melbourne, Australia. Después del trabajo, obreros overseas, casi a diario nos juntábamos en Batman Park a orillas del Yarra River. Gonzalo, un chileno carismático y fanático de Carl Sagan, fue el primero en percibir que aparecía propaganda en nuestros teléfonos relacionada a los temas de los que hablábamos en nuestras madrugadas interminables. “Google nos escucha”, solía decir un poco en sorna, tal vez para aminorar la verdad que nos había revelado. En efecto, al otro día nos aparecía a cada uno la misma información referente a mujeres australianas, trabajos temporales, visas, viajes en avión y renta de autos.

Aún en los actuales momentos de extrema angustia, me cuesta creer que Google escucha nuestras conversaciones. Más bien me parece que el poderoso buscador nos analiza individualmente. El lector o lectora recordarán el emblemático caso de las elecciones en Estados Unidos, donde la empresa Cambridge Analítica influyó en el resultado de las elecciones a presidente, por medio de la manipulación de los datos y el estudio de la psique de los votantes gringos.   

Hasta hace muy poco, no había prestado atención a las ofertas de blogueros, diseñadores, arquitectos, cineastas, pintores y un largo etcétera que te promete llevarte a la cumbre y explotar todas tus capacidades. Sin embargo, el pasado viernes, mientras me disponía a escuchar algo de música, apareció publicidad sobre el Bradbury 2020. Un software que te ayuda a cumplir el reto de escribir un cuento a la semana durante un año.

El software está diseñado para ayudarte a procesar, diseñar y escribir 52 cuentos: uno por semana. Tiene herramientas para hacer tu guión, sinopsis, escaleta y tiene un apartado con diferentes plantillas, de acuerdo al género que quieras tratar en tu narración. Te explica, de la A de Aristóteles y su método de los tres actos, hasta la Z de Zedric y su método matrioska. El tema del cuento sale de los sueños del usuario. Todo esto por tan sólo quinientos pesos.  

Los que me conocen saben que un producto así lo compro de inmediato. Y eso hice.

Hace un rato sonó el timbre en la vecindad. Como es domingo en la mañana, soy el único inquilino presente, así que, tuve dos caminos: ignorar el timbrazo o resignarme a bajar los cuatro pisos. Otros veces suelo tomar el primer camino y, aunque no soporto el castrante sonido del timbre, me pongo mis audífonos con música a todo volumen. Pero hoy tenía el presentimiento de que llegaría el sofwere, así que tomé instintivamente mi cubrebocas y fui a abrir la puerta.

La persona que me entregó el Bradbury 2020, aun con el cubrebocas puesto, me pareció idéntico a mi jefe Italoaustraliano Paul, dueño del mercado de frutas y verduras Pellegrino´s Market, allá en Melbourne. Tal vez el enorme parecido que les encontré es porque los dos hablan un inglés que fonéticamente es ininteligible para mí y, porque ambos, manejan camioneta Van para repartir los pedidos de su empresa. Tal vez también por las mismas muletillas que tienen al terminar las frases: si ya, mait; yu nou güana min, mait; no guorries, mait . También percibí, en ambos, el sonido falso de su risa cuando atienden a los clientes.

Hace un rato instalé en mi computadora el disco del Bradbury 2020. No todo es positivo en estos inventos. Esta versión sólo esta en inglés por el momento. Si con el español tengo problemas, no les quiero contar con el idioma de Shakespeare. Aun así, me apresuré a probarlo. Me puse la muñequera y me dormí un rato. Apenas dos horas. Con base en mis sueños, el tema de mi primer cuento trata sobre un hongo llamado coronajomti.

¿Y si el covid-19 fue un invento de un cuentista igual de malo que yo, pero con un software de mucha más potencia, lo que le permitió hacer realidad sus sueños? No, todavía faltan siglos para que la tecnología llegue a esos niveles.

Soy lento para leer en inglés. La traducción de las dos hojas del guíón y luego intentar darle alguna coherencia (las máquinas tampoco hacen todo), me llevará algunos días. En el menú principal se lee: 51 cuentos restantes. Espero para el otro domingo publicar mi primer cuento, y así cumplir el ciclo de escribir uno cada semana durante un año, como quería el entrañable Bradbury, el de carne y hueso.

