#Dante2021 Paraíso Canto X: Algo más sobre transhumanizar

Estamos en el el cuarto círculo, el del sol. Cuesta trabajo pensar que el sol sea una esfera más, junto con la Luna, Venus, Mercurio, etc. actualmente reconocemos al sol como la estrella al rededor de la cual giran los demás planetas. Entre más lo pienso, creo que la cosmovisión de la Edad Media es completamente distinta a la nuestra. En eso Dante nos lanza puentes a través de su poesía. Tengo para mí que el Bardo sabía que había mucho más cosas en el cielo y en la tierra de las que soñaba la filosofía escolástica. Faltaban siglos para que la teoría heliocéntrica rindiera sus frutos y para que la iglesia condenara a Galileo por sus descubrimientos científicos. Sin embargo, a pesar de esas diferencias, lo que Dante quiere comunicarnos, lo que quiere cantar es una experiencia común a todos los hombres. En este sentido aspira a la trasmisión de una experiencia trascendental e íntima a un tiempo. Para ello, exige la colaboración activa del lector.

Recuerdo que en mis años de estudiante universitario leí Rayuela por primera vez. Ahí Cortázar hace un llamado a la colaboración activa del lector. El juego que la novela propone me fascinó en aquel tiempo y me sigue fascinando, aunque ahora reconozco que muchas veces los autores nos quieren hacer pasar por novedades lo que no lo es. No es el cuentista argentino el único que no recuerda o desconoce o finge desconocer el legado dantesco. En estos meses de lectura me he dado cuenta que muchas de las supuestas invenciones vanguardistas, ya estaban prefiguradas en este poema. El canto X del Paraíso, me permite una vez más puntualizar el papel activo que exige al lector. No podría ser de otra manera, el viaje al Más Allá, no sólo se propuso transformar a su autor sino a cada uno de los lectores nos propone una regeneración espiritual. En este punto crucial para comprender la obra dantesca, es más radical que los experimentos vanguardistas del siglo XX que muchas veces experimentaron con el lenguaje y nada más.

Así inicia el canto X:

Mirándose el Padre en el Hijo con el eterno Amor que nace entre uno y otro, la inefable Omnipotencia de Dios produjo todo aquello que se puede ver con la mente y los sentidos, de modo que aquel que los contempla con el espíritu abierto no puede menos que maravillarse y deleitarse en ellos. Levanta, pues, conmigo ¡oh lector! los ojos hacia las encumbradas esferas…

¿Qué es todo aquello que se puede ver con los sentidos y la mente? Los sentidos humanos son limitados, pero el poder de la imaginación nos hace ver cosas invisibles. Por ello Dante nos invita a levantar con el los ojos. Aquí como en buena parte del Paraíso, la mirada, la visión y el ojo tienen un papel simbólico muy importante y que va más allá del simple acto de observar: también se ve con los sentidos y la mente. Apenas unas cuantas líneas más adelante, una vez más, el florentino hace un llamado:” Ahora descansa en tu asiento, lector, y reflexiona acerca de estas cosas que yo solamente esbozo, si es que tu ánimo se mueve hacia el entusiasmo más que hacia el tedio.” Como ya había mencionado, una de las novedades del poema es que reivindica el lenguaje escrito y la reflexión. Aquí también se nos señala que lo que nos esta siendo presentado es apenas un esbozo y que necesitamos hacer un esfuerzo de interiorización. De esta manera, me parece que al decirnos que lo que ahí está expresando sólo es un esbozo no es sólo un recurso retórico para incentivar la imaginación del lector. Es también una especie de llamada de auxilio ante la incapacidad de expresar lo inefable.

