Apología del Blog

Necesitamos plantearnos como horizonte el contar con nuestras propias redes sociales digitales. Unas redes que sirvan para organizarnos y nos ayuden a hacer comunidad y no ha fragmentarnos e individualizarnos hasta hacer del yo un soberbio y hueco gigante. Necesitamos que no lucren con la comunicación y el juego como sucede ahora. Como todo lo bueno, el camino será largo y hay que andarlo. En este sentido no coincido con los agoreros de la catástrofe y el desaliento. Sí, el capitalismo digital nos enajena y amenaza cada día más con ser un poder totalitario que no nos deje ninguna opción ni resquicio de libertad. El peligro es real y palpable y el pesimismo justificado. Pero hay que tener esperanza a pesar de la creciente barbarie. Sin ella nos condenamos a vivir eternamente en el infierno de lo igual. Experiencias alternativas existen desde hace mucho. En el Chile de Salvador Allende, por allá de los años setentas, ya se planteaba utilizar la tecnología para fortalecer la planeación económica y la toma de decisiones democráticas. Ese es el ejemplo que ahorita me acuerdo, pero seguramente hay muchos antecedentes y ya no se diga lo que está sucediendo ahora.

Insisto, el camino es largo, difícil, inseguro, pero hay que empezar a hacerlo , como dice el dicho, con calma que llevamos prisa. Y sin tenerle miedo al debate y las discusiones desde diferentes puntos de vista, porque algo que define a ese infierno de lo igual es que quiere el consenso fácil y light, donde todos pensemos lo mismo, cada quien en su isla. ¿Así cómo nos vamos a enriquecer y avanzar? Con eso en mente, invité a amigos y amigas a que escriban sobre los temas que les interesan y apasionan y que puedan contribuir al debate desde su experiencia y preocupaciones personales.

Desde que abrí el blog lo hice con esa intención. Me parece que este es un espacio donde se puede explorar la creatividad y el debate. Hubo un tiempo en que los blog adquirieron un auge muy fuerte. Eso fue en los primeros años de este joven siglo. Ahora ya no tienen esa fuerza, pero precisamente por eso hay que aprovechar que ya no están de moda e ir incentivando el uso de otras redes que no sean las más comunes. En un mediano plazo queremos también tener una radio digital. En fin, que ya empezamos y esperamos contar con su participación.

Así queda la colaboración distribuida por días:

Nota 8: #Dante 2021

Ayer en la noche buscando información sobre las celebraciones de Dante que se llevaràn a cabo este 2021, me encontré con un artículo del New York Times en español, donde habla de la lectura colectiva que se llevó a cabo de los cien cantos de la Divina Comedia en los primeros cien días del año 2018. La iniciativa fue de Pablo Maurette que el primer día de enero publicó en Twitter el hashtag #Dante 2018 y de ahí se detonó un gran interés e interacción de todo tipo de personas. Aquí dejo el link del artículo:

Me parece una propuesta excelente para celebrar este 2021 a Dante y a la poesía. Sin embargo, estuve buscando lecturas colectivas de ese tipo y no encontré ninguna que se esté llevando acabo. Por ello, hace un rato abrí mi cuenta de Twitter @apocaliptica17 con la finalidad de lanzar esa propuesta para este año. Incluso ya busqué la cuenta de Pablo Maurette y es de las primeras que sigo. Hasta hace poco era muy reticente con esto de las redes sociales y esa reticencia me ha llevado a no verle su lado positivo como es este el caso. Si en las redes sociales y en general en la Red Digital, cada día más se genera la división, el odio y la infodemia, ¿no será una de las mejores maneras de contrarrestarlo el generar la participación horizontal y colectiva en torno a la lectura de la Divina Comedia? Desde luego que el alcance que pueda tener la propuesta será muy limitada al principio por el escaso número de seguidores que tengo. No soy un influencer y me gusta el anonimato por lo que preferiría que otro con mayor alcance hubiera tenido la iniciativa. Aun así, lanzo la propuesta de que, los pocos lectores que por aquí o por Twitter se asomen, empecemos la lectura colectiva a partir del 14 de febrero con el primer canto y así subsecuentemente uno cada día hasta completar los cien.

En fin, no importa cuantos seamos. Parafraseando a Borges, cuando alguien lee una línea de Dante, por esos momentos también es Dante. De esta manera, si la Red Digital se alimenta de nuestra psique y privatiza el conocimiento común, la poesía es y será, una vez más, la forma de devolvernos el rostro y el sentimiento de lo colectivo.

Viaje al corazón del Mezquital: El Bradbury 2020.

