#Dante2021 Paraíso Canto XXIII: Universo, mundo virtual y creación

Hace días que le doy vueltas. De hecho, desde que inicié la lectura del Paraíso, me parece -y así he tratado de expresarlo- que nos encontramos ante un reto interpretativo y de imaginación poética sin parangón. Ahora lo puedo decir con mayor claridad, de las tres partes del poema, la más extrañamente moderna es esta última.

A lo largo de estos meses hice interpretaciones y juicios exagerados o erróneos. No recuerdo qué crítico literario hablaba de lo fructífera y necesaria que puede ser una mala lectura, lo mismo que una lectura ingenua. Con esto en mente, no he tenido miedo en aventurarme en lanzar hipótesis que en su mayoría son erróneas o de plano muy jaladas de los pelos. Pero en algunas ocasiones he dado en el clavo. Y he sentido un extraño e íntimo regocijo al saber que algunos escritores renombrados de nuestro tiempo coinciden con mi locas afirmaciones. Tal es el caso de una apreciación de Umberto Eco que encontré en el siguiente artículo(https://www.nuevarevista.net/un-extrano-ascetismo/):

Umberto Eco sostiene que ninguna época como la nuestra es capaz de gozar plenamente del Paraíso de Dante. Para Eco, el Paraíso de Dante es «la apoteosis de lo virtual, de lo inmaterial, del puro software, sin el peso del hardware terrestre e infernal, cuyos desechos se quedan en el Purgatorio. El Paraíso es más que moderno, puede convertirse, para el lector que haya olvidado la historia, en algo posible y tremendamente futuro. Es el triunfo de la energía pura, lo que la telaraña de la Web nos promete y no sabrá darnos nunca, es la exaltación de flujos, de cuerpos sin órganos, un poema hecho de estrellas novas y de enanas, un Big Bang ininterrumpido, un relato cuyas peripecias siguen las longitudes de los años luz»; en síntesis, una «triunfal odisea del espacio». Según Eco, quien recomienda la lectura del Paraíso a los jóvenes, leer el Paraíso de Dante es mejor «que una discoteca psicodélica y que el éxtasis. Porque, en cuanto a éxtasis, la tercera cántica mantiene sus promesas».

(https://www.nuevarevista.net/un-extrano-ascetismo/)

Hace unos días también me enteré que Elon Musk, físico de profesión y el hombre más rico del mundo en estos momentos, también es adepto a la teoría según la cual es posible que seamos una simulación virtual hecha por una civilización muy avanzada. La misma que sostienen los transhumanistas. Por ello, se me ocurrió desde mi inició con el Paraíso, una idea que me da vueltas ¿Y si nos tomamos en serio esta hipótesis de que somos producto de una simulación virtual, pero en vez de postular que fue hecha por una civilización adelantada, postulamos que es hecha por Dios, un extraño Dios con dotes cibernéticas y la llevamos a sus últimas consecuencias? Eso actualizaría el debate filosófico e imaginativo-poético de acuerdo con las preocupaciones actuales. Y es que no otra cosa ha postulado el idealismo desde hace mucho tiempo. ¿No era Berkeley quien decía que Dios nos está pensando? ¿Y no hay físicos modernos que dicen que nuestro universo tiene la consistencia de un holograma?

La diferencia entre postular a un Dios cibernético como creador o a una civilización avanzada es palpable. De ahí la actualidad que le adjudico a esta parte del poema dantesco, el cual es clave en este debate, pues está en el centro la palabra transhumanizar. ¿No será que el transhumanismo es más bien un hiperhumanismo que sueña con que el ser humano lo pueda todo reavivando el viejo sueño de convertirnos en dioses? Vivimos tiempos interesantes y peligrosos. Y es que se sabe que cuando los hombres tratan de ocupar el lugar de Dios o los dioses, lo que los griegos llamaban hybris, todo acaba mal. Tal vez hoy como nunca en la historia de la humanidad, muchos creen que ese sueño es posible. Yo creo que eso es imposible y la clave me la da Dante.

En el canto XXIII en cada terceto se siente la imposibilidad de expresar lo inefable:

*En sus ojos brillaba el destello de un inefable gozo que me sería imposible describir.

*Yo vi como entre millares de antorchas salía un Sol que trasmitía su luz, así como el nuestro comunica la suya a las estrellas; y aquella sustancia luminosa penetraba por toda la materia, y era tan intensa que mis ojos no podían soportarla.

*Así se expandió mi espíritu entre todas aquellas luminarias, rebasando la conciencia de mí mismo hasta el punto de que nada puedo entender de lo que sucedió a mi espíritu.

*Al describir el Paraíso debe el sagrado poema rescatar en lo posible aquello que es por naturaleza indescriptible.

*La más dulce melodía que pudiera salir de labios humanos , hubiera parecido el trueno de una nube a comparación del son que salía de aquella lira.

*Fue por eso que mis ojos deslumbrados no pudieron seguir a ese astro coronado.

