Nota a quien leyere  

Desocupado lector o desocupada lectora, supongo cuando tocó el terror nocturno a tu puerta no quisiste dejarlo entrar. Aun así, el bicho o ángel se instaló en cada uno de los rincones de tu casa y la dejó en ruinas y a ti te dejó desnudo o desnuda; vestida o vestido de angustia.

Sin duda, será difícil comunicar a las generaciones venideras la experiencia planetaria que vivimos este dos mil veinte. Como estamos dentro del torbellino, ni siquiera nosotros sabemos todavía en dónde estamos parados, y mucho menos sabemos hacia dónde nos dirigimos.

Ante esta experiencia ontológica a un tiempo individual y colectiva, busqué serenar mis demonios de la mejor manera posible. Dos actividades informan sobre la hechura de estas arborescencias: la incursión sistemática en los bosques de mi tierra y la apertura de un blog que me permitió ensayar con la escritura.

Arborescencia, según el diccionario, es aquella propiedad según la cual una cosa se desarrolla en forma de árbol. Así quisiera, si el destino y el azar lo permiten, se desarrolle mi poesía. Este poemario es la primera rama de ese árbol. Seguramente no la mejor, pero me consta tiene hambre de luz.

Del primero de octubre al día de hoy, traté de llevar a cabo “la invocación religiosa de la Musa”. Es cierto, una pequeña golondrina no hace verano. Sin embargo, gibosa y fea, este libro de poemas es golondrina al fin.

 José León

Real del Monte a 31 de diciembre de 2020