Trebejos: meditaciones sobre el alma de las cosas. Columna de Arquímedes


Él ha encontrado el punto de Arquímedes, pero lo ha utilizado contra sí mismo, es evidente que sólo con esa condición le ha sido permitido encontrarlo. Franz Kafka

Algo sobre el autor:

Su verso favorito es de Fernando Pessoa “¡Ah, no ser toda la gente y estar en todas partes!”. Arquímedes, su seudónimo, hace referencia al famoso matemático griego. Su tarjeta de presentación dice abajo de su verdadero nombre: lector de poemas.

Trebejos: meditación sobre el alma de las cosas

Presentación:

Mi versos favoritos son de Alberto Caeiro, uno de sus 72 heterónimos de Fernando Pessoa:

“Hay bastante metafísica en no pensar en nada

¿Lo que pienso del mundo?

¿Sé yo lo que pienso del mundo?

Si me enfermase, pensaría”

Hoy que el cuerpo social está enfermo de gravedad, es necesario pensar hasta como estrategia de sobrevivencia.

En la mañana, mientras leía el periódico, me encontré con la noticia de que, según el gobierno, en el mes de junio se reanudaran las clases presenciales en las escuelas. Ya llevan un año anunciando lo mismo cada tanto tiempo. Es cierto que la vacuna ha reanudado las esperanzas de amplios sectores de la población. Pero, pensemos un poco y borremos las brumas del dañino optimismo. Aunque se lograra vacunar a todos los maestros del país, lo que va a llevar su tiempo, aún falta por vacunar a los estudiantes. Se puede argumentar que con los maestros vacunados ya se puede regresar a clases. Sin conceder, suponiendo que los padres de familia y los propios estudiantes decidieran regresar a la escuela y arriesgarse al contagio, aún así el regreso será paulatino. En el corto y el mediano plazos si acaso llegaremos a clases mixtas. Uno o dos días clases presenciales y la mayoría con educación a distancia, como desde le inicio de la pandemia. Aceptémoslo, la educación entró en un gran reseteo al igual que la totalidad del sistema capitalista y en los próximos años las relaciones sociales cambiaran drásticamente.

En un breve y puntual artículo titulado La jaula 5.0 del periódico la Jornada, Ilán Semo en enero de este año, nos explicaba que la jaula de hierro que predominó en el siglo XX, se está transformando a pasos acelerados en una jaula digital: “sin afuera ni límites predecibles”. En ese mismo artículo explicaba que un alto funcionario de American Móvil, una de las más grandes corporaciones a nivel mundial, hizo una consulta con 50 expertos después del confinamiento a causa del confinamiento por la pandemia. Si los expertos consultados tienen razón, nos esperan años, incluso décadas difíciles. Rescato los puntos 1,5 y 9 de los nueve en los que Semo sintetiza las tendencias que se avizoran en un futuro próximo:

1. La situación actual, que es vista como un paréntesis de excepción pandémico, ya contiene los elementos esenciales de lo que será la nueva normalidad. En otras palabras, la nueva normalidad se asemeja mucho a lo que estamos viviendo en estos momentos.

5. Las casas se adaptarán al trabajo diario. Se abrirá una nueva época en el diseño, construcción y adecuación de interiores. Éstas serán los engranajes centrales de la jaula 5.0. La vida en sociedad –llámese oficina, fábrica, universidad, ONG, cine, cantina, etcétera– se reducirá gradualmente. Lo que quedará es un mar de vidas moleculares. Las cenas con los amigos, la familia o eventos casuales sucederán de vez en cuando durante el mes.

9. La educación nunca regresará a lo que era. Será sustituida por la enseñanza a distancia o, a veces, los sistemas híbridos. Desaparecerá el estudiantado como fuerza política, social e intelectual.

https://www.jornada.com.mx/2021/01/23/opinion/014a1pol

¿Puede hablar el sujeto subalterno? se pregunta la filósofa Spivak. Cuando el mundo se nos está convirtiendo en un enorme campo de concentración con un panóptico digital, en cierta medida, aunque hoy hablamos y escribimos como nunca en la historia, el espacio virtual es una cámara de ecos, donde hay mucha comunicación e información pero no hay comunidad. Es decir, por más que hablemos, estamos como enmudecidos por nuestro propio ruido.

Ahora bien, si mi casa, en específico mi habitación-biblioteca-taller, en donde ahorita escribo estas líneas, será durante algún tiempo mi lugar de trabajo, más me vale adaptarla lo mejor posible. Informar sobre ese proceso de adaptación es lo que compartiré todos los jueves en esta columna a la que he llamado Trebejos: meditación sobre el alma de las cosas.