He transcrito algunas de las imágenes y metáforas que expresan esta imposibilidad de expresión. No son las únicas y más bien hay que adentrarse en el canto en su conjunto, aquí las plasmo para llamar la atención de su tema central, que es, nada más y nada menos, la virgen María. Esta visión la tiene Dante después de haber dialogado con los contemplativos en los dos cantos anteriores. Hoy la manera de hackear al sistema será por medio de la contemplación. El mundo virtual nos promete el Paraíso, pero como dice Eco, nunca podrá dárnoslo. El summo poeta nos recuerda que tenemos un software y un hardware más complejo y perfecto al que llamamos universo, que nunca ninguna civilización, por muy avanzada que sea, jamás podrá igualar. Y lo mejor de todo, es gratis y, a veces, con los pies sobre la tierra, logramos vislumbrar un poco de su magnificencia.

#Dante2021 Paraíso Canto XXII: La risa metafísica de Dante

Circulan varios memes en la red sobre la Divina Comedia. Los más abundantes son los que ironizan, como el siguiente, con la falta de humor del poema:

Hasta cierto punto, los ingeniosos autores de los memes, tienen razón. Son pocas o nulas las ocasiones en que la obra dantesca nos mueve a risa. Como se sabe, el título de Commedia, se debe a la clasificación aristotélica y a que termina en un final no trágico. Aun así, la obra tiene su gracia. No por nada se dice que es el más agraciado de los poemas que nos ha dado la literatura.

En el canto XXII, hay un pasaje que se refiere directamente a lo que podríamos denominar el humor dantesco:

Entonces me puse a observar con detenimiento aquellas siete esferas y me detuve en el mundo humano, pero desde esta altura me pareció tan insignificante que me movió a risa; así que, ahora apruebo y ratifico la opinión de aquellos que le tienen en menos, y considero que quienes fincan sus anhelos en el otro mundo son los verdaderamente buenos.

Dante ve la Tierra desde lo más alto y lejano de aquel su universo. Y en efecto, lo que nos mueve a risa, según Bergson, se dirige a la inteligencia pura, sin que influya el corazón. El ejemplo que pone el filósofo es elocuente. Imaginemos, nos dice, que alguien se cae en la calle por donde andamos. Nos reiremos por el hecho, siempre y cuando no sepamos que se trata de un familiar por ejemplo, o cualquier otra otra circunstancia que haga que aflore el sentimiento.

Y es que cuando nos tomamos en serio a nosotros o a los demás; cuando tomamos en serio nuestros acciones y discursos, hasta las cosas más fútiles se tornan en graves y la risa no puede estar presente:

Salid ahora de nuestra impresionabilidad, asistid a la vida cual espectáculo indiferente, y veréis que muchos dramas se truecan en comedia. Con sólo cerrar nuestros oídos a los acordes musicales en un salón de baile, nos parecerían ridículos los bailarines. ¿Cuántos acontecimientos humanos resistirían esta prueba?¿Cuantas cosas, no veríamos trocadas de graves a cómicas, si las aisláramos de la música del sentimiento con que las acompañamos?

La Risa

En el mismo ensayo, Bergson señala que la risa necesita de un círculo social cerrado: “nuestra risa es siempre la risa de un grupo”. No he leído mucho al respecto, pero me parece que a los contemporáneos de Dante sí les habría dado risa más de un pasaje, sobre todo de las escenas y personajes que aparecen en el infierno o el purgatorio. Sin embargo, el distanciamiento intelectual para que se dé el fenómeno cómico sí que aparece, como de manera explicita se dice en este canto del Paraíso. Y es que ¡qué ridículos parecemos los humanos, cuando tomamos como apoyo para la observación de nuestras acciones, un punto de referencia alejado de nuestra diminuta partícula llamada Tierra, la cual navega insignificante por el infinito universo.

#Dante2021 Paraíso Canto XXI: La sonrisa de Beatriz

Dice Bergson en su ensayo sobre la risa que, fuera de lo humano, no existe nada cómico ¿Pasa igual con la sonrisa? Cuando reflexionamos sobre la risa y la sonrisa, nos damos cuenta de sus sutiles y vastas diferencias. La risa, más apegada al cuerpo, se relaciona con lo cómico, la burla, lo carnavalesco, lo estrambótico. La sonrisa guarda algo misterioso y oculto y, desde luego, menos estridente y corporal y más espiritual. La sonrisa no sólo se relaciona con lo humano. En muchos casos -la Mona Lisa es el caso emblemático- la sonrisa está en este mundo y en el otro. Conecta el aquí con el más allá. Mira lo cercano como si estuviera lejos y viceversa.

Al inicio del canto XXI Beatriz dice a Dante, después de que éste, como en repetidísimas ocasiones, ha quedado absorto viendo a su amada:

Si ahora me vieras sonreír te pasaría lo que a Semele cuando fue convertida en cenizas; porque ya habrás observado que mi belleza se acrecienta a medida que vamos subiendo por las gradas de esta eterna torre; si ahora se te mostrase en toda su radiante intensidad, su fuerza sería para ti como un rayo que cae sobre una rama

Hace un rato mientras buscaba una imagen para esta entrada, me encontré con un artículo de Silvio Mignano (https://elduendeoruro.com/2021/03/02/la-sonrisa-de-beatrice-una-linea-interpretativa-de-la-comedia-de-dante/), el cual hace una reflexión sobre este canto. Según el autor, siguiendo a Borges, toda la edificación de la Comedia se debe al deseo de Dante por volver a ver la sonrisa de su amada.

