#Dante2021 Paraíso Canto XVI: Dante y los poetas

Para Santayana, el tema principal de la Commedia es el universo moral. Así, la visión ontológica e histórica, poética y epistemológica de Dante, tiene su fundamento en la moral: la teología como visión del amor. Sin embargo, el filósofo español también da en el blanco cuando dice que el profundo rencor y sus profundas antipatías se dejan sentir en muchas partes del poema. La mayoría de las veces este rencor se encuentra sublimado en el Infierno, desde luego, pero también se encuentra, lo mismo que su visión del amor, a lo largo ancho de toda la obra. Sólo que en algunos cantos se nota más ese apasionamiento.

Paradójicamente, el canto XVI inicia advirtiendo “en aquella esfera, que no es otra cosa sino el mismo cielo, no hay pasiones que extravíen la esencia del ser” para después presentar un largo relato de Cacciaguida, especie de imagen condensada de la historia de Florencia hasta decantar en su presente degradación y caos. En otras palabras, el bisabuelo de Dante presenta una visión entrópica de la historia. Por ello en una parte dice: “La confusión de las personas ha sido el origen de grandes males en las ciudades, como es en el cuerpo la excesiva mezcla de alimentos”.

El canto termina evocando los últimos días que Florencia vivió en armonía y en paz; sin que las discordias mancharan la tierra de sangre.

El ensayo de Santayana termina señalando que Dante es el poeta perfecto. Para los que aspiramos a poetas y coincidimos con esta opinión, nos pasa lo que a los novelistas con Cervantes o a los filósofos con Platón: ellos también saben que no podrán superar esas obras. Eso es un dichoso alivio pues nos destina inscribir nuestras versificadas notas al pie de página acompañando al magno poema.

#Dante2021 Paraíso Canto XV: Dios: creador de alegorías.

El riesgo que corre un lector no especializado en el tema, como yo al comentar algo sobre un libro clásico como la Comedia, es que se corre el riesgo de decir torpemente cosas que ya se dijeron con mucho mayor profundidad y madurez. Y lo peor de todo, se cree uno que acaba de inventar el agua tibia. Muchas de las cosas que he intentado descifrar o apenas intuyo en cada uno de los cantos del poema, están expresados mejor por los críticos y artistas del pasado, algunos de los cuales he mencionado a lo largo de estos días. Sin embargo, hasta ahora hago referencia al filósofo George Santayana y su esclarecedor ensayo Tres poetas filósofos: Lucrecio, Dante y Goethe.

Entre los males de nuestro tiempo es que el exceso de información nos satura, nos abotaga el alma. Es por ello que en los últimos años he optado por leer libros sin mucho aparato crítico que los rodee y de preferencia en papel: en parte, el infovirus que todos padecemos en estos pandémicos tiempos, se cura consumiendo menos información. Es una estrategia de la que no me arrepiento, pues he leído sobre Dante y la Divina Comedia ensayos esenciales ¿Por qué hasta esta parte del Paraíso me fue deparado encontrar el ensayo de Santayana?

Hoy hojeando un libro de la serie Sepan Cuantos de la editorial Porrúa, me encontré en la última parte donde aparece la lista de los autores, títulos y precios, con la referencia al ensayo que he mencionado del filósofo y poeta español. Algún día espero completar la colección de esta memorable serie de libros clásicos. Sin embargo, como el momento lo amerita, me puse a buscar en la red el título y afortunadamente lo encontré.

Es la primera vez que leo a Santayana y ese es otro regalo que me ha dado la lectura de la Comedia. El filósofo se toma en serio la filosofía de Dante e incluso dice lo que ya cualquier lector más o menos atento sospecha: nos encontramos ante un sistema peculiar de pensamiento. No voy a retomar las ideas del ensayo porque más bien hago la invitación para que cada quien vaya al texto y lleve agua para su molino. Aquí sólo retomo una frase que me dejó cimbrando la imaginación, como esos sonidos que a veces se quedan zumbando en el oído: Dios es un creador de alegorías para Dante, según nos dice el filósofo.

Sólo parémonos un momento en pensar las consecuencias de esta breve metáfora explicativa, dicha al sesgo y como una charada para completar argumentos filosóficos concienzudamente pensados y sopesados. Pensemos por un momento que las cosas y las personas que nos rodean, que el vasto e infinito universo son un símbolo o, más bien, una serie infinita de símbolos creados, pensados y sostenidos por el amor divino. Tiene razón Santayana cuando dice que Dante piensa de forma poética precisamente por esta concepción de la realidad.

En el canto XV, el espíritu que habla a Dante:

Después de aquellas palabras iniciales, el espíritu, que agradaba tanto a la mirada como al oído, se puso a discurrir temas tan profundos que yo no alcanzaba a comprender, no porque él se expresara de manera oscura, sino porque aquellos conceptos eran por naturaleza superiores a la capacidad de los simples mortales.

Dante no se va a cansar una y otra vez de repetirnos que nuestra mente y sentidos apenas pueden aproximarse a los misterios de la luz eterna. Esa luz que penetra a todos los seres y que, el velo del entendimiento humano, apenas logra intuir. Cada acto, cada ente, cada pensamiento, el universo entero como parte y creación del amor divino. Una clave que nos da George Santayana para comprender la propuesta filosófica de Dante es poner atención no en los componentes de las cosas sino en sus fines, los cuales en última instancia se dirigen o intentan acercarse lo más posible a Dios. Me parece que cuando tal experiencia se vivencia en carne propia -y todos en mayor o menor grado tenemos estas vivencias- nos acercamos a la filosofía desde la poesía, una de las formas de, en nuestra búsqueda, reconciliarnos con el sentido y la verdad.

#Dante2021 Paraíso Canto XIV: Música y misticismo

Hasta ahorita no hay un canto en el Paraíso que no contenga cantos y música. Me parece que este es un elemento a tomar en cuenta para la comprensión de esta parte del poema. En el canto XIV se hace referencia dos veces a la música.

La primera cuando Beatriz les pide a los sabios que expliquen al florentino sobre si la luz que anima su substancia será siempre como ahora:

Al igual que los que danzan en rueda, y en cada evolución se sienten más excitados, profiriendo expresiones de alegría y animando sus movimientos, así, a la amorosa petición que se les hacía, los santos círculos se mostraron muy entusiasmados renovando sus cantos y sus maravillosas evoluciones.

Cabe señalar que, aunque no en todas las partes donde aparecen referencias a la música, es común encontrar entrelazadas referencias al movimiento armonioso de círculos, esferas y luces.