Mi abuela tenía facilidad y gracia para decir las palabras. Cuando un cuarto de su casa estaba lleno de cosas abandonadas (ropa, maquinas de cocer, hilos, cazuelas, cuadros y fotos arrumbadas, clavos, monedas, botones, cartas de amor con olor a viejo) decía que había un trebejerío. Trebejos también se le dice a las piezas de ajedrez. Pues bien, en la tesis I sobre la Filosofía de la Historia, Walter Benjamin, explica su interpretación sobre el materialismo histórico con la alegoría del enano jiboso y feo que escondido en una mesa mueve los hilos de un autómata y gana todas las partidas. Ese enano es la teología. ¿A qué teología se refiere Benjamin? Creo que independientemente de las creencias religiosas del filósofo judío, a lo que nos invita es regresar al alma a su materialidad en los entes de este mundo: regresar al anima mundi. Solo así se puede entender su insistencia en unir teología (ciencia del alma y Dios) con el materialismo histórico (ciencias de los seres humanos). Hay algo más que quiero agregar a este respecto. Hay muchos comentaristas que han escrito sesudos análisis sobre las tesis de Benjamin. Estoy seguro que esa abundancia le hubiesen sorprendido sobre un escrito que fue redactado para que lo leyeran sus amigos. Sin embargo, en las interpretaciones que he leído (en realidad son pocas), nadie habla del juego del ajedrez en sí. Lo toman como una simple metáfora, siendo que el filósofo alemán era aficionado al deporte ciencia. Hablar de ajedrez es hablar de estrategia y táctica; es hablar en términos políticos. El ajedrez es la vida decía el gran Bobby Fisher. La vida imita al ajedrez diría más adelante el ogro de Bakú, Kasparov. Hay mucho misterios que rodea a este juego que inventaron los dioses para regalarlo a los hombres. A mí me parece bastante misterioso que el tablero de ajedrez tenga sesenta y cuatro casillas, el mismo número que los hexagramas del I Ching, libro de las mutaciones y el mismo número de codones en el lenguaje del ácido nucleico según explica Crick en su libro la vida misma. En fin, que hay mucho misterio en coincidencias como estas, de las cuales me declaro poco apto para desentrañar. No sólo porque soy mal ajedrecista y entiendo poco de este juego complejísimo y que demanda mucho tiempo y estudio que no le he dedicado, sino porque en asuntos de teología y materialismo entiendo menos.

Así, lo que vaya compartiendo en esta columna, me ayudará a profundizar en temas que he tocado muy por encimita. Sobre todo, me ayudará a contrarrestar el terror a lo inminente en el que estamos inmersos. Ese terror se refiere a que huimos de lo que tenemos delante de nosotros, esos trebejos de los que antes hablaba. Las cosas y personas que nos rodean. Los más próximos y cercanos. ¿Qué significa meditar sobre esos objetos y sujetos? La clave me la dio mi maestro Carlos Cortéz del posgrado en Desarrollo Rural. En una ocasión nos estaba tratando de explicar el Capital de Marx, nos dijo una frase que se me quedó grabada: En este vaso, dijo, está contenida la historia del universo. ¿No es maravilloso, incluso mágico pensar sobre las cosas de esa manera? Recordé a este profesor ahora que leí el libro del biólogo que descubrió la estructura del ADN, el antes citado Francis Crick. Al inicio de su ensayo, La vida misma, su origen y naturaleza, señala:

Para mí es notable que este asombroso descubrimiento, la inmensa vastedad y vacuidad del espacio, no haya atraído la atención de los poetas y de los pensadores religiosos. La gente se siente feliz al considerar la omnipotencia de Dios- cuando más, una proposición dudosa-, pero no esta dispuesta a meditar de forma creativa sobre el tamaño de este extraordinario universo en el cual, y no por su propia virtud, se halla…Es casi como si la total insignificancia de la Tierra y la delgada película de su biósfera hubiesen paralizado por completo su imaginación, como si fuera demasiado temible contemplarlo y, por consiguiente, mejor desdeñarlo.

Virginia Wolf decía que un escritor lo que necesita es una habitación propia. En mi caso, no siempre he corrido con esa suerte y, ahora que la tengo, no sé cuanto dure esta dicha. De los indígenas hñähñu aprendí que un humilde cuarto puede ser un lugar de reflexión y conocimientos que a la larga sí hacen comunidad. Mientras pueda, haré estas meditaciones sobre el alma de las cosas que he ido juntando en en mi habitación. Meditación según la Wikipedia se refiere:

A un amplio espectro de prácticas que incluyen técnicas diseñadas para promover la relajación, construir energía interna o fuerza de vida (, ki, chi, prāṇa, etc.) y desarrollar compasión,3​ amor, paciencia, generosidad y perdón.