En su luminoso ensayo sobre la sonrisa y la boca, Karel Kosik señala que la risa es un entrelazamiento del pensamiento y lo corporal y se pregunta “¿en qué parte del cuerpo se sitúa una risa que ya no tiene su sede en la boca abierta como espacio propio?” Entonces el filósofo checo pasa a hablar de las esculturas griegas y sus sonrisas misteriosas y, desde luego, pasa a hablar de la sonrisa de la Mona Lisa:

Nada en ella se esconde ni se oculta. Su sonrisa hace patente el misterio en el que se unifican lo lejano y lo próximo, lo alegre y lo triste, el dolor y la alegría, la vida y la muerte. En su aspecto misterioso se hace patente el secreto del Ser, la unidad y la insalvable diferencia de lo contradictorio.

Muchas de las características que describe Kosik sobre las sonrisas misteriosas, se encuentran en las veces que Beatriz le sonríe al Bardo. Sin embargo, hay algo que es muy distinto en esta sonrisa sobrenatural. Ninguna de esas sonrisas tiene el poder fulminante de partir como un rayo por su belleza. La sonrisa de la Musa dantesca también es un símbolo de la inefable divinidad, el más grande de todos los misterios. Es una sonrisa que evoca el éxtasis y el horror sagrado de la visión mística. Por eso en el pasaje donde Dante pregunta por qué no suenan los cantos como en las demás esferas, le contestan: “Tú tienes de mortal tanto el oído como la vista, y si aquí ya no se canta, es por la misma razón por la que Beatriz no se permite sonreír.” Y más adelante, al insistir de porqué esa luminaria y no otra se acerco a él, contesta que ni la inteligencias por más elevadas que sean “pueden penetrar en el abismo de los decretos de Dios”.

Después de que el alma de Pedro Damiano, refiere de dónde viene y quién es, el canto termina con una imagen que enfatiza ese horror sagrado ante lo inefable y los abismos divinos. Damiano termina de hablar, las luminarias, mientras bajan de uno a otro escalón, aumentan su belleza y se colocan a su alrededor y lanzan un grito tan fuerte que Dante nos dice no encuentra una imagen para poderlo expresar y también nos dice que fue tan sonoro que no pudo comprender lo que expresaba. El inicio del canto y el final son de una compleja equivalencia. Es notorio, como se nos ha avisado cantos atrás, que en esta visión mística del Paraíso, es más importante lo que no se dice, se sugiere, se calla o simplemente no se puede expresar. Sí, la ausencia de sonrisa en el rostro de Beatriz, acrecienta su misteriosa y creciente belleza.

#Dante2021 Paraíso canto XIX: Mística y poesía

Son varios los cantos donde Dante plantea su visión sobre la voluntad y la inteligencia divinas. En muchos de esos pasajes se señala que la mente del Eterno conoce los pensamientos y las acciones humanas incluso antes que que hayan sucedido. Si a esto le añadimos que la tercera parte de la Comedia es un poema místico e interpretamos de manera errona el éxtasis religioso que destila nos puede encaminar a la paranoia. Veamos.

James Hilman dice que la persona paranoica está en lo correcto cuando percibe mensajes ocultos detrás de las cosas, las situaciones, las personas. Este proceso metafórico se convierte en patología paranoica cuando se literaliza la metáfora. Es decir, que se cree que hay un significado y significante último, un Gran Otro, en el proceso de desvelamiento de los real. El chiste para no caer en esta postura, si se retoma la propuesta analítica dantesca, es no dejar de metaforizar.

Esta breve reflexión me surgió, si mal no recuerdo, hace un par de días, cuando al inicio del canto, Beatriz le dice a Dante que no necesita hablar pues ella conoce sus pensamientos. Como ya señalé, esta insinuación de que Dios conoce los pensamientos de los hombres se hace continuamente. En uno de sus aforismos, Nietzsche retoma la anécdota de una niña que cuando le dicen que Dios conoce nuestros actos y pensamientos, ella contesta: ¡Qué indiscreto¡

Para superar esta visión que puede parecer simplista y errónea sobre lo que se plantea en la Comedia, hay que añadir que si Dios es un productor de alegorías, Dios mismo también es una alegoría infinita, nunca agotada en ninguna argumentación racional, conceptual, científica, teológica, imaginaria o de cualquier otro tipo. Dios por antonomasia, es lo insondable. Por ello, los místicos de muchas religiones comparan identifican a Dios con la nada o el no ser o el vacío. En esa visión los neoplatónicos, los gnósticos, los taoístas, coinciden. Por eso no es raro que el vehículo para la expresión de esta visión sea la poesía, el lenguaje que no admite una significación última de las cosas.

Quiero añadir algo que percibí en estos días de lectura: la mística es individual más que gremial. Es un proceso del alma individual enfrentada a preguntas encaminadas hacia la luz ¿Qué cosa es lo divino? ¿Quién es Dios? ¿De qué manera experimentar en mi terrenalidad finita y corpórea, lo infinito, etéreo y eterno?