La segunda referencia a la música viene al final del canto, cuando al acceder a la esfera de Marte se encuentra con la visión de la cruz donde resplandece Cristo rodeado de espíritus luminosos que lanzan vívidos destellos:

Y como el laúd y el arpa, cuyas distintas cuerdas, cuando están bien templadas, producen una dulce armonía aun para aquel que es lerdo en distinguir sonidos, así las luces que se me aparecieron formaron con la cruz una melodía que fascinaba mis sentidos. Yo no entendía las palabras del canto, pero sí sentía que se trataba de una dulce alabanza, pues a mis oídos llegaban palabras como resucita o triunfa, pero los sonidos y las palabras se arreglaban en mi mente como aquel que no distingue bien los matices de lo que escucha.

Si como dice Schopenhauer, la música es el arte que mejor capta la esencia de la voluntad, se entiende porque para Dante es un recurso para expresar lo inefable. Sin embargo, a diferencia de la voluntad ciega y sin sentido que conceptualiza el filósofo alemán, el summo poeta nos habla de una experiencia mística con la voluntad divina, es decir, como lo expresa en este mismo canto, una experiencia con aquel que vive siendo uno, dos y tres: “y siendo tres en uno y sin contenerse en nada, pero conteniéndolo todo.”

De esta manera, tenemos en las referencias a la música una clave para comprender la compleja cosmología mística que constituye el Paraíso. Hace algunas entradas, hacía referencia a que el Paraíso se basa en la cosmología aristotélico-tolemaica que eran los conocimientos que dominaban en la poca, pero decía que no se podía reducir a una versificación del sistema astronómico-astrológico del medievo. Más bien creo que sirvió de base pero que incluye una serie de conocimientos y fuentes tan diversas como misteriosas.

A diferencia de los escritos que abundan sobre el Infierno y en menor medida del Purgatorio, en la red hay pocos escritos que aborden la tercer parte de la Comedia. Hoy sin embargo, leí un breve artículo donde se hace referencia a los conocimientos que influyeron en Dante para construir su visión del Paraíso. Ahí se señala que a parte de las fuentes oficiales y canónicas de la época, existen referencias al neoplatonismo. Si esto es verdad, y así parece ser, las dificultades que nos presenta esta parte del poema se van difuminando. Por ejemplo, en lo que respecta a la trinidad a la que se hace constantemente referencia, nos recuerda las hipóstasis de Plotino. Además, esa visión del Uno, incognoscible realidad suprema o gran vacuidad y del que es mejor callarse por que de él nada se puede decir, tiene vasos comunicantes con la divinidad y la jerarquía celestial que nos presenta el poeta italiano. En el sentido práctico también encuentro similitudes, pues tanto Plotino como Dante hacen una peculiar vinculación entre el arte de la contemplación y la comunión con lo divino.

Esas no son seguramente las únicas influencias que existen, pero se necesita un estudio profundo del neoplatonismo para encontrar más conexiones y simpatías. Sin embargo, tengo en mi pequeña biblioteca, el libro III de las Eneadas. Miro el índice me encuentro con el apartado que trata sobre La naturaleza, la contemplación y el Uno. Hojeo un poco y encuentro este párrafo donde Plotino señala:

Por eso el término de reducción en todos los casos es un uno. Es decir, en cada caso, el término de reducibilidad es un uno en particular, y este universo es reductible al uno anterior a él, no al Uno sin más, y así hasta llegar al Uno sin más; éste, en cambio, ya no es reductible a otro. Ahora bien, si se considera el uno de la planta – y éste es su principio permanente-, el uno del animal, el uno del alma y el uno del universo, se considera en cada caso lo más potente y lo más valioso; mas si se considera el Uno de los Seres de verdad, su principio, su fuente y su potencia, ¿vamos, por el contrario, a desconfiar y a sospechar que es la nada? Sí, es la nada en el sentido de ninguna de las cosas de las que es principio, pero es tal que, no pudiendo predicarse nada de él, no el ser, no la esencia, no la vida, es lo que sobrepasa todas estas cosas. Más si lo consideraras tras haber descartado el ser, quedarías maravillado.

Si como tal parece, Dante abreva de las fuentes del neoplatonismo, estamos ante misterios más profundos que resolver en este mística tercera parte. Yo me declaro un tanto incompetente en estos momentos para desentrañar ni siquiera lo más superfluo. Ya hace días conté que incluso tengo que releer los cantos más de una vez para poder comentar algo que aporte, si no a la comprensión del canto, al menos a la invitación a la lectura de un poema que se propuso transformar al individuo y no sólo entretenerlo.

Desde luego, ya que se hace referencia al Uno de Plotino, no puedo dejar de recordar también a Pitágoras y su visión mística de las matemáticas. Para los pitagóricos, el principio de todas las cosas es el número. Esta creencia y sus investigaciones sobre la música, decantaron en una visión del cosmos como una armonía relacionada a los números y las escalas musicales. Cuando Dante hace referencia a la música el mensaje es parecido: la armonía de las esferas celestes y el cosmos se expresa a través de la música. Pero hay más. Para el Bardo, al igual que los cabalistas, al igual que los pitagóricos y los neoplatónicos, el número tiene una connotación mística que nos vincula con la divinidad y la armonía del universo. Muy diferente al puro cálculo que hacen los algoritmos del big data en la era del capitalismo digital, pero tal vez más cerca de lo que pensamos de la religiosidad cósmica de la física moderna.

#Dante2021 Paraíso Canto XIII: El terceto o el sujeto de los cantos

Hace unos días, cuando andaba de la mano de Dante en el Purgatorio, lancé la propuesta de interpretar la comedia como si fuera un arte de la fuga pero en vez de con sonidos hecho con palabras. Desde esa perspectiva, decía que el terceto es el sujeto elemental de este singular arte dantesco.

No sé hasta donde sea válida esa comparación pero me sirvió para comprender la importancia del inicio del poema. En el terceto inicial se encuentra concentrado todo lo que vendrá después. Por ello lo imagino como una semilla que después se desarrolla lentamente. O como un tronco de un árbol que se ramifica infinitamente.

En ese memorable terceto encontramos los siguientes elementos: En medio del camino, como indicador de viaje y movimiento justo en el medio de una crisis, de nuestra vida, porque Dante se refiere a una experiencia, se encontró en una selva oscura, el lugar siniestro como símbolo, que la directa vía era perdida, como reiteración de ese camino que se tuerce. Ahí, en esa semilla, se encuentra el actor principal hablando en primera persona, el germen de la historia a un tiempo íntima e individual y colectiva. De igual forma muestra que ese mundo se salió de su recto cauce y que sucede, al menos de inicio, en una selva. Por último, está lo que no se dice pero que forma parte integral del primer terceto: el objetivo si se está perdido, será recuperar el camino correcto y la luz.

Si recordamos que para interpretar la Comedia se debe de hacer en cuatro sentidos distintos, el análisis sólo del primer terceto se puede alargar indefinidamente. Esa es una de las magias de esta obra, la infinita cantidad de interpretaciones que acepta y de hecho propicia.