Por medio de la escritura y otras técnicas voy a compartir lo que medite sobre las cosas que me rodean y su relación con este infinito, y en su mayoría vacío, universo en el que navegamos como una partícula insignificante a la que llamamos planeta Tierra. Precisamente creo algo cambiará cuando tengamos conciencia planetaria sobre esa radical insignificancia de la que tanto huimos según Francis Crick. Así tal vez podamos experimentar el mundo de lo inmensamente pequeño y lo inmensamente grande como algo familiar. Somos una caña pensante ante el vasto universo, decía Pascal. En esta época de narcisismo y positivismo tóxico, que ese pensar nos haga sentir el brevísimo pestañear del tiempo que dura una vida, que nos haga sentir el vacío, la negatividad, la muerte, la enfermedad y la nada como parte de nosotros.

De qué hablamos cuando hablamos de Apocalipsis

Hoy en el periódico La Jornada, Alfredo Jalife titula a su columna “Apocalipsis ahora: Bill Gates destapa las guerras biológicas por venir”, en la cual explica lo que según él es la visión apocalíptica del magnate:

Casi tres años antes de la pandemia del Covid-19, Gates vaticinó que la próxima epidemia tiene una buena oportunidad de originarse en una pantalla de computadora (sic): sea por el trabajo de la naturaleza (sic) o las manos de un terrorista (sic), por lo que instó a los gobiernos a prepararse para estas epidemias igual que nos preparamos para la guerra (¡megasic!). Agregó que el mundo necesita un nuevo arsenal de armas, fármacos antivirales, anticuerpos, vacunas y nuevos diagnósticos. ¡Negocio redondo!

https://www.jornada.com.mx/2021/02/17/opinion/014o1pol

Como muchas personas saben por un video que circula en las redes, Bill Gates vaticinó la pandemia que ahora padecemos. Por eso y por ser uno de los hombres más poderosos del planeta, sus alarmantes pronósticos para los próximos años inquietan, pero ¿en realidad estamos en el final de los tiempos? y si es así ¿Qué nuevos tiempos se revelan después del colapso? Como ha ocurrido otras veces en la historia, en momentos de profundas crisis, aparecen los agoreros de la catástrofe. Ahora, sobre todo desde hace un año, nuestro imaginario, gracias al bombardeo de los medios de comunicación, se ha poblado de fantasías apocalípticas, pero ¿es una cuestión que habita exclusivamente en nuestra mente? Me parece que el fin de los tiempos es más que una idea delirante y fantasiosa. O mejor dicho, es una idea con una fuerza material tan brutal como tangible. Así lo explica el psiquiatra James Hillman:

No sólo nos drogan los fabricantes de bebidas alcohólicas, los traficantes de drogas, las empresas farmacéuticas y los médicos que nos atiborran de pastillas; estamos anestesiados también por el subjetivismo de la psicoterapia, como si el «fin del mundo» fuera un «problema interior». Esas fantasías hacen realidad la visión apocalíptica  cristiana y cumplen al pie de la letra la doctrina de un mundo que ya ha sido declarado muerto por la tradición occidental, un mundo cuya autopsia ha estado presidida por la mente septentrional de Newton y Descartes. Ojalá seamos ahora capaces de ver lo que Blake siempre supo: el apocalipsis que mata el alma del mundo no se encuentra al final del tiempo, no va a venir, sino que se está produciendo ahora, y sus jinetes son Newton y Locke, Kant y Descartes. Las fantasías del fin literal del mundo anuncian, sin embargo, el fin de este mundo literalista, del mundo muerto y objetivo.

https://tradiciongnostica.blogspot.com/2013/01/anima-mundi-el-retorno-del-alma-al-mundo.html

Entonces, Bill Gates, no es muy original en su visión apocalíptica. Más bien, es el último representante de una larga tradición que se ha encargado, en los últimos cinco siglos, de llevar a la práctica la ideología que mata el alma, o como lo formuló en clave sociológica Max Weber, que propicia el desencantamiento del mundo. Pero llegó el coronavirus, y a la mala, a diario nos recuerda que el anima mundi está ahí con todo su terror y horror: lo ominoso en cada ente y en cada mirada. Eso lo vamos comprendiendo de a poco cada día. Sí, este mundo está llegando a su fin. Y no sólo los dueños de grandes corporaciones se están dando cuenta de esta acelerada gran transformación. Desde hace décadas la comunidad científica nos advirtió del colapso civilizatorio generado por el cambio climático y las constantes crisis financieras, políticas, culturales y un largo etcétera. Hoy parece que no hay marcha atrás: estamos ante el gran reseteo de la maquinaria de destrucción y muerte en la que se convirtió el capitalismo. Tal vez en unos años vamos a extrañar el sistema que teníamos hasta aquel ya lejanísimo 2019. Hemos entrado a un túnel donde, como bien lo han intuido algunos pensadores, todo es posible. No será de extrañar que las grandes corporaciones estén cambiando su discurso hacia la ecología y la imperiosa necesidad de detener el cambio climático y combatir las pandemias por venir. Lo que Carlos Taibo, en su revelador libro Colapso, llama ecofascismo: los que causan la enfermedad nos van a querer vender la medicina.