Desde hace un mes, justo desde que escribo en el blog, la publicidad que aparece en Google o Youtube, es referente a la escritura, la escriptofobia, y el proceso creativo de artistas en general. Algo de esta magia que tiene muy poco de coincidencia, la percibí con los amigos que hice en aquel lejanísimo 2019, cuando anduve por allá, en Melbourne, Australia. Después del trabajo, obreros overseas, casi a diario nos juntábamos en Batman Park a orillas del Yarra River. Gonzalo, un chileno carismático y fanático de Carl Sagan, fue el primero en percibir que aparecía propaganda en nuestros teléfonos relacionada a los temas de los que hablábamos en nuestras madrugadas interminables. “Google nos escucha”, solía decir un poco en sorna, tal vez para aminorar la verdad que nos había revelado. En efecto, al otro día nos aparecía a cada uno la misma información referente a mujeres australianas, trabajos temporales, visas, viajes en avión y renta de autos.

Aún en los actuales momentos de extrema angustia, me cuesta creer que Google escucha nuestras conversaciones. Más bien me parece que el poderoso buscador nos analiza individualmente. El lector o lectora recordarán el emblemático caso de las elecciones en Estados Unidos, donde la empresa Cambridge Analítica influyó en el resultado de las elecciones a presidente, por medio de la manipulación de los datos y el estudio de la psique de los votantes gringos.   

Hasta hace muy poco, no había prestado atención a las ofertas de blogueros, diseñadores, arquitectos, cineastas, pintores y un largo etcétera que te promete llevarte a la cumbre y explotar todas tus capacidades. Sin embargo, el pasado viernes, mientras me disponía a escuchar algo de música, apareció publicidad sobre el Bradbury 2020. Un software que te ayuda a cumplir el reto de escribir un cuento a la semana durante un año.

El software está diseñado para ayudarte a procesar, diseñar y escribir 52 cuentos: uno por semana. Tiene herramientas para hacer tu guión, sinopsis, escaleta y tiene un apartado con diferentes plantillas, de acuerdo al género que quieras tratar en tu narración. Te explica, de la A de Aristóteles y su método de los tres actos, hasta la Z de Zedric y su método matrioska. El tema del cuento sale de los sueños del usuario. Todo esto por tan sólo quinientos pesos.  

Los que me conocen saben que un producto así lo compro de inmediato. Y eso hice.

Hace un rato sonó el timbre en la vecindad. Como es domingo en la mañana, soy el único inquilino presente, así que, tuve dos caminos: ignorar el timbrazo o resignarme a bajar los cuatro pisos. Otros veces suelo tomar el primer camino y, aunque no soporto el castrante sonido del timbre, me pongo mis audífonos con música a todo volumen. Pero hoy tenía el presentimiento de que llegaría el sofwere, así que tomé instintivamente mi cubrebocas y fui a abrir la puerta.

La persona que me entregó el Bradbury 2020, aun con el cubrebocas puesto, me pareció idéntico a mi jefe Italoaustraliano Paul, dueño del mercado de frutas y verduras Pellegrino´s Market, allá en Melbourne. Tal vez el enorme parecido que les encontré es porque los dos hablan un inglés que fonéticamente es ininteligible para mí y, porque ambos, manejan camioneta Van para repartir los pedidos de su empresa. Tal vez también por las mismas muletillas que tienen al terminar las frases: si ya, mait; yu nou güana min, mait; no guorries, mait . También percibí, en ambos, el sonido falso de su risa cuando atienden a los clientes.

Hace un rato instalé en mi computadora el disco del Bradbury 2020. No todo es positivo en estos inventos. Esta versión sólo esta en inglés por el momento. Si con el español tengo problemas, no les quiero contar con el idioma de Shakespeare. Aun así, me apresuré a probarlo. Me puse la muñequera y me dormí un rato. Apenas dos horas. Con base en mis sueños, el tema de mi primer cuento trata sobre un hongo llamado coronajomti.

¿Y si el covid-19 fue un invento de un cuentista igual de malo que yo, pero con un software de mucha más potencia, lo que le permitió hacer realidad sus sueños? No, todavía faltan siglos para que la tecnología llegue a esos niveles.

Soy lento para leer en inglés. La traducción de las dos hojas del guíón y luego intentar darle alguna coherencia (las máquinas tampoco hacen todo), me llevará algunos días. En el menú principal se lee: 51 cuentos restantes. Espero para el otro domingo publicar mi primer cuento, y así cumplir el ciclo de escribir uno cada semana durante un año, como quería el entrañable Bradbury, el de carne y hueso.