Ahora bien, esa riqueza de la estructura mínima del poema, es decir, el terceto, que encontramos al principio, es posible extrapolarla en cada canto. Y es que el poema es una totalidad orgánica y los cantos son las partes. A su vez los tercetos son las partes esenciales de cada canto. Según la armonía dantesca, esas partes se deben de corresponder con el todo. si esto es así, cada terceto contiene partes que comunican con la totalidad del canto y cada canto contiene una parte de esa totalidad que es el poema. He ahí una de las principales dificultades a la ora de interpretarlo: nos encontramos con un universo en contante interacción.

Además, si uno observa con cuidado la estructura de cada canto y trata de encontrar sus regularidades, se dará cuenta que no hay casi variaciones en la manera de presentar la visión, como si fueran retablos muy diferentes pero que en su conjunto formaran parte de un cuadro mayor. En el caso del canto XIII, quisiera aplicar mi hipótesis del terceto como célula básica del cuerpo orgánico que es el poema. Para ello retomo el terceto inicial:

Immagini chi bene intender cupe

Quel ch´io vidi (e ritegna l´image,

Mentre ch´io dico, come ferma rupe)

El que quiera comprender bien lo que entonces vi, imagínese -y fíjelo en su mente como en la dura roca-.)

A diferencia del terceto inicial del poema, el terceto inicial de este canto carece de un espacio pero precisamente porque esa es la invitación, presentar lo que el poeta vio. Aquí Dante ya incluye al lector como acompañante del viaje, apelando a la facultad imaginativa y pidiendo que fije como en roca lo que se mostrará a continuación.

Entonces se habla de constelaciones y del tiempo del cielo tan distinto al de la tierra. Nos habla de cantos que se entonan a las tres Personas, nos habla de la esencia divina de esas personas que se unen en una en el humano. En metáforas abigarradas y complejas nos hace referencia a Adán y a Cristo y nos acerca en voz de santo Tomás, algunos de los misterios de la trinidad. Nos habla de cómo el sello de la idea divina se encuentra en todo lo existente. Nos habla de cómo Dios es un artista imperfecto cuando trata de realizar su idea en la naturaleza. Nos habla de como Dios imprime en la materia la luz de la virtud ideal y “dotando a la tierra de todo cuanto conviene a la naturaleza animal y propiciando que en el seno de la Virgen sea concebido el ser que trasciende al hombre”. Al final habla de Dios como el Rey y primer padre del universo al que nadie se compara. Por último, ante la aparente oscuridad de las palabras, santo Tomás hace un llamado a que el Bardo camine con pies de plomo y lentamente, “como quien está cansado” a fin de discernir con la debida reflexión y no caer víctimas de juicios precipitados, víctimas del ofuscación del entendimiento causado por las pasiones pues: “quien se comporta de esta manera es como si hubiese hecho el viaje en balde, pues regresa más ignorante de lo que se fue, pues quien carece de arte no encuentra la verdad”.

¿Qué es, de todo lo expuesto en el canto, lo que que Dante quiere que fijemos en nuestra mente como en dura roca? Para empezar quiere que no nos vayamos, a estas alturas del viaje, a desviar de nuevo del recto camino. Quiere que pensemos y contemplemos junto con él. Y que lo hagamos pasito a pasito. Los aprendizajes del Paraíso son de maduración lenta, pertenecen a otra temporalidad.

#Dante2021 Paraíso Canto XII: Metáforas campesinas

Hay que remitirnos al inicio del poema, cuando Dante nos dice, en los tres primeros y rotundos versos, que se encuentra perdido en una selva oscura. Después de ahí todo va de menos a más. Un viaje que inicia en la mayor obscuridad y culmina en la visión de una luz cegadora. En medio, a lo largo de un poema que se desenvuelve como un tapiz iridiscente, el viaje nos permite vislumbrar algunos paisajes del alma. Mejor dicho, cada lector tiene la dicha de hacer alma conforme avanza.

Dice Mandelstam que en el Infierno hay una constante referencia a la ciudad y sus tormentos cotidianos que ya se vislumbraban en el ocaso de la Edad Media. Como ya señalé, que Virgilio sea el guía de Dante, entre otros mensajes, contiene una postura crítica frente a su mundo. Por ello, no es extraño que las metáforas campesinas abunden en el Paraíso, tal es el caso del canto XII.

San Buenaventura al hablar acerca santo Domingo señala que: “fue como un campesino elegido por Cristo para que le ayudase en su huerto”. A diferencia de san Francisco cuya patria está en el cielo, Domingo nació para servir en la tierra. Por amor a la verdad evangélica se hizo pronto doctor “y desde entonces se dedicó a cuidar de aquella viña que en breve pierde su verdor si se trabaja mal en su cultivo”. Buenaventura compara el apostolado del creador de la orden de los dominicos como un torrente que “socavó las heréticas raíces con tanta fuerza como mayor fuese la resistencia. Del gran afluente de su doctrina salieron múltiples arroyuelos que riegan el huerto católico”. Casi al terminar, cuando habla sobre desviación de la orden, agrega una metáfora más: “pronto se recogerán las amargas espigas de tan malos cultivos, y se quejará la cizaña de que no la lleven al granero.” Hasta aquí las referencias campiranas. La más sorprendente por sutil, es la comparación que hace de Cristo con un campesino cuidador de un huerto.

En el mismo canto las referencias a la luz, el movimiento de los círculos y las esferas, la música celestial y las comparaciones luminosas, como la de la aguja atraída por el imán, abundan. ¿Hay alguna relación entre estas metáforas luminosas y las metáforas campesinas? En la actualidad, cuando hacemos referencia a la luz, nuestra imaginación intuye la velocidad y el movimiento vertiginosos, imperceptibles al tiempo y al ojo humanos. Buenaventura, en una parte de su discurso, dice que la consecuencia de la labor del dominico se constata en las veinticuatro antorchas que en ese momento rodean al florentino. Cuando nos referimos a la luz eterna, a nuestra imaginación se le exige percibir una luz con otro ritmo y calidez, como la luz que da vida y hace crecer las plantas y los árboles de los huertos en la noche estrellada.

#Dante2021 Paraíso Canto XI: Fenomenología de la luz

Ayer señalé cómo Dante nos invita a viajar con él hacia la luz. En el siglo XX, Husserl decía que una de las principales tareas de la metafísica sería regresar a las cosas mismas. En esa línea de pensamiento, Bachelard realizó una serie de trabajos sobre la psicología de los cuatro elementos. Hace mucho que leí esos cuatro fascinantes tratados y si mal no recuerdo, se toca desde luego el tema de la luz, sobre todo en los elementos agua y fuego, pero no se propone ni se aborda por separado una poética de la luz. ¿En qué consistiría realizar una fenomenología de este tipo?