Entonces no, los magnates como Gates no son apocalípticos. En los años sesenta, Umberto Eco publicó su famoso libro Apocalípticos e Integrados. Para el autor, apocalíptico era aquel que rechazaba las innovaciones en el arte y la cultura, e integrado quien aceptaba de buena gana las nuevas creaciones cimentadas en la cultura de masas. Démosle la vuelta a la tortilla: los apocalípticos somos nosotros que queremos hacer surgir con toda su fuerza las alternativas a este sistema de destrucción masiva. Los integrados son los que quieren continuar este proceso hasta que la tierra se estrelle contra el sol. Como los antiguos alquimistas, queremos encontrar en la enfermedad el remedio a nuestro padecimiento. Por ejemplo, iniciar un proceso de desalienación y organización utilizando las propias redes sociales que se encargan de alienarnos y atomizarnos. ¿Se podrá? El deber es hacer el intento.

En la puerta del Infierno en la Divina Comedia dice, si mal no recuerdo, que ese es el lugar donde hay que abandonar para siempre la esperanza. Nuestra tarea es en la medida de lo posible reencantar el mundo: nuestra esperanza individual y colectiva que vamos construyendo, como los alcohólicos, sólo por hoy. Así, el fin de los tiempos es una buena noticia. Si es verdad que en estos momentos excepcionales todo es posible, aunque el camino sea largo, tal vez el paraíso esté a la vuelta de la esquina.

Nota 7

Escribo Pozo de Agua en Google y en .72 segundos me muestra al rededor de 53,100,000 de resultados. Posteriormente escribo Pozo de Agua I Ching y en .60 segundos descarga  574,000 entradas. Aunque es una cantidad considerablemente menor a lo que arroja Google sobre los pozos de agua en general, no deja de ser una cifra abrumadora. ¿Qué se puede decir distinto? ¿Vale la pena intentar decir algo nuevo o es mejor navegar por ese mar de información y hacer una selección hasta donde me den mis fuerzas?

Google no se tarda ni un segundo en arrojar toda esa información sobre el hexagrama. El monstruo digital es un experto en captar el instante de manera mucho más eficaz de la que lo podrían hacer los humanos. Sin embargo, el lenguaje binario que utiliza el buscador y en general la red digital, es el mismo que, desde hace miles de años, utiliza el I Ching. ¿Es posible conformar una estrategia poética para vislumbrar una posible vía de desalienación? En otras palabras ¿es posible poner a nuestro servicio la tecnología o nos encaminamos a una servidumbre mundial sin precedentes, el tecnototalitarismo del que algunos pensadores advierten? Tal vez ese sea el gran meollo de la cuestión en la que estará inmiscuida la humanidad a lo largo de este joven siglo XXI.

Y es que solemos imaginarnos el dominio de la inteligencia artificial en forma de robots a imagen y semejanza del ser humano. Así, pasamos por alto que tal vez ese dominio está ya sucediendo frente a nuestras narices. La máquina tiene forma de red que se alimenta de Psique, tal cual algunas películas icónicas como Matrix nos lo advirtieron hace ya algunas décadas. ¿Qué tipo de estrategia establecer? En divagaciones como estas gasto mi tiempo entre clase y clase. Por hoy es suficiente: estoy a punto de iniciar mi sesión de zoom con mis alumnos de la materia en Finanzas Corporativas.

Nota 6

Dante Alighieri será la estrella de 2021 en Italia a 700 años de su muerte. Así se titula una nota cultural publicada en el diario La Jornada el día de hoy. Trato de recordar si empecé a leer este año la Divina Comedia por la celebración. Conscientemente estoy seguro que no lo sabía pues apenas me voy enterando. Sin embargo, cabe la posibilidad de que alguna vez leyera la fecha y la haya olvidado. En fin, en estas notas sobre el hexagrama El Pozo, incluí mi lectura de la Comedia, consciente eso sí, de que estoy, quiero decir, estamos lector o lectora, en el Infierno.

El viaje dantesco es un viaje al interior del alma humana. A su manera, estas notas se unirán a la celebración de la poesía como posible vía, si no de salvación, al menos de sanación.