Así lo expresa Dante en el canto XIX:

El que abrió su compás para abarcar todo lo que existe, hasta el extremo del mundo, dentro de sus medidas incluyó todas las cosas, tanto las ocultas como las manifiestas; pero no pudo estampar el sello de su poder de modo que su inteligencia no superase a la de todos los demás, lo que se demuestra con la del primer Soberbio, que fue la mejor de todas las criaturas, pero que no esperó que fructificase en él la luz de la gracia, por lo que se perdió para siempre. De esto se infiere que de toda criatura menor es en realidad un receptáculo demasiado pequeño para contener un bien tan grande y que tiene por medida a sí mismo; y que también se colige que nuestro entendimiento que es también el reflejo de aquel en el que todas las cosas están comprendidas, no puede por su naturaleza llegar a tanto así, que no coloque su principio demasiado lejos de donde realmente se encuentra.

Santayana dice que lo que busca Dante en el Paraíso es la desintegración o fusión mística con Dios. No otra cosa han buscado los místicos de todos los tiempos. Los métodos son los que cambian. Cuando ese método tiene como base la poesía y va dirigido a una divinidad separada de la religión, en otras palabras, cuando es expresada por medio del arte, esa mística que el individuo experimenta en su singularidad, en su corporalidad viviente como lector o escritor, forma una trinidad con la teología y la ficción.

#Dante2021 Paraíso Canto XVIII: El lenguaje y la creación

El Zohar desde el principio del primer tomo plantea que Dios creo el universo con las 22 letras del alfabeto hebreo. De las distintas expresiones filosóficas, esotéricas, poéticas o místicas que conozco, las de la cábala judía me parecen las más radicales. Si llevamos sus planteamiento hasta las últimas consecuencias, resulta que el universo es un lenguaje codificado por el creador. Un lenguaje hecho de palabras. Palabras que los seres humanos pueden usar para su comunicación cotidiana y para descifrar los misterios de la creación.

Si a esto añadimos la centralidad que los cabalistas le dan a la Torá, incluso como encarnación de Dios, el fervor místico en relación al lenguaje se torna en parte central de su pathos histórico. Nietzsche, en una de sus frases nihilistas, dice que no perderemos la fe en Dios hasta que no perdamos la fe en las palabras. Por eso para el pueblo judío es tan central el lenguaje y el Libro al que se han aferrado a lo largo de su atribulado devenir: si se pierde el habla y la escritura se pierde completamente el sentido.

En el canto XVIII, Dante plantea una idea parecida a las danzas que las letras hebreas hacen el Zohar:

Y vi en la reverberante luz de Júpiter, que los signos de nuestro lenguaje se presentaban ante mis ojos, como avecillas que vuelan en las márgenes de los ríos y se regocijan el ver los pastos que le son apetecidos, y forman figuras en el aire; así volaban y cantaban aquellas criaturas, componiendo la figura de la D, de una I y de una L, moviéndose primero al compás de su canto, e imitando después uno de aquellos signos, se detenían y callaban.

El canto continúa haciendo referencia a la manera que se ordenan estas palabras y evocando con ruegos a la mente, in che’ s inizia/tuo moto y tua virtute. Casi al final, el poeta nos hace un guiño: “Y tú, que solo escribes para tu propio provecho…”

Ayer traté de abordar brevemente el tema de poesía y profecía ¿Qué utilidad tiene esta relación en la actualidad? Tal vez una batalla no tomada muy en cuenta, pero que es central en el siglo XXI, es la del lenguaje. Sobre todo por la centralidad cada día mayor del big data y los algoritmos informáticos. Si las palabras son dioses, ángeles, o manifestaciones de Dios, podemos analizar de manera radicalmente otra los datos y el lenguaje de la informática. Si el capitalismo de la vigilancia predice nuestro comportamiento y los eventos y tendencias futuras, la poesía y el pensamiento que elevan a esa dimensión el problema del lenguaje, puede ser el antídoto que nos dignifique como humanos.

#Dante2021 Paraíso Canto XVII: Poesía y profecía

La misteriosa relación entre poesía y profecía, es algo que me he venido cuestionando en el último par de años. ¿Cualquier tipo de poesía o sólo la místico religiosa? Me parece que la poesía, o más bien, el don poético también tiene algo de profético. Por eso Ezra Pound dijo que los poetas eran las antenas de la raza. Cuando esas antenas se dirigen a calibrar los problemas políticos y sociales de su tiempo, muchas veces la poesía es acompañada de un don profético ¿En qué consiste ese don?

En el canto XVII se aborda esta problemática desde el inicio. Dante se encuentra ansioso por expresar su pensamiento, sus deseos, sus dudas. Beatriz le contesta que lo exprese tal como sale del corazón, no para que lo exprese con palabras porque eso no es necesario puesto que, como ya se nos dijo cantos atrás, las almas pueden conocer los pensamientos antes de ser expresados, sino para que aprenda a comunicarse mejor. Entonces el poeta le pregunta a su bisabuelo qué le depara la fortuna. Y se lo pide con una hermosa metáfora temporal: “pues cuando podemos proveer la trayectoria de la flecha, por lo menos podemos hacer que llegue más lentamente”. Detengámonos un momento y reparemos un poco en que la flecha de por sí ya tiene una trayectoria. Por eso, líneas adelante, Caccsiaguida le contesta así:

Todos los acontecimientos que no exceden el alcance de la naturaleza humana, se encuentran ya imaginados por la mente del Eterno, de lo que no se puede inferir que tales cosas deban ocurrir por fuerza; así como el navegar de una barca corriente abajo no es producido por la barca que lo contempla., de igual manera que llega a tus oídos el sonido del órgano, yo percibo los sonidos que los tiempos te deparan