La luz nos presenta un reto imaginativo y de comprensión que, sin lugar a dudas, nos lleva a los asuntos divinos. Desde que amanece hasta que anochece, las veinticuatro horas al día, la luz tiene diferentes ritmos. No es la misma luz primigenia de la mañana que la luz cenicienta de los atardeceres, esa luz que a veces parece que palpita anaranjada en los muros y las acequias. Esos distintos matices se pueden percibir a lo largo de la Comedia. Simplificando un poco, el Infierno es un reino nocturno, sin luna y sin estrellas. El tono lumínico del Purgatorio corresponde al despuntar del alba, la hora de la esperanza. El paraíso nos presenta la luz del mediodía y la luz de la medianoche chocando en un constante juego dialéctico. La hora en que las cosas parecen más ciertas porque se manifiestan a nuestra mirada como si los rayos del sol y las demás estrellas penetraran el agua de un lago cristalino y puro: las estrellas y los planetas en lo alto y las cosas palpitando con singular luminosidad en la Tierra; lo alto y lo bajo en armonía. Una luz abigarrada de símbolos. Una luz del alma:

Cada uno se volvió al punto de la esfera en la que antes se encontraba, y ahí se quedaban, inmóviles como velas en su candelabro; pero dentro de aquella luz que recién me había hablado escuché una voz que me decía de manera jovial:

-Como yo impregno de los rayos de la luz eterna, y con sólo contemplarla descubro el contenido de tus pensamientos…

Así, a lo largo de los cantos del Paraíso, un concepto-imagen clave será el de luz y sus metáforas y sinestesias. Más adelante, Santo Tomás cuando habla de Francisco de Asís, se refiere a él en términos bastante crípticos como un Sol que desde su tierna infancia empezó a amar a la belleza inefable, cada día con más fuerza. Y una vez más se presenta esta dialéctica mediodía/medianoche:

Para no parecer todavía más oscuro y enigmático, diré que Francisco y Pobreza son estos amantes a quienes aludo en mi confusa plática. Su íntima unión, sus alegres semblantes y sus dulces miradas imprimían santos pensamientos en los demás, a tal grado era ese amor visible.

Alegóricamente ¿Quiénes son Francisco y Pobreza? Sol de la mañana y mujer que otros rechazan, representan un matrimonio que inspira santos pensamientos en los demás. Es posible acercarnos a esa luz en vida pero para ello teneos que casarnos con Pobreza. En Monarquía, Dante señala que el libre albedrío se pierde cuando dominan los apetitos sobre nuestros juicios sobre las cosas. Cuando caemos presas de los apetitos y estos nos dominan, la luz se apaga. Para poder ascender al Paraíso necesitamos un alma pobre en apetitos y hambrienta de luz.

Tan claro como el agua que Santo Tomás tiene que recurrir a imágenes cada vez más complejas.

El canto inicia con exclamaciones que comparan la vanidad de las cosas terrenales y la trascendencia de las cosas celestiales. El canto termina con el filósofo escolástico diciendo a Dante que es seguro le siguen pareciendo ininteligibles sus palabras. El Paraíso, un canto a la luz inefable, mientras más ilumina nuestra imaginación, más austero y polisémico se torna.

#Dante2021 Paraíso Canto X: Algo más sobre transhumanizar

Estamos en el el cuarto círculo, el del sol. Cuesta trabajo pensar que el sol sea una esfera más, junto con la Luna, Venus, Mercurio, etc. actualmente reconocemos al sol como la estrella al rededor de la cual giran los demás planetas. Entre más lo pienso, creo que la cosmovisión de la Edad Media es completamente distinta a la nuestra. En eso Dante nos lanza puentes a través de su poesía. Tengo para mí que el Bardo sabía que había mucho más cosas en el cielo y en la tierra de las que soñaba la filosofía escolástica. Faltaban siglos para que la teoría heliocéntrica rindiera sus frutos y para que la iglesia condenara a Galileo por sus descubrimientos científicos. Sin embargo, a pesar de esas diferencias, lo que Dante quiere comunicarnos, lo que quiere cantar es una experiencia común a todos los hombres. En este sentido aspira a la trasmisión de una experiencia trascendental e íntima a un tiempo. Para ello, exige la colaboración activa del lector.

Recuerdo que en mis años de estudiante universitario leí Rayuela por primera vez. Ahí Cortázar hace un llamado a la colaboración activa del lector. El juego que la novela propone me fascinó en aquel tiempo y me sigue fascinando, aunque ahora reconozco que muchas veces los autores nos quieren hacer pasar por novedades lo que no lo es. No es el cuentista argentino el único que no recuerda o desconoce o finge desconocer el legado dantesco. En estos meses de lectura me he dado cuenta que muchas de las supuestas invenciones vanguardistas, ya estaban prefiguradas en este poema. El canto X del Paraíso, me permite una vez más puntualizar el papel activo que exige al lector. No podría ser de otra manera, el viaje al Más Allá, no sólo se propuso transformar a su autor sino a cada uno de los lectores nos propone una regeneración espiritual. En este punto crucial para comprender la obra dantesca, es más radical que los experimentos vanguardistas del siglo XX que muchas veces experimentaron con el lenguaje y nada más.

Así inicia el canto X:

Mirándose el Padre en el Hijo con el eterno Amor que nace entre uno y otro, la inefable Omnipotencia de Dios produjo todo aquello que se puede ver con la mente y los sentidos, de modo que aquel que los contempla con el espíritu abierto no puede menos que maravillarse y deleitarse en ellos. Levanta, pues, conmigo ¡oh lector! los ojos hacia las encumbradas esferas…

¿Qué es todo aquello que se puede ver con los sentidos y la mente? Los sentidos humanos son limitados, pero el poder de la imaginación nos hace ver cosas invisibles. Por ello Dante nos invita a levantar con el los ojos. Aquí como en buena parte del Paraíso, la mirada, la visión y el ojo tienen un papel simbólico muy importante y que va más allá del simple acto de observar: también se ve con los sentidos y la mente. Apenas unas cuantas líneas más adelante, una vez más, el florentino hace un llamado:” Ahora descansa en tu asiento, lector, y reflexiona acerca de estas cosas que yo solamente esbozo, si es que tu ánimo se mueve hacia el entusiasmo más que hacia el tedio.” Como ya había mencionado, una de las novedades del poema es que reivindica el lenguaje escrito y la reflexión. Aquí también se nos señala que lo que nos esta siendo presentado es apenas un esbozo y que necesitamos hacer un esfuerzo de interiorización. De esta manera, me parece que al decirnos que lo que ahí está expresando sólo es un esbozo no es sólo un recurso retórico para incentivar la imaginación del lector. Es también una especie de llamada de auxilio ante la incapacidad de expresar lo inefable.