En el calendario de las celebraciones, la fecha clave es el 25 de marzo, instituida el año pasado por el gobierno italiano como efeméride anual para recordar el inicio de su viaje fantástico en el año 1300.

https://www.jornada.com.mx/2021/02/05/cultura/a04n1cul

He dividido los cantos para concluir su lectura el 25 de marzo. Ahí cerraré un círculo en estas notas de blog. A ti, lector o lectora, espero trasmitir algo de la emoción de estas dichosas coincidencias…

Nota 5

Hace unos días empecé a leer la versión al español del I Ching basado en la traducción de Richard Wilhem. Me decidí empezar su lectura y guardar un poco la que he utilizado los últimos cinco años, pues esta versión analiza a mayor detalle los hexagramas y los comentarios son explicados con mayor detalle. ¿Por qué hasta ahora le hago caso a esta bella edición? Yo creo que me pasa lo que a todo aquel que ha amado un libro: siempre se quiere releer en la misma edición que se leyó por vez primera. Sin embargo, ayer lo empecé a hojear y me convencí de la necesidad de sumergirme en esta edición más erudita.

Ayer leí el prólogo que hace Jung. Me sorprendió que en la consulta que realiza al Libro de las Mutaciones también se refiere al hexagrama El Pozo. No sólo eso. Hace unos días llegué al círculo octavo de la mano de Dante y Virgilio. No recuerdo si en mis anteriores intentos de abordar la Comedia llegué hasta esté círculo, pero esta vez la coincidencia me sobresaltó. En el canto XVIII nos presenta el Malebolge , un lugar en el Infierno en cuyo centro hay un pozo ancho y profundo y otros diez circulares y concéntricos donde se castiga a toda suerte de fraudulentos. Desde luego, el laberinto que muestra Dante en este círculo utiliza toda la fuerza del pozo como imagen. Tal vez, el pozo es uno de los arquetipos para representar las profundidades del abismo.

Esa es una de las cosas que más enigmáticas me parecen del I Ching: las coincidencias respecto a lo que se pregunta se empiezan a desplegar conforme se profundiza en los eventos sincrónicos que coincidieron en el momento de la consulta. Sin embargo, El Pozo en el I Ching tiene connotaciones más equilibradas y favorables que en el infierno dantesco. Dicen que el milenario I Ching es el libro más antiguo que se conoce. A la vez teoría y práctica. De una u otra forma, el Libro de las Mutaciones es ciencia, es arte y es una ética cosmogónica en lenguaje simbólico.

Como la edición que estoy consultando ahora se inaugura con el poema de Borges, por vaya uno a saber qué conexiones ayer releí una vez más La Biblioteca de Babel. Esta vez el cuento me pareció más claro, como muchas cosas que ahora nos parecen más claras que antes de la pandemia: como esa diminuta flor o la luz asomándose entre las nubes. Donde se habla de la Biblioteca, léase Red Digital y en unas cuantas páginas se capta de manera inigualable la situación en la que nos encontramos con respecto al mundo virtual. En un lugar de la narración el protagonista dice: la certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. La solución ante esta angustia, creo, es la poesía, el pozo, el manantial, la fuente inagotable.

Nota cuatro

Tuve que escribir el número cuatro con letra porque el teclado de mi computadora está descompuesto. El número seis es otra tecla que no funciona ni tiene tecla. Si como postula Macluhan, la tecnología es una extensión de nuestro cuerpo y de nuestra alma, la lap-top roja TOSHIBA C40, es una de mis pertenecías más entrañables. Parte de mi camino por el cielo, el infierno y el purgatorio está cifrado en datos y algoritmos, la forma en que hoy se mercantiliza al ser humano.

En estos días no dejo de darle vueltas al asunto. Si el capitalismo en la actualidad, más que un mecanismo, es algo parecido a un sujeto con conciencia propia ¿Cuál es el lugar de la persona de carne y hueso? O, en otros términos ¿Cuál es el papel del individuo en el proceso de acumulación? ¿Qué sigue después de la muerte del hombre y la muerte de Dios?

Nuestra paradoja es cruel. Hoy es quizá la época en la que el individuo, la mayor cantidad de individuos, han podido expresar su intimidad. Y al mismo tiempo, hoy, esa expresión de la psique, sirve a las grandes corporaciones para acumular datos y vendernos como mercancías a otras corporaciones para que compremos sus mercancías. Una maquina infernal y absurda que nos tiene al borde del colapso como especie.