Entonces el bisabuelo le habla sobre su exilio y sus causas. Le dice que el influjo de las estrellas tal y como estaban alineadas el día de su nacimiento, le dan tal influencia en sus acciones que se perpetuarán en la memoria de las gentes. También le habla sobre “el buen Enrique” que habrá traer muchos cambios y transformaciones “haciendo que los ricos y los pobres cambien de condición.” Termina su profecía diciéndole que no debe albergar rencores a sus paisanos, porque podrá superarlo todo y su vida se prolongará más allá de allá del justo castigo que todos ellos habrán de recibir.. Dante contesta que bien sabe que el tiempo que se aproxima bien sabe que le asestará duros golpes y que tomará la precaución debida para que lo que digan sus escritos no le hagan perder todo lo que ama. Sin embargo, dice que este viaje por el más allá le ha revelado verdades que serán amargas para muchos, pero que si es demasiado prudente” corro el riesgo de que mi nombre pase a la posteridad deslucido, y que pierda el aprecio de los que vivan después de mí”.

Este no es el único canto que se refiere al tema profético-poético, pero creo que en ninguno hay un desarrollo de cabo a rabo sobre el asunto. Ahora bien, ¿de qué manera lo poético se transforma en profético? Santayana explica este don en el summo poeta:

Su bien definido ideal, siempre presente, aguzaba su mirada para el flujo y reflujo de las cosas, hacía su experiencia individualmente más acerba y su visión de conjunto más prolongada y sostenida. Dante leía e interpretaba la Italia contemporánea como los profetas hebreos leían e interpretaban los signos de su tiempo, y cualquiera que sea la tolerancia de nuestro juicio crítico sobre las generosas ilusiones de todos ellos, no puede haber duda de que la integridad de su alma y el carácter profético absoluto de sus juicios hacían vigorosa su visión de los hechos particulares y enteramente subyugadora su percepción de las amenazas de dicha o infortunio.

Recuerdo que al inicio de la lectura de la Commedia planteaba que existe una especie de método interpretativo de la realidad y que si lo desentrañamos nos permitirá afrontar mejor nuestro presente. falta mucho para que mis limitadas fuerzas puedan desentrañar ese método, pero creo que algo he avanzado y ya no es tan nebulosa mi intuición.

Hace un par de días retomaba la metáfora de Santayana, según la cual, Dios es un productor de alegorías en la filosofía de Dante. Supongamos sin conceder, que el universo en el que nos encontramos, fue creado como una inmensa e infinita alegoría. Supongamos que a una de esas creaciones, el ser humano, le fue otorgado ese mismo don por medio del cual sus creaciones son alegorías y también su manera de conocer la realidad es esencialmente alegórica, aparte de literal, anagógica y moral. Estas serían una especie de categorías kantianas, pero metafóricas simbólicas y poéticas. Si nuestra hipótesis fuera cierta, cada acto por mínimo que sea, sobre todo cada acto humano que ya está en la mente Eterna, es un acontecimiento que forma parte de la historia universal. ¡Qué diferente parecen así nuestros hechos políticos en nuestros días! El arte poético-profético sería la capacidad que tuviera cada uno de intensificar la experiencia de hechos claves y encontrar una especie de puntos nodales donde se lograra comprender mejor nuestro presente y nuestro futuro. Ni siquiera tienen que ser los grandes acontecimientos que se relatan en los libros de historia. Este arte incluye al sujeto cognoscente y por lo tanto se vincula a su historia personal. Sin embargo, no me resisto a poner un ejemplo que está a flor de piel y que es, si no de interés general, sí de conocimiento general. Me refiero al asesinato del afroamericano George Floyd, a manos de un policía. En los medios de comunicación pasaron una y otra vez las escenas y los gritos desesperados y agonizantes donde se escuchaba un insistente: I can’t breathe. El resto es historia. Pero si lo interpretamos desde la filosofía de la historia dantesca, desde hace más de un año, hasta la naturaleza parece gritarnos: ¡No puedo respirar!

#Dante2021 Paraíso Canto XVI: Dante y los poetas

Para Santayana, el tema principal de la Commedia es el universo moral. Así, la visión ontológica e histórica, poética y epistemológica de Dante, tiene su fundamento en la moral: la teología como visión del amor. Sin embargo, el filósofo español también da en el blanco cuando dice que el profundo rencor y sus profundas antipatías se dejan sentir en muchas partes del poema. La mayoría de las veces este rencor se encuentra sublimado en el Infierno, desde luego, pero también se encuentra, lo mismo que su visión del amor, a lo largo ancho de toda la obra. Sólo que en algunos cantos se nota más ese apasionamiento.

Paradójicamente, el canto XVI inicia advirtiendo “en aquella esfera, que no es otra cosa sino el mismo cielo, no hay pasiones que extravíen la esencia del ser” para después presentar un largo relato de Cacciaguida, especie de imagen condensada de la historia de Florencia hasta decantar en su presente degradación y caos. En otras palabras, el bisabuelo de Dante presenta una visión entrópica de la historia. Por ello en una parte dice: “La confusión de las personas ha sido el origen de grandes males en las ciudades, como es en el cuerpo la excesiva mezcla de alimentos”.