Y si en los tiempos de Dante ya advertía de quienes en la lectura su ánimo caía en el tedio ¡Qué no diría en nuestros días, donde alternamos el tedio con la distracción del multitasking! Sin duda hemos perdido muchas capacidades como lectores. Una de ellas es lo difícil que resulta darnos el tiempo de degustar una obra, de seguir su ritmo, sus profundidades, sus reflexiones y visiones. Hoy, cualquier persona medianamente educada a leído más libros que muchos de los hombres de la antigüedad. Tenemos información disponible con un sólo clic que ni siquiera imaginaron los antiguos pensadores. Pero no por eso somos más sabios. De hecho, tal vez ahora nuestro problema sea el contrario al que enfrentaron los hombres y mujeres de antes: necesitamos una desintoxicación del infovirus con el que hemos sido inoculados desde hace décadas.

Aquí es donde quisiera abordar el transhumanizar, la palabra que Dante inventa para explicar su experiencia en el Paraíso.

Después de hacer la invitación al lector a participar de su visión, Dante explica cómo su ascensión al cuarto círculo se da de manera súbita “que la acción no era medible en el tiempo”. Entonces al relatar los fulgores de aquel Sol en el que se introduce, el ingenio, el arte y la experiencia no sirven para expresar su visión ” aunque en el fondo todos tenemos la intuición de lo que se trata y el ansia de experimentarlo; a pesar de nuestra imaginación no pueda construir las figuras de cosas tan sublimes, por lo que no debe sorprendernos que nuestros ojos no hayan visto luz superior a la del Sol”

Al inicio del canto, se nos dice que Dios produjo todo aquello que podemos ver con la mente y los sentidos. Ahora nos dice que hay cosas que intuimos, pero que no podemos construir en figuras y que nuestros ojos no han visto luz superior a la del Sol y al decírnoslo también nos dice que hay otro tipo de luz que nuestros ojos no pueden percibir. Es el Sol de los ángeles, donde el poeta se encuentra y por lo que Beatriz lo invita a dar gracias por lo que Dante tiene una suerte de arrobo que lo hacen olvidarse de su Señora y entregarse de corazón y volver sus ojos hacia Dios. Ella sonríe y entonces su bello rostro se funde con la visión del espíritu que en esos instantes él experimenta.

Dice Gaston Bachelard en la Poética del Espacio, que la fenomenología de la imagen poética es posible cuando se captan unos cuantos versos o estrofas en la totalidad de un poema. Si tomamos en cuenta que un canto es una totalidad en sí misma aunque forma parte de una totalidad mayor que es el poema en su conjunto, puedo señalar que para captar la fenomenología de la imagen poética de cada canto no es necesario hacer una explicación exhaustiva de cada terceto. Más bien mi tarea es la de resaltar esas partes que más se impregnan fenomenológicamente como imágenes y que ayudan a comprender el canto como parte de una totalidad orgánica. Y he encontrado otra clave para entender la compleja tercera parte del poema: el verbo trasnhumanizar. Eso es lo que Dante experimenta en su viaje en el no tiempo y el no lugar que es el Paraíso.

Trasnhumanizar es aquella experiencia que va más allá de lo humano y que está encaminada a a tener una realización mística y trascendente en Dios. Pongo en cursivas la preposición en, para remarcar que esa realización total que se busca no es con Dios sino en Él. A esa experiencia también la llamo, retomando la descripción de Einstein, como Religiosidad Cósmica.

Como señala Dante, esa acción, el transhumanizar, es algo que nos acerca a lo inefable y que cualquier persona intuye y desea experimentar. Ahora que he investigado más sobre esta palabra, me encuentro que es utilizada por un movimiento de científicos (uno de sus principales fundadores es el filósofo Nick Bostrom, el mismo que postula que somos una simulación de realidad virtual) que se hacen llamar transhumanistas, pero despojando a la palabra de su trascendencia: lo que se busca es mejorar la capacidades humanas por medio de la tecnología, según las posturas más extremas se trata de rediseñar la condición humana y terminar con el envejecimiento, las limitaciones intelectuales, el sufrimiento, la mortalidad y el confinamiento en el planeta Tierra. Tal vez si esto lo estuviera escribiendo hace treinta años, parecería que un movimiento (tienen hasta un manifiesto) con estas características, no pasa de ser una charada de unos cuantos lunáticos. Actualmente esto no es así y las ideas transhumanistas tienen muchos adeptos. La explicación la encuentro en que usan como bandera uno de nuestros recientes y más arraigados mitos. La mayoría de las personas creemos que la tecnología tiene una solución o está por encontrarla para muchas de las preocupaciones humanas. Por ejemplo, con los avances en la ingeniería genética, estamos a un paso de que se puedan hacer modificaciones en el comportamiento y en el intelecto human. Esto antes sólo eran una especulación de algún marginal grupo neonazi. Ahora es tan posible que el tema plantea ya una serie de dilemas éticos y políticos centrales.

El verbo inventado por Dante y ahora transfigurado como “la idea más peligrosa para los sistemas democráticos” según señala el filósofo Fukuyama, también busca esta trascendencia de las limitaciones humanas, pero desde lo humano y, sobre todo, como insistentemente señala nuestro poeta, sin contravenir las disposiciones de la naturaleza. En el fondo, lo que busca el transhumanismo moderno es eliminar aquello que permite experimentar o al menos intuir, la trascendencia de lo humano. Quieren eliminar el sufrimiento, pero ¿Qué sería de las alegrías trascendentes de una vida humana sin sufrimientos o, en terminos dantescos, qué sería del Paraíso sin el Infierno y el Purgatorio? Aunque suene tentador, quieren eliminar la vejez, pero ¿Qué sería de nosotros sin las huellas en nuestro rostro y cuerpo que nos indican que hemos experimentado y vivido el mundo y que son parte de nuestra identidad? Quieren hacernos menos tontos, pero ¿en realidad sería inteligente aumentar nuestra capacidad intelectual de manera artificial? Quieren hacernos inmortales, pero ¿Cuáles serían las consecuencias si nuestra vida se alargara exponencialmente? Algunos científicos señalan que si este movimiento tuviera éxito y mayor eco, la humanidad podría incluso aniquilarse a sí misma sin garantía de que las máquinas nos sustituyan.

He echado un ojo a algunos de los ensayos dantescos que hay en la red y no hay ninguno que aborde la diferencia entre el transhumanizar que Dante plantea en el Paraíso y el giro tecnológico actual que han hecho este grupo de científicos. Sólo encontré un artículo sobre el transhumanismo moderno que reivindica el origen dantesco del término. Me parece que con esa palabra, el summo poeta nos lanzó un reto que apenas podemos intuir. Para los que aspiramos a ser poetas y pensadores de nuestro tiempo, esa palabra es incluso un regalo y una herramienta para la crítica.