Y, sin embargo, todos nos expresamos. O creemos que nos expresamos. Ya sea por medio de memes que otros crearon o por medio de fotos o escritos o videos, las redes sociales nos permiten una exacerbación del yo sin límites. Es lo que el filósofo Byung Chul Han conceptualiza como narcisismo en el vacío: ni hacemos comunidad ni lo personal se vuelve político. Y las horas de autoexplotación que pasamos frente a la pantalla alimentan al panóptico digital.

¿Todo es así de terrible? Desde luego que no. Lo terrible es que no hay puerta porque no hay afuera. Lo utópico y lo distópico conviven al mismo tiempo. Sin embargo, hay que intentar comprender como quería Hanna Arendt, desde la banalidad del mal; desde lo que nos hace superfluos. La solución de la filósofa era la contemplación y el diálogo silencioso del alma individual consigo misma.

Para mí, escribir forma parte de ese diálogo silencioso. Es, si se quiere, una acción contemplativa. Pero, ¿por qué publicar lo que se escribe? Cuando consulté el I Ching, el hexagrama El Pozo, creo también se refiere a la necesidad de ahondar en mi psique en relación al pozo de la internet. Como le dice un alma atormentada a Dante:

Felice te, che si parli a tua posta!

(Dichoso tú, que puedes decir lo que sientes)

La Divina Comedia es, entre otras cosas, un testimonio que se habla en primera persona. Para alcanzar la dicha de poder decir lo que se siente, Dante comenzó por el principio; comenzó por el Infierno.    

Nota 3

Tengo conmigo la versión del I Ching de Richard Wilhelm, con el prólogo de Jung y el poema que Borges le dedica. Es, creo, una de las ediciones más bellas traducidas al español. Sin embargo, para realizar mis consultas al I Ching, consultó el libro que me regalaron mis suegros. Es un libro más sencillo y manejable y no tiene la fisonomía de los libros sagrados.

Para mí el I Ching es un libro con el que tengo una amistad distinta a lo que me remite un libro como la Biblia. Hasta en mi trato cotidiano noto que el libro de las mutaciones no me suscita el horror sagrado que sí me provoca la Biblia. Anda por aquí y por allá, y entre sus páginas se percibe la mugre y las cenizas por la lectura constante. Tal vez porque es un libro de una cultura tan diferente a la mía, es que no me genera esa veneración.

¿De qué manera captar el instante? He reflexionando sobre la pregunta que le hice al I Ching. A la conclusión que llego es que hay veces se hacen buenas preguntas y hay veces que no. Me parece que esta no es una de las mejores que le he hecho. Como quiera, tengo que respetar lo que salió. Algo que me gusta del I Ching es que no excluye lo lúdico con tal de que se respeten las reglas del juego. La regla principal de este escrito es que interpretaría la respuesta minuciosamente.  Si como creo que este libro enseña, cada instante es la manifestación de la trascendencia en la inmanencia, podemos con suerte, encontrar a Dios que en las grietas acecha.

Ahora bien, la sincronización del tiempo que permite el I Ching, plantea el problema de la conjunción de dos o más sucesos aparentemente desconectados. La casualidad más que la causalidad que ha regido nuestra mentalidad occidental los últimos siglos. Es cierto que el I Ching contesta porque hay un ser humano que realiza una pregunta y por lo tanto ya hay una intencionalidad nada casual. Y, sin embargo, hay un sentido en el mundo que está más allá del sentido que le da quien pregunta. Sí, la respuesta del oráculo no puede excluir la individualidad, pero cuando uno abandona la esfera del ego se alcanzan mayores niveles de comprensión de algo parecido a lo que Jung llamó inconsciente colectivo.

Si en el instante se conjugan cada uno de los sucesos del tiempo y cada uno de los puntos en el espacio, es tarea imposible captarlo. Al consultar el I Ching, ante esa vorágine en la imaginación de quien consulta, acota el instante a dos hexagramas que se complementan. En este caso ¿Cómo acercarnos a una interpretación? Tal vez sea conveniente empezar por la interpretación de las imágenes. La imagen de El Pozo, el hexagrama dominante, es: “un cubo en un pozo con la cuerda rota impide beber”, mientras que la del hexagrama complementario, La Evolución, es: “El viento mueve las hojas de un árbol que crece en la montaña”.

¿Qué simboliza la cuerda rota? En primera instancia, nos plantea el carácter de lo inefable del instante, de ahí su relación con el fenómeno poético. ¿Quién en realidad puede explicarlo? Oh, instante, eras tan bello, dice un verso que no me acuerdo ahorita dónde leí.  También el pozo nos remite al alma interior.

