De qué hablamos cuando hablamos de Apocalipsis

Hoy en el periódico La Jornada, Alfredo Jalife titula a su columna “Apocalipsis ahora: Bill Gates destapa las guerras biológicas por venir”, en la cual explica lo que según él es la visión apocalíptica del magnate:

Casi tres años antes de la pandemia del Covid-19, Gates vaticinó que la próxima epidemia tiene una buena oportunidad de originarse en una pantalla de computadora (sic): sea por el trabajo de la naturaleza (sic) o las manos de un terrorista (sic), por lo que instó a los gobiernos a prepararse para estas epidemias igual que nos preparamos para la guerra (¡megasic!). Agregó que el mundo necesita un nuevo arsenal de armas, fármacos antivirales, anticuerpos, vacunas y nuevos diagnósticos. ¡Negocio redondo!

https://www.jornada.com.mx/2021/02/17/opinion/014o1pol

Como muchas personas saben por un video que circula en las redes, Bill Gates vaticinó la pandemia que ahora padecemos. Por eso y por ser uno de los hombres más poderosos del planeta, sus alarmantes pronósticos para los próximos años inquietan, pero ¿en realidad estamos en el final de los tiempos? y si es así ¿Qué nuevos tiempos se revelan después del colapso? Como ha ocurrido otras veces en la historia, en momentos de profundas crisis, aparecen los agoreros de la catástrofe. Ahora, sobre todo desde hace un año, nuestro imaginario, gracias al bombardeo de los medios de comunicación, se ha poblado de fantasías apocalípticas, pero ¿es una cuestión que habita exclusivamente en nuestra mente? Me parece que el fin de los tiempos es más que una idea delirante y fantasiosa. O mejor dicho, es una idea con una fuerza material tan brutal como tangible. Así lo explica el psiquiatra James Hillman:

No sólo nos drogan los fabricantes de bebidas alcohólicas, los traficantes de drogas, las empresas farmacéuticas y los médicos que nos atiborran de pastillas; estamos anestesiados también por el subjetivismo de la psicoterapia, como si el «fin del mundo» fuera un «problema interior». Esas fantasías hacen realidad la visión apocalíptica  cristiana y cumplen al pie de la letra la doctrina de un mundo que ya ha sido declarado muerto por la tradición occidental, un mundo cuya autopsia ha estado presidida por la mente septentrional de Newton y Descartes. Ojalá seamos ahora capaces de ver lo que Blake siempre supo: el apocalipsis que mata el alma del mundo no se encuentra al final del tiempo, no va a venir, sino que se está produciendo ahora, y sus jinetes son Newton y Locke, Kant y Descartes. Las fantasías del fin literal del mundo anuncian, sin embargo, el fin de este mundo literalista, del mundo muerto y objetivo.

https://tradiciongnostica.blogspot.com/2013/01/anima-mundi-el-retorno-del-alma-al-mundo.html

Entonces, Bill Gates, no es muy original en su visión apocalíptica. Más bien, es el último representante de una larga tradición que se ha encargado, en los últimos cinco siglos, de llevar a la práctica la ideología que mata el alma, o como lo formuló en clave sociológica Max Weber, que propicia el desencantamiento del mundo. Pero llegó el coronavirus, y a la mala, a diario nos recuerda que el anima mundi está ahí con todo su terror y horror: lo ominoso en cada ente y en cada mirada. Eso lo vamos comprendiendo de a poco cada día. Sí, este mundo está llegando a su fin. Y no sólo los dueños de grandes corporaciones se están dando cuenta de esta acelerada gran transformación. Desde hace décadas la comunidad científica nos advirtió del colapso civilizatorio generado por el cambio climático y las constantes crisis financieras, políticas, culturales y un largo etcétera. Hoy parece que no hay marcha atrás: estamos ante el gran reseteo de la maquinaria de destrucción y muerte en la que se convirtió el capitalismo. Tal vez en unos años vamos a extrañar el sistema que teníamos hasta aquel ya lejanísimo 2019. Hemos entrado a un túnel donde, como bien lo han intuido algunos pensadores, todo es posible. No será de extrañar que las grandes corporaciones estén cambiando su discurso hacia la ecología y la imperiosa necesidad de detener el cambio climático y combatir las pandemias por venir. Lo que Carlos Taibo, en su revelador libro Colapso, llama ecofascismo: los que causan la enfermedad nos van a querer vender la medicina.

Entonces no, los magnates como Gates no son apocalípticos. En los años sesenta, Umberto Eco publicó su famoso libro Apocalípticos e Integrados. Para el autor, apocalíptico era aquel que rechazaba las innovaciones en el arte y la cultura, e integrado quien aceptaba de buena gana las nuevas creaciones cimentadas en la cultura de masas. Démosle la vuelta a la tortilla: los apocalípticos somos nosotros que queremos hacer surgir con toda su fuerza las alternativas a este sistema de destrucción masiva. Los integrados son los que quieren continuar este proceso hasta que la tierra se estrelle contra el sol. Como los antiguos alquimistas, queremos encontrar en la enfermedad el remedio a nuestro padecimiento. Por ejemplo, iniciar un proceso de desalienación y organización utilizando las propias redes sociales que se encargan de alienarnos y atomizarnos. ¿Se podrá? El deber es hacer el intento.

En la puerta del Infierno en la Divina Comedia dice, si mal no recuerdo, que ese es el lugar donde hay que abandonar para siempre la esperanza. Nuestra tarea es en la medida de lo posible reencantar el mundo: nuestra esperanza individual y colectiva que vamos construyendo, como los alcohólicos, sólo por hoy. Así, el fin de los tiempos es una buena noticia. Si es verdad que en estos momentos excepcionales todo es posible, aunque el camino sea largo, tal vez el paraíso esté a la vuelta de la esquina.

Nota 7

Escribo Pozo de Agua en Google y en .72 segundos me muestra al rededor de 53,100,000 de resultados. Posteriormente escribo Pozo de Agua I Ching y en .60 segundos descarga  574,000 entradas. Aunque es una cantidad considerablemente menor a lo que arroja Google sobre los pozos de agua en general, no deja de ser una cifra abrumadora. ¿Qué se puede decir distinto? ¿Vale la pena intentar decir algo nuevo o es mejor navegar por ese mar de información y hacer una selección hasta donde me den mis fuerzas?

Google no se tarda ni un segundo en arrojar toda esa información sobre el hexagrama. El monstruo digital es un experto en captar el instante de manera mucho más eficaz de la que lo podrían hacer los humanos. Sin embargo, el lenguaje binario que utiliza el buscador y en general la red digital, es el mismo que, desde hace miles de años, utiliza el I Ching. ¿Es posible conformar una estrategia poética para vislumbrar una posible vía de desalienación? En otras palabras ¿es posible poner a nuestro servicio la tecnología o nos encaminamos a una servidumbre mundial sin precedentes, el tecnototalitarismo del que algunos pensadores advierten? Tal vez ese sea el gran meollo de la cuestión en la que estará inmiscuida la humanidad a lo largo de este joven siglo XXI.

Y es que solemos imaginarnos el dominio de la inteligencia artificial en forma de robots a imagen y semejanza del ser humano. Así, pasamos por alto que tal vez ese dominio está ya sucediendo frente a nuestras narices. La máquina tiene forma de red que se alimenta de Psique, tal cual algunas películas icónicas como Matrix nos lo advirtieron hace ya algunas décadas. ¿Qué tipo de estrategia establecer? En divagaciones como estas gasto mi tiempo entre clase y clase. Por hoy es suficiente: estoy a punto de iniciar mi sesión de zoom con mis alumnos de la materia en Finanzas Corporativas.

Nota 6

Dante Alighieri será la estrella de 2021 en Italia a 700 años de su muerte. Así se titula una nota cultural publicada en el diario La Jornada el día de hoy. Trato de recordar si empecé a leer este año la Divina Comedia por la celebración. Conscientemente estoy seguro que no lo sabía pues apenas me voy enterando. Sin embargo, cabe la posibilidad de que alguna vez leyera la fecha y la haya olvidado. En fin, en estas notas sobre el hexagrama El Pozo, incluí mi lectura de la Comedia, consciente eso sí, de que estoy, quiero decir, estamos lector o lectora, en el Infierno.

El viaje dantesco es un viaje al interior del alma humana. A su manera, estas notas se unirán a la celebración de la poesía como posible vía, si no de salvación, al menos de sanación.

En el calendario de las celebraciones, la fecha clave es el 25 de marzo, instituida el año pasado por el gobierno italiano como efeméride anual para recordar el inicio de su viaje fantástico en el año 1300.

https://www.jornada.com.mx/2021/02/05/cultura/a04n1cul

He dividido los cantos para concluir su lectura el 25 de marzo. Ahí cerraré un círculo en estas notas de blog. A ti, lector o lectora, espero trasmitir algo de la emoción de estas dichosas coincidencias…

Nota 5

Hace unos días empecé a leer la versión al español del I Ching basado en la traducción de Richard Wilhem. Me decidí empezar su lectura y guardar un poco la que he utilizado los últimos cinco años, pues esta versión analiza a mayor detalle los hexagramas y los comentarios son explicados con mayor detalle. ¿Por qué hasta ahora le hago caso a esta bella edición? Yo creo que me pasa lo que a todo aquel que ha amado un libro: siempre se quiere releer en la misma edición que se leyó por vez primera. Sin embargo, ayer lo empecé a hojear y me convencí de la necesidad de sumergirme en esta edición más erudita.

Ayer leí el prólogo que hace Jung. Me sorprendió que en la consulta que realiza al Libro de las Mutaciones también se refiere al hexagrama El Pozo. No sólo eso. Hace unos días llegué al círculo octavo de la mano de Dante y Virgilio. No recuerdo si en mis anteriores intentos de abordar la Comedia llegué hasta esté círculo, pero esta vez la coincidencia me sobresaltó. En el canto XVIII nos presenta el Malebolge , un lugar en el Infierno en cuyo centro hay un pozo ancho y profundo y otros diez circulares y concéntricos donde se castiga a toda suerte de fraudulentos. Desde luego, el laberinto que muestra Dante en este círculo utiliza toda la fuerza del pozo como imagen. Tal vez, el pozo es uno de los arquetipos para representar las profundidades del abismo.

Esa es una de las cosas que más enigmáticas me parecen del I Ching: las coincidencias respecto a lo que se pregunta se empiezan a desplegar conforme se profundiza en los eventos sincrónicos que coincidieron en el momento de la consulta. Sin embargo, El Pozo en el I Ching tiene connotaciones más equilibradas y favorables que en el infierno dantesco. Dicen que el milenario I Ching es el libro más antiguo que se conoce. A la vez teoría y práctica. De una u otra forma, el Libro de las Mutaciones es ciencia, es arte y es una ética cosmogónica en lenguaje simbólico.

Como la edición que estoy consultando ahora se inaugura con el poema de Borges, por vaya uno a saber qué conexiones ayer releí una vez más La Biblioteca de Babel. Esta vez el cuento me pareció más claro, como muchas cosas que ahora nos parecen más claras que antes de la pandemia: como esa diminuta flor o la luz asomándose entre las nubes. Donde se habla de la Biblioteca, léase Red Digital y en unas cuantas páginas se capta de manera inigualable la situación en la que nos encontramos con respecto al mundo virtual. En un lugar de la narración el protagonista dice: la certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. La solución ante esta angustia, creo, es la poesía, el pozo, el manantial, la fuente inagotable.

La fogata en la montaña: notas sobre un instante

Nota 1: Presentación

Hoy, a eso de las tres de la tarde, Berenice se vacunó contra el coronavirus. Las reacciones que presentó en este primer día fueron una leve y breve hinchazón de las papilas gustativas, cansancio en todo el cuerpo y toda el alma y dolor en el brazo donde la inyectaron. Aunque estamos todavía a la expectativa, ya vemos una luciérnaga al final del túnel.

En los desquiciados tiempos de incertidumbre en los que estamos, tomar la decisión de vacunarse no fue fácil para ella. Hace unos días, leí en el periódico que más de la mitad de los franceses son escépticos ante la vacunación contra el bicho; el enemigo número uno como lo llamó el presidente Macron a inicios de la pandemia. Sospecho en México el índice de escepticismo de la población es parecido. Y no es para menos. Durante meses hemos sido bombardeados con información que lejos de orientarnos, acrecienta aún más el desasosiego y la penumbra. Además, en la comunidad científica no todo es consenso. Hay académicos de pensamiento crítico a los que suelo hacerles caso, los cuales plantean serias dudas ante el acelerado proceso de certificación de las primeras vacunas transgénicas que se aplicarán a miles de millones de seres humanos[1]. Por último y no menos importante, Berenice soñó en los primeros días de este año que la vacunaban. Después, en el mismo sueño ya vuelto pesadilla, preguntaba a sus conocidos si ellos se habían vacunado y le decían que no, pues era peligroso. Con todo eso en contra, hicimos juntos un balance muy pragmático ante los riesgos que tiene de infectarse en el hospital donde trabaja. También, como siempre que tomamos una decisión difícil, consultamos el I Ching o libro de las mutaciones. Al final se decidió que lo más conveniente era se vacunara y así lo hizo.

Momentos después de que Berenice entró al hospital a recibir la vacuna, recordé, por no se sabe qué fulgores del caprichoso pozo de la memoria, la famosa rima XXI de Gustavo Adolfo Bécquer:

Aunque Berenice no tiene la pupila azul y Bécquer es un poeta cursi, hoy estos versos me parecieron aún más verdaderos que antes. ¿Qué es la poesía? Es una pregunta eterna y sin embargo tan cercana e inmediata, como cuando dos personas se aman y se miran. Sinceramente se miran.  

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

En estos momentos, mientras divago por estas líneas, también vienen a mi memoria aquellos versos de don Leopoldo Lugones: fue una vaga congoja de dejarte/ lo que me hizo saber que te quería. En fin, todo esto para decir que la poesía no sirve si no es una entrega y una preocupación por el otro o la otra y también por lo Otro.     

Ahora bien, la pregunta sobre qué es la poesía fascina a cualquiera haya sentido por unos instantes el horror sagrado que produce el fenómeno poético. Pero con la poesía sucede lo mismo que decía San Agustín del tiempo. Si nadie pregunta lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Por ello me gustaría darle la vuelta a este cuestionamiento tan abstracto y enfocarme en uno más carnal y próximo: ¿Quién se interesa por la poesía?

Con esta pregunta acotó el problema tan amplio de lo poético a algo más concreto, pues la pregunta me incluye e incluye mis muy personales preocupaciones y mis muchas limitaciones. También incluye, al menos en parte, el momento histórico en el que vivo y por lo tanto espero algo de esas preocupaciones se comparta por algunos lectores actuales, los de la generación pandemia. los pandemials como dice un meme qu Por ello, he nombrado a estas breves notas, la fogata en la montaña: momentos de diálogo, cantos, cuentos y mito en torno a la poesía . Cuando algunos, la inmensa minoría como dijo Juan Ramón Jiménez, o la minoría silenciosa como dijo Fernando Arrabal en una borrachera happening que se trasmitió por televisión[2], cada vez más juntos, en torno a las brasas, se arrebujan obligados por el frío y la oscuridad.  


[1] Para un breve acercamiento a esta postura se puede consultar el siguiente artículo de Silvia Ribeiro en el diario la Jornada: https://www.jornada.com.mx/2020/09/12/opinion/019a1eco

[2] Un resumen de esa borrachera se puede ver en el siguiente video: https://youtu.be/5Vw09zDNv54