Aquí dejo un video sobre el tema:

#Dante2021 Paraíso Canto IX: Un viaje cósmico

He estado reflexionando sobre porqué el Paraíso me está costando más trabajo comprenderlo. De igual forma he estado pensando en las regularidades que la obra emplea en cada uno de los cantos, por más que sean de temática diversa. Hoy quisiera reparar en dos de esas regularidades: la importancia del viaje como hilo conductor y el espacio-tiempo en el no lugar del Paraíso.

Decía Tolstoi que una narración siempre empieza con alguien que sale de un lugar o con alguien que llega a un lugar. En esto el poema dantesco cumple con creces ese principio. Y lo cumple por partida doble: al iniciar perdido en la selva oscura, llega al Más Allá procedente del mundo de los vivos. Desde el principio se nos advierte de que el viaje es a un tiempo interior y exterior. Y es un viaje para hacer alma.

De este modo, el Infierno y el Purgatorio, cima y sima del viaje del alma, tienen una temporalidad distinta a la del Paraíso. Siguiendo la hipótesis sobre el acto sincrónico único como visión de la historia, la narrativa en la Comedia condensa el tiempo histórico en unos cuantos días. En el Paraíso la cuestión se dificulta porque es la narración de un instante en el que se condensa la eternidad. Una eternidad como hemos visto, que no está aislada de problemas políticos e históricos pero que se vincula al cosmos como totalidad.

Para penetrar en los misterios de la eternidad, Dante hace uso poético de la luz y su vínculo metafórico con la verdad. Hay una palabra griega para comprender ese procedimiento: Alétheia que significa verdad pero también desocultamiento del ser. Eso precisamente es el papel que juega la luz en todas sus manifestaciones en cada canto del Paraíso. Es por eso que las almas se aparecen al florentino como luces de alegría que brillan como rubíes heridos por el sol:

Pues hay que decir que en esas regiones las emociones se expresan en fulgores de colores, como entre nosotros la risa expresa el júbilo; lo contrario sucede en el Averno, donde las almas se oscurecen en la medida en que se les va entristeciendo la mente

Ahora bien, en el canto, los personajes que hablan con el poeta, profetizan una serie de acontecimientos que harán derramar lágrimas justas. ¿Qué tiene que ver las profecías con la luz? La clave la dice Cunizza cuando señala que los ángeles reflejan los juicios de dios, por lo que sus palabras siempre son ciertas. ¿Qué les da esa veracidad a pesar de que suenen extrañas a los oídos del ser humano? En el Paraíso ocurre un proceso de poetización del instante. Esta poetización, cuando se aplica a hechos o cosas produce un efecto profetizador: profetizar es poetizar el presente, donde se condensan pasado y futuro. Este proceso de poetización se da por medio de la verdad-luz como alétheia. Para lograr ese desvelamiento del ser, no se debe dar cabida el arrepentimiento ni las faltas se retienen en la memoria:

Sino que nuestra voluntad se concentra en la divina virtud, que provee de todo y establece el orden. Aquí se admira el arte que da lugar a la manifestación de la belleza y se descubre el bien con el que el mundo superior gira sobre el de allá abajo.

Ayer leía un artículo donde señalaba que en la Edad Media era común la creencia en el Paraíso como un lugar fuera del Universo. El Paraíso dantesco retoma esta idea y junto con la incorporación de conocimientos heterogéneos sobre cosmología, física, astrología, poesía, política, filosofía, medicina, etc, realiza su versión propia. Ese mundo superior que gira sobre el de abajo, es la conexión entre el hombre, ese peculiar microcosmos y el universo, el macrocosmos. La clave, creo, para hacer menos ardua la comprensión del Paraíso, es reconocer que la luz divina que irradia todo lo existente, brilla con fuerza en nuestro interior. El Paraíso es un no lugar en la naturaleza porque puede manifestarse en cualquier hecho, experiencia o cosa. Es un no lugar en nuestro interior porque ilumina cualquier hecho o experiencia como parte del cosmos. El Paraíso entonces, es una forma luminosa de ser y estar.

#Dante2021 Paraíso Canto VIII: El código del alma

Conforme avanzo encuentro cada vez más problemas para comprender los cantos del Paraíso. Sin duda este la parte que más dificultades me ha deparado. Creo que lo que más se me dificulta es comprender las intrincados planteamientos filosóficos. Les nombro filosóficos por no encontrar otro mejor nombre, pero en realidad es un pensamiento abigarrado de un poema total.

En este sentido, en el siglo XX se hablaba de la novela total, aquella que encerraba un mundo en sí mismo y que abarcaba en su composición múltiples problemáticas con el fin de captar las complejidades de lo real desde la narración en prosa. Desde luego, muchos de los experimentos novelísticos ya se encuentran trazados en la primera novela moderna, el Quijote. ¿A qué me refiero con poema total? Para ello basta puntualizar que el primer poema de esas características es la Divina Comedia, la cual nos presenta desde una cosmología, hasta planteamientos íntimamente psicológicos; desde la armonía del universo hasta las sutilezas de las más nimias gesticulaciones corporales; desde el temblor de una tierna hierbecilla hasta la influencia de los astros en el alma de las cosas.

Sin embargo, a diferencia de la novela cervantina, la Comedia no forjó una tradición poética con esa ambición de totalidad. Incluso los poemas más complejos de la modernidad se quedan cortos en sus aspiraciones y parecen simples notas (a veces muy largas) al pie de página. Sobre todo hay algo que se nota que se perdió en el camino: la capacidad narrativa y filosófica explorada en la Comedia. En el primer caso, aunque parece que el poema presenta una serie de hechos novelescos, creo que la manera de narrarlos es radicalmente distinta a la novela o el cuento. Ese es un punto a analizar con detención, pues si bien la poesía puede recuperar esa capacidad narrativa de la cual los poetas modernos temieron como a la peste, creo que la enseñanza dantesca es que esa narrativa se dirige a otros territorios que la novela o el cuento, por su forma, no pueden abordar.

Por su extensión y temáticas, es comparable con la Ilíada y la Odisea o la Eneida de Virgilio, pero no es un poema propiamente épico. Por su exploración del alma humana, recuerda a los trágicos griegos, pero no es drama y es comedia. Por la manera en que aborda el cosmos y la naturaleza, recuerda a Lucrecio, pero no es un poema cientificista. Por su composición en tercetos rimados, recuerda a los líricos de todas las épocas, pero es más que lírica intimista. Tal vez el vehículo de expresión del Alma, como en ninguna otra forma literaria anterior, sea el poema dantesco. Por ello es de tan difícil su clasificación.

Otra de las preguntas que me he hecho estos días, es saber porqué en el Paraíso se incluyen tantos argumentos filosóficos y porque eligió esa forma de expresión en verso cuando bien hubiese podido y de hecho lo hizo, expresar su pensamiento en un tratado en prosa escolástica. Otra vez, como en el argumento de la narrativa poética, creo que no se trata de filosofar en verso, como sí de sacar a flote intuiciones que sólo con el lenguaje de la poesía se pueden expresar. Tal es el caso del canto VIII.