Arborescencias: La danza de los árboles

Danza de los árboles en El Hiloche

Te moverás

Te moverás

Te moverás

Te moverás, buey

Cuando los dioses

Marquen la hora

Te moverás

Puedes estar arriba

Puedes estar abajo

Puedes ser rico

Puedes ser pobre

Cuando los dioses marquen la hora

Te moverás

Ves a la mujer

Caminar por la calle

Y al policía fuera de sí

Cuando los dioses marquen la hora

Te moverás

You gotta move

(versión original en inglés de Mississipi Fred Mcdowell https://youtu.be/mtlVSedpIRU)

You got to move

You got to move

You got to move, child

You got to move

But when the Lord

Gets ready

You got to move

You may be high

You may be low

You may be rich, child

You may be po’

But when the Lord gets ready

You’ve got to move

You see that woman

That walk the street

You see the policeman

Out on his beat

But when the Lord gets ready

You got to move

You got to move

You got to move

You’ve got to move, child

You’ve got to

But when the Lord gets ready

You got to move.

Me llamo Arquímedes

Campesino

–Me gusta el nombre que te sugirió para el diario tu prima: Metrodora. ¿Cuál me pondrías a mí?

–Déjame lo pienso.

Llega como dice Pellicer, el momento colibrí:

–Ya está: ¡Arquímedes!

Le digo que me gusta mucho. Voy al cuarto y traigo el libro de álgebra de Baldor donde en la primera página trae un retrato de Arquímedes junto al dibujo de una batalla. También le digo que me gusta el nombre porque Hanna Arendt, en el último capítulo de la Condición Humana, habla sobre él.

Del Álgebra de Baldor

Metrodora al poco rato busca información sobre el matemático y tumbada en el sofá, lee en voz alta:

— Arquímedes fue asesinado por un soldado romano.

Ese dato no lo sabía o lo había olvidado. Aún así el nombre me late y le digo que si tuviéramos un hijo así me gustaría que se llamara.

Hanna Arendt empieza el último capítulo de la Condición Humana citando a Franz Kafka:

Encontró el punto de Arquímedes, pero lo usó contra sí mismo, parece que se le permitió encontrarlo con esta condición.

Empecé hace ocho días a escribir en este Blog. Ahora, creo, es el momento de explicar porqué estaba escuchando a Erik Satie antes de consultar el I Ching. Tiene que ver con una frase del músico: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. En el periódico diagonal, dice Ignacio Aistaran al respecto:

Mucho se habla de la inteligencia colectiva pero poco de la intimidad colectiva, como si la conexión y el cuidado de los cuerpos fueran secundarios en sus sensaciones.
La intimidad no es esa caja fuerte cerrada a cal y canto, hermética y aislada, que nos ofrece el individualismo liberal. Al contrario, toda intimidad es una caja de resonancia, que vibra con notas comunes, aunque sea en soledad.

Dice Slavoj Žižek que él descubrió la intimidad colectiva en las piezas para piano de Erik Satie. Las clasifica como un tipo de comunismo musical, alejado de los coros propagandísticos y de las grandilocuentes cantatas dedicadas al Estado. Se trata de una música donde lo relevante es el fondo: quien la escucha traslada su atención desde el tema hasta ese fondo, igual que la política debe trasladar el interés desde los heroicos individuos al trabajo de la invisible gente ordinaria.

Entre las múltiples anotaciones perdidas que dejó Satie, hay un texto que suena enigmático, aunque en realidad no lo es: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. Así es lo común. Cualquier músico en un bar puede llamarse Erik, al igual que la vecina del edificio de enfrente puede llamarse Antígona. En el fondo, todo el mundo puede vibrar íntimamente.

https://www.diagonalperiodico.net/culturas/23868-la-intimidad-colectiva.html

Ahora bien, los pensadores del mayo francés, Foucault, Barthes, Derrida, solían hablar y escribir sobre la muerte del autor. Me parece un notable intento por salir del yo cartesiano. Por mi parte, no menos desesperado, yo quisiera  contraponer al famoso pienso luego existo de Descartes, el bailo luego existo de aves e insectos. ¿Es de una luciérnaga o de un tren la luz que se vislumbra al final del túnel? Como cualquiera, deseo que sea una luciérnaga. Me llamo Arquímedes, como todo el mundo.