Por su parte, la imagen del segundo hexagrama, un leve movimiento y fluir en la quietud. Desde luego que esa no es la imagen que el pensamiento occidental ofrece cuando se habla de evolución. Seguro estas diferencias implican un problema de traducción. Aún así, el árbol, es el símbolo de la maduración lenta, más allá de los tiempos humanos. Sobre todo, cuando crece en la montaña, símbolo de lo sagrado en distintas religiones.

Finalmente, algo que he descubierto cuando me pongo a escribir, es que las palabras toman un rumbo que muchas veces uno no les quiere dar. Es como entrar a un túnel del cuál no sé hacia dónde voy a salir. La mayoría de las veces me topo con pared y el intento se malogra. Otras veces salgo a un claro donde hay un pozo con un cubo sin cuerda. Me asomo y están las constelaciones y la luna que tiembla en el agua que no puedo beber. También el pozo refleja mi sombra.

No logró explicarme del todo porque hace unos días escribí sobre mi lectura de la Divina Comedia para presentar mi interpretación de un instante con la ayuda del I Ching. Hoy encuentro una coincidencia. El viaje de Dante empieza en medio de la selva oscura. Él sí desciende al pozo y encuentra la naturaleza divina que hay en cada uno. También encuentra la bestialidad que nos habita. Al final, el amor lo redime.

Fue un trece de enero que empecé estas notas. Un día después de que terminaran las cabañuelas. La intención es compartir reflexiones en torno a los tiempos que vivimos. La forma del pozo en la antigua China, dice la explicación del rey Wen, era siempre la misma y no cambiaba. Así son las verdades profundas. Amor, Amistad, Muerte, Guerra, Vida, Alma, Espíritu, Dios, son algunas de las palabras que utilizamos para nombrar esas verdades inmutables. Lo difícil es trasmitirlas desde la experiencia personal y concreta y hacerlas una experiencia compartida. Espero lentamente, como él árbol que crece en la montaña, lograrlo. Por hoy, espero haber trasmitido la importancia de acotar en un par de imágenes, el vértigo infinito del instante.        

La fogata en la montaña: notas sobre un instante

Nota 1: Presentación

Hoy, a eso de las tres de la tarde, Berenice se vacunó contra el coronavirus. Las reacciones que presentó en este primer día fueron una leve y breve hinchazón de las papilas gustativas, cansancio en todo el cuerpo y toda el alma y dolor en el brazo donde la inyectaron. Aunque estamos todavía a la expectativa, ya vemos una luciérnaga al final del túnel.

En los desquiciados tiempos de incertidumbre en los que estamos, tomar la decisión de vacunarse no fue fácil para ella. Hace unos días, leí en el periódico que más de la mitad de los franceses son escépticos ante la vacunación contra el bicho; el enemigo número uno como lo llamó el presidente Macron a inicios de la pandemia. Sospecho en México el índice de escepticismo de la población es parecido. Y no es para menos. Durante meses hemos sido bombardeados con información que lejos de orientarnos, acrecienta aún más el desasosiego y la penumbra. Además, en la comunidad científica no todo es consenso. Hay académicos de pensamiento crítico a los que suelo hacerles caso, los cuales plantean serias dudas ante el acelerado proceso de certificación de las primeras vacunas transgénicas que se aplicarán a miles de millones de seres humanos[1]. Por último y no menos importante, Berenice soñó en los primeros días de este año que la vacunaban. Después, en el mismo sueño ya vuelto pesadilla, preguntaba a sus conocidos si ellos se habían vacunado y le decían que no, pues era peligroso. Con todo eso en contra, hicimos juntos un balance muy pragmático ante los riesgos que tiene de infectarse en el hospital donde trabaja. También, como siempre que tomamos una decisión difícil, consultamos el I Ching o libro de las mutaciones. Al final se decidió que lo más conveniente era se vacunara y así lo hizo.

Momentos después de que Berenice entró al hospital a recibir la vacuna, recordé, por no se sabe qué fulgores del caprichoso pozo de la memoria, la famosa rima XXI de Gustavo Adolfo Bécquer:

Aunque Berenice no tiene la pupila azul y Bécquer es un poeta cursi, hoy estos versos me parecieron aún más verdaderos que antes. ¿Qué es la poesía? Es una pregunta eterna y sin embargo tan cercana e inmediata, como cuando dos personas se aman y se miran. Sinceramente se miran.  

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

En estos momentos, mientras divago por estas líneas, también vienen a mi memoria aquellos versos de don Leopoldo Lugones: fue una vaga congoja de dejarte/ lo que me hizo saber que te quería. En fin, todo esto para decir que la poesía no sirve si no es una entrega y una preocupación por el otro o la otra y también por lo Otro.     