En este canto llegamos a la esfera de Venus y Dante tiene una larga charla con Carlos Martel, el cual se presenta como un alma virtuosa y prometedora en el mundo terreno para evitar muchos de los males que por su tiempo sucedieron (sólo vivió hasta los 25 años). Como siempre, me detendré en lo que a mí me parece esencial resaltar del canto, pues detenerse en los detalles será cuestión de nunca acabar y eso sólo la lectura y relectura directa del poema nos puede dar. Esa parte esencial tiene que ver con lo que el psicólogo James Hillman, llamó la teórica de la bellota y que tiene que ver con el alma individual.

Me parece que es una parte esencial, sobre todo para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, donde no sólo se plantea un mundo poshumano, sino que, como dijera Javier Cercas, es difícil alguien hable de alma sin provocar risa. Hoy, las teorías sobre el alma individual que predominan van del conductismo a la informática y la inteligencia artificial. Con el avance científico y la manipulación que las grandes corporaciones están haciendo a la psique colectiva, parece que el enigma del ser humano está quedando atrás. Como leí un Twitter hace un par de meses: el ser humano pasó de ser un misterio a ser después un enigma y ahora un algoritmo. Y es que si el Big Data sabe más de nosotros que nosotros mismos, extrayendo estadísticamente lo que nos hace iguales a los otros ¿es pertinente hablar de alma individual? Dante nos plantea algo que quizá no hay que retomar frente a este psicologismo desalmado.

Carlos Martel explica las dudas que el florentino tiene sobre el porqué de una semilla dulce nacen frutos amargos. Entonces explica cuestiones que tienen que ver con la Providencia y la necesaria armonía de lo existente, cuestión que, dicho sea de paso, aún en el caótico e indeterminado mundo del microcosmos cuántico, sigue asombrando a los físicos. Dante contesta que no es necesario ya que la naturaleza no puede ser defectuosa. Abordo entonces la cuestión a resaltar. Martel dice que el influjo de los astros tiene repercusiones en el comportamiento humano, pero no distingue entre las diferentes cualidades particulares que tiene cada uno de los seres humanos:

Es por ello que Esaú es de índole tan diferente a la de Jacob, y Quirino nació como un padre de tan vil naturaleza, que él mismo se pensaba hijo de Marte. Si la Divina Providencia no fuera superior a todo, lo engendrado sería siempre semejante a lo que engendra…La naturaleza se desarrolla mal cuando las circunstancias no les son favorables, como una semilla que cae en terreno infértil; así que si los hombres fuesen más atentos y reflexivos a las disposiciones de la naturaleza, y la siguiesen con naturalidad, todo sería mejor; pero ustedes desvían hacia la religión al que nació para llevar la espada, y coronan como rey al que hubiese servido para predicar, como si caminaran fuera del camino y hacia lugares inciertos.

En el Código del alma, James Hillman, contra el reduccionismo de las corrientes psicológicas que más o menos acabo de esbozar, dice que el alma individual es como una bellota, según la cual desde su nacimiento, el individuo tiene en germen su propio potencial. La metáfora de la bellota no es casual. Cuando por diversos factores ésta logra germinar, en la semilla ya se contenía lo que después será un roble muy particular y único. Quienes han leído el hermoso libro de Peter Wohlleben La vida secreta de los árboles, o han observado con mucho detenimiento y calma un bosque, saben que cada árbol, independientemente del conjunto y de las circunstancias en las que se desarrolla, es único y cuenta con una personalidad propia que se muestra a lo largo de su vida. Lo mismo nos dice Dante y Hillman sobre nosotros. Cada quien tiene una alma individual que es irreductible a los procesos de sociabilización y de la genética. Ni nuestros padres que nos engendraron ni las circunstancias en las que nacemos nos determinan. Hay algo que escapa a cualquiera de las múltiples determinaciones que existen.

Dante nos alerta al final del canto, que negar esa alma individual es lo que nos hace salirnos del camino y estar en la incertidumbre. En su tratado La Monarquía, dice que el Imperio es la mejor forma de gobierno pues es la que está más acorde con Dios, único creador y gobernante de este universo. Por ello, un gobierno monárquico garantizaría la paz para que cada quien pueda expresar de la mejor manera posible esa alma individual sin que las circunstancias le sean adversas. Hace algunos días, leía un artículo de un renombrado analista político que terminaba su artículo diciendo que lo contrario a la política es lo eterno. Parece ser que en el pensamiento de Dante no cabe esta disyuntiva. Para tener una política emancipatoria hay que relacionarla con una cosmovisión amplia que concuerde con el Universo. Dante es monárquico porque su universo está gobernado por un Bien Supremo. Hoy que nuestra concepción de la naturaleza es distinta ¿Qué tipo de reflexión es necesaria para que nuestras semillas no caigan en tierra infértil? Los árboles tienen una magia especial, es lo que nos permite conectar la vida terrena con la del cosmos, lo infinito con lo finito, por eso en el Génesis Dios los creo primero que a las estrellas. Si mi alma es ya un árbol torcido y chueco por las circunstancias ¿Qué nuevo mundo podemos hacer para que exprese su peculiar hambre de luz? Tal vez nunca pueda experimentar esa plenitud porque el mundo en el que crecí, en el que crecemos cada uno de nosotros, nos resulta a la mayoría adverso. Pero es hermoso tener la convicción de que hay algo de mi alma que escapa a los condicionamientos, enajenaciones y violencias del capitalismo salvaje.

#Dante2021 Paraíso Canto VII: El Paraíso perdido

Este es uno de los cantos que más me ha costado comprender. Lo he releído varias veces y ni así logró desentrañar los recónditos secretos de su riqueza. El mismo Dante sabe que nos está entregando una pepita de oro; un canto complejísimo en sus profundidades filosóficas. Por ello, la actitud de Beatriz es de firmeza ante las dudas y angustias que su explicaciones despiertan. Al inició de su explicación, después de esa sonrisa que haría feliz a cualquier hombre aunque se estuviera quemando, dice: “Secondo mio infallibile avviso…” (Según mi infalible juicio…).

El problema con este canto es que no ocurren muchas situaciones y se prolonga en explicaciones teológico-filosóficas. En el Purgatorio por ejemplo, en el círculo donde purgan sus penas los glotones, comprendemos la forma de su castigo por su aspecto físico e incluso por la relación que tienen con el entorno, pues hay un árbol con olor a deliciosas manzanas de las que no pueden comer. Aquí es distinto. En el Paraíso suceden pocas cosas. Es decir, pocas cosas que los simples mortales comprendamos. Sin embargo, la luz es ubicua y aunque cortos en entendimiento nos llega a todos. Con mis pocas luces intentaré una interpretación ya que las tesis presentadas por Beatriz son fascinantes.