El canto termina evocando los últimos días que Florencia vivió en armonía y en paz; sin que las discordias mancharan la tierra de sangre.

El ensayo de Santayana termina señalando que Dante es el poeta perfecto. Para los que aspiramos a poetas y coincidimos con esta opinión, nos pasa lo que a los novelistas con Cervantes o a los filósofos con Platón: ellos también saben que no podrán superar esas obras. Eso es un dichoso alivio pues nos destina inscribir nuestras versificadas notas al pie de página acompañando al magno poema.

#Dante2021 Paraíso Canto XV: Dios: creador de alegorías.

El riesgo que corre un lector no especializado en el tema, como yo al comentar algo sobre un libro clásico como la Comedia, es que se corre el riesgo de decir torpemente cosas que ya se dijeron con mucho mayor profundidad y madurez. Y lo peor de todo, se cree uno que acaba de inventar el agua tibia. Muchas de las cosas que he intentado descifrar o apenas intuyo en cada uno de los cantos del poema, están expresados mejor por los críticos y artistas del pasado, algunos de los cuales he mencionado a lo largo de estos días. Sin embargo, hasta ahora hago referencia al filósofo George Santayana y su esclarecedor ensayo Tres poetas filósofos: Lucrecio, Dante y Goethe.

Entre los males de nuestro tiempo es que el exceso de información nos satura, nos abotaga el alma. Es por ello que en los últimos años he optado por leer libros sin mucho aparato crítico que los rodee y de preferencia en papel: en parte, el infovirus que todos padecemos en estos pandémicos tiempos, se cura consumiendo menos información. Es una estrategia de la que no me arrepiento, pues he leído sobre Dante y la Divina Comedia ensayos esenciales ¿Por qué hasta esta parte del Paraíso me fue deparado encontrar el ensayo de Santayana?

Hoy hojeando un libro de la serie Sepan Cuantos de la editorial Porrúa, me encontré en la última parte donde aparece la lista de los autores, títulos y precios, con la referencia al ensayo que he mencionado del filósofo y poeta español. Algún día espero completar la colección de esta memorable serie de libros clásicos. Sin embargo, como el momento lo amerita, me puse a buscar en la red el título y afortunadamente lo encontré.

Es la primera vez que leo a Santayana y ese es otro regalo que me ha dado la lectura de la Comedia. El filósofo se toma en serio la filosofía de Dante e incluso dice lo que ya cualquier lector más o menos atento sospecha: nos encontramos ante un sistema peculiar de pensamiento. No voy a retomar las ideas del ensayo porque más bien hago la invitación para que cada quien vaya al texto y lleve agua para su molino. Aquí sólo retomo una frase que me dejó cimbrando la imaginación, como esos sonidos que a veces se quedan zumbando en el oído: Dios es un creador de alegorías para Dante, según nos dice el filósofo.

Sólo parémonos un momento en pensar las consecuencias de esta breve metáfora explicativa, dicha al sesgo y como una charada para completar argumentos filosóficos concienzudamente pensados y sopesados. Pensemos por un momento que las cosas y las personas que nos rodean, que el vasto e infinito universo son un símbolo o, más bien, una serie infinita de símbolos creados, pensados y sostenidos por el amor divino. Tiene razón Santayana cuando dice que Dante piensa de forma poética precisamente por esta concepción de la realidad.

En el canto XV, el espíritu que habla a Dante:

Después de aquellas palabras iniciales, el espíritu, que agradaba tanto a la mirada como al oído, se puso a discurrir temas tan profundos que yo no alcanzaba a comprender, no porque él se expresara de manera oscura, sino porque aquellos conceptos eran por naturaleza superiores a la capacidad de los simples mortales.

Dante no se va a cansar una y otra vez de repetirnos que nuestra mente y sentidos apenas pueden aproximarse a los misterios de la luz eterna. Esa luz que penetra a todos los seres y que, el velo del entendimiento humano, apenas logra intuir. Cada acto, cada ente, cada pensamiento, el universo entero como parte y creación del amor divino. Una clave que nos da George Santayana para comprender la propuesta filosófica de Dante es poner atención no en los componentes de las cosas sino en sus fines, los cuales en última instancia se dirigen o intentan acercarse lo más posible a Dios. Me parece que cuando tal experiencia se vivencia en carne propia -y todos en mayor o menor grado tenemos estas vivencias- nos acercamos a la filosofía desde la poesía, una de las formas de, en nuestra búsqueda, reconciliarnos con el sentido y la verdad.

#Dante2021 Paraíso Canto XIV: Música y misticismo

Hasta ahorita no hay un canto en el Paraíso que no contenga cantos y música. Me parece que este es un elemento a tomar en cuenta para la comprensión de esta parte del poema. En el canto XIV se hace referencia dos veces a la música.

La primera cuando Beatriz les pide a los sabios que expliquen al florentino sobre si la luz que anima su substancia será siempre como ahora:

Al igual que los que danzan en rueda, y en cada evolución se sienten más excitados, profiriendo expresiones de alegría y animando sus movimientos, así, a la amorosa petición que se les hacía, los santos círculos se mostraron muy entusiasmados renovando sus cantos y sus maravillosas evoluciones.