Ahora bien, la pregunta sobre qué es la poesía fascina a cualquiera haya sentido por unos instantes el horror sagrado que produce el fenómeno poético. Pero con la poesía sucede lo mismo que decía San Agustín del tiempo. Si nadie pregunta lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Por ello me gustaría darle la vuelta a este cuestionamiento tan abstracto y enfocarme en uno más carnal y próximo: ¿Quién se interesa por la poesía?

Con esta pregunta acotó el problema tan amplio de lo poético a algo más concreto, pues la pregunta me incluye e incluye mis muy personales preocupaciones y mis muchas limitaciones. También incluye, al menos en parte, el momento histórico en el que vivo y por lo tanto espero algo de esas preocupaciones se comparta por algunos lectores actuales, los de la generación pandemia. los pandemials como dice un meme qu Por ello, he nombrado a estas breves notas, la fogata en la montaña: momentos de diálogo, cantos, cuentos y mito en torno a la poesía . Cuando algunos, la inmensa minoría como dijo Juan Ramón Jiménez, o la minoría silenciosa como dijo Fernando Arrabal en una borrachera happening que se trasmitió por televisión[2], cada vez más juntos, en torno a las brasas, se arrebujan obligados por el frío y la oscuridad.  


[1] Para un breve acercamiento a esta postura se puede consultar el siguiente artículo de Silvia Ribeiro en el diario la Jornada: https://www.jornada.com.mx/2020/09/12/opinion/019a1eco

[2] Un resumen de esa borrachera se puede ver en el siguiente video: https://youtu.be/5Vw09zDNv54

Me llamo Arquímedes

Campesino

–Me gusta el nombre que te sugirió para el diario tu prima: Metrodora. ¿Cuál me pondrías a mí?

–Déjame lo pienso.

Llega como dice Pellicer, el momento colibrí:

–Ya está: ¡Arquímedes!

Le digo que me gusta mucho. Voy al cuarto y traigo el libro de álgebra de Baldor donde en la primera página trae un retrato de Arquímedes junto al dibujo de una batalla. También le digo que me gusta el nombre porque Hanna Arendt, en el último capítulo de la Condición Humana, habla sobre él.

Del Álgebra de Baldor

Metrodora al poco rato busca información sobre el matemático y tumbada en el sofá, lee en voz alta:

— Arquímedes fue asesinado por un soldado romano.

Ese dato no lo sabía o lo había olvidado. Aún así el nombre me late y le digo que si tuviéramos un hijo así me gustaría que se llamara.

Hanna Arendt empieza el último capítulo de la Condición Humana citando a Franz Kafka:

Encontró el punto de Arquímedes, pero lo usó contra sí mismo, parece que se le permitió encontrarlo con esta condición.

Empecé hace ocho días a escribir en este Blog. Ahora, creo, es el momento de explicar porqué estaba escuchando a Erik Satie antes de consultar el I Ching. Tiene que ver con una frase del músico: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. En el periódico diagonal, dice Ignacio Aistaran al respecto:

Mucho se habla de la inteligencia colectiva pero poco de la intimidad colectiva, como si la conexión y el cuidado de los cuerpos fueran secundarios en sus sensaciones.
La intimidad no es esa caja fuerte cerrada a cal y canto, hermética y aislada, que nos ofrece el individualismo liberal. Al contrario, toda intimidad es una caja de resonancia, que vibra con notas comunes, aunque sea en soledad.

Dice Slavoj Žižek que él descubrió la intimidad colectiva en las piezas para piano de Erik Satie. Las clasifica como un tipo de comunismo musical, alejado de los coros propagandísticos y de las grandilocuentes cantatas dedicadas al Estado. Se trata de una música donde lo relevante es el fondo: quien la escucha traslada su atención desde el tema hasta ese fondo, igual que la política debe trasladar el interés desde los heroicos individuos al trabajo de la invisible gente ordinaria.

Entre las múltiples anotaciones perdidas que dejó Satie, hay un texto que suena enigmático, aunque en realidad no lo es: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”. Así es lo común. Cualquier músico en un bar puede llamarse Erik, al igual que la vecina del edificio de enfrente puede llamarse Antígona. En el fondo, todo el mundo puede vibrar íntimamente.

https://www.diagonalperiodico.net/culturas/23868-la-intimidad-colectiva.html

Ahora bien, los pensadores del mayo francés, Foucault, Barthes, Derrida, solían hablar y escribir sobre la muerte del autor. Me parece un notable intento por salir del yo cartesiano. Por mi parte, no menos desesperado, yo quisiera  contraponer al famoso pienso luego existo de Descartes, el bailo luego existo de aves e insectos. ¿Es de una luciérnaga o de un tren la luz que se vislumbra al final del túnel? Como cualquiera, deseo que sea una luciérnaga. Me llamo Arquímedes, como todo el mundo.