Las dudas de Dante se deben a que no comprende cómo es que se castigue con justicia una venganza. Es así como la Musa, explica el devenir del hombre según la doctrina cristiana desde una muy peculiar perspectiva poética. Aquí ocuparé una metodología de Keneth Burke que se llama dramatística que creo me puede ayudar a poner orden a las complejidades de la argumentación.

El actor principal: El ser humano como sujeto de su propia historia

Acciones: Adán, el primer hombre por su desobediencia, es expulsado del Paraíso se condena y condena a toda la especie a la enfermedad del error por muchos siglos, hasta que el Verbo de Dios baja al mundo hecho hombre y se reconcilia con aquella naturaleza que se había alejado de su creador.

Acto: Expiar la culpa del hombre por medio del sacrificio del hijo de Dios.

Escenario: La cruz en el instante de la muerte de Cristo.

Agencia: El amor de Dios que al actuar de esa manera redimió al genero humano. Por ello, es el acto más justo, porque así se redimió el pecado original, pero es el más injusto porque fue por medio del hijo de Dios que se llevó a cabo.

De ahí que Beatriz diga: “De un mismo acto, entonces, se produjeron diversos efectos: la misma muerte fue agradable a Dios y a los judíos, por ello tembló la tierra y abrió las puertas el cielo”. En un juego dialéctico muy complejo y con diferentes aristas, Beatriz se adelanta a las nuevas dudas que pueda tener el Bardo y señala que esto se puede deber a que no han permitido que prenda la llama del amor eterno. Para ello da una larga explicación:

La divina bondad, que rechaza todo cuanto es desamor, brilla con su propio fuego, por lo que esparce en su derredor la belleza eterna, y todo aquello que de ella procede es infinito y no perece, y lleva el sello de la eternidad, y también todo aquello que de ella emana es totalmente libre, porque no encuentra subordinada a la acción de cosas secundarias, pues cuanto sus creaturas más se le asemejan es mayor el agrado que le causan, pues aunque el amor divino se refleja en todo, es más vivo en aquello donde se percibe una mayor semejanza. En todas estas cosas el ser humano lleva ventaja…

Sin embargo el pecado nos rebaja y aleja del Sumo Bien. Para que el hombre recobre su dignidad tendrá que llenar el vacío que por su culpa se abre. Quedamos expulsados del Paraíso y, por hacer uso de nuestro libre albedrío, de la dignidad que nos había sido otorgada por Dios. En la explicación de Beatriz señala que había dos opciones para expiar el pecado original: Dios con su bondad nos perdonaba o el propio hombre hacía algo por sí mismo. Al propio hombre, pequeño como es, no podía humillarse con su obediencia a los designios de Dios. Fue aquel acto, como jamás se ha visto otro igual, donde el Hacedor se entregó a sí mismo, como le fue otorgado al hombre la capacidad para regenerarse.

En los primeros cantos del Infierno compartí un video del filósofo Zizek que comenta la película de La Ultima Tentación de Cristo de Scorsese. En ella, retomando el momento de la muerte de Cristo en la cruz, señala que, la solución metafórica a la ansiedad judía por el Mesías se daba en aquel acto esplendoroso donde Dios murió en la cruz. Por ello, un cristiano lo es de verdad cunado acepta este hecho de manera radical: en la muerte de Cristo muere la garantía del gran otro. Esto está muy cerca de la concepción histórica de los principales corrientes emancipatorias de la modernidad. Me refiero desde luego al marxismo y al anarquismo. En las dos corrientes y sus diferentes ramificaciones se concede un papel protagónico al hombre y su libertad que se hace en la historia. Sin embargo, el gesto católico-cristiano es más radical, sobre todo que los marxismos que predominaron en el siglo XX, los cuales creían en la providencia del materialismo dialéctico: las leyes de la historia nos harían recuperar el Paraíso perdido. Lao que expresa Dante en este canto, creo que es diferente. Al humillarse Dios a ser hombre y morir en la cruz, redimió al género humano. No habrá segunda venida de Cristo. Pensar eso sería tanto como creer que ese acto de redención fue inútil y completamente injusto.

Al final del canto Beatriz aclara, por si acaso, la última duda que Dante podría tener: el mundo material, ese que se conforma con la combinación de los elementos, y que al parecer se corrompe y dura poco, también es creado por las virtudes de Dios, lo mismo que las estrellas y todas las demás cosas existentes. Una vez más, el universo y Dios se confunden en la visión poética de Dante. Pero, hay una diferencia con el ser humano, pues nosotros somos fruto de la inspiración divina sin intermediarios ¿Qué significa esto? Edgar Allan Poe, dice en Eureka, su poema en prosa, que el infinito es un pensamiento que se piensa. Bertrand Russell decía que para saber si un ser humano es superior a una pulga, habría que preguntarle a la pulga. Como se explica en este canto, el amor de Dios se impregna en todas las cosas ¿Qué nos hace distintos a los demás entes? Tal vez en que somos la forma más intensa en la que la sustancia infinita puede pensarse. Así, recuperar el Paraíso, será una reconciliación hecha a partir de nuestra desobediencia al comer el fruto del árbol del conocimiento. Es decir, al hacer uso de nuestra libertad.

El canto termina, como si no fuera muy denso y difícil lo que acaba de explicar Beatriz, diciendo que de todo lo expuesto, se deduce nuestra resurrección, para ello, hay que reflexionar en cómo fue hecha la carne humana cuando Dios moldeo a nuestros primeros padres.

Hoy, a muchos nos sorprende que aún haya gente que crea de forma literal el relato bíblico. Y sin embargo, fue la fuente donde se formó la cosmovisión de los hombres y mujeres del medievo. Desde luego, como la Comedia muestra, el sentido literal no es el único sentido con el que se interpretaban los misterios de las Sagradas Escrituras. En nuestros días, las interpretaciones míticas y místicas han ganado terreno, sobre todo por los avances científicos. Según el libro del Génesis, Dios creo a su imagen y semejanza a al hombre y la mujer (Gen 1:27). Más adelante se señala algo un poco más específico sobre esa creación:

Entonces Jehovah Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente.

(Gen 2:7)

Como ya platiqué, la lectura de la Comedia me ha llevado a estudiar incluso cuestiones de biología referentes al origen de la vida. Principalmente las teorías de Francis Crick, sobre la panespermia dirigida, según la cual una civilización altamente desarrollada mandaría una nave no tripulada para que se reprodujera la vida. Hoy existen teorías incluso más disparatadas, como aquella de que somos una simulación en computadora de una civilización que estaría algo así como jugando videojuegos con nosotros o aquella igualmente popular de que nuestro universo forma parte de una multitud de universos. En fin, el misterio de la eternidad de la Vida es eterno y no es imposible que el aliento vital está tomando forma en seres semejantes a nosotros en otro tiempo y lugar.