Cabe señalar que, aunque no en todas las partes donde aparecen referencias a la música, es común encontrar entrelazadas referencias al movimiento armonioso de círculos, esferas y luces.

La segunda referencia a la música viene al final del canto, cuando al acceder a la esfera de Marte se encuentra con la visión de la cruz donde resplandece Cristo rodeado de espíritus luminosos que lanzan vívidos destellos:

Y como el laúd y el arpa, cuyas distintas cuerdas, cuando están bien templadas, producen una dulce armonía aun para aquel que es lerdo en distinguir sonidos, así las luces que se me aparecieron formaron con la cruz una melodía que fascinaba mis sentidos. Yo no entendía las palabras del canto, pero sí sentía que se trataba de una dulce alabanza, pues a mis oídos llegaban palabras como resucita o triunfa, pero los sonidos y las palabras se arreglaban en mi mente como aquel que no distingue bien los matices de lo que escucha.

Si como dice Schopenhauer, la música es el arte que mejor capta la esencia de la voluntad, se entiende porque para Dante es un recurso para expresar lo inefable. Sin embargo, a diferencia de la voluntad ciega y sin sentido que conceptualiza el filósofo alemán, el summo poeta nos habla de una experiencia mística con la voluntad divina, es decir, como lo expresa en este mismo canto, una experiencia con aquel que vive siendo uno, dos y tres: “y siendo tres en uno y sin contenerse en nada, pero conteniéndolo todo.”

De esta manera, tenemos en las referencias a la música una clave para comprender la compleja cosmología mística que constituye el Paraíso. Hace algunas entradas, hacía referencia a que el Paraíso se basa en la cosmología aristotélico-tolemaica que eran los conocimientos que dominaban en la poca, pero decía que no se podía reducir a una versificación del sistema astronómico-astrológico del medievo. Más bien creo que sirvió de base pero que incluye una serie de conocimientos y fuentes tan diversas como misteriosas.

A diferencia de los escritos que abundan sobre el Infierno y en menor medida del Purgatorio, en la red hay pocos escritos que aborden la tercer parte de la Comedia. Hoy sin embargo, leí un breve artículo donde se hace referencia a los conocimientos que influyeron en Dante para construir su visión del Paraíso. Ahí se señala que a parte de las fuentes oficiales y canónicas de la época, existen referencias al neoplatonismo. Si esto es verdad, y así parece ser, las dificultades que nos presenta esta parte del poema se van difuminando. Por ejemplo, en lo que respecta a la trinidad a la que se hace constantemente referencia, nos recuerda las hipóstasis de Plotino. Además, esa visión del Uno, incognoscible realidad suprema o gran vacuidad y del que es mejor callarse por que de él nada se puede decir, tiene vasos comunicantes con la divinidad y la jerarquía celestial que nos presenta el poeta italiano. En el sentido práctico también encuentro similitudes, pues tanto Plotino como Dante hacen una peculiar vinculación entre el arte de la contemplación y la comunión con lo divino.

Esas no son seguramente las únicas influencias que existen, pero se necesita un estudio profundo del neoplatonismo para encontrar más conexiones y simpatías. Sin embargo, tengo en mi pequeña biblioteca, el libro III de las Eneadas. Miro el índice me encuentro con el apartado que trata sobre La naturaleza, la contemplación y el Uno. Hojeo un poco y encuentro este párrafo donde Plotino señala:

Por eso el término de reducción en todos los casos es un uno. Es decir, en cada caso, el término de reducibilidad es un uno en particular, y este universo es reductible al uno anterior a él, no al Uno sin más, y así hasta llegar al Uno sin más; éste, en cambio, ya no es reductible a otro. Ahora bien, si se considera el uno de la planta – y éste es su principio permanente-, el uno del animal, el uno del alma y el uno del universo, se considera en cada caso lo más potente y lo más valioso; mas si se considera el Uno de los Seres de verdad, su principio, su fuente y su potencia, ¿vamos, por el contrario, a desconfiar y a sospechar que es la nada? Sí, es la nada en el sentido de ninguna de las cosas de las que es principio, pero es tal que, no pudiendo predicarse nada de él, no el ser, no la esencia, no la vida, es lo que sobrepasa todas estas cosas. Más si lo consideraras tras haber descartado el ser, quedarías maravillado.

Si como tal parece, Dante abreva de las fuentes del neoplatonismo, estamos ante misterios más profundos que resolver en este mística tercera parte. Yo me declaro un tanto incompetente en estos momentos para desentrañar ni siquiera lo más superfluo. Ya hace días conté que incluso tengo que releer los cantos más de una vez para poder comentar algo que aporte, si no a la comprensión del canto, al menos a la invitación a la lectura de un poema que se propuso transformar al individuo y no sólo entretenerlo.

Desde luego, ya que se hace referencia al Uno de Plotino, no puedo dejar de recordar también a Pitágoras y su visión mística de las matemáticas. Para los pitagóricos, el principio de todas las cosas es el número. Esta creencia y sus investigaciones sobre la música, decantaron en una visión del cosmos como una armonía relacionada a los números y las escalas musicales. Cuando Dante hace referencia a la música el mensaje es parecido: la armonía de las esferas celestes y el cosmos se expresa a través de la música. Pero hay más. Para el Bardo, al igual que los cabalistas, al igual que los pitagóricos y los neoplatónicos, el número tiene una connotación mística que nos vincula con la divinidad y la armonía del universo. Muy diferente al puro cálculo que hacen los algoritmos del big data en la era del capitalismo digital, pero tal vez más cerca de lo que pensamos de la religiosidad cósmica de la física moderna.