Y si en los tiempos de Dante ya advertía de quienes en la lectura su ánimo caía en el tedio ¡Qué no diría en nuestros días, donde alternamos el tedio con la distracción del multitasking! Sin duda hemos perdido muchas capacidades como lectores. Una de ellas es lo difícil que resulta darnos el tiempo de degustar una obra, de seguir su ritmo, sus profundidades, sus reflexiones y visiones. Hoy, cualquier persona medianamente educada a leído más libros que muchos de los hombres de la antigüedad. Tenemos información disponible con un sólo clic que ni siquiera imaginaron los antiguos pensadores. Pero no por eso somos más sabios. De hecho, tal vez ahora nuestro problema sea el contrario al que enfrentaron los hombres y mujeres de antes: necesitamos una desintoxicación del infovirus con el que hemos sido inoculados desde hace décadas.

Aquí es donde quisiera abordar el transhumanizar, la palabra que Dante inventa para explicar su experiencia en el Paraíso.

Después de hacer la invitación al lector a participar de su visión, Dante explica cómo su ascensión al cuarto círculo se da de manera súbita “que la acción no era medible en el tiempo”. Entonces al relatar los fulgores de aquel Sol en el que se introduce, el ingenio, el arte y la experiencia no sirven para expresar su visión ” aunque en el fondo todos tenemos la intuición de lo que se trata y el ansia de experimentarlo; a pesar de nuestra imaginación no pueda construir las figuras de cosas tan sublimes, por lo que no debe sorprendernos que nuestros ojos no hayan visto luz superior a la del Sol”

Al inicio del canto, se nos dice que Dios produjo todo aquello que podemos ver con la mente y los sentidos. Ahora nos dice que hay cosas que intuimos, pero que no podemos construir en figuras y que nuestros ojos no han visto luz superior a la del Sol y al decírnoslo también nos dice que hay otro tipo de luz que nuestros ojos no pueden percibir. Es el Sol de los ángeles, donde el poeta se encuentra y por lo que Beatriz lo invita a dar gracias por lo que Dante tiene una suerte de arrobo que lo hacen olvidarse de su Señora y entregarse de corazón y volver sus ojos hacia Dios. Ella sonríe y entonces su bello rostro se funde con la visión del espíritu que en esos instantes él experimenta.

Dice Gaston Bachelard en la Poética del Espacio, que la fenomenología de la imagen poética es posible cuando se captan unos cuantos versos o estrofas en la totalidad de un poema. Si tomamos en cuenta que un canto es una totalidad en sí misma aunque forma parte de una totalidad mayor que es el poema en su conjunto, puedo señalar que para captar la fenomenología de la imagen poética de cada canto no es necesario hacer una explicación exhaustiva de cada terceto. Más bien mi tarea es la de resaltar esas partes que más se impregnan fenomenológicamente como imágenes y que ayudan a comprender el canto como parte de una totalidad orgánica. Y he encontrado otra clave para entender la compleja tercera parte del poema: el verbo trasnhumanizar. Eso es lo que Dante experimenta en su viaje en el no tiempo y el no lugar que es el Paraíso.

Trasnhumanizar es aquella experiencia que va más allá de lo humano y que está encaminada a a tener una realización mística y trascendente en Dios. Pongo en cursivas la preposición en, para remarcar que esa realización total que se busca no es con Dios sino en Él. A esa experiencia también la llamo, retomando la descripción de Einstein, como Religiosidad Cósmica.

Como señala Dante, esa acción, el transhumanizar, es algo que nos acerca a lo inefable y que cualquier persona intuye y desea experimentar. Ahora que he investigado más sobre esta palabra, me encuentro que es utilizada por un movimiento de científicos (uno de sus principales fundadores es el filósofo Nick Bostrom, el mismo que postula que somos una simulación de realidad virtual) que se hacen llamar transhumanistas, pero despojando a la palabra de su trascendencia: lo que se busca es mejorar la capacidades humanas por medio de la tecnología, según las posturas más extremas se trata de rediseñar la condición humana y terminar con el envejecimiento, las limitaciones intelectuales, el sufrimiento, la mortalidad y el confinamiento en el planeta Tierra. Tal vez si esto lo estuviera escribiendo hace treinta años, parecería que un movimiento (tienen hasta un manifiesto) con estas características, no pasa de ser una charada de unos cuantos lunáticos. Actualmente esto no es así y las ideas transhumanistas tienen muchos adeptos. La explicación la encuentro en que usan como bandera uno de nuestros recientes y más arraigados mitos. La mayoría de las personas creemos que la tecnología tiene una solución o está por encontrarla para muchas de las preocupaciones humanas. Por ejemplo, con los avances en la ingeniería genética, estamos a un paso de que se puedan hacer modificaciones en el comportamiento y en el intelecto human. Esto antes sólo eran una especulación de algún marginal grupo neonazi. Ahora es tan posible que el tema plantea ya una serie de dilemas éticos y políticos centrales.

