Tu rostro…

Tu rostro tantas veces lo he visto,

en el bosque y en el lecho,

ir del color pantera al color blanca paloma

y otros animales.

Tiene tonalidades de la palabra amor

y pizcas de incredulidad sobre la existencia del infierno.

Es la patria del hombre tres veces exiliado

y la alegría del té con miel en la mañana lluviosa.

Es un lago profundo y diáfano que alivia a quien sea,  

el lucero vespertino en esta noche constelada

donde todos somos judíos y ninguno poeta.

Mi amada Berenice,

con sus metamorfosis y arrugas,

tu rostro es mi guía.

Y caminamos juntos de la mano

por la selva oscura y el corazón de las tinieblas.

Vislumbre

El viento obstinado

                                con murmullos de mar

embadurna

                    de sol

las hojas de los árboles

                                   sacude

el agua hedionda de la fuente oxidada 

Así serán

              las cancioncillas de los juglares

cuando el reloj del juicio final marque las doce

Ciclos

Sembré algunas palabras deshilachadas

con la fe del niño cuando siembra un árbol.

Primero fueron un presentimiento en la tierra

después un pequeño brote de vida en búsqueda de luz.

Crecieron sus ramas

y sus hojas pudieron respirar.

Fue en invierno

cuando lo del apagón en las ciudades.

Las arborescencias del universo

cabían en la vela encendida

que desparramaba sus ramajes por la habitación.

Bajo la noche estrellada

comí de sus frutos

en el presente sin fechas.