#Dante2021 Paraíso Canto XIII: El terceto o el sujeto de los cantos

Hace unos días, cuando andaba de la mano de Dante en el Purgatorio, lancé la propuesta de interpretar la comedia como si fuera un arte de la fuga pero en vez de con sonidos hecho con palabras. Desde esa perspectiva, decía que el terceto es el sujeto elemental de este singular arte dantesco.

No sé hasta donde sea válida esa comparación pero me sirvió para comprender la importancia del inicio del poema. En el terceto inicial se encuentra concentrado todo lo que vendrá después. Por ello lo imagino como una semilla que después se desarrolla lentamente. O como un tronco de un árbol que se ramifica infinitamente.

En ese memorable terceto encontramos los siguientes elementos: En medio del camino, como indicador de viaje y movimiento justo en el medio de una crisis, de nuestra vida, porque Dante se refiere a una experiencia, se encontró en una selva oscura, el lugar siniestro como símbolo, que la directa vía era perdida, como reiteración de ese camino que se tuerce. Ahí, en esa semilla, se encuentra el actor principal hablando en primera persona, el germen de la historia a un tiempo íntima e individual y colectiva. De igual forma muestra que ese mundo se salió de su recto cauce y que sucede, al menos de inicio, en una selva. Por último, está lo que no se dice pero que forma parte integral del primer terceto: el objetivo si se está perdido, será recuperar el camino correcto y la luz.

Si recordamos que para interpretar la Comedia se debe de hacer en cuatro sentidos distintos, el análisis sólo del primer terceto se puede alargar indefinidamente. Esa es una de las magias de esta obra, la infinita cantidad de interpretaciones que acepta y de hecho propicia.

Ahora bien, esa riqueza de la estructura mínima del poema, es decir, el terceto, que encontramos al principio, es posible extrapolarla en cada canto. Y es que el poema es una totalidad orgánica y los cantos son las partes. A su vez los tercetos son las partes esenciales de cada canto. Según la armonía dantesca, esas partes se deben de corresponder con el todo. si esto es así, cada terceto contiene partes que comunican con la totalidad del canto y cada canto contiene una parte de esa totalidad que es el poema. He ahí una de las principales dificultades a la ora de interpretarlo: nos encontramos con un universo en contante interacción.

Además, si uno observa con cuidado la estructura de cada canto y trata de encontrar sus regularidades, se dará cuenta que no hay casi variaciones en la manera de presentar la visión, como si fueran retablos muy diferentes pero que en su conjunto formaran parte de un cuadro mayor. En el caso del canto XIII, quisiera aplicar mi hipótesis del terceto como célula básica del cuerpo orgánico que es el poema. Para ello retomo el terceto inicial:

Immagini chi bene intender cupe

Quel ch´io vidi (e ritegna l´image,

Mentre ch´io dico, come ferma rupe)

El que quiera comprender bien lo que entonces vi, imagínese -y fíjelo en su mente como en la dura roca-.)

A diferencia del terceto inicial del poema, el terceto inicial de este canto carece de un espacio pero precisamente porque esa es la invitación, presentar lo que el poeta vio. Aquí Dante ya incluye al lector como acompañante del viaje, apelando a la facultad imaginativa y pidiendo que fije como en roca lo que se mostrará a continuación.

Entonces se habla de constelaciones y del tiempo del cielo tan distinto al de la tierra. Nos habla de cantos que se entonan a las tres Personas, nos habla de la esencia divina de esas personas que se unen en una en el humano. En metáforas abigarradas y complejas nos hace referencia a Adán y a Cristo y nos acerca en voz de santo Tomás, algunos de los misterios de la trinidad. Nos habla de cómo el sello de la idea divina se encuentra en todo lo existente. Nos habla de cómo Dios es un artista imperfecto cuando trata de realizar su idea en la naturaleza. Nos habla de como Dios imprime en la materia la luz de la virtud ideal y “dotando a la tierra de todo cuanto conviene a la naturaleza animal y propiciando que en el seno de la Virgen sea concebido el ser que trasciende al hombre”. Al final habla de Dios como el Rey y primer padre del universo al que nadie se compara. Por último, ante la aparente oscuridad de las palabras, santo Tomás hace un llamado a que el Bardo camine con pies de plomo y lentamente, “como quien está cansado” a fin de discernir con la debida reflexión y no caer víctimas de juicios precipitados, víctimas del ofuscación del entendimiento causado por las pasiones pues: “quien se comporta de esta manera es como si hubiese hecho el viaje en balde, pues regresa más ignorante de lo que se fue, pues quien carece de arte no encuentra la verdad”.

¿Qué es, de todo lo expuesto en el canto, lo que que Dante quiere que fijemos en nuestra mente como en dura roca? Para empezar quiere que no nos vayamos, a estas alturas del viaje, a desviar de nuevo del recto camino. Quiere que pensemos y contemplemos junto con él. Y que lo hagamos pasito a pasito. Los aprendizajes del Paraíso son de maduración lenta, pertenecen a otra temporalidad.