El verbo inventado por Dante y ahora transfigurado como “la idea más peligrosa para los sistemas democráticos” según señala el filósofo Fukuyama, también busca esta trascendencia de las limitaciones humanas, pero desde lo humano y, sobre todo, como insistentemente señala nuestro poeta, sin contravenir las disposiciones de la naturaleza. En el fondo, lo que busca el transhumanismo moderno es eliminar aquello que permite experimentar o al menos intuir, la trascendencia de lo humano. Quieren eliminar el sufrimiento, pero ¿Qué sería de las alegrías trascendentes de una vida humana sin sufrimientos o, en terminos dantescos, qué sería del Paraíso sin el Infierno y el Purgatorio? Aunque suene tentador, quieren eliminar la vejez, pero ¿Qué sería de nosotros sin las huellas en nuestro rostro y cuerpo que nos indican que hemos experimentado y vivido el mundo y que son parte de nuestra identidad? Quieren hacernos menos tontos, pero ¿en realidad sería inteligente aumentar nuestra capacidad intelectual de manera artificial? Quieren hacernos inmortales, pero ¿Cuáles serían las consecuencias si nuestra vida se alargara exponencialmente? Algunos científicos señalan que si este movimiento tuviera éxito y mayor eco, la humanidad podría incluso aniquilarse a sí misma sin garantía de que las máquinas nos sustituyan.

He echado un ojo a algunos de los ensayos dantescos que hay en la red y no hay ninguno que aborde la diferencia entre el transhumanizar que Dante plantea en el Paraíso y el giro tecnológico actual que han hecho este grupo de científicos. Sólo encontré un artículo sobre el transhumanismo moderno que reivindica el origen dantesco del término. Me parece que con esa palabra, el summo poeta nos lanzó un reto que apenas podemos intuir. Para los que aspiramos a ser poetas y pensadores de nuestro tiempo, esa palabra es incluso un regalo y una herramienta para la crítica.

Aquí dejo un video sobre el tema:

Apología del Blog

Necesitamos plantearnos como horizonte el contar con nuestras propias redes sociales digitales. Unas redes que sirvan para organizarnos y nos ayuden a hacer comunidad y no ha fragmentarnos e individualizarnos hasta hacer del yo un soberbio y hueco gigante. Necesitamos que no lucren con la comunicación y el juego como sucede ahora. Como todo lo bueno, el camino será largo y hay que andarlo. En este sentido no coincido con los agoreros de la catástrofe y el desaliento. Sí, el capitalismo digital nos enajena y amenaza cada día más con ser un poder totalitario que no nos deje ninguna opción ni resquicio de libertad. El peligro es real y palpable y el pesimismo justificado. Pero hay que tener esperanza a pesar de la creciente barbarie. Sin ella nos condenamos a vivir eternamente en el infierno de lo igual. Experiencias alternativas existen desde hace mucho. En el Chile de Salvador Allende, por allá de los años setentas, ya se planteaba utilizar la tecnología para fortalecer la planeación económica y la toma de decisiones democráticas. Ese es el ejemplo que ahorita me acuerdo, pero seguramente hay muchos antecedentes y ya no se diga lo que está sucediendo ahora.

Insisto, el camino es largo, difícil, inseguro, pero hay que empezar a hacerlo , como dice el dicho, con calma que llevamos prisa. Y sin tenerle miedo al debate y las discusiones desde diferentes puntos de vista, porque algo que define a ese infierno de lo igual es que quiere el consenso fácil y light, donde todos pensemos lo mismo, cada quien en su isla. ¿Así cómo nos vamos a enriquecer y avanzar? Con eso en mente, invité a amigos y amigas a que escriban sobre los temas que les interesan y apasionan y que puedan contribuir al debate desde su experiencia y preocupaciones personales.

Desde que abrí el blog lo hice con esa intención. Me parece que este es un espacio donde se puede explorar la creatividad y el debate. Hubo un tiempo en que los blog adquirieron un auge muy fuerte. Eso fue en los primeros años de este joven siglo. Ahora ya no tienen esa fuerza, pero precisamente por eso hay que aprovechar que ya no están de moda e ir incentivando el uso de otras redes que no sean las más comunes. En un mediano plazo queremos también tener una radio digital. En fin, que ya empezamos y esperamos contar con su participación.

Así queda la colaboración distribuida por días:

Nota 8: #Dante 2021

Ayer en la noche buscando información sobre las celebraciones de Dante que se llevaràn a cabo este 2021, me encontré con un artículo del New York Times en español, donde habla de la lectura colectiva que se llevó a cabo de los cien cantos de la Divina Comedia en los primeros cien días del año 2018. La iniciativa fue de Pablo Maurette que el primer día de enero publicó en Twitter el hashtag #Dante 2018 y de ahí se detonó un gran interés e interacción de todo tipo de personas. Aquí dejo el link del artículo:

Me parece una propuesta excelente para celebrar este 2021 a Dante y a la poesía. Sin embargo, estuve buscando lecturas colectivas de ese tipo y no encontré ninguna que se esté llevando acabo. Por ello, hace un rato abrí mi cuenta de Twitter @apocaliptica17 con la finalidad de lanzar esa propuesta para este año. Incluso ya busqué la cuenta de Pablo Maurette y es de las primeras que sigo. Hasta hace poco era muy reticente con esto de las redes sociales y esa reticencia me ha llevado a no verle su lado positivo como es este el caso. Si en las redes sociales y en general en la Red Digital, cada día más se genera la división, el odio y la infodemia, ¿no será una de las mejores maneras de contrarrestarlo el generar la participación horizontal y colectiva en torno a la lectura de la Divina Comedia? Desde luego que el alcance que pueda tener la propuesta será muy limitada al principio por el escaso número de seguidores que tengo. No soy un influencer y me gusta el anonimato por lo que preferiría que otro con mayor alcance hubiera tenido la iniciativa. Aun así, lanzo la propuesta de que, los pocos lectores que por aquí o por Twitter se asomen, empecemos la lectura colectiva a partir del 14 de febrero con el primer canto y así subsecuentemente uno cada día hasta completar los cien.

En fin, no importa cuantos seamos. Parafraseando a Borges, cuando alguien lee una línea de Dante, por esos momentos también es Dante. De esta manera, si la Red Digital se alimenta de nuestra psique y privatiza el conocimiento común, la poesía es y será, una vez más, la forma de devolvernos el rostro y el sentimiento de lo colectivo.

Viaje al corazón del Mezquital: El Bradbury 2020.

Desde hace un mes, justo desde que escribo en el blog, la publicidad que aparece en Google o Youtube, es referente a la escritura, la escriptofobia, y el proceso creativo de artistas en general. Algo de esta magia que tiene muy poco de coincidencia, la percibí con los amigos que hice en aquel lejanísimo 2019, cuando anduve por allá, en Melbourne, Australia. Después del trabajo, obreros overseas, casi a diario nos juntábamos en Batman Park a orillas del Yarra River. Gonzalo, un chileno carismático y fanático de Carl Sagan, fue el primero en percibir que aparecía propaganda en nuestros teléfonos relacionada a los temas de los que hablábamos en nuestras madrugadas interminables. “Google nos escucha”, solía decir un poco en sorna, tal vez para aminorar la verdad que nos había revelado. En efecto, al otro día nos aparecía a cada uno la misma información referente a mujeres australianas, trabajos temporales, visas, viajes en avión y renta de autos.

Aún en los actuales momentos de extrema angustia, me cuesta creer que Google escucha nuestras conversaciones. Más bien me parece que el poderoso buscador nos analiza individualmente. El lector o lectora recordarán el emblemático caso de las elecciones en Estados Unidos, donde la empresa Cambridge Analítica influyó en el resultado de las elecciones a presidente, por medio de la manipulación de los datos y el estudio de la psique de los votantes gringos.   

Hasta hace muy poco, no había prestado atención a las ofertas de blogueros, diseñadores, arquitectos, cineastas, pintores y un largo etcétera que te promete llevarte a la cumbre y explotar todas tus capacidades. Sin embargo, el pasado viernes, mientras me disponía a escuchar algo de música, apareció publicidad sobre el Bradbury 2020. Un software que te ayuda a cumplir el reto de escribir un cuento a la semana durante un año.

El software está diseñado para ayudarte a procesar, diseñar y escribir 52 cuentos: uno por semana. Tiene herramientas para hacer tu guión, sinopsis, escaleta y tiene un apartado con diferentes plantillas, de acuerdo al género que quieras tratar en tu narración. Te explica, de la A de Aristóteles y su método de los tres actos, hasta la Z de Zedric y su método matrioska. El tema del cuento sale de los sueños del usuario. Todo esto por tan sólo quinientos pesos.  

Los que me conocen saben que un producto así lo compro de inmediato. Y eso hice.

Hace un rato sonó el timbre en la vecindad. Como es domingo en la mañana, soy el único inquilino presente, así que, tuve dos caminos: ignorar el timbrazo o resignarme a bajar los cuatro pisos. Otros veces suelo tomar el primer camino y, aunque no soporto el castrante sonido del timbre, me pongo mis audífonos con música a todo volumen. Pero hoy tenía el presentimiento de que llegaría el sofwere, así que tomé instintivamente mi cubrebocas y fui a abrir la puerta.

La persona que me entregó el Bradbury 2020, aun con el cubrebocas puesto, me pareció idéntico a mi jefe Italoaustraliano Paul, dueño del mercado de frutas y verduras Pellegrino´s Market, allá en Melbourne. Tal vez el enorme parecido que les encontré es porque los dos hablan un inglés que fonéticamente es ininteligible para mí y, porque ambos, manejan camioneta Van para repartir los pedidos de su empresa. Tal vez también por las mismas muletillas que tienen al terminar las frases: si ya, mait; yu nou güana min, mait; no guorries, mait . También percibí, en ambos, el sonido falso de su risa cuando atienden a los clientes.

Hace un rato instalé en mi computadora el disco del Bradbury 2020. No todo es positivo en estos inventos. Esta versión sólo esta en inglés por el momento. Si con el español tengo problemas, no les quiero contar con el idioma de Shakespeare. Aun así, me apresuré a probarlo. Me puse la muñequera y me dormí un rato. Apenas dos horas. Con base en mis sueños, el tema de mi primer cuento trata sobre un hongo llamado coronajomti.

¿Y si el covid-19 fue un invento de un cuentista igual de malo que yo, pero con un software de mucha más potencia, lo que le permitió hacer realidad sus sueños? No, todavía faltan siglos para que la tecnología llegue a esos niveles.

Soy lento para leer en inglés. La traducción de las dos hojas del guíón y luego intentar darle alguna coherencia (las máquinas tampoco hacen todo), me llevará algunos días. En el menú principal se lee: 51 cuentos restantes. Espero para el otro domingo publicar mi primer cuento, y así cumplir el ciclo de escribir uno cada semana durante un año, como quería el entrañable Bradbury, el de